Perspectivas 

Sandro Mezzadra

Traducción del italiano: Fiorenza Picozza

Nueva presentación del libro de Antonio Negri, La fábrica de la estrategia: 33 lecciones sobre Lenin, publicado en español por Akal en 2004 y por Verso Libros en 2023. El texto original de Sandro Mezzadra es la presentación de la reedición italiana (La fabbrica della strategia: 33 lezioni su Lenin, Manifesto Libri, 2023, pp. I-XXIV).


Ni en la naturaleza ni en la historia se producen milagros, pero todo viraje brusco de la historia, incluida cualquier revolución, ofrece un contenido tan rico, desarrolla combinaciones tan inesperadas y originales de formas de lucha y de correlación de las fuerzas en pugna, que muchas cosas pueden parecer milagrosas a la mente del filisteo.

V. I. Lenin, Cartas desde lejos (marzo, 1917)

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El de Lenin sigue siendo un nombre condenado. En las recurrentes crisis del capitalismo, sucede de vez en cuando que el mainstream económico burgués “redescubra” a Marx y lo celebre como profético científico social —obviamente borrando la carga subversiva de su pensamiento—. No sería posible lo mismo con Lenin. Su trabajo teórico, aun extraordinariamente rico y articulado, no se puede separar de una acción partidista que destruyó las bases sociales y políticas del zarismo en Rusia y que, materialmente, inscribió en el imaginario de millones de explotados y explotadas en todo el mundo la posibilidad de una revolución comunista victoriosa. No hay apología en estas palabras, no se trata de recuperar una “inocencia” de Lenin en tanto a lo que sucedió en la Unión Soviética después de su muerte, ni en cuanto a sus propias elecciones en los años siguientes a octubre de 1917. Lenin fue muchas cosas, pero seguramente no un “inocente”. En todo caso, su nombre queda atado a una revolución comunista victoriosa, la peor pesadilla de la burguesía. Esto lo admitía Víctor Serge, perseguido por el estalinismo, pero quien había sido muy cercano a Lenin, mientras contemplaba a la multitud de vencidos que huían de Europa a finales de la década de 1930: “supimos ganar, no hay que olvidarlo”, escribió en sus memorias.[1]

No hay, entonces, un “Lenin Renaissance” (renacimiento de Lenin). Con actitud provocadora, Slavoj Žižek ha insertado a Lenin en algunos debates contemporáneos, mezclando motivos de cultura popular contemporánea con variaciones sobre temas lacanianos.[2] Sin embargo, su provocación no parece haber logrado grandes resultados, más allá de algunos momentos en los cuales se ha reanudado un debate, no particularmente memorable, sobre el “partido” que se desarrolló en Estados Unidos poco después del movimiento “Occupy”.[3] En el mismo pensamiento de Žižek no faltan intuiciones felices, por ejemplo, sobre las cuestiones de la “verdad” y del “paso a la acción” en Lenin, pero están a menudo subordinadas a una sustantiva apología de la figura de la autoridad y del Estado. Además, si miramos los estudios históricos dedicados a Lenin, el centenario de la Revolución de Octubre fue la ocasión para volver a impulsar lecturas que siguen el rastro de las teorías del “totalitarismo” y de la continuidad entre el “terror rojo” durante la guerra civil y el estalinismo.[4] Son pocos los trabajos serios e innovadores dedicados específicamente a Lenin fuera de esa perspectiva. La biografía intelectual escrita por Tamás Krausz se puede mencionar como un raro ejemplo.[5]

