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Perspectivas 

Ducange Médor, Valeria Miroslava de la Rosa Virgen y Isis Alondra Hernandez Campos

Está documentada la desconfianza que los jóvenes manifiestan hacia las instituciones políticas convencionales y, en contraparte, su propensión a involucrarse cada vez más en otras formas de acción y participación políticas. Por eso mismo, la presencia de jóvenes en los cargos de representación popular es reducida. En las últimas seis legislaturas federales mexicanas, había entre 26 y 34 (de un total de 500) diputados menores de 30 años por legislatura; de allí que exista una subrepresentación generacional y, muy posiblemente, una limitada promoción de políticas desde una perspectiva juvenil. Quienes ocupan casi la totalidad de los espacios de poder tienden a pensar en los jóvenes y a decidir por ellos en función de la imagen —sesgada— que guardan de sus años de juventud. A resultas de ello, parece dominar entre los jóvenes la idea de que sus preocupaciones son muy poco relevantes para quienes ostentan el poder. Lo anterior es revelador de cierta exclusión de los jóvenes de la organización política del país y de su incomodidad o distancia hacia la cosa pública.

Quisimos conocer más al respecto desde la perspectiva de un grupo de jóvenes de 18 a 29 años, procedentes de diferentes universidades y reunidos en la Universidad de Guadalajara durante los meses de junio y julio de 2025. A partir de preguntas como qué tanto perciben que les importen a los gobernantes, cuáles son sus principales inquietudes en el presente y mirando al futuro, con qué acciones presentes se preparan para ese inquietante futuro y cuáles son sus demandas hacia quienes toman las decisiones políticas. Las reflexiones que siguen están basadas en sus respuestas.

Participación política y exigencia a los gobernantes

La mayoría de esos jóvenes no están afiliados a partidos políticos ni a asociaciones civiles. Esta tendencia se refuerza con la percepción generalizada de que no se sienten representados por los gobiernos federal ni estatal. Sólo una minoría dijo sentirse representada, pero de modo parcial y matizado, mediante el uso de atenuadores del lenguaje del tipo “más o menos”, “parcialmente”, “a veces”. Esto no es particular de los jóvenes mexicanos; una encuesta francesa reciente reporta que el 78 % de los jóvenes de esa nacionalidad “consideran que rara vez los políticos profesionales escuchan a los jóvenes”.

Los jóvenes encuestados en México demandan ser escuchados y tomados en cuenta de manera auténtica, no sólo en tiempos electorales. En sus palabras, exigen “incluirnos más a decisiones públicas, crear espacios donde podamos participar activamente”; “crear espacios de diálogo: a través de foros y espacios presenciales, donde los jóvenes puedan tener la libertad de expresar sus preocupaciones y propuestas directamente a los responsables de la toma de decisiones”; “hacer mejores propuestas y mejoras que puedan ayudarnos a nosotros como jóvenes o que lleguen a beneficiarnos de algún modo a la gente y que no sólo quede en palabras”, etc.

Pensamos que una condición fundamental para interesar a los individuos en cuestiones gubernamentales consiste en hacerles sentir que de verdad están representados por quienes están en el poder, y que son tomados en cuenta, escuchados o incitados a participar. Habida cuenta de que la relación adultos-jóvenes suele ser una de dominación, aquellos son más propensos a dictar a estos las conductas y estilos de vida que deberían adoptar que a escucharlos y conocer sus reales deseos, preocupaciones e intereses.

Así las cosas, los jóvenes piensan que aquello que más les importa y preocupa no coincide con las prioridades de quienes gobiernan, afirmando que los adultos gobernantes desconocen los reales intereses y necesidades de los jóvenes; que sólo se interesan por los jóvenes de manera instrumental, como fuerza de trabajo; que los gobiernos dan prioridad a otras categorías de poblaciones en detrimento de los jóvenes. Por ejemplo, las palabras de uno: “Creo que en general los jóvenes no somos tan escuchados, nuestras necesidades no son tan relevantes en comparación con las preocupaciones de otros sectores sociales como adultos mayores, niños, etc.”; no se toma en serio a los jóvenes y se les infantiliza; se les escucha solo a golpe de protestas, pero de modo demagógico; o se simula escuchar o tomar en cuenta, pero sólo se trata de subterfugios para perpetuar el dominio de los adultos.

