Es reseña de: Jorge Cañizares-Esguerra y Adrian Masters. (2026). The Radical Spanish Empire. How Paperworks Politics remade the New World. Harvard University Press.

En ocasiones es necesaria una discusión de raíz para dinamizar la relación con los pasados lejanos, ya sea al interior de los campos historiográficos o en el pasado práctico que nos constituye. La lectura del libro reciente de Jorge Cañízares-Esguerra y Adrian Masters, The Radical Spanish Empire, deja, precisamente, la impresión de que nuestras relaciones con el siglo XVI fueron sacudidas en sus raíces. No sólo por la profusión de archivos y peticiones extensamente documentadas en su análisis, sino, principalmente, por la discusión que ambos autores emprenden de la agencia de los grupos sociales, las estructuras de poder que definieron la política imperial hispánica en las Américas y los canales de participación —la gracia, el gobierno y la justicia— donde participaron vasallos, plebeyos, mujeres, élites españolas e indígenas. En este sentido, The Radical Spanish Empire ofrece una revisión del lawfare y el paperwork —el sistema de peticiones— como una pieza fundamental en la participación política a nivel radical, problematizando así las nociones de subalternidad y resistencia.

La discusión abierta por el libro de Cañízares y Masters puede observarse en varios frentes. Uno de ellos es la identificación de cuatro metanarrativas que moldean nuestras relaciones con los pasados y la forma de conceptualizar la historia social, así como la agencia subalterna en el Nuevo Mundo. El enfoque liberal, el decolonialismo, el enfoque culturalista y el hispanismo son formas de entender la política imperial española que ocultan la configuración radical del sistema de peticiones. Mientras que el enfoque liberal entiende al imperio español como un espacio de autoritarismo político y dogmático, la mirada decolonial comprende el pasado imperial como una época marcada por la opresión epistémica y racial. Ambas metanarrativas, señala The Radical Spanish Empire, se superponen al comprender el pasado americano en términos oscuros, pasivos, “ahistóricos y apolíticos” frente a un occidente “activo” y dominante en términos históricos. Por su parte, los enfoques culturalistas —tendientes a centrar su atención en el mestizaje— e hispanistas —aquellos que entienden la política imperial española en términos civilizatorios — comparten el enfoque racial y la mezcla cultural en términos armónicos: una aproximación riesgosa en la medida que evitan la discusión de los múltiples niveles de agencia en el Nuevo Mundo.

The Radical Spanish Empire atiende a una premisa de particular interés para el estudio del sistema de peticiones. El papeleo administrativo (paperwork, en el libro) no fue sólo un medio de comunicación entre vasallos y Corona que medió los tiempos de espera de las noticias provenientes del Nuevo Mundo y la corte real —aspecto histórico analizado años atrás por los estudios de Arndt Brendecke, Imperium und Empirie, y Guillaume Gaudin, El imperio de papel de Juan Díez de la Calle. El papeleoadministrativo y los documentos asociados a ciertas disputas jurídicas (o lawfare) fueron “actantes” —en el mejor sentido latouriano— que articularon la política imperial mediante canales de comunicación desde abajo. Las estructuras sociales del Nuevo Mundo no pueden comprenderse sin la atención a la radicalidad de la participación en el papeleo burocrático que, como señalan Cañízares y Masters, fue aprovechado por las distintas partes de la sociedad indiana. Formas de trabajo, economías, tributos y encomiendas aparecen al lado del lawfare y el paperwork como configuradoras de la sociedad y la política.