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En estas circunstancias, la reedición italiana del libro de Toni Negri sobre Lenin ofrece una oportunidad para regresar a los escritos del gran revolucionario bolchevique y una invitación a las nuevas generaciones de militantes a leerlos con la misma irreverencia que caracteriza a las páginas que siguen. A unos pocos meses de la muerte de Lenin, Vladímir Mayakovski advertía sobre el riesgo de que “las procesiones / el mausoleo / y los homenajes, / reemplacen la sencillez de Lenin”.[6] Esto es, efectivamente lo que aconteció, y no sólo en la Unión Soviética. En general, el “marxismo-leninismo” ha ido adquiriendo rasgos a veces terribles, otras veces grotescos, en muchas partes del mundo, incluida la Italia de los años en los cuales Negri escribía La fábrica de la estrategia. La ortodoxia pregonada por los protectores de Lenin podía efectivamente encontrar cómo anclarse en su prosa y en la intransigencia con la cual llevaba a cabo sus batallas de partido; aun así, Lenin miraba siempre los movimientos de masas e intentaba anticipar su orientación. Frecuentemente, este aspecto fundamentalmente dialéctico de la política de Lenin ha sido borrado en los desarrollos sucesivos del marxismo-leninismo, reducido por momentos a máquina de dominio y, por otros, a una ritualidad tan sectaria como minoritaria. Arrancar los escritos de Lenin de estos desarrollos era uno de los objetivos de Negri en La fábrica de la estrategia. Para regresar a la imagen propuesta por Isaac Babel en Caballería roja (1926), se trataba de volver a seguir “la curva misteriosa que describe la línea recta de Lenin” sin certeza alguna en cuanto a los arribos.

El título del primer capítulo del libro, “Lenin y nuestra generación”, incluye una indicación metodológica fundamental: la lectura que propone Negri se ancla en el trasfondo de las grandes luchas obreras de los años sesenta en Italia y en otros lugares del mundo, sobre todo en el 68, época que planteó problemáticas y reveló subjetividades claramente distantes de las que habitaban la política de Lenin. El choque entre esa política y un contexto material profundamente renovado por la lucha de clases actúa como motivación esencial de una confrontación con Lenin que las mallas de la ortodoxia no pueden atrapar. Negri tampoco tenía el objetivo de trazar y explicar a lectores y lectoras “lo que realmente dijo Lenin”, según el estilo de una exégesis que lo consideraría un “autor” entre otros.

Lo que sí se retoma de los escritos y de la acción de Lenin, para aplicarlo en la lectura de sus propios textos, es su insistencia sobre la discontinuidad, sobre las rupturas que pautan al desarrollo capitalista y la política de clase. Esto aplica, por ejemplo, para la obra juvenil El desarrollo del capitalismo en Rusia (1899), de la cual Negri extrapola una noción de la tendencia que permite a Lenin romper con el debate populista socialdemócrata, anticipando la centralidad política de la fábrica. También aplica a la teoría de la organización propuesta en ¿Qué hacer? (1902), a sus intervenciones en los años de la Gran Guerra y a la polémica en contra de los “viejos bolcheviques” después de la Revolución de febrero de 1917. Recientemente, repensando La fábrica de la estrategia, Negri dijo que en ese libro consideraba a Lenin como “un prototipo metódico”.[7] Su método no podía sino construirse con base a esos criterios de discontinuidad y ruptura que guían el análisis y la política del mismo Lenin, profundizados en la soledad del exilio en Suiza durante la guerra a través de una lucha cuerpo a cuerpo con la Ciencia de la lógica de Hegel, a la cual Negri dedica paginas muy eficaces, tal vez porque las escribió en un periodo en el cual estaba gestando su personal despido de la dialéctica.

El libro surge de un curso universitario que dio Negri en el ciclo 1972/1973 en la Universidad de Padua. El flujo y estilo del texto reproducen el ritmo de la palabra oral pronunciada durante las clases, como sucedió también con otro gran libro que el autor publicó en 1979, Marx más allá de Marx: Cuaderno de trabajo sobre los Grundrisse. (Madrid: Akal, 2001). Cabe recalcar que La fábrica de la estrategia se publicó en 1977, en el marco de una coyuntura política completamente transformada. En pocas palabras, el libro aparece enteramente pensado desde la militancia de Negri en el grupo Potere operaio (“Poder obrero”), mientras se publica cuatro años después de la disolución del grupo y durante el auge de la experiencia de la Autonomía obrera organizada. Si ya en el transcurso de 1972-1973 se proponía como tema fundamental la ruptura entre la realidad histórica en la cual actuaba Lenin y el periodo sucesivo al 68, en 1977, este abismo se había duplicado por la gran discontinuidad producida por las luchas de los años setenta.

