Traducción de Gustavo A. Cruz Cerna


El pasado 13 de junio, Israel lanzó un ataque sorpresa contra Irán. Los bombardeos aéreos alcanzaron edificios por toda la capital, Teherán, golpeando tanto barrios residenciales como objetivos militares. En tan sólo una noche cerca de cien personas fueron asesinadas. A muchas de ellas la muerte las alcanzó en sus camas, mientras dormían.

Esta agresión llegó luego de ocho meses de calma, durante los cuales no se lanzó un sólo misil entre Irán e Israel. Antes del asalto, el líder supremo de la República Islámica, Ali Khamenei, había dado su bendición a las negociaciones con los Estados Unidos de Norteamérica. Desde el fin de semana pasado, los delegados de Donald Trump tenían programada una reunión con sus pares iraníes para trabajar en un acuerdo de paz. Fue entonces, en la calma muda de la noche y mientras lxs iraníes dormían en sus hogares, que Israel atacó.

Para iraníes como Kamyar, un ingeniero de 29 años residente de Teherán, el asalto masivo llegó como una conmoción. “Estaba dormido cuando llamó mi tía. Hubo una explosión tremenda cerca de su casa; todas sus ventanas se reventaron. Entró en pánico”, contó Kamyar a Truthout. “Abrí mis persianas para echar un vistazo por mi ventana. Vi un destello y un estruendo. De pronto, escuché explosiones por todos lados a mi alrededor. La tierra retumbaba. Fue entonces que me di cuenta de que estábamos bajo ataque.”

The New York Times y otros medios occidentales repiten la narrativa oficial israelí: que Israel está desmantelando el programa nuclear de Irán. Pero una vez que el sol emergió sobre Teherán, se hizo evidente de manera inmediata que los ataques habían alcanzado edificios residenciales. Varios pisos de algunos rascacielos en Kamranieh y Nobonyad, vecindarios al noreste de la ciudad, fueron destrozados. En Sattarkhan, al poniente, edificios enteros fueron arrasados. Empezaron a publicarse videos de familias sollozando en las calles, al frente de sus casas, lamentado la muerte de sus seres queridos a consecuencia de los bombardeos. Hombres cubriéndose el rostro, agobiados por la pena.

Israel presumió rápidamente la eliminación de numerosos mandos de la Guardia Revolucionaria de Irán y científicos nucleares. Junto a ellos, fueron asesinadas sus familias, y decenas de personas que tuvieron la mala fortuna de vivir en los departamentos adyacentes a los de los objetivos. Entre los muertos está Amir Alí Amini, un campeón de taekwondo de tan sólo 11 años; Niloufar Qalehvand, instructora de pilates; Ehsan Eshraghi, cajero en un banco, junto a Baran, su hija de 9 años. Mientras el balance de víctimas iba en aumento, ondas expansivas sacudían la capital iraní.

“Los primeros misiles cayeron cuando yo hacía mis oraciones matutinas”, me cuenta Yasaman, una profesora de inglés de 35 años, en conversación telefónica. Durante la llamada, se alcanza a oír el zumbido de los drones israelíes sobrevolando Teherán. “Más tarde, mi madre se enteró de que el departamento de una de sus amigas había sido bombardeado. Sus dos niñxs murieron en cama durante el ataque. En el piso debajo de ellos, todos resultaron heridos.” “Mi madre cayó enferma desde que se enteró de lo sucedido”, continúa, reprimiendo el llanto. “Estamos paralizadas por el miedo. Temo que una bomba me mate mientras duermo.”

