Puede que el sello de nuestros tiempos sea la incertidumbre. Asoma constantemente en dudas y preguntas que abarcan cada aspecto de nuestra existencia, desde cómo amanecerán los aranceles mañana y sus posibles implicaciones, hasta la esperanza de vida de nuestra especie sobre el planeta. Tenemos pocas herramientas para navegar contextos tan complejos. La propuesta de Edgar Morin sobre aprender a navegar un océano de incertidumbres mediante archipiélagos de certezas parece cada vez más vigente.

Entre nuestras incertidumbres más inmediatas están las votaciones para elegir por primera vez uno de los tres poderes en que se estructura el Estado mexicano, el único que no se ha votado antes: el judicial. Sus fallas son tan abismales que sostengo lo que escribí hace diez años: buscar justicia por medio de nuestro sistema judicial equivale a usar un condón para procrear. El condón se usa para evitar embarazos y el contagio de enfermedades. Su factor de utilidad es alto cuando se emplea bien: 99%. Apostar al 1% de error como método para obtener resultados en sentido inverso es un disparate. Bueno, pues la impunidad en México también se acerca al 100%: es tan probable que nuestro sistema judicial castigue un acto criminal como embarazarse usando un preservativo.

Su mal funcionamiento y formas hacen que procuremos guardar distancia. Como dice Yásnaya Aguilar, “el sistema judicial es ese gran otro con el cual es mejor nunca tener contacto”. Acercarse a él con frecuencia implica perder, por los resultados o los costos que tiene; un juego de suma cero que condensa el refrán “más vale un mal arreglo que un buen pleito”. El problema de que algunas causas se judicialicen, como las relativas a cuestiones de género, es que automáticamente se vuelven menos democráticas, pues se alejan de la mayoría de la gente. Como en otras profesiones, el lenguaje y los procesos legales se vuelven innecesariamente complicados para volver indispensables a quienes practican esas profesiones y a sus servicios. Esa distancia es también la que percibe mucha gente cuando el cumplimiento de la ley o su interpretación significa para ella una injusticia.

Ahora, si las fallas de este sistema son abismales, las del proceso para elegir al poder judicial son de una profundidad semejante. Que sea la primera vez y que la forma de elegir sea tan distinta a la experiencia de quienes hayamos votado antes complica las cosas. Poquísima gente sabe el nombre de su representante en el legislativo estatal. Sin embargo, pudieron votar por esa persona en la boleta, o no, a partir de las preferencias y asociaciones que tienen con los partidos políticos, sus colores y sus logos, que en cambio estarán ausentes en las boletas del 1 de junio. Las boletas mismas son muy complejas y distintas. Hay sitios como la guía interactiva que ha diseñado Animal Político o sus videos breves que buscan explicar el procedimiento. Estos son sobre cómo votar, pero para decidir por quiénes la tarea se vuelve aún más complicada, a pesar de la información ofrecida, por ejemplo, por el INE. Así, ésta debe de ser la primera elección para la que se requiere mayor preparación para votar que para ser presidente de casilla.

Con todo lo anterior, la pregunta a responder de aquí al domingo es votar o no votar, y de ser así por quiénes. Hay un buen número de opiniones emitidas que se inclinan a no votar, que van de lo finamente argumentado a la pataleta, y la mayoría tienen algo de razón. Las expectativas de participación en la elección son muy bajas. ¿Llegaremos al 10% de los más de 60 millones que votaron en 2024? Por lo complicado del voto, es incluso probable que quienes se presenten a votar sin informarse antes desistan al enfrentar las boletas o lo hagan al azar.

Muy poca gente tendrá suficiente tiempo e interés por revisar los cientos de perfiles entre los cuales le toca elegir y sus propuestas. José Woldenberg aventuraba que sería benéfico que alguien difundiera las calificaciones de quienes aspiran a un cargo en el poder judicial. Afortunadamente hay quien se ha dedicado a hacerlo. El caso más acucioso que conozco es el de Viri Ríos, que en su sitio de internet ha puesto sus resultados, metodología y cuatro textos periodísticos al respecto. Analizó la trayectoria profesional de cada persona que aparecerá en las boletas de las tres elecciones federales generales y sus posturas en aspectos como impuestos progresivos, derechos humanos, de los trabajadores y de grupos vulnerables.

Con respecto a la Suprema Corte de Justicia, Ríos destaca que tal perfil ideológico es fundamental en adición a su trayectoria, pues el trabajo de quienes ganen será interpretar la ley a partir de su punto de vista. La cercanía con partidos, grupos políticos o de interés es también señalada en su evaluación. La calificación más baja es No Acredita (NA), reservada para los casos que tienen antecedentes preocupantes. Entre las más de treinta candidatas a la Suprema Corte hay trece que aparecen con NA, entre ellas Yasmín Esquivel Mossa por los plagios en sus tesis académicas y por utilizar recursos legales para tratar de sepultarlos.

Otras conclusiones interesantes que surgen del análisis de Ríos es que las candidatas a esta máxima autoridad judicial tienden a ser más progresistas que los hombres. En cuanto al poder que les postuló, quienes vienen del poder judicial (PJ) en general tienen mejor trayectoria, del poder ejecutivo (PE) mayor compromiso con la justicia social, y del poder legislativo (PL) mayores aspectos problemáticos. En otras instancias contrastan perfiles muy buenos para la Sala Superior del Tribunal Electoral, contra los del Tribunal Disciplinario que apenas se creará, donde 10% tiene antecedentes preocupantes. Esto puede deberse a la resistencia que ha causado en el gremio legal la idea de un órgano que pueda actuar como persecutorio (o eso se teme).

Algunas personas han compartido en redes sociales la lista de por quiénes van a votar el domingo. Estas listas, que han sido llamadas “acordeones”, han recibido críticas; no obstante, debido a la suma de complejidades descritas, me parece que pueden dar una pauta viable para quien quiera ejercer su voto. Los números de cada persona a elegir son los que deben ponerse en la boleta. Me parece que Ríos no ha publicado su propio acordeón, así que me tomo la libertad de hacerlo con los primeros lugares de sus evaluaciones, por si a alguien le sirve este 1 de junio. Son para solo tres de las seis a trece boletas que recibirá cada persona que vaya a votar, dependiendo del estado en que viva. Pero algo de firmeza dan para navegar tanto volumen y tantas variables de información.

Suprema Corte. Boleta morada.

Candidatas: 6, 31, 5, 1 y (17-13-27 empatadas).

Candidatos: 40, 38, 57, 55

Tribunal de Disciplina. Boleta verde.

Candidatas 4, 6, 8

Candidatos 30, 24

Sala Superior Electoral. Boleta azul.

Candidata 2

Candidato 9