En resumen, lo que más importa o preocupa a los jóvenes no forma parte de las agendas de quienes gobiernan. Como estos controlan los recursos gracias a los cuales ejercen el poder, con esto también aseguran su perpetuación en el mismo y la reproducción de los mecanismos de su dominación sobre los jóvenes.

Inquietudes y preocupaciones a futuro

En lo que hace a las preocupaciones e inquietudes a futuro, son varias las situaciones que consideran como fuentes de desasosiego. De manera destacada, a los jóvenes les preocupa cuanto hace a su sustento económico, a la seguridad pública y al deterioro ambiental. Estas cuestiones configuran un panorama complejo de incertidumbre. Sus palabras resaltan especialmente la preocupación por la economía; muchos temen no encontrar empleos estables, bien remunerados y con prestaciones conforme a la ley. Desean ocuparse en algo interesante, con un salario digno que les permita cubrir sus necesidades básicas, pero temen no lograrlo. Le siguen la (in)seguridad pública y la destrucción ecológica.

Tales preocupaciones están en concordancia con las de la mayoría de la población joven de muchos otros países. Es lógico, pues más allá de las diferencias nacionales, tienen en común, entre otras características, el haber nacido y vivido siempre en un mundo en constante crisis. Como apuntan los autores de una encuesta sobre jóvenes franceses, los que hoy tienen entre 15 y 29 años han pasado por varias crisis: “crisis financiera y económica mundial (2008-2010), crisis de seguridad y de terrorismo [para México y otros países de América Latina, el equivalente es la crisis de seguridad ligada al narcotráfico y otras prácticas delincuenciales], crisis climática y ecológica, crisis sanitaria del Covid-19, crisis inflacionaria y del poder de compra (2022-2024), crisis geopolítica”. En la actualidad, se sabe que el futuro se presenta con numerosos claroscuros y no pocas dificultades ante las nuevas generaciones; según un estudio, el 56% de ellos viven con la incertidumbre de no saber de qué estará hecho su futuro.

Estrategias y posibilidades para sobrellevar estas preocupaciones

Sí, a los jóvenes de hoy les está tocando (y les tocará) vivir tiempos muy aciagos. Con todo, afirman haber desarrollado algunas estrategias que, esperan, les ayuden a afrontar y sobrellevar estas inquietantes realidades de hoy y del futuro. En sus propias palabras, tales estrategias incluyen “esforzarme en la educación para aportar al cambio social que tanto deseo, y así las futuras generaciones tomen conciencia de que estudiar no es una obligación sino un derecho al que todos/as debemos acceder”; “informarme de las propuestas y cómo éstas pueden ser abatidas o apoyadas según se requiera para el desarrollo poblacional”; “prepararme académica y profesionalmente para adquirir herramientas que me permitan hacer frente a adversidades futuras”; “participo en voluntariados, me informo por periódicos e influencers de mi país para saber qué ocurre cada día y cómo podría aportar un granito de arena”; “nada, la verdad no es que pueda hacer mucho; aún no sé qué hacer. Aunque mantenerme al tanto de la situación con los jóvenes en el país es mi punto clave.”

Como se observó para los jóvenes franceses, los mexicanos que hemos interrogado enfrentan el presente y el futuro con inquietudes, pero se muestran activos, optimistas y decididos a actuar para que el objeto de sus preocupaciones no se convierta en un destino. Para ello, apostar por la educación y los espacios formativos así como interesarse e informarse sobre cómo va la sociedad son importantes; esto dista de ese lugar común que concibe a los jóvenes como desinteresados o no comprometidos.