En los días posteriores, Israel ha bombardeado Irán de manera continua, en oleadas muchas veces separadas por tan sólo unas horas. Entre los objetivos alcanzados, se encuentra infraestructura civil, incluidos depósitos de combustible, refinerías y aeropuertos. El 15 de junio, fueron detonados múltiples carros bomba en el centro de Teherán. Torres a lo largo y ancho de la capital han visto sus niveles superiores arrasados. Las ambulancias se apresuran a localizar sobrevivientes bajo los escombros. Cada mañana, se reúnen multitudes para ayudar a los heridos, o para desenterrar a los sobrevivientes de entre las ruinas. Algunos otros deambulan aturdidos, incrédulos de cómo su vida ha dado un vuelco tan fulminante.

La última vez que cayeron misiles sobre Teherán fue en 1988, cuando Saddam Hussein bombardeaba el país persa en una guerra para la cual contó con todo el respaldo de Occidente. Ese mismo año, un portaaviones norteamericano derribó un vuelo civil iraní que cubría la ruta de Teherán a Dubái sobre el golfo pérsico, acabando con la vida de las 290 personas a bordo.

En las décadas subsiguientes, la ciudad había vivido una relativa calma. Mientras Israel amenazaba a Irán una y otra vez, muchos habían albergado cierta esperanza de que Trump cumpliría su promesa de evitar una nueva guerra en el Medio Oriente. La sorpresa ante el ataque repentino se agravó por las perspectivas positivas que muchxs iraníes tenían respecto al proceso de paz. “Hasta hace unos meses, parecía que el gobierno se iba a negar a negociar con Trump”, me comenta Kamyar. “Pero entonces empezaron a encontrar puntos de acuerdo, las cosas iban avanzando. Había optimismo. Y de pronto Israel nos ataca en plenas negociaciones.”

Ésta no es la primera vez que lxs iraníes son defraudados por EUA. En 2015, durante la administración de Obama, ambos países firmaron el Plan de Acción Integral Conjunto (PAIC), un acuerdo nuclear que otorgaba un marco para la paz. Irán acató el acuerdo. Pero tres años después, durante su primer mandato, Trump lo desechó. Irán puso su fe en la diplomacia. Y EE. UU. no cumplió sus promesas.

“La peor noche de mi vida”

Irán ha lanzado varias salvas de misiles contra Israel como represalia. La mayoría ha sido interceptada por el Domo de Hierro israelí, pero muchos de esos misiles han alcanzado el corazón mismo de Tel Aviv, al igual que áreas residenciales. Algunxs esperaban que la represalia pudiera funcionar como disuasivo, y obligara a Israel a parar. Pero Israel sólo ha aumentado la fuerza de sus ataques. Los bombardeos aéreos afectaron decenas de ciudades, puestos fronterizos, instalaciones nucleares, bases militares y los hogares de gente ordinaria.

“El viernes tuve la peor noche de mi vida. Había drones por todos lados, volando súper bajo. No se me ocurre la razón por la cual los enviaron, además de aterrorizar a la gente”, me cuenta Samira, una periodista de 48 años, en una llamada desde Teherán. “Y luego escuchamos los cañones antiaéreos disparar, y finalmente detonaciones, las explosiones de los misiles cayendo sobre la ciudad. Después, en el silencio, el llanto de niñxs. Fue cuando nos dimos cuenta: mierda, esto es la guerra. Es tal y como pensábamos que sonaría.”

Me expresó su frustración con la cobertura que veía en los medios internacionales. “Dicen que Israel tiene el derecho a defenderse, pero ellos nos atacaron primero”, a su voz la acompaña el zumbido de un dron que se cuela en nuestro intercambio. “Israel dice que quiere evitar que tengamos una bomba atómica. Pero en su programa nuclear, Irán ha sido respetuoso de las convenciones. En cambio, Israel tiene armamento nuclear, y no permite el acceso de inspectores internacionales. Son los últimos que deberían opinar al respecto.”

Samira señala que los ataques han convencido a muchxs iraníes de que no pueden confiar en la diplomacia con el resto del mundo. “Cuando la gente en Irán ve los ataques israelís y cómo EE. UU. los respalda, dice ‘bueno, en una de esas nuestro gobierno tiene razón en querer construir una bomba nuclear. Porque estamos solos en este mundo. Y nadie está dispuesto a levantar un dedo para evitar que Israel nos mate.’”