Ya en 1969, en un artículo escrito para el tercer número de la revista Potere Operaio, Negri retomó la crítica leninista del “tradeunionismo” para proponer la necesidad material de la organización política revolucionaria. Esta última no sería un “hecho de la conciencia”, sino una necesidad del todo material. El artículo se titulaba “Comencemos a nombrar a Lenin” y anticipaba algunos temas de La fábrica de la estrategia, en donde, entre otras cosas, es evidente el posicionamiento crítico de Negri frente a las organizaciones armadas que daban sus primeros pasos mientras él daba su curso.[8] Escrito bajo el impulso de la gran revuelta obrera de Corso Traiano en Torino, en el julio de 1969, el artículo de Negri señalaba una perspectiva política que apuntaba a una actualización de la teoría y práctica leninistas de la insurrección en las condiciones de plena madurez de la producción industrial de masas. En los años siguientes, el mismo desarrollo de las luchas obreras cuestionaría esa perspectiva, determinado por la distensión social de la producción (lo que Negri describiría como la transición de “un obrero masa a un obrero social”), una profunda transformación de las figuras de la subjetividad y de las prácticas de la insurgencia proletaria. Así, en 1977, desafiaba a las y los lectores de La fábrica de la estrategia a que encarnaran la política de Lenin en un terreno que no solamente era del todo diferente a la Rusia de principios de siglo, también de la Italia en la cual Negri había impartido su curso universitario.

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De cuáles rupturas y discontinuidades se deba hacer cargo la lectura de este libro hoy, en el momento en el que lo proponemos a una nueva generación de activistas, es fácil imaginarlo. Desde luego, la traducción al inglés, publicada en 2014 por Arianna Bove, debió provocar otros desconciertos en la lectura y en la interpretación del texto.[9] Quisiera proponer algunas consideraciones preliminares sobre cómo se podrían retomar y hacer actuar las indicaciones de Lenin hoy en día, en la política de las luchas y de los movimientos, siguiendo el método de la discontinuidad delineado por Negri y haciendo referencia a la lectura propuesta en La fábrica de la estrategia. Haré hincapié en tres cuestiones clásicas del pensamiento leninista, es decir, la organización, el imperialismo y la relación entre Estado y revolución. Finalmente, discutiré por separado una problemática interna a esa relación, la cual me parece muy importante para nuestros tiempos, es decir la “transición”.

Comencemos entonces a nombrar a Lenin, es decir, a hablar de la organización. Tómese la lectura más difundida del modelo de partido propuesto por Lenin en ¿Qué hacer?: una vanguardia separada de la clase, formada por “revolucionarios de profesión”, quienes, desde el exterior, llevan la necesaria “conciencia” a las masas. Aparentemente, no hay nada más distante de las exigencias de nuestro presente, caracterizado por movimientos como el feminismo y el antirracismo, los cuales proponen y exaltan un caleidoscopio de diferencias, un tejido articulado de prácticas de libertad. Sin embargo, ante una segunda mirada, las cosas son bastante más complejas. Frecuentemente, se nos ha olvidado que Lenin formuló su propuesta de organización en una situación del todo peculiar, es decir, frente a la necesidad de luchar en contra de la autocracia zarista y en presencia de una composición de clase en la cual el obrero industrial (“profesional”) era una figura minoritaria, de la cual cabía afirmar la hegemonía política. “Ningún otro partido socialista del mundo ha tenido que afrontar tareas nacionales como las que tiene planteadas la socialdemocracia rusa”, escribe Lenin en el primer capítulo de ¿Qué hacer?[10] Negri pone en evidencia estos aspectos, y hace hincapié en el tema de la relación entre partido y “espontaneidad”, una cuestión fundamental en el debate entre Lenin y Rosa Luxemburgo.

