Cada mañana, al abrir los ojos, nos enfrentamos a una realidad que, a una velocidad ya inaprensible, actualiza la barbarie que implica un segundo mandato de Donald Trump y el supremacismo blanco al otro lado del muro. Sus declaraciones, interacciones en redes sociales y, sobre todo, sus acciones mediante el aparato estatal ahora puesto a su servicio, buscan mantenernos en un estado de shock generalizado. Trump ha intensificado las agresiones contra la comunidad LGBTQIA+, los derechos sexuales y reproductivos, la salud, el debido proceso judicial, la protección ecológica y la cooperación internacional, que, desde Washington, sostenía remedios locales y puntuales ante los efectos del imperialismo estadounidense de largo aliento. Además, ha amenazado con desplazar a los millones de palestinos que sobreviven al genocidio sionista en falsa tregua para convertir a la franja de Gaza en “la Costa Brava” del Oriente Medio. Y, de manera abrupta y nítida, su gobierno ha redoblado la guerra contra las comunidades migrantes empobrecidas e indocumentadas, mayoritariamente latinoamericanas, tanto en EE.UU. como en los territorios que dejaron atrás en busca de una vida digna y segura.
En este giro definitivo hacia un tecno-fascismo digital, nos llegan noticias sobre el envío de migrantes a la cárcel de máxima seguridad en la base de Guantánamo, un centro de detención ilegal que durante décadas ha encarcelado náufragos de intentos de fuga y que ahora intensifica su uso como parte de una pedagogía del terror. Al mismo tiempo, las agencias de cooperación han retirado fondos destinados a la alimentación y la salud de migrantes en albergues de México y Centroamérica, pues el trumpismo ha cerrado la así llamada “cooperación al desarrollo”. También se han parado financiamientos y se han lanzado amenazas directas contra organizaciones en otras partes del mundo que ofrecen asistencia legal a migrantes irregularizados en EE.UU., bajo el argumento de que “facilitan la migración irregular”.
El derecho al asilo está suspendido de facto. La administración Trump, ensañada con las familias desplazadas forzosamente, ha estado desplegando fuerzas del orden de distintas adscripciones para realizar redadas en escuelas, hospitales y centros de trabajo, algunas de ellas espectacularizadas en horario de máxima audiencia. Queda claro que la frontera de EE.UU. no sólo se ha externalizado a México, Guatemala, El Salvador, Panamá y los Andes, sino que también se ha internalizado en los espacios donde las vidas migrantes sostienen con su trabajo el tejido social y económico estadounidense. En estas semanas, hemos recibido testimonios de familias a las que acompañamos, de manera presencial o virtual, desde y en el otro lado del muro, que nos relatan cómo muchas personas en situación irregularizada en EE.UU. han dejado de salir de sus casas, han dejado de trabajar, por un miedo profundo a ser detenidas en su trayecto al trabajo; por miedo a ser encarceladas y expulsadas del lugar que ya era su refugio.
Ante esta realidad, resulta urgente escribir, alzar la voz y circular la palabra crítica. Es impostergable amplificar las formas de resistencia, lucha, solidaridad y vida que, pese al panorama aciago, buscan interrumpir cotidianamente la reproducción del horror. Desde nuestro lugar de enunciación como cronistas y analistas de la migración, la comunidad sentipensante de (In)movilidades en las Américas y nuestrxs aliadxs intentamos digerir, analizar, radicalmente rechazar y confrontar las prácticas, discursos y pedagogías del terror trumpista. Lo hacemos con este Dossier de Textos urgentes que nos enseñan a desmenuzar la doctrina del shock y desbordan el diarismo informativo. Nuestro objetivo es comprender, en tiempo real, los efectos de estas violencias estructurales y coyunturales sobre los pueblos en movimiento.
Dossier Textos urgentes de (In)movilidades
1.“Poder presidencial ante la precariedad de la migración”, de Robert McKee Irwin y Ernesto Zarco Ortiz.
2. “Nadie es ilegal en tierras robadas”, de Canek Huerta-Martínez.
3. “Sostener la vida en la frontera norte de México”, de Alethia Montalvo González y Judith Cabrera.
4. Costa Rica: la solidaridad en riesgo ante una política migratoria regresiva, de Guillermo Acuña.
5. El uso político de la criminalización de poblaciones migrantes, de Guillermo Castillo.
6. Acciones y reacciones en torno a la espectacularización del odio antimigrante de Trump, de Indi-Carolina Kryg, Juliana Vanessa Maldonado Macedo, Victoria Ríos-Infante y Elisa Robbe.
7. Deportación: entre la exclusión sistemática y el derecho a pertenecer, de Nancy Landa.
8. En pausa: el estado de espera en el Programa de Movilidad Segura, de Santiago Rodríguez.
9. ¿Qué es el ICE y a quién aterroriza en EE. UU.?, de Gustavo Dias.
