Varias décadas antes del auge global del neoliberalismo, existía una red internacional de intelectuales y empresarios preocupados por rescatar el liberalismo y los privilegios del capital frente al avance tanto de los totalitarismos como del intervencionismo estatal de corte redistribucionista. Pocas figuras sintetizan mejor esa tradición liberal de inicios del siglo XX que Ludwig von Mises (1881–1973), referente de la Escuela Austriaca de Economía. Sus ideas sobre el mercado, la libertad económica y los límites de la acción estatal ejercieron una influencia duradera en generaciones posteriores de pensadores liberales y en corrientes como la Escuela de Chicago, fundamentales para el desarrollo del neoliberalismo contemporáneo.
¿Cómo podía entonces Ludwig von Mises aparecer vinculado al entorno de El Colegio de México y al México cardenista? Esa fue la pregunta que me surgió hace ya una década, cuando leí en Los orígenes del neoliberalismo en México. La Escuela Austriaca, de Romero Sotelo (2016), una referencia que entonces me pareció inverosímil: la posibilidad de que entre las instituciones receptoras de Mises durante su visita a México en 1942 figurara El Colegio de México. La aparente contradicción me resultó difícil de ignorar y me ha llevado a volver en distintas ocasiones a la misma inquietud. Insisto, ¿cómo podía un economista cuyo pensamiento estaría ligado posteriormente con el neoliberalismo internacional aparecer vinculado, aunque fuera tangencialmente, a una institución nacida del cardenismo y estrechamente asociada al exilio republicano español?
Lo que posteriormente llamó mi atención es que la visita de Mises constituya un episodio relativamente marginal dentro de la historia intelectual mexicana del siglo XX, pues, observada con detenimiento, sucedió en un momento particularmente álgido en la configuración de las élites intelectuales, económicas y estatales del México posrevolucionario. La posibilidad de que algunas de sus conferencias pudieran haberse vinculado o realizado en espacios como El Colegio de México resulta reveladora de esa configuración. Más allá de la exactitud del dato, de quién o cómo pudo haber impulsado una invitación de esa naturaleza, la sola posibilidad de una conexión entre Mises y una institución surgida del cardenismo da la pauta para discutir cómo ciertas ideas y paradigmas circulan globalmente, adquieren legitimidad institucional y terminan sedimentándose dentro del Estado mediante redes académicas, empresariales, políticas y técnicas.
En este texto retomo el episodio de la visita de Mises para plantear cómo esta aparente anomalía histórica no sólo permite iluminar la complejidad intelectual del México de los años cuarenta, sino también ofrecer una perspectiva más amplia sobre el debate contemporáneo en torno al neoliberalismo en México. Explorar la incoherencia que supondría la circulación de Mises dentro del México posrevolucionario no implica únicamente reconstruir un episodio de la historia intelectual mexicana. También conlleva observar la evolución de distintos proyectos modernizadores antes de la consolidación de las divisiones políticas e intelectuales de la Guerra Fría, e indagar cómo redes cosmopolitas, instituciones académicas y élites modernizadoras participaron en la circulación y sedimentación gradual de diversas racionalidades económicas dentro del Estado mexicano.
En un contexto contemporáneo marcado por debates inacabados sobre tecnocracia, expertise y neoliberalismo, recuperar estas trayectorias resulta, además, oportuno para reflexionar sobre procesos que siguen siendo centrales en la actualidad: la formación de élites tecnocráticas, la construcción de legitimidad intelectual y la circulación transnacional de paradigmas político-económicos. En este sentido, el presente ensayo busca ilustrar la complejidad y contingencia de los espacios donde comenzaron a articularse las redes de expertise cuya influencia continúa siendo visible en el presente.