Claro está, Lenin critica “ese culto a la espontaneidad, es decir, a lo que existe ‘en el momento actual’” e identifica en el “tradeunionismo” una política corporativa que defiende meramente a los “obreros de una dada categoría”, una deriva en la dinámica espontánea de demanda de las luchas.[11] Sin embargo, la acción de vanguardia del partido no es nada si no es capaz de conectarse con la espontaneidad de las masas, exaltándola y al mismo tiempo orientándola. Esto lo entendió con admirable síntesis Georg Lukács en un ensayo de 1924: “el partido dirigente del proletariado sólo puede cumplir su misión si va siempre un paso por delante de las masas en lucha, para mostrarles el camino. Pero él se encuentra más adelante siempre de un solo paso, para seguir siendo el líder de su lucha”.[12] Por otra parte, la dialéctica entre expansión de la espontaneidad y acción de partido había sido claramente expresada por Lenin en ¿Qué hacer?[13] Negri fuerza conscientemente este movimiento dialéctico y, abarcando la entera curva de desarrollo de la política de Lenin, formula los términos de una paradoja: “Lenin de la espontaneidad a la espontaneidad”. El partido, en otras palabras, nace del interior de la espontaneidad de las masas, para disciplinarla y orientarla según los intereses generales de clase, adoptando una forma decididamente rígida en la formulación de ¿Qué hacer?, para luego abrirse en la dirección de una renovada expansión de la espontaneidad a la altura de las revoluciones de 1905 y 1917.

Crucial en esta perspectiva de Lenin es la relación entre partido y soviet, sobre la cual Negri continúa su reflexión, enriqueciéndola y matizándola en las décadas siguientes a la publicación de La fábrica de la estrategia.[14] “No existe esperanza proletaria”, escribe en este libro, “que no comprenda conscientemente un comportamiento sovietista”. Obviamente, la relación entre partido (y después Estado proletario) y soviet es un problema de gran complejidad tanto desde el punto de vista histórico como teórico. Negri fuerza la solución una vez más, midiendo una experiencia política gestada en “una situación histórica determinada” contra “nuestras necesidades” contemporáneas. Aquí emerge una perspectiva que reclama una fidelidad metódica hacia Lenin, una discontinuidad fundamental. Según Negri, el soviet vive en las luchas como principio interno a una composición de la clase obrera ya del todo transformada. Continúa siendo, como para Lenin, un polo del “dualismo de poder”, pero este último —lejos de definir una situación excepcional que deba resolverse a través de la insurrección— es ahora impuesto por el desarrollo tumultuoso de la lucha de clase hacia “las mismas estructuras constitucionales” y “se define como situación histórica en general”. Lo que resulta profundamente transformado para Negri es la relación entre lucha económica y lucha política, mientras que es en las propias masas donde, con una inversión del “trayecto leninista”, se “implanta” la estrategia.

He aquí delineados los términos de la apuesta política de Negri desde el principio de la década de 1970: era desde el interior de la nueva composición de clase que el acertijo de la relación entre partido y espontaneidad debía encontrar su solución. El elemento de la unificación de las luchas vivía en el interior de los comportamientos y de las luchas obreras, y al partido le incumbía articular una táctica capaz de exaltarlo y de garantizar su eficacia. Ya se dijo que la situación se mostraba muy diferente en el momento en el que La fábrica de la estrategia se publicó en 1977. Se puede decir que en el movimiento italiano de ese año la relación entre partido y espontaneidad (para continuar con los términos de Lenin) se presentó como dividida, y la misma historia de la Autonomía obrera organizada ha sido, en última instancia, caracterizada por la imposibilidad de volver a componerla.[15] Pero ¿qué decir de la situación actual, en la cual el elemento potencial de riqueza de una composición del trabajo vivo profundamente heterogénea continúa traduciéndose en una fragmentación de las luchas, que no pocas veces recuerda al tradeunionismo de Lenin? ¿Sigue teniendo sentido acercarse a Lenin por medio de la experiencia de la lectura de Negri de antaño para activistas comprometidos con movimiento feministas, ecologistas o antirracistas? Evidentemente, creo que a estas preguntas corresponde una respuesta positiva y que, cuanto menos los problemas planteados en el centro de la política de Lenin continúan interpelándonos, desafiándonos a buscar nuevas soluciones.

