En esta segunda y última entrega, retomamos la conversación con Tilda Rabi y Rafael Araya Masry (parte 1), activistas descendientes de palestinos que relatan su llegada a la Argentina y nos comparten algunas de sus memorias en la divulgación de literatura, teatro y cine en ese país. En esta parte, recuperamos el papel de las manifestaciones artísticas en la socialización de las demandas del pueblo palestino y en el diálogo que esta causa ha mantenido con otras organizaciones en el sur del continente. La conversación que entablamos, en sus dos entregas, dibuja las aristas de una red de solidaridad latinoamericana en la que han participado personas de varias procedencias y profesiones, que comparten muchas veces la experiencia del exilio e ideales de justicia afincados en referentes como los juicios populares contra las últimas dictaduras militares en Chile y Argentina.
Tilda Rabi (TR): Nuestra poesía transmite un sentido muy profundo, porque la palabra en sí va atrapando a ese otro que comprende que lo que ocurre en Palestina es algo no tan ajeno ni tan lejano: se hace nuestro. Desde que comenzamos, con recursos muy escuálidos, a transitar las calles y las plaza, leyendo un poema, cantando una canción, la gente se paraba y observaba… al principio algunos compañeros dudaban, decían: “che, pero ¿qué estamos haciendo?”. Y lo que estábamos haciendo era comunicarnos para que nos conocieran. Y ese descubrimiento era una especie de retroalimentación, porque la gente se conmovía y hacía suya la palabra. Entendían que es un prejuicio eso de vivir en una caricatura en la que el palestino solamente puede tirar bombas.
Erick Rodríguez (ER): Ahí por fin reconocían la humanidad: se dieron cuenta que esta gente escribe, pinta, baila…
TR: Escribe, pinta, baila… es capaz de emocionarse, de llorar y de sensibilizarse. No solamente con lo que pasa allá, sino también con lo que nos pasa acá.
Rafael Araya Masry (RA): Siguiendo con esa misma línea, en nuestras tertulias a veces leíamos poesía palestina. Pero íbamos desde una poesía figurativa, muy aterrizada, como podía ser la de Kanafani o Fadwa Tuqan, a una poesía con otra estética, digámoslo así, para no hablar en contra de nadie porque cada uno de los escritores tiene sus genialidades; pero la complejidad de Mahmud Darwish… a quien yo creo que se le terminó el idioma para describir cosas; yo creo que el propio árabe le quedó corto. Lo comparo en ese sentido con un Vicente Huidobro en Chile, que era un tipo que se le terminó el español para escribir poesía.
ER: Huidobro tuvo que crear una lengua poética para continuar.
RA: ¡Creó una lengua poética! Entonces, pienso que hay un paso de ese lenguaje directo, como en “Carnet de identidad” o en el poemario Enamorado de Palestina de Mahmud Darwish, esa poesía combatiente, esa poesía descriptiva, a una abstracción exquisita donde nunca se termina de comprender lo que se quiere decir, donde, de 20 formas abstractas distintas, se presenta la idea real. Es una cuestión tremendamente elaborada y muy acabada, que un tipo de su genio pudo hacer. Pero eso no desmerece a la poesía directa, que es lo que yo conversaba un día con un periodista de la radio, Ferrari, se llamaba. Me puse a hablarle de que yo era un músico, que mi trabajo era denunciar la dictadura. Y me decía: “¿pero eso usted lo considera arte?”. “Mire —le dije—, si usted quiere ver mayor lenguaje político basta escuchar a Liszt”.
ER: O ver a Eisenstein, o admirar a Picasso…
RA: Al propio Verdi; vean ustedes Nabucco y se van a dar cuenta de que es toda una simbología del deseo de liberación de Italia. Entonces, el panfleto no lo inventé yo, viene de los grandes autores, ¿no? Que sirve en cuanto la estética de la obra sea coherente, sea perceptible, y que tenga la capacidad de ser apreciada por quien la recibe. Ahí radica la belleza de la obra. Creo que a eso llegamos nosotros cuando exploramos la atracción de la poesía directa de Darwish, y sin saltamos ningún camino.