México en los años cuarenta: un campo intelectual abierto
Vista retrospectivamente desde las divisiones ideológicas de la Guerra Fría y del ascenso neoliberal de finales del siglo XX, la convivencia de proyectos intelectuales contradictorios podría resultar desconcertante. Sin embargo, el México de las décadas de 1930 y 1940 estaba lejos de constituir un campo doctrinario rígidamente organizado. Más bien se trataba de un espacio dinámico de modernización estatal, circulación internacional de ideas y formación de nuevas élites técnicas e intelectuales. Por ello, cuando se reconstruyen las redes intelectuales de la época emergen configuraciones que difícilmente encajan en categorías actuales. Empresarios conservadores dialogaban con intelectuales cosmopolitas; exiliados europeos contribuían decisivamente a la reorganización de universidades y editoriales latinoamericanas; funcionarios posrevolucionarios leían simultáneamente a Keynes y a Hayek; instituciones posteriormente asociadas a proyectos ideológicos bastante definidos compartían espacios comunes de sociabilidad intelectual y modernización.
El neoliberalismo temprano estaba lejos de constituir una ideología consolidada como irrumpiría más tarde. Como han señalado diversos estudios sobre su genealogía, durante esas décadas, representaba una corriente fragmentaria y en construcción (su membresía original estaba compuesta por intelectuales transnacionales pertenecientes a distintas disciplinas, entre ellos Friedrich Hayek, Milton Friedman, George Stigler, Karl Popper, Michael Polanyi y Luigi Einaudi), surgida de los intentos por reposicionar el liberalismo frente al ascenso de los totalitarismos europeos y del Estado keynesiano.
El caso mexicano resulta notable porque México no fue simplemente un receptor periférico y pasivo de ideas internacionales. Por el contrario, se convirtió en una suerte de laboratorio donde coexistían nacionalismo revolucionario, industrialización dirigida por el Estado, modernización estatal, liberalismo empresarial y apertura cosmopolita. El mismo cardenismo, lejos de constituir un bloque ideológico homogéneo, articuló una amplia coalición de actores políticos, intelectuales y técnicos unidos más por un horizonte modernizador y estatal que por una doctrina uniforme.
La profesionalización administrativa y la construcción institucional del Estado posrevolucionario requirieron la incorporación creciente de economistas, juristas, administradores y especialistas formados tanto en México como en el extranjero. La llegada del exilio republicano español desempeñó un papel central en este proceso. La creación de la Casa de España en México en 1938 (posteriormente transformada en El Colegio de México) convirtió al país en uno de los principales espacios de recepción y circulación de intelectuales europeos en América Latina.
Las emergentes élites intelectuales mexicanas concebían la modernización nacional como un proceso inseparable de la circulación internacional de conocimientos, expertos y paradigmas. Instituciones disímiles como el Fondo de Cultura Económica, el Banco de México, El Colegio de México y posteriormente el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) surgieron en espacios donde Estado, élites económicas e intelectuales en formación, exilio europeo y proyectos de modernización permanecían profundamente entrelazados. Más que entidades doctrinariamente homogéneas, estas instituciones fueron parte de redes híbridas donde coexistían distintas concepciones sobre desarrollo, Estado, mercado y modernización económica.
Aunque personajes centrales de la vida intelectual mexicana mantenían diferencias importantes respecto al papel del Estado, la economía o la organización política, compartían preocupaciones comunes vinculadas a la institucionalización del país, la profesionalización administrativa y la inserción internacional de México. Fueron estas redes técnico-políticas, empresariales y académicas las que sedimentaron gradualmente las distintas racionalidades económicas dentro del propio Estado posrevolucionario.
El Colegio de México y la pluralidad ideológica del momento
El Colegio de México surgió directamente de la Casa de España en México, fundada bajo el gobierno de Lázaro Cárdenas para recibir a intelectuales republicanos exiliados tras la Guerra Civil Española. Aunque el proyecto poseía un fuerte contenido antifascista, también era parte de una política cultural estatal orientada a insertar a México dentro de circuitos internacionales de producción intelectual. Su origen no implicó la existencia de una orientación ideológica única, pues entre los exiliados coexistían tradiciones liberal-republicanas, krausistas, socialistas moderadas y humanistas. Lo que articulaba a muchos de estos intelectuales era una defensa compartida de la cultura universitaria y el cosmopolitismo intelectual. De allí que el exilio español no sólo contribuyera decisivamente a la profesionalización de las ciencias sociales y humanidades modernas en el país, sino que enriqueciera la vida cultural mexicana.
