En días recientes la editorial Gris Tormenta —especializada en títulos sobre el mundo del libro, la edición literaria y la escritura— publicó Cinco miradas sobre el olvido, una antología seleccionada por la autora mexicana Margo Glantz. Los textos reunidos son de Roland Barthes, Primo Levi, Sylvia Molloy, Álvar Núñez Cabeza de Vaca y Georges Perec. Como respuesta a uno de los anuncios en X de la presentación del libro, el escritor Diego Olavarría escribió: “A propósito del Olvido, yo no olvido que Margo Glantz ha sido una de las voces en la cultura que ha defendido en numerosas ocasiones el genocidio en Gaza y compartido tuits llenos de racismo. Me parece deplorable seguir dándole espacios editoriales y en la cultura.”
Hay poco que agregar, en particular para el lector enterado, a las palabras de Olavarría. Desde hace tiempo, Margo Glantz ha usado su cuenta de X para difundir mensajes que estigmatizan a la población musulmana y, además, normalizan el genocidio en Gaza. Casi todos los días comparte tuits de cuentas como @AuschwitzMuseum para recordar el Holocausto, en un aparente esfuerzo por conservar su memoria. Al mismo tiempo retuitea noticias acerca de los talibanes, ISIS, el gobierno de Irán y sus ataques a la libertad de expresión y a las mujeres. No hay menciones al genocidio —calificado así incluso por los relatores de Naciones Unidas— en Gaza. Lo que hay, en su lugar, es la “instrumentalización del Holocausto”, es decir, usar la memoria del exterminio judío durante la II Guerra Mundial para justificar los crímenes de guerra del gobierno reaccionario de Benjamín Netanyahu. Si se retrata al otro —en este caso a los árabes— como una amenaza contra Israel y Occidente, es más sencillo justificar no sólo el discurso de odio contra ellos, sino reducir el conflicto a una supuesta defensa israelí luego de los hechos del 7 de octubre del año pasado sin añadir un contexto más amplio.
Teniendo en mente este marco de referencia, es irónico que Mauricio Sánchez y Jacobo Zanella —editores de Gris Tormenta— hayan invitado a Margo Glantz para realizar una antología con el tópico del olvido, cuando el borramiento de la memoria es, justamente, la apuesta del gobierno de Israel desde hace décadas. No sólo se borra —asesina— a la población en Gaza, sino también su historia y su lenguaje. La escritora palestina Adanía Shibli describe en su novela Un detalle menor la constante tarea de renombrar pueblos y caminos por parte de los colonos israelíes quienes, según el derecho internacional, tienen el estatus de invasores. El olvido es, precisamente, una de las apuestas más importantes del régimen israelí. El olvido, en este caso, es una suerte de impostura: manipular la memoria para que no haya registro de lo que sucedió, para que la realidad se desvanezca en la ficción, acaso en el mito, y luego desaparezca.
Con este antecedente, hacer una reseña del nuevo libro de Gris Tormenta tendría que ser un análisis de la selección de textos de Margo Glantz y el diálogo que pueden entablar con las posturas públicas de la antologadora y con nuestro presente. El olvido es un tema central en la literatura, pues el acto de escribir es un esfuerzo permanente contra la desaparición de nuestra memoria y la historia que hemos construido. Entre los autores convocados, está la argentina Sylvia Molloy, de quien se incluye un fragmento de su libro Desarticulaciones donde se narra el Alzheimer que padece su madre. La extrañeza de hablar con alguien que desfigura la memoria e, incluso, la inventa, provoca reflexiones sorprendentes en medio de la tragedia por la enfermedad. El fragmento correspondiente al filósofo francés Roland Barthes pertenece a su ensayo sobre la fotografía, La cámara lúcida, y parte también de la historia familiar para indagar en la relación entre el afecto y el recuerdo, en este caso tomando como punto de partida una foto de su madre, contemplada después de su muerte.
Ahora bien, el “olvido” antologado por Margo Glantz se vuelve problemático con la selección de Primo Levi y Georges Perec. El segundo relaciona la memoria con el exilio que padecieron sus padres, de origen judío, mientras que el autor italiano es, por mucho, el que causa más escozor en el lector: el fragmento que escogió Glantz pertenece al libro Los hundidos y los salvados, escrito en 1986, décadas después de su experiencia en Auschwitz Monowitz, campo de concentración nazi. Un año antes de su muerte —valorada por muchos como suicidio—, Levi describe de manera precisa las formas de deshumanización que sufrieron los judíos por parte de los alemanes. Al igual que en sus otros libros —Si esto es un hombre o La tregua, por ejemplo— el autor reflexiona sobre la degradación del cautivo para despojarlo de cualquier asomo de dignidad. Una vez convertido en cosa es más fácil su exterminio. ¿Por qué la escritora no incluyó, en la nota de presentación del autor, una referencia a lo que está pasando en Gaza? Hay, por supuesto, preguntas más inquietantes: ¿qué pensaría Primo Levi de una antología sobre el olvido hecha por una escritora de origen judío que difunde en su cuenta de X, mientras se extermina a palestinos en Gaza, entrevistas con el político ultraderechista francés, Eric Zemmour, quien manifiesta abiertamente su xenofobia y afirma que el Islam es incompatible con la República? ¿Qué diría del recuento pormenorizado que hace Glantz de las víctimas de Hamás mientras los niños masacrados en Gaza son rostros sin nombre y una noticia que sucede en tiempo real frente a nosotros? ¿Qué diría de los hospitales destruidos en nombre de una supuesta defensa de la civilización y de los altos valores de Occidente? Hay una pregunta más: ¿qué hacer con Margo Glantz, una de las figuras con más poder cultural en México? Al parecer, esta pregunta no se la han hecho editores, funcionarios, académicos, escritores y lectores, pues la siguen invitando, homenajeando y premiando. Se podrá argüir, de forma muy simple, que una cosa es la autora y otra es su obra. Sin embargo, ella ha tomado un bando desde las redes sociales y como intelectual contribuye a la formación de la opinión pública. ¿Qué van a decir, en un futuro muy próximo, las instituciones y medios que publicaron y reivindicaron a una simpatizante de un gobierno que realiza, todos los días, crímenes de guerra?
Mi propuesta para los editores de Gris Tormenta y para la comunidad cultural que, en los meses recientes, han ofrecido espacios a Margo Glantz, no es la de condenar al exilio a la intelectual mexicana o a otros escritores como Xavier Velasco o periodistas como Rogelio Villarreal que han respaldado la masacre en Gaza por medio de la desinformación, el silencio y la normalización del discurso de odio. La invitación es a dar más espacios a las voces que denuncian lo que ocurre en Medio Oriente. El dibujante y periodista Joe Sacco, en el prólogo de la edición de aniversario de su libro Palestina —publicado originalmente en el 2001—, responde a quienes le reclaman que cuente sólo las historias de los palestinos: la prensa estadounidense, desde hace décadas, sólo representa el lado israelí. Seguir combatiendo el silencio y el olvido es una misión aún más válida en los años recientes.
