Cada año los resultados del Sistema Nacional de Creadores de Arte (SNCA) vienen acompañados de quejas y críticas, desde las que señalan problemas puntuales e injusticias, a las que manifiestan una desilusión muy comprensible o un rencor destilado a lo largo de años. Algunas colaboraciones en Revista Común han tratado el tema y no está de más repasar y repensar un par de puntos de esta política pública dirigida a fomentar la creatividad artística y apoyar a la comunidad que la lleva a cabo.
Hay dos sistemas en México que buscan estimular la producción de propiedad intelectual: el SNCA y el Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII). Hay, sin embargo, una diferencia de percepción abismal sobre la pertenencia a uno y a otro. En el SNII hay varios niveles y la idea es que las personas que hacen investigación ingresen, idealmente permanezcan y suban de nivel. Esto es fácilmente verificable en el informe de labores de cualquier persona o institución que tenga que ver con este rubro. El abismo está en que, según algunas de las opiniones vertidas en redes sociales e incluso en ciertos medios, si alguien de la comunidad artística intenta hacer exactamente lo mismo en el SNCA —es decir, ingresar y permanecer— es una basura humana.
¿Por qué esta diferencia de percepción, sobre todo si se toma en cuenta que quienes pertenecen al SNII tienen otros ingresos —a veces incluso buenos? La diferencia tiene mucho que ver, ante todo, con presupuestos y cantidades, cuyas diferencias son tan abismales como la percepción ya descrita. En síntesis: México dedica mucho más dinero a la investigación que a la cultura. Si quisiéramos meter a todo el SNII en el Auditorio Nacional, necesitaríamos cuatro turnos y medio (44,836 en el último conteo). Mientras que con el SNCA completo no llenamos ni el 10 por ciento de los asientos (600, más los eméritos). Las diferencias son tan profundas que en 2017 el puro SNI tenía un presupuesto mayor a la Secretaría de Cultura (5,883,608,707.09 frente a 5,093,311,778.00 pesos).
Demos otro paso al abismo. ¿Qué porcentaje de aspirantes al SNII logran ingresar o permanecer? En 2021 se aprobaron más de una de cada dos solicitudes. Estamos, al menos en términos estadísticos (que no es lo principal, pero es elocuente), en el lado amable del volado. Ello contribuye a premiar el mérito, fomentar la producción y matizar los términos del debate al respecto. La relación entre solicitudes y becas artísticas obtenidas es tan distinta que parece venir de otro sistema solar. Anteriormente, la convocatoria de jóvenes creadores establecía que se asignaría una beca por cada 10 participantes. Hace años que eso ha desaparecido, lo cual sugiere que la proporción es mucho menor. ¿Cuál será ahora? ¿Una de cada 15? ¿De cada 20? Y si esto es así para jóvenes creadores, ¿cuál será la proporción para el SNCA? La animadversión para quienes retornan a este sistema es tal, porque las oportunidades de ingreso o retorno son escuálidas. El primer paso es que debe haber más transparencia en estas cifras, pues de lo contrario la rabia contra la injusticia del sistema termina aterrizando contra quienes logran la distinción.
Jack Lang, ministro de cultura francés, fue quien logró que el 1% del presupuesto federal de su país se dedicara al ramo cultural. En México el presupuesto del gobierno federal asciende este año a 9.3 billones de pesos; los 15 mil millones asignados al Ramo 48 (Cultura) quedan bastante lejos de aquel 1%. El manifiesto escrito por Gabriel Zaid hace exactamente 50 años y firmado por 27 artistas en la revista Plural fue la semilla de la política cultural artística en el país. Y prácticamente su única hoja de ruta. Allí se sugería que el presupuesto del Fondo para las Artes fuera de 2% del presupuesto de la Secretaría de Educación Pública. Este último es un billón de pesos, y subir el presupuesto cultural a 20 mil millones suena más asequible. Con bastante menos que eso se podría establecer, como siguiente paso, que al menos 1 de cada 10 solicitudes por área artística obtenga una beca. Es una medida utilizada con anterioridad que contribuiría a fomentar la creatividad y disminuir las injusticias.