La promoción del cosmopolitismo académico constituyó uno de los rasgos centrales de El Colegio de México desde su origen. Figuras como Daniel Cosío Villegas concebían la construcción institucional como parte de un proyecto amplio de profesionalización y apertura internacional de las ciencias sociales y las humanidades mexicanas. Como pilar fundador tanto de El Colegio de México como del Fondo de Cultura Económica, Cosío Villegas desempeñó un papel decisivo en la creación de espacios de circulación de ideas económicas, históricas y políticas provenientes de tradiciones intelectuales diversas. El propio Fondo publicó en aquellos años textos de autores liberales, historicistas, keynesianos, institucionalistas y marxistas, reflejando la amplitud de debates que caracterizaba al momento.
El Colegio de México participaba, además, en el proceso de construcción de expertise técnica e institucional. La recepción de figuras intelectuales internacionales no habría respondido necesariamente a una adhesión doctrinal a sus posiciones ideológicas. Más bien era parte de una construcción intelectual que necesitaba el intercambio académico y la legitimidad asociada a la circulación de especialistas europeos y norteamericanos. Desde esta perspectiva, la idea de imaginar a Mises orbitando sus espacios revelaría la receptividad, complejidad y heterogeneidad del campo intelectual mexicano.
La visita de Mises y las redes liberales mexicanas
Visto desde otro ángulo, la principal controversia sobre la presencia de Mises en México radicaría en que no constituyó un episodio aislado ni puramente académico. Su visita se inscribió también en el conjunto de redes empresariales y políticas que, aunque relativamente marginales frente al proyecto nacional-desarrollista, comenzaban a conformar sus espacios. Es decir, lejos de representar una irrupción externa completamente ajena al contexto político mexicano, la visita revelaba la existencia de pequeños, pero influyentes círculos interesados en construir alternativas de acción frente al avance del proyecto de desarrollo estatista.
La invitación al economista fue promovida principalmente por sectores posteriormente vinculados a la Asociación Mexicana de Cultura, organización fundada en 1946, pero cuyos antecedentes comenzaron a configurarse años antes alrededor de figuras en contra del avance del nacionalismo económico. El personaje central fue Luis Montes de Oca, exsecretario de Hacienda y exdirector del Banco de México, quien desarrolló importantes lazos con corrientes liberales internacionales y desempeñó un papel decisivo en la formación de sus espacios en México.
Según las memorias de Margit von Mises, el viaje de su esposo a México duró aproximadamente seis semanas. Hülsmann (2015) describe que la estancia superó ampliamente las expectativas de Mises y contrastó con el relativo aislamiento intelectual que experimentaba en Estados Unidos. A la postre, durante su visita impartió un curso en la Facultad de Economía de la Universidad Nacional de México, dio dos clases en francés en la Escuela Libre de Derecho y sostuvo encuentros con empresarios mexicanos.
En aquel momento, el director del departamento de Economía era Jesús Silva Herzog (padre de Jesús Silva Herzog Flores y abuelo de Jesús Silva Herzog Márquez). Silva Herzog y otros economistas tanto de la universidad como de pequeños círculos intelectuales mantenían cierta influencia en el gobierno de México y les interesaba que Mises expusiera las teorías de la Escuela Austriaca para llevarlas a la práctica. Montes de Oca incluso hizo a Mises una oferta de trabajo, pues a la Asociación de Banqueros y la Cámara de la Industria Minera les interesaba contratarlo como consejero económico; también podría impartir cursos y seminarios en la facultad que deseara en la Universidad Nacional y estaría libre para aceptar otras actividades remuneradas de enseñanza. También le ofreció crear un “Instituto Internacional de las Ciencias Sociales” privado que Mises lideraría.
La visita ocurrió en un momento particularmente significativo, pues mientras México avanzaba hacia la consolidación de un modelo de industrialización dirigido por el Estado y fortalecía instituciones asociadas al desarrollo nacional, a Mises le preocupaba la expansión mundial del estatismo, el proteccionismo y las políticas de planificación que, desde su perspectiva, amenazaban las bases del orden liberal.