Hemos dicho que los jóvenes universitarios piensan en el futuro con cierto optimismo; es verdad, pero distan mucho de ser ingenuos sobre la magnitud de los desafíos. Así, la mayoría de ellos piensan que vivirán en un mundo peor que el que les tocó a sus padres. Su optimismo está así matizado o equilibrado por una suerte de pesimismo razonado, habida cuenta del actual curso de las sociedades y del conjunto de situaciones que más les preocupan en la actualidad. Y en esto, de nuevo, su posición coincide con lo que se ha observado en otras sociedades, como la española, en la cual los nacidos después de 1980 dicen que tienen y tendrán una vida peor que la de sus padres o de las generaciones mayores. Parecería que crisis como la financiera de 2008 y la sanitaria del Covid-19 han reforzado esta percepción. No nos llamemos a engaño: esta tendencia es todo menos sorprendente en una generación que, como dijimos, nació y creció en medio de múltiples crisis.

Frente a este panorama adverso, los jóvenes vislumbran varias iniciativas que se podrían adoptar en aras de mejorar sus realidades actuales y futuras. Al preguntarles qué harían si tuvieran poder de decidir el curso de las cosas e incidir en aquellas que entrañan mayor amenaza para ellos, sus respuestas reflejan propuestas más o menos concretas, como la creación de espacios de participación política, educación, trabajo, seguridad, acceso a vivienda de calidad, etc. “Desde una posición de poder”, dijo uno de ellos, “y en coherencia con mi rol como comunicador social, implementaría acciones que garanticen a los jóvenes el acceso a una salud digna y una educación de calidad, pilares fundamentales para su bienestar integral. Además, promovería espacios culturales y de participación, donde puedan expresarse libremente, fortalecer su identidad y proyectar sus talentos. Estos escenarios no sólo les permitirían liberarse a través del arte y la palabra, sino también acceder a oportunidades formativas y laborales reales.” Otro dijo que “remodelaría el sistema de vivienda obligando a las constructoras a bajar sus precios, invertiría en infraestructura y recursos del seguro social aumentando la calidad del servicio que se presta, y aumentaría el ingreso por parte del gobierno hacia el fondo de ahorro de retiro.” Hay también quien “ofrecería oportunidades laborales, académicas, deportivas y sociales que brinden a los jóvenes una mirada más amplia del mundo y de las oportunidades que hay dentro de él, como una estrategia de motivación e impulso a seguir luchando por sus sueños”. Otro echaría a andar “iniciativas en las que se tomara más en cuenta a los jóvenes como partícipes de la política misma”, al tiempo que cambiaría “el sistema laboral, buscando una mejoría o ayuda para los próximos profesionistas”. También quien buscaría cómo “mejorar la seguridad en la calle, el transporte público y aumentar los apoyos”.

Como hemos dicho, la vida de estos jóvenes ha transcurrido en tiempos infaustos y de profundas transformaciones que han tenido o tienen incidencia en su visión del mundo, de la sociedad y en su relación con el tiempo. Sobre ese fondo de escepticismo y desasosiego, se muestran activos e imaginativos; son cualquier cosa menos faltos de compromiso y de pasión.

En definitiva, los jóvenes consideran que sus necesidades y preocupaciones no son tomadas en cuenta por quienes gobiernan. Expresan una sensación de abandono, falta de escucha y escasa participación en la toma de decisiones. Algunos reconocen ciertos esfuerzos del gobierno, pero los perciben como insuficientes o poco relevantes. Expresan una demanda clara de mayor inclusión y atención a las voces juveniles en las políticas públicas. Se muestran dispuestos a participar activamente si se abren espacios reales de inclusión donde verdaderamente sean tomados en cuenta. Las autoridades gubernamentales, las universidades y la sociedad en general deben considerar estas voces como parte de una agenda pública que no sólo escuche a la juventud, sino que la convierta en agente capaz de transformar las dinámicas sociales que ponen en entredicho su futuro.

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