No sólo las potencias mundiales no hacen nada por detener la agresión de Israel, sino que la apoyan abiertamente. Entre ellos, destaca Donald Trump. Incluso cuando expresó confianza respecto a un acuerdo nuclear —y se enfrascó en una disputa ampliamente difundida en los medios con el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu—, Trump envió cientos de misiles a Israel antes del ataque para asegurar que tuviera la posición más fuerte posible al iniciar la escalada. Este fue un apoyo adicional a los miles de millones de dólares que EE. UU. ha dado como ayuda militar a Israel en los últimos cinco años.

Samira me dice que quedó horrorizada al ver los efectos del ataque de Israel: “Están bombardeando civiles, una y otra vez.”

“Las bombas de Israel no nos darán la libertad”

Al tiempo que lxs iraníes dentro de Irán sufren las consecuencias de los bombardeos israelíes, un pequeño pero estridente porcentaje de la diáspora derechista se ha movilizado en apoyo a Israel. Yasmin Pahlavi, esposa de Reza Pahlavi, hijo del Shah derrocado por la revolución de 1979, publicó en Instagram un mensaje en el que decía que Israel debía “golpear a Irán.”

Esto no fue en absoluto sorprendente. En su visita a Irán en 2023, los Pahlavi expresaron su apoyo a Israel. Al dar su respaldo a Netanyahu, la familia real parece colocar sus esperanzas en regresar a Irán con el amparo de los misiles de Israel. En los últimos tres años, los Pahlavi han cosechado un creciente número de simpatizantes en Irán al azuzar una guerra contra el propio Irán. Sus seguidores con frecuencia han acusado a sus críticos —incluso a iraníes que han protestado en favor de la democracia y han sido encarcelados por ello— de ser acólitos del régimen de la República Islámica.

Pero a lo largo de los años, al desenvolverse el genocidio en Gaza y la sangrienta guerra de Israel contra el Líbano, la popularidad de los Pahlavi ha ido menguando entre la población. Lxs iraníes han visto las bombas de Israel destrozar vecindarios enteros, destruyendo hogares mientras la comunidad internacional ha sido incapaz de intervenir. Israel pregona que su guerra es contra la República Islámica y no contra el pueblo de Irán. Aun así, las altas bajas civiles y la premeditada destrucción de infraestructura civil sugieren lo contrario.

Israel y los Pahlavi apuestan a que la sociedad iraní puede ser desgarrada desde dentro, para dar pie a un cambio de régimen. Pero al ver sus vidas cotidianas devastadas por los misiles, lxs iraníes culpan más bien al régimen responsable de lanzar esas bombas, así como a la derrocada familia real por apoyarlo.

“Mitra”, una artista del centro de Teherán que pidió ser identificada con un seudónimo por razones de seguridad, a consecuencia de su participación en movimientos de protesta al interior de Irán, dice que su experiencia al enfrentar los misiles israelís ha puesto de relieve la conexión de las vidas iraníes con las palestinas: “El zumbido de los drones y aeronaves militares sobre nuestras cabezas no se detiene. Por veinte meses hemos escuchado estos sonidos en los videos que salen de Gaza. Ahora están encima de nosotrxs… Nuestra historia no es ajena a la suya.”

Las imágenes de hogares pulverizados y de cuerpos encontrados entre los escombros señalan este vínculo. También han movilizado a lxs iraníes —incluídxs muchxs de quienes se oponen decididamente a las políticas represivas de su gobierno— contra Israel y sus guerras en toda la región del Medio Oriente.

Mitra fue una participante activa en las protestas del movimiento “Mujer, Vida, Libertad”, que se expresó apasionadamente contra la represión política y social del gobierno de Irán. A su vez, sin embargo, rechaza la afirmación de que Israel está de alguna manera protegiendo a lxs iraníes de su propio gobierno. “Las bombas de Israel no nos darán la libertad”, dice a Truthout.