TR: Cuando vos descubrís a estos poetas, descubres que está a flor de piel su sensualidad. Te va envolviendo, es una cosa maravillosa. Recuerdo a compañeras actrices, que venían de un trabajo de mucha rebeldía que se dio en los teatros experimentales en la Argentina, que se enamoraban perdidamente de la poesía palestina y en especial de Darwish. Con esta poesía se transmite una sensibilidad especial; uno aprende a leer otra vez y comienza a indagar lo que es realmente un texto. Cuando vos releías el poema, ya no era un texto rígido: se trataba de poder transmitir algo desde adentro, desde las vísceras. Había una comunión muy especial cuando leíamos.
ER: Es una literatura donde aflora una experiencia que se va recogiendo por donde pasa. Algunos hablan de que es una poesía peregrina, pues va recorriendo el mundo, tocando puertas y abriendo sensibilidades a tal grado de que puede congregar…
RA: ¡Qué buena definición!, porque lo peregrino tiene que ver con el exilio.
ER: Porque en el fondo no son sólo los cuerpos los que están afincados en un territorio. También estamos hablando de que hay una palabra amurallada a la cual se le ponen obstáculos para poder circular.
RA: Pero, además, tienes el desdoblamiento inevitable entre tu cuerpo y donde está radicado tu espíritu, que está en tus orígenes. Es una especie de esquizofrenia físico-espiritual, un desdoblamiento permanente para todos los exiliados que no han podido volver. Esta poesía encierra toda la tragedia de la Nakba y de ese exilio. Lo ves en el poema de Darwish, “añoro el pan de mi madre…”.
TR: Claro, yo añoro esos almuerzos de mesas extendidas de los domingos. Éramos una multitud: desde el viernes ya se estaba programando el almuerzo con comidas típicas de Palestina. En nuestras casas, cada uno tenía una higuera y una parra. Y la parra había sido traída. Mi abuela, cuando llegó en barco, trajo unos gajos que fueron plantados y después acá se distribuían. Las hojas de parra, todo el rito que significaba. Yo ahora lo pienso y realmente era maravillosa esa comunión.
Mi abuela murió pensando en volver a Palestina y no pudo ser. Yo le debo mucho a mi abuela. Ella no lo sabe. Yo sí entendí con los años lo que ella me transmitió. Tenía una expresión de mujer dura, pero se transformaba en un ser extremadamente dulce y maravilloso a solas, cuando despertaba y salía a oler el rocío, ¿viste?, a tocar la tierra, a bendecir la parra, a bendecir la higuera; era un rito común para nosotros y a mí me encantaba espiarla. Porque después era dura, muy dura. Tuvo que ser dura. Entonces, esas cosas las rescato; si bien nosotros tenemos una formación ideológica y sabemos lo que es el sionismo, eso fue posterior y tiene que ver con la ocupación y la colonización de Palestina. Naturalmente, a pesar de que ellos vivieron la colonización, todavía no estaba tan a flor de piel; en mi casa todavía no se mamó eso.

ER: Y todas esas historias de vida, memorias que de una u otra forma quedan incrustadas en la literatura, hacen que estas expresiones artísticas vayan teniendo más y más funciones. Ya no es solamente una función que es testimonial, que afirma la voz, o el uso de la literatura para vincularse entre ustedes; hay una función que es fundamentalmente política. En este sentido, ¿a qué te enfrentas a la hora de posicionar esta literatura en la plaza pública?
RA: Tilda lo sabe bien, tuvimos la experiencia de lo que pasó cuando organizó el Tribunal Ético para Juzgar los Crímenes del Estado de Israel.[1] ¿Te acuerdas?
TR: Iba a hacerse en la Biblioteca Nacional en el 2012 y al final se hizo en el 2013. No la organicé yo, la organizó la sociedad civil argentina. Aunque también era un hecho teatral porque era una puesta en escena de un tribunal.
RA: Lo presidió el presidente de la Asociación de Juristas Americanos, el Dr. Beinusz Szmukler, una eminencia internacional. Tuvo una puesta, pero no fue sólo una puesta actoral, no, no…
TR: Claro, por el rigor de lo que implica hacer justicia, fue más que una puesta en escena. Sin embargo, a dos días de formalizar el evento en el 2012, nos llaman de la Biblioteca Nacional y nos dicen que no se puede hacer. Conseguimos en ese momento hasta ayuda financiera para alquilar un segundo lugar. Se había pagado ese otro lugar y también nos llaman, a un día, que no se puede hacer.