Cómo pensar la relación entre movimientos de masas y acción de minoría es, en particular, una cuestión que se presenta continuamente, y no sólo en Italia, para la acción política. Estamos convencidos de que los movimientos y las luchas son las que producen las condiciones de la innovación política y del avance sobre el terreno de la transformación radical de lo existente. Sin embargo, debemos reconocer que la unificación de las luchas, su disposición en un horizonte global y su duración en el tiempo no gozan de garantías internas. Sobre este punto, Lenin sigue desafiándonos. Claro está, su teoría del partido parece hoy aún más lejana de lo que le pudo haber parecido a Negri a principios de 1970; cuestiones de democracia, articulación e interseccionalidad son imprescindibles para practicar en forma eficaz la relación entre política de minoría (militancia) y “espontaneidad”. Aun así, revisado adecuadamente a la luz de un siglo de luchas, el problema de Lenin sigue siendo nuestro problema. Se trata, al mismo tiempo, del problema de la organización y del poder, de un poder colectivo que hay que construir y ejercer para destruir las bases de la explotación y construir una sociedad de mujeres y hombres libres e iguales. En este sentido, en continuidad con la perspectiva de Negri antes mencionada, muchas y muchos de nosotros hemos retomado en los últimos años la reflexión sobre el dualismo del poder y contrapoder, términos en los que, aunque sólo sea para despedirnos, la comparación con Lenin es ineludible.[16] Más adelante, volveré brevemente sobre este punto.


Revisión de la traducción: Diana Fuentes y Diego Bautista Páez.


Notas

[1] V. Serge, Diarios de un revolucionario, 1936-1947 [1951], México, UACM-BUAP, 2022.

[2] Véase, en particular, S. Žižek, Repetir Lenin, Madrid, Akal, 2004.

[3] Véase, por ejemplo, J. Dean, Crowds and Party, London – New York, Verso, 2016.

[4] Las muchas referencias a Lenin de Enzo Traverso representan una importante excepción. Véase E. Traverso, Revolución: Una historia intelectual, Buenos Aires, FCE, 2022.

[5] T. Krausz, Reconstructing Lenin: An Intellectual Biography, Nueva York, Monthly Review Press, 2015.

[6] V. Mayakovski, Vladímir Ilich Lenin [1925], traductor A. Herraiz, El Perro y la Rana, 2017, p. 29.

[7] T. Negri, Historia de un comunista, Madrid, Traficantes de Sueños, 2018, p. 398.

[8] Véase “Cominciamo a dire Lenin”, en Potere operaio, I (1969), 3 (2-9 de octubre), p. 3.

[9] Véase A. Negri, Factory of Strategy: Thirty-Three Lessons on Lenin, translated by A. Bove, New York, Columbia University Press, 2014.

[10] Obras, Tomo II (1902-1905), Moscú, Progreso, 1973, p. 11.

[11] Ibid., pp. 9 y 20.

[12] G. Lukács, Lenin. Teoria e prassi nella personalità di un rivoluzionario [1924], Torino, Einaudi, 1970, p. 42. Traducción desde la versión italiana.

[13] “Cuanto más crece la lucha espontánea de las masas, cuanto más amplio se hace el movimiento, tanto mayor, incomparablemente mayor, es el imperativo de elevar con rapidez la conciencia de la labor teórica, política y orgánica de la socialdemocracia” (Obras, Tomo II, p. 23).

[14] Véase en particular A. Negri, El poder constituyente: Ensayo sobre las alternativas de la modernidad, Madrid, Traficantes de Sueños, 2015, pp. 344-372; Id., “Soviet: Within and Beyond the ‘Short Century’“”, in South Atlantic Quarterly, 116(4), 2017, pp. 835-849.

[15] Véase en este sentido el importante trabajo de M. Hardt, The Subversive Seventies, New York, Oxford University Press, 2023; particularmente el capítulo 10. El libro de Hardt permite, entre otras cosas, ubicar los años setenta italianos en una dimensión global de desarrollo de las luchas y los movimientos de esa década.

[16] Véase, por ejemplo, M. Hardt y S. Mezzadra, “October! To Commemorate the Future”, in South Atlantic Quarterly, 116 (4), 2017, pp. 649-668; y S. Mezzadra y B. Neilson, The Politics of Operations. Excavating Contemporary Capitalism, Durham, NC – London, Duke University Press, 2019, cap. 6. También se puede considerar el Cuaderno de Euronomade sobre el “Contrapoder”.

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