De la visita surgió el manuscrito Mexico’s Economic Problems, redactado por Mises en 1943 aunque publicado décadas más tarde (en 1998). El texto constituye un documento muy informativo tanto de las percepciones del austríaco sobre México como de los debates económicos que comenzaban a estructurar las discusiones sobre desarrollo, industrialización y política económica en América Latina. En él, Mises critica la industrialización protegida, las barreras comerciales, las diferencias salariales entre México y Estados Unidos, la migración laboral y los límites que, desde su perspectiva, imponía el intervencionismo estatal al crecimiento económico. Aunque sus planteamientos tuvieron inicialmente una influencia limitada frente al predominio del nacionalismo y del desarrollismo latinoamericano, el documento muestra que México aparecía como un espacio relevante dentro de los debates internacionales sobre modernización y organización económica.
A pesar de ello, interpretar retrospectivamente la visita como evidencia de una temprana hegemonía neoliberal sigue siendo profundamente problemático. Las redes que la promovieron eran relativamente reducidas dentro del campo intelectual y político mexicano. Más que un movimiento ideológicamente consolidado, se trataba de círculos empresariales y académicos que, al igual que Mises, estaban preocupados por la expansión del Estado posrevolucionario y la creciente legitimidad de modelos de planificación económica inspirados tanto en el New Deal estadounidense como en distintas formas de desarrollismo latinoamericano.
Estas redes se articularon principalmente alrededor de empresarios urbanos, sectores de la banca privada, cámaras empresariales y grupos católicos conservadores. Dentro de este ambiente destacaban figuras como Raúl Baillères, Gustavo Velasco y Manuel Gómez Morin, cuya trayectoria intelectual combinaba liberalismo jurídico, modernización institucional y crítica al presidencialismo posrevolucionario. Incluso figuras mucho más complejas ideológicamente, como Cosío Villegas, participaban indirectamente en espacios de debate económico e institucional donde coexistían posiciones distintas respecto al papel del Estado, la industrialización y la inserción internacional de México.
Resulta significativo que varias de estas redes terminaran confluyendo en la creación y consolidación del ITAM, institución que desde mediados del siglo XX desempeñaría un papel central en la formación de economistas y tecnócratas mexicanos. Si bien el ITAM no nació como un proyecto neoliberal en el sentido contemporáneo del término, sí representó un esfuerzo empresarial e ideológico orientado a construir espacios de formación. Así, la visita de Mises permite observar algunas de las primeras conexiones entre redes empresariales mexicanas y corrientes internacionales que, décadas más tarde, adquirirían mayor relevancia dentro de la tecnocracia económica latinoamericana. El hecho de que estas redes existieran y buscaran activamente vincularse con corrientes liberales internacionales revela hasta qué punto México constituía un espacio nodal de circulación transnacional de proyectos ideológicos, políticos e intelectuales.
Antes de la Guerra Fría: fronteras ideológicas fluidas
Desde la lente de las polarizaciones de la Guerra Fría o desde la hegemonía neoliberal, la reconstrucción de la trayectoria intelectual mexicana en torno a personajes como Mises corre el riesgo de interpretarse como si los distintos linajes hubiesen estado claramente delimitados desde sus orígenes. Después de todo, como lo demuestra su formación multidisciplinar, el neoliberalismo temprano no surgió como la encarnación de la técnica económica cerrada, sino como un conjunto heterogéneo de intentos de reconstrucción ideológica frente a la crisis del orden internacional liberal y al ascenso simultáneo de fascismos, socialismos y economías dirigidas. En determinado momento, las redes liberales internacionales operaron más como círculos intelectuales más o menos reducidos que como proyectos políticos plenamente articulados.
En México, el mundo intelectual no se constituía por doctrinas homogéneas, sino como coaliciones complejas, y los empresarios no defendían necesariamente un laissez-faire clásico, sino que buscaban formas de modernización económica compatibles con la profesionalización técnica y expansión del empresariado privado. Las primeras generaciones de economistas y tecnócratas mexicanos se formaron, de hecho, en ese entorno.