Cada día va en aumento el miedo a que Israel, de continuar sus ataques contra el programa nuclear iraní, termine por golpear instalaciones de riesgo. Residentes de Isfahán que hablaron con Truthout expresaron su temor a que un ataque israelí provoque la diseminación de radiación en la región.

Y no son sólo lxs iraníes quienes están siendo atacados: cerca de cuatro millones de afganos viven en Irán y ellos, también, son víctimas de los bombardeos. En un video viral, un afgano nacido y criado en Irán comenta que sus amigos iraníes le llaman afortunado por tener otro país al cual poder huir. Su respuesta es que él se quedaría a pelear y morir al lado de sus paisanxs si fuera necesario.

Hasta ahora, EE. UU. ha sido incapaz de poner un alto a Israel. Y es difícil ver cómo esta guerra podría parar sin la intervención de Trump. La condena de EE. UU. o de la ONU y un embargo armamentístico contra Israel podrían convencer a Netanyahu de deponer las armas. Pero por el momento no hay señales siquiera de que ninguna de las dos cosas pueda suceder. El resultado es un aterrador nivel de incertidumbre en Teherán. La situación también está haciendo que muchxs iraníes se congreguen en apoyo a la resistencia militar de su país contra la agresión israelí. Vapuleadxs desde distintos frentes, lxs invade la sensación de que la única opción que le queda a su país es la autodefensa. “Muchxs de nostroxs odiamos al gobierno. Pero los bombardeos en nuestra contra hacen que el nacionalismo aumente entre lxs iraníes”, me dice Kamyar en el teléfono. “El ataque israelí está aglutinando a la gente como nunca.”

Mientras tanto, lxs iraníes a lo largo del país entierran a sus muertos. El número de fallecidxs aumenta día con día; en el último conteo, ascendía a por lo menos 600 personas (cifra actualizada al 20 de junio). Una de esas víctimas fue Parnia Abbasi, una poeta de 24 años que fue asesinada junto a su familia en un bombardeo israelí en Teherán. Circuló una fotografía de su cuerpo destrozado debajo de los escombros que alguna vez fueron su casa, con sangre brotando de su cráneo. A la par, se difundieron también algunos de los poemas que publicó en vida. Uno de ellos fue traducido al inglés por Pamenar Press —y a partir de esa traducción se presenta aquí, en español—. Sus palabras son desgarradoras, como una premonición de la manera en la que su vida le fue arrebatada:

Lloré por ambos, por ti y por mí.
Soplas hacia las estrellas, mis lágrimas.
En tu mundo, la libertad de la luz; en el mío, el asedio de las sombras.
El poema más bello del mundo calla.
En algún punto, empiezas a llorar,
el murmullo de la vida.
Pero me acabaré, ardo.
Seré la estrella que se extingue, en ese cielo tuyo, como humo.

Para el lunes 16 de junio, lxs iraníes asumieron el hecho de que la guerra de Israel no terminaría pronto. Las bombas de Israel cayeron sobre la estación central de la Televisión Oficial Iraní mientras lxs periodistas estaban al aire, provocando un número aún desconocido de víctimas. Los ataques aéreos sacuden Teherán, e Irán continúa lanzando sus misiles hacia Israel.

El ejército israelí ordenó abandonar sus hogares a los residentes del Distrito 3 de Teherán, un área habitada por cerca de 300 mil personas. Las autopistas se congestionaron con los automóviles de las familias que huían hacia áreas rurales que consideran más seguras. La escasez de combustible rompió con las esperanzas de muchxs. Sin forma alguna de salir, se resignaron a volver a sus hogares, a esperar el amanecer; y a rezar porque sus estrellas no sean extinguidas en la obscuridad de la noche.


* Texto publicado originalmente en inglés en Truthout

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