El pasado 1 de octubre, Claus Offe falleció en Berlín, en la casa cerca de Kollwitz Platz que había comprado a mediados de los noventa con su colega Harmut Häußermann. Offe, nacido durante la Segunda Guerra Mundial, murió a dos días de que se cumpliesen treinta y cinco años de que terminase la división de Alemania. Sus trabajos sobre las transiciones a la democracia en el este de Europa que siguieron a la reunificación del continente —esas democracias que ahora languidecen—, lo hicieron famoso entre muchos politólogos, pero constituyen sólo una de las vetas de su trabajo. El estado capitalista, el mundo del trabajo, el estado de bienestar, la trilogía “democracia, instituciones y normas” y, finalmente, la Unión Europea como ámbito para una nueva solidaridad son, en resumidas cuentas, los temas sobre los que Offe publicó textos que se hicieron rápidamente imprescindibles.
Con la edad se suavizó, pero en el trabajo universitario Offe a menudo no era una persona fácil. Los colaboradores más cercanos a él en su cátedra comentaban que “había tenido una infancia difícil”. Me lo creo. Nacido el 16 de abril de 1940 en Berlín, Offe consideraba que sus coetáneos —entre los sociólogos, el más famoso es probablemente Wolf Lepenies— habían tenido suerte por haberse librado de haber combatido y de haber participado como adolescentes —a ese grupo de edad perteneció, por ejemplo, Jürgen Habermas— en la defensa antiárea de las ciudades alemanas. También consideraba la ocupación de Alemania por los Aliados una ocupación, pero una benevolente (quiere decir: más benevolente que la soviética). Sin embargo, nacer en 1940 implicaba sobrevivir a la guerra, a la escasez de viviendas, a la miseria de la posguerra y a la ignominia de no sólo de haber sido derrotados, sino de haberse dejado gobernar por los nazis. Y de ser hijo de un miembro de la Sturmabteilung (SA).
Offe hace su Abitur —el examen de acceso a la universidad— en Wuppertal, en el oeste de Alemania, pero estudia en Berlín, en la universidad fundada por los Aliados —la Freie Universität—, sociología, economía y filosofía (1960-1965). Un primer paso al frente en la esfera pública lo constituyó la edición de Hochschule in der Demokratie (Educación superior en democracia) junto con varios compañeros de la Sozialistischer Deutscher Stundentenbund (la Federación Socialista Alemana de Estudiantes). Habermas lo contrata como asistente en su cátedra de Fráncfort y con él escribe tanto su tesis de doctorado sobre el concepto de rendimiento en la industria (1973, 1976) como la Habilitation (1975), si bien para entonces el equipo se había mudado al Max-Planck-Institut zur Erforschung der Lebensbedingungen der wissenschaftlich-technischen Welt (Instituto Max Planck para la Investigación de las Condiciones de Vida en el Mundo Científico-Técnico), en Starnberg, al sur de Múnich.
Offe obtiene su primera cátedra en una de las nuevas universidades creadas en un momento de expansión universitaria, Bielefeld (1975-1988). Ésta es la época, legendaria para los aficionados a la teoría social, en que el despacho de la secretaría que compartían le separa de la oficina de Niklas Luhmann. Si bien se ha dicho recientemente que Offe consideraba la sociología de Luhmann “despoliticizada” e “incapaz de ver el poder”, también recurre una y otra vez a las paradojas que descubre su vecino de despacho y a su librito sobre el Poder. Offe se centra en las investigaciones primero sobre el trabajo (1984), con una famosa incursión hacia los movimientos sociales (1985), y ya durante su etapa en Bremen (1988-1995) en el estado de bienestar (1996).
A los pocos años de la reunificación, prácticamente todos los científicos sociales de la antigua República Democrática Alemana habían perdido sus puestos. Para llenar las vacantes, en la Humboldt Universität de Berlín se hace un intento de construir una facultad de ciencias sociales con la crème de la crème del país. Allí Offe ocupa una cátedra (1995-2005) cuyo nombre no llega del todo a hacer justicia a la amplitud de sus intereses (Politische Soziologie und Sozialpolitik [sociología política y política social]). De esos años, prefiero un librito sobre cómo Tocqueville, Weber y Adorno vieron a América, a pesar de que en él ignora a América Latina y cae en la trampa del American exceptionalism (Marinis, 2007; 2004, 2006). Cuando se “jubila”, Offe cruza la avenida Unter den Linden para pasar diez años más en la vecina Hertie School of Governance (2015).