RA: Incluso unos curas maronitas nos iban a prestar el local, pero igualmente alguien los llamó y “no pudieron”, entre comillas.
TR: La Simon Wiesenthal, que supuestamente está para perseguir a los nazis, se dedicó a perseguirnos a nosotros y a presentar recursos de amparo y amenazas. Al final se hizo en el Club Sirio-libanés de la Argentina, en donde han sido bastante generosos con nosotros. No sin sus precauciones, porque hay un nivel de acoso que ofrece el sionismo en Argentina que no es fácil. Pero lo pudimos hacer. Lo ideal para nosotros hubiera sido que se concretara en un ámbito argentino. En la Biblioteca Nacional hicimos muchas cosas, presentaciones, exposición de obras de arte, no es que estuviéramos vetados.
RA: El Día de la Tierra lo celebramos ahí también…
TR: El Día de la Tierra, claro; hemos hecho actividades, como en otros lugares, pero esto evidentemente fue algo que los excedió. Igual se hizo. Es más, hubo protestas callejeras de organizaciones civiles cuando interrumpieron el Tribunal Ético. ¿Te acordás cuando después de deambular por tantos lugares nos ofrecen el Teatro del Este? Ahí pudimos hacer un estreno de forma oficial. Era un teatro que ya no está más, en la calle Viamonte casi Florida. Ahí estrenamos formalmente Palestina Canto de Amor y Libertad y allí pudimos poner en práctica lo que veníamos trabajando, que era Retorno a Haifa de Ghassan Kanafani.
RA: Y la poesía de los poetas palestinos, malas canciones mías…
TR: Canciones hermosas de Rafa. Su música también, de la nueva canción chilena.
ER: Sobre esta faceta internacionalista de la lucha que mencionaron al principio, ¿ustedes creen que hay lazos culturales que nos hermanan a palestinos y latinoamericanos? O, dicho de otra manera, ¿cómo es leer Palestina desde Latinoamérica? Porque tenemos una tradición de pensamiento político de emancipación, de exilio que nos hermana, que hace fácil el comunicar nuestra experiencia… vaya, el Che Guevara estuvo en Gaza…
RA: Los trabajadores del mundo. La única diferencia que tiene un trabajador del mundo con un trabajador palestino es que ellos tienen un país; los palestinos no. Pero en esencia no hay otra diferencia. La explotación, el abuso, todo es compartido.
TR: Es una cuestión de clases.
RA: ¿Por qué Israel combate tanto la educación en Palestina? Porque necesita mano de obra barata. Entonces las razones del desarrollo capitalista pesan profundamente en el proceso de dominación.
TR: Además, esa construcción en el colectivo imaginario. Vos mirá qué pasa con nuestros hermanos originarios actualmente acá. Cuando vos escuchás “aquellos supuestos mapuches que están pidiendo su tierra”, y vos lo vinculás con lo que es el tema palestino… te das cuenta que hay una vinculación profunda porque hay una negación profunda.
RA: Y que acá en Argentina los aborígenes sólo existen de Buenos Aires para el norte, sí te has fijado, ¿no? ¡En el sur, nada!
TR: ¡Los quilmes! Los quilmes desaparecieron. Es decir, hay una negación tan absoluta y además todavía tenemos un monumento al genocidio acá: Roca está ahí. En pie.
RA: En la Argentina se asesinaron 22 mil mapuches de Huelche, en el sur, cuando en la Argentina había dos millones de habitantes, el 1% de la población.
TR: Vos fíjate las similitudes con el tema medioambiental. Mientras en Palestina arrasan con los humedales de Judá, los tenemos acá con la iniciativa de poner pinos europeos. Tanto en Palestina como en la cordillera. La destrucción de los árboles y las especies autóctonas también es un problema, y tiene que ver en profundidad con los apetitos capitalistas.