Por supuesto, esto implica preguntarnos por la materialidad de las peticiones, la circulación de las mismas entre los distintos grupos sociales, lo cual nos invita a cuestionar los modos de producción del papeleo administrativo. Una consecuencia de ello es la tensión en las formas de comprender la construcción de la política, generalmente tendientes hacia un modelo liberal de la esfera pública. The Radical Spanish Empire aborda una forma distinta de construcción de la política que pasa por el sistema de peticiones, en específico por una figura central en ese sistema: la del indio ladino, cuyo “dominio letrado” le permitía ser un intermediario legal. La radicalidad del ladino, que adoptó la vestimenta y la lengua española, en la formación política del Nuevo Mundo puede comprenderse por su insubordinación y, como señalan Cañízares y Masters, su agilidad lingüística para establecer cadenas de peticiones de justicia y de gracia. El ladino aparece entonces como una figura política “insolente” que mediaba entre los sistemas de comunicación españoles e indígenas. Más que aparecer como una forma de subalternidad o una figura de mestizaje en términos culturales, el ladino era un actor que moldeó la burocracia colonial. Fue parte de una política radical donde se articularon categorías como indio y tradición nativa que, en términos de The Radical Spanish Empire, fueron “armas retóricas”.

La construcción de archivos por parte de las comunidades indígenas y de los ladinos fue parte del lawfare que, una vez más, muestra a nivel de raíz la formación política. Recolectar peticiones, comunicaciones y documentos fue una práctica política que, como apuntan Cañizares y Masters, era parte de la configuración de colectivos en términos de verdades emergentes. Por “verdades emergentes” deben entenderse los pasados de los derechos de las tierras de comunidad y la distribución de justicia, así como la correspondencia entre la Corona y sus vasallos. Tales verdades se construyeron, según la argumentación de The Radical Spanish Empire, dentro del lawfare y gracias a la acumulación documental. Se trata, así, de verdades y pasados fragmentarios que crearon un orden social desde abajo y, a su vez, moldearon la relación entre vasallos, escritura y justicia. Posteriormente, la consolidación de la política de la Corona en el Nuevo Mundo construiría, en cambio, ciertas “verdades fundamentales”, las cuales darían pie a un consenso historiográfico marcado por la escritura de la Historia General del Mundo, de Antonio de Herrera y Tordesillas, en 1601. Los archivos radicales y el lawfare serían canibalizados en el libro de Herrera, quien, como apuntan Cañízares y Masters, olvida los conflictos legales, para, en su lugar, mostrar una forma de conquista impuesta por la Corona, en la cual los actores locales —frailes y funcionarios reales— actuarían de acuerdo con el poder del Rey en las Indias.

La invitación de Cañízares y Masters al examen del radicalismo en el siglo XVI es, invariablemente, un espejo en el cual podemos pensar las sobrevidas de las políticas antitiránicas —entendidas por los autores como parte de un ladinoamericanismo—. Lejos estamos de la linealidad temporal que otrora guiara nuestras conceptualizaciones y, en este sentido, una renovada discusión sobre los pasados coloniales puede articularse, ya desde el análisis del radicalismo de la participación política, ya desde la reconstrucción de puentes, tejidos, ensambles y desdobles temporales con los siglos XVI, XVII y XVIII. Esto pasa por la búsqueda de reflexiones conceptuales a partir de la atención granular a una serie de actantes, como el archivo, las genealogías de vasallos y la invención de pasados inmemoriales. Al mismo tiempo, pasa por la observación de la “tinta invisible” de Ladinoamérica, que alberga potenciales historias de disenso y desobediencia con su propia tradición radical, más allá de los anarquismos y comunismos europeos. El lector encontrará en los casos de Santos Marka T’ula y Manuel Quintín Lame Chantre, por ejemplo, figuras que reivindican la tradición subterránea del radicalismo ladinoamericano. Y, entre el zapatismo y el movimiento chicano, fractales de las genealogías del lawfare así como reinterpretaciones de pasados contenidos en códices y materialidades escritas provenientes del siglo XVI. Así, The Radical Spanish Empire puede leerse como un esfuerzo narrativo que invita a la discusión de las narrativas que sostienen nuestra comprensión del pasado colonial —a quién pertenece, cuál es nuestra herencia del colonialismo, cómo maniobrar con las injusticias históricas—y, en mi lectura, atiende con cuidado una época innegablemente atravesada por la violencia en búsqueda de lenguajes de radicalismo político.

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