Años antes, como joven “postdoc”, Offe pasó dos años entre Berkeley y Harvard, y en las décadas siguientes fue un asiduo visitante de los Estados Unidos (y de sus ciencias sociales), en particular de Nueva York, en cuya New School for Social Research enseñó varios semestres. Viajaba mucho, y al volver de un viaje de cuatro o cinco días, cuyo propósito había sido el de dar una conferencia, a menudo dejaba, en un archivador dispuesto para ello en la oficina, un nuevo paper. Una vez le preguntaron a dónde se iría si al día siguiente empezase su sabático, y Offe no dudó en contestar “Canberra”, donde de hecho le gustaba pasar temporadas alejado de todos nosotros y con su amigo Robert E. Goodin. En aquel tiempo los emails apenas empezabana llegar a Australia.
A Claus Offe se le asocia con la Escuela de Fráncfort, una etiqueta que discretamente rechazaba. Tal vez se sentía más cómodo con la de neomarxista y bien acompañado por Philippe Van Parijs y otros en la Basic Income Earth Network, de la que formó parte desde sus inicios en los primeros ochenta. Veinte años después le oí comentar, reconociendo algunas dificultades en el modelo, que él permanecía fiel a la idea de un basic income, porque hasta ese momento “nadie me ha enseñado nada mejor”, en términos de suavizar las muchas asperezas, por decirlo suavamente, del mercado de trabajo. El comentario refleja su lealtad ciudadana a una idea —y la disponibilidad del académico a abandonarla—. Asociar a Offe a una sola teoría, de la que además apostató, es particularmente injusto. En las últimas semanas, muchos han destacado hasta qué grado Offe no era dogmático —compáresele con un coetáneo suyo bien conocido en América Latina como Elmar Altvater—. Tal vez sería incluso más preciso decir que Offe era ecléctico. Los dogmas realmente le eran ajenos a una persona que parecía constantemente estar viendo a gran velocidad cosas —la relatividad de las cosas sociales— que a los demás se nos escapaban.
Después de las presentaciones en su seminario, Offe decía unas palabras para abrir el debate y años después de verle hacer esa ceremonia nunca conseguía prever por dónde saldría. Tras la presentación de un compañero sobre la política de la Unión Europea para discapacitados, en la cual comparaba las definiciones vigentes en varios países miembros, Offe fulminó el concepto de discapacidad empezando por observar que “todos los que estamos aquí somos discapacitados si se nos comparan con los miembros de la Berliner Philarmoniker”. Con ello quedó claró que las dimensiones y el grado en que uno puede estar discapacitado son sociales, e influidos por las políticas públicas, y sobre todo relativos. Offe tenía la capacidad de tomar un concepto, incluyendo conceptos en los que no era ningún experto, y mirándolo por distintos ángulos mostrar sus puntos débiles. O incluso hacerlo desaparecer como concepto (2008).
Por ejemplo, en un texto que prácticamente nadie cita sobre si las universidades deben educar (2019), Offe explora el concepto de educación, y es como si fuera pelando à la Günther Grass —con quien tenía un cierto parecido físico— las capas de la cebolla: la etimología, nos dice, muestra que hay una educación superior —la famosa Bildung— y una inferior —la que convierte a las personas en trabajadores—, con organizaciones educativas especializadas en impartir la una y la otra. A pesar de las pretensiones de esa educación superior, una rápida consideración muestra la imposibilidad de definir lo que es una persona educada. Suponiendo que se pueda, tampoco están las universidades legitimadas para enseñar valores —aquí se pone Offe exactamente donde Max Weber —. Todo lo más, la educación puede —y en el caso de la educación científica debe— enseñar a pedir y dar razones. Fiel a su adagio de que una tesis es más valiosa cuando su autor o autora es capaz de responder a más y más objeciones, dando razones de un orden cada vez superior, Offe cierra su único texto sobre la educación halagando a el o la estudiante que en el mapa del campus de Stanford donde se leía “You are here” escribió, “Yes, but why?”. El porqué, no los supuestos que dejamos pasar incuestionados, le interesaba siempre a Offe, y con ello hacía ver todo lo que habíamos pasado por alto.