Precisamente por ello, instituciones centrales del México actual, como El Colegio de México, no pueden entenderse como expresiones puras de proyectos ideológicos totalmente cerrados. Más bien funcionaron como espacios donde Estado, élites económicas, exilio europeo, cosmopolitismo intelectual y procesos de profesionalización técnica permanecían profundamente entrelazados. La circulación de Mises dentro de los círculos académicos y empresariales mexicanos muestra ese campo intelectual permeable, donde el intercambio de ideas no estaba del todo subordinado a alineamientos doctrinales rígidos.
La Guerra Fría transformaría esta situación. Durante las décadas siguientes, el campo intelectual comenzó a reorganizarse progresivamente. Las universidades, fundaciones, organismos internacionales y centros de formación económica fueron insertándose dentro de redes geopolíticas e ideológicas más definidas y separadas (Dezalay y Garth, 2002). En este nuevo contexto, las formas de coexistencia intelectual se volvieron cada vez más antagónicas. La sedimentación del neoliberalismo mexicano debe entenderse como parte de ese amplio proceso de reorganización de élites técnicas, circulación transnacional de expertise y transformación de las formas de legitimidad económica dentro del Estado posrevolucionario.
Aunque El Colegio de México nace directamente del proyecto cultural e intelectual del cardenismo y de la acogida a los exiliados republicanos españoles, y por lo tanto, visto desde hoy, podría pensarse que se encontraba en las antípodas ideológicas de Mises en muchos sentidos, el contexto alerta a no proyectar hacia atrás la divergencia ideológica posterior de la Guerra Fría. El “neoliberalismo” no era la fuerza hegemónica del siglo XXI: el Coloquio Walter Lippmann había ocurrido, pero la Mont Pelerin Society todavía no existía; la escuela austríaca era marginal; y el keynesianismo se consolidaba. Mises era muy reconocido intelectualmente, pero no simbolizaba todavía el proyecto global que hoy asociamos con el “neoliberalismo”.
Lo cierto es que la visita de Mises se dio en un entorno ambivalente en el que, si bien los campos intelectuales se mantenían fluidos y parcialmente superpuestos, un paradigma fundamentalmente tecnocrático y acotado se encontraba en formación. Aunque la circulación de intelectuales extranjeros formaba parte natural de la apertura de una época marcada por la confianza en el debate, la circulación internacional de ideas y la construcción de nuevas instituciones, la visita de Mises también denota una adhesión temprana, en ciertos círculos, a un proyecto de modernización radicalmente distinto al del nacionalismo cardenista.
Referencias
Además de las fuentes mencionadas explícitamente —incluidas también en la lista siguiente—, el presente ensayo se ha nutrido de ideas del resto de los libros y artículos consignados a continuación:
Babb, S. (2001). Managing Mexico: Economists from Nationalism to Neoliberalism. Princeton University Press.
Dezalay, Y. y Garth, B. (2002). The Internationalization of Palace Wars: Lawyers, Economists, and the Contest to Transform Latin American States. University of Chicago Press.
Hale, C. A. (1989). The Transformation of Liberalism in Late Nineteenth-Century Mexico. Princeton University Press.
Hülsmann, J. G. (2015). “Mises en América”. Centro Mises.
Lida, C. E. (1990). La Casa de España en México. El Colegio de México.
Mirowski, P. & Plehwe, D. (eds.) (2009). The Road from Mont Pèlerin: The Making of the Neoliberal Thought Collective. Harvard University Press.
Mises, M. von (1984). My Years with Ludwig von Mises. Arlington House.
Mises, L. von (1998). Mexico’s Economic Problems. Ludwig von Mises Institute.
Romero Sotelo, M. E. (2016). Los orígenes del neoliberalismo en México. La Escuela Austriaca. UNAM.
Slobodian, Q. (2020). Globalists: The End of Empire and the Birth of Neoliberalism. Harvard University Press.
Sorá, G. (2017). Editar desde la Izquierda en América Latina. Siglo XXI.