RA: Aunque Israel también lo utiliza en otro sentido, porque todas estas campañas que hacen de “pon un árbol a tu nombre en Israel” las utilizan para hacer desaparecer aldeas palestinas, cuyas ruinas están debajo de esos bosques. Han ido haciendo desaparecer cualquier huella. Hace poco se destapó, por ejemplo, la masacre de Tantura que cometió Israel.
TR: Bueno, a mí me pasó algunos años atrás que vino una socióloga uruguaya que vivía en un kibutz muy cerca de Deir Yasin. Ella se fue exiliada a Israel debido a la atroz dictadura uruguaya. Y la compañera naturalizó inmediatamente su estancia ahí, negando la existencia de ese otro. Era totalmente sionista, nada más que tenía eso del mal llamado “sionismo de izquierda”. Que es un engaño a pichanga [fácil de descubrir], la verdad.
RA: ¿Sionista de izquierda? ¡Pues yo entonces soy anarco-monarquista! [risas].
ER: Exacto. Hay patrones de colonización que se replican en América Latina y que nos hacen reconocer la experiencia palestina desde inicios del siglo XX como una lucha más, que nos competía abordar y pensar desde aquí con ustedes los palestinos. Y, en ese sentido, las correspondencias son múltiples, no solamente Israel como vendedor de armas que ha estado detrás de las dictaduras latinoamericanas…
TR: ¡Que han estado comprobadas! Lo que vos no podés creer es que en la actualidad hay una involución y un sentimiento, digamos, hacia las exigencias sionistas imperiales también en esta región. Porque muchos de los que hoy levantan inclusive a este gobierno han leído a Rodolfo Walsh: no es que no lo hayan leído, y han respaldado al sionismo. Y Rodolfo Walsh es muy clarito en su Revolución palestina (Diario Noticias, 1974). Es muy explícito, es implacable, así que no me vengan con equivocaciones o que “yo no sabía”: saben, en el peronismo, en el kirchnerismo quién es Israel.
RA: Pero hemos visto también con tristeza mucha doble moral, en general, en muchos referentes que deberían, por su discurso, estar con nosotros; me refiero a los artistas. Es decir, van a cantar a Israel pero acá enarbolan la bandera de los Derechos Humanos y los desaparecidos y las víctimas y todo eso, pero tienen esa dicotomía de “a Israel no se le toca”.
TR: Nosotros hicimos un pedido concreto a ellos. Por ejemplo, a Mercedes Sosa antes de que muriera: fuimos hasta su casa a dejarle una carta, para que no siguiera cantando en Israel.
ER: Claro, es que ella estuvo un tiempo allá.
TR: Es muy doloroso, y la argumentación era que tenía parientes. O sea, todos podemos tener un pariente. Pero ésa no es la cuestión. Sin embargo, fue un triunfo para nosotros cuando se le pidió a Natalia Oreiro que no fuera y Natalia no fue. Fue un hecho no menor. O como la selección de fútbol —más allá que hicimos un lío grande— que no fue.
ER: Para ir concluyendo, me gustaría recoger un momento que hayan vivido, que hayan presenciado, en que sintieran que la batalla podía darse, en el sentido de ver la solidaridad, de sentir esa energía que puede suscitarse en un evento, en alguna marcha… que hayan sentido energías utópicas para poder continuar luchando desde aquí, desde América Latina.

RA: Mira, la respuesta está en que van a ser 40 años que tomamos con Tilda este camino, incorporando gente. Nos ha sobrepasado en la medida en que estamos viejos, mucho más viejos. Pero hemos tenido la capacidad de ir traspasando esto a personas más jóvenes, ir entregando esa posta con el mismo entusiasmo. A veces discrepamos, pero eso es una cuestión generacional, típica de viejos y jóvenes. Incluso con las dificultades del engranaje perfecto, ellos van haciendo un camino y hoy tenemos una generación que va a tomar esta causa mañana para llevarla adelante, y eso te da la mejor constatación de que Palestina en la Argentina es una causa que va a seguir viva, latiendo, que va a seguir con la misma fuerza que le hemos dado nosotros y con nuestra impronta a lo largo de casi 40 años. En ese sentido, no tengo aprensiones, puedo tener discrepancias con el cómo se hace: aquí tenemos un compañero con el que podemos tener discrepancias incluso respecto de la política interna de Palestina, pero el tipo ha hecho una difusión de la literatura palestina que no ha hecho nadie. Contemporáneamente, nosotros empezamos como una cuestión de barricada con la poesía palestina, en la calle, en cualquier espacio que se nos diera, en nuestras casas, como agrupación Sanaud. Nosotros hacíamos estos encuentros donde se quedaban 40, 50, 60 personas fuera, cuando ya no había cómo meterlos y hacíamos estas peñas folclóricas en las que se leía poesía palestina, se interpretaban poemas o fragmentos de Retorno a Haifa, y eso duraba hasta las dos, tres, cuatro de la mañana, y no se movía nadie, ¡había que echarlos!