Relacional, como el de discapacidad, es también el concepto de poder como asimetría de recursos que Offe usó cuando le vi hablar por última vez y que, no es casualidad, elaboraba a partir de trabajos de Franz Neumann, pero no del teórico del Estado sino del abogado laboralista que quería entender la profunda desigualdad entre quienes ofrecen y quienes buscan empleo. En aquel momento, al final de la pandemia, Offe tenía más de ochenta años, pero a su lado el exitoso catedrático sesentón que también presentaba ese día parecía tener dificultades graves para expresarse.
Offe tenía un ojo certero para identificar paradojas, el efecto de las normas y el de infringirlas. Una tarde, saliendo de mi oficina me lo crucé a unos pasos de la Facultad, mientras yo iba montando en bici en dirección prohibida en la estrecha y ya oscura Georgenstrasse, por la que además circulan tranvías. En aquellos días casi ningún ciclista usaba casco y Offe comentó a su asistente mientras yo pasaba junto a ellos: “si uno infringe las normas, necesita protegerse de las consecuencias”.
Según fallecen los sociólogos y politólogos educados en la posguerra se plantea con mayor agudeza un problema de reproducción del conocimiento social. Aunque tal vez sea más preciso decir, de un cierto modo de abordar la investigación. Autores como Offe tenían una formación interdisciplinaria que abarcaba desde la filosofía —siempre me pregunté por qué su nombre en la puerta de su depacho estuvo escrito durante algunos años en caracteres griegos— a la política económica. Me gustaría decir algo respecto a su formación en la primera, que parece menos obvia: Offe conocía obviamente la filosofía de la Escuela de Fráncfort y cita ocasionalmente la filosofía del derecho de Hegel, pero más importante para él fue seguramente la habilidad de los filósofos para trabajar con conceptos (habilidad que en un mundo de data science puede pasar inadvertida e incluso un día desaparecer). El caso de científicos sociales como Offe o el de subfields que aparecen y desaparecen con las modas, como el de la sociología histórica, muestran que sólo ciertas disciplinas y modos estandarizados de pensar pueden reproducirse en escuelas. Nadie podría montar una graduate school para formar Claus Offes o Albert O. Hirschmans, a quien Offe comentó una vez ante las cámaras que daría en primer lugar un Nobel de las ciencias sociales. También esta vez me sorprendió, pues no quiso dárselo a Habermas.
Obras de Claus Offe
(1973). Leistungsprinzip und industrielle Arbeit; Mechanismen der Statusverteilung in Arbeitsorganisationen der industriellen “Leistungsgesellschaft” (3. unveränd. Aufl.). Europäische Verlagsanstalt.
(1975). Berufsbildungsreform: Eine Fallstudie über Reformpolitik. Suhrkamp.
(1976). Industry and Inequality. The Achievement Principle in Work and Social Status. Edward Arnold.
(1985). “New Social Movements: Challenging the Boundaries of Institutional Politics”. Social Research, 52(4), 817–868.
(1996). Modernity and the state: East, West. MIT Press.
(2004). Selbstbetrachtung aus der Ferne. Tocqueville, Weber und Adorno in den Vereinigten Staaten. Suhrkamp.
(2006). Autorretrato a distancia: Tocqueville, Weber y Adorno en los Estados Unidos de América. Trad. J. Etorena & J. Goldín. Katz.
(2008). “Governance: an ‘Empty signifier’?” En G. F. Schuppert y M. Zürn (eds.), Governance in einer sich wandelnden Welt (pp. 61–76). VS Verlag für Sozialwissenschaften.
(2015). Europe entrapped. Polity Press.
(2019). “Do Western Universities Have a Mission to Educate? Thoughts on expertise and judgment (2007)”. En C. Offe (ed.), Institutionen, Normen, Bürgertugenden (pp. 387–399). Springer Fachmedien Wiesbaden.
(1984). “Arbeitsgesellschaft”: Strukturprobleme und Zukunftsperspektiven. Campus-Verl.