TR: Hay cuestiones muy importantes. Por ejemplo, tenemos académicas argentinas, poetas mujeres que han tomado la posta, que son las curadoras de esto; también está mi hija que ha tomado la posta desde su lugar. Y lo hacen, digamos, desde su lugar atravesado por la lucha y la resistencia.
RA: Porque ellos no tienen ni los prejuicios ni los miedos nuestros que vivimos en las dictaduras.
ER: Claro.
RA: Ahí nuestro trabajo radica esencialmente en hacer que aquello que surge por la empatía surja por la conciencia. Y si bien es muy valiosa la reacción emotiva de solidaridad, a esa reacción emotiva debemos darle continuidad para que se vuelva una opción consciente. No te olvides, siete años tuvimos un programa en la radio de las Madres de Plaza de Mayo que se llamaba “Derribando muros”.
TR: “Derribando muros: La voz de la diáspora palestina en Argentina”, donde además estuvieron rabinos contra el Estado de Israel y muchos compañeros de diferentes confesiones o ideologías. “Derribando muros” pasó a ser como un programa icónico, era una referencia.
RA: Nosotros contábamos con un compañero en Gaza, lo entrevistábamos desde acá, y nos decía: “en este momento me estoy subiendo a una ambulancia para ir a buscar heridos por el bombardeo”. Y nos relataba en vivo lo que estaba ocurriendo en ese momento. Unas transmisiones impresionantes. Después estuvimos en otras radios, pero en general siempre en lugares de combate.
ER: Poniendo el cuerpo y la palabra. Considero que reunirnos ahí donde sea que nos reunamos para poder pensar estos temas, compartir experiencias y hablar de las injusticias es una forma también de estar derribando muros. Y en ese sentido es también una lucha simbólica y física que se está ganando. Estoy muy agradecido por esta conversación, no solamente por lo que ustedes han vertido aquí, sino por su trabajo, por su trayectoria ya de años de lucha de concientización, de sensibilización por diversos medios. Para terminar la entrevista, me voy a permitir leer un pequeño poema que quizá es un buen cierre en este momento, dado que reconocemos la importancia de lo escrito. Es un poema de Mahmud Darwish que se llama “Como la flor del almendro o allende” en una traducción de Luz Gómez:
Piensa en los otros
Tú que te haces el desayuno, piensa en los otros
(no olvides alimentar a las palomas)Tú que te enzarzas en tus batallas, piensa en los otros
(no olvides a los que piden paz)Tú que pagas la factura del agua, piensa en los otros
(los que maman de las nubes)Tú que vuelves a casa, a tu casa, piensa en los otros
(no olvides al pueblo de los campamentos)Tú que te duermes contando estrellas, piensa en los otros
(hay quien no halla dónde dormir)Tú que te liberas con las metáforas, piensa en los otros
(los que han perdido su derecho a la palabra)Tú que piensas en los otros lejanos, piensa en ti
(di: Ojalá fuese vela en la oscuridad)
Notas
[1] Este Tribunal Ético fue realizado en 2013 por ciudadanos argentinos en respuesta a la inoperancia de la ONU y la Corte Internacional de Justicia en cuanto a la ocupación y colonización de Palestina. Se trató de un hecho simbólico que buscó socializar las denuncias hacia el Estado de Israel por los crímenes cometidos contra el pueblo palestino. El juicio, que incluyó peritajes, presentaciones de pruebas y testimonios, y donde el jurado declaró culpable a Israel de todos los crímenes presentados, dialoga con la historia de los juicios éticos populares realizados en Argentina en contra de los crímenes de la última dictadura militar.
