Una perspectiva desde la antropología anarquista
Inventar nuevas formas de involucramiento político, revivir las instituciones que se han vuelto decadentes, convertir la apatía privatizada en ira politizada: todo esto puede hacerse, y una vez que ocurra, ¿quién sabe qué es posible?
Mark Fisher
De una apatía privatizada a una ira politizada
Hace un par de semanas, cuando el asesinato de Brian Thompson, CEO de UnitedHealth Group, se volvió tendencia en redes sociodigitales (Sánchez-Vallejo, 2024), una serie de cuestiones se hicieron relevantes: la identificación, captura, proceso y motivos del asesino, Luigi Mangione; la perspectiva de los distintos espectros políticos de Estados Unidos, que sorpresivamente encontraron en el suceso una coincidencia: tanto demócratas como republicanos, así como los sectores más radicales (socialistas, anarco-capitalistas, anarquistas) e incluso la ciudadanía más nihilista políticamente parecen coincidir en que el asesinato despertó en ellos una ira politizada dirigida a las aseguradoras. Incluso, en redes llegaron a aparecer opiniones que condonan el asesinato de Thompson.
El sistema de salud de Estados Unidos se ha caracterizado, en los últimos doce años, por estar en un proceso constante de privatización. Ello ha inflado estratosféricamente los ingresos que perciben aseguradoras como UnitedHealth (a partir de aquí mencionada como UHC). Uno de cada cuatro dólares que son utilizados en salud pasan por alguna gran aseguradora, sin olvidar que éstas se benefician ampliamente de los subsidios estatales, gracias al Affordable Care Act (ACA). Así, las reformas que han privatizado el sistema de salud norteamericano provocaron que las dinámicas que las aseguradoras tienen para decidir si se cubre o no algún padecimiento, de qué manera y en cuánto tiempo —sin contar las esperas burocráticas— se convirtieran en la última palabra en la salud de los ciudadanos estadounidenses (Geyman, 2023).
Hay allí un serio problema, pues el interés de las aseguradoras, de sus accionistas y empleados no reside en la salud de nadie, sino en la ganancia y la reducción de costos. De tal suerte, la vida humana y su cuidado radican, antes que en las manos de un médico, en las manos de administrativos que decidirán si se utilizan recursos para ellos. Por otro lado, la interacción de los profesionales de la salud, su opinión y sus posibilidades de insurrección se encuentran sumamente limitadas, no sólo porque la salud privada se ha vuelto el espacio donde pueden desarrollarse económicamente, sino porque, con la reforma del ACA, la salud privada con sus altos costos es la única otra opción que tienen los ciudadanos para acceder a tratamientos médicos.
Recordemos que otra cuestión privatizada y ampliamente politizada en Estados Unidos es la educación. Un claro ejemplo es que la deuda de la mayoría de los posgraduados de la especialidad médica en neurología en el país vecino rondaba los trescientos mil dólares para el 2021 (Ahden et al., 2024), lo cual quiere decir que es muy costoso estudiar medicina y que muchos egresados se encuentran en situaciones económicas precarias, en parte por las deudas generadas por los créditos estudiantiles, lo cual los lleva a mercantilizar su saber.
Otra cuestión relevante es, entonces, que la interacción cara-a-cara de quienes necesitan atención médica es múltiple: tienen que encontrarse con médicos, que, si bien podrían tener una sensibilidad empática frente a sus problemas, se hallan también impotentes ante un sistema que no les permite dar atención médica gratuita o hacer más accesibles los costos de los medicamentos, tratamientos y cirugías. A la vez, tienen que lidiar con la otra cara, aún menos empática, de ese sistema: la de los trabajadores de las aseguradoras, que pueden ser desde teleoperadores, hasta brokers agresivos, subcontratados por estas empresas, además de los mil y un empleados de piso de las oficinas de salud pública y de las aseguradoras, cuya percepción de su propia labor —como veremos más adelante— es determinante para el trato que tienen con el cliente.
Aparentemente, este panorama general es percibido por una gran cantidad de ciudadanos estadounidenses de distintos espectros políticos, quienes comenzaron a elaborar parábolas en las que el asesino Mangione es heroizado, mientras que Thompson es representado como un villano por haberles negado algunos servicios médicos a los asegurados, por ejemplo, mediante la implementación de algoritmos para determinar quién accede a la cobertura y quién no; o bien —y esto es lo nos interesa más aquí—, mediante la burocratización de procesos que tratan con la vida humana, al delegarlos en esos a quienes David Graeber (2018) llamó en Bullshit Jobs “esbirros”, “marca-casillas” y “supervisores”, a fin de amedrentar a sus clientes y aletargar sus servicios.
¿Qué es un “trabajo de mierda”?
Para David Graeber (2018) un “trabajo de mierda” es un “empleo tan carente de sentido, tan innecesario o tan pernicioso que ni siquiera el propio trabajador es capaz de justificar su existencia, a pesar de que, como parte de las condiciones de empleo, dicho trabajador se siente obligado a fingir que no es así”. Como se puede observar, es una definición bastante subjetiva, pues, a fin de cuentas, recae en la mirada del trabajador el decidir si su trabajo es de mierda o no lo es. Sin embargo, las condiciones objetivas de los trabajos los vuelven tan pesados que es prácticamente imposible que quienes los realizan no los perciban de esa manera.
Además, el antropólogo define distintos tipos de trabajos de mierda: lacayos, esbirros, marca-casillas, parchadores y supervisores. En este texto, como se ha dicho ya, nos atañe la figura del esbirro, la del marca-casillas y la del supervisor. Comencemos por los esbirros, de los cuales nos dice Graeberque realizan “trabajos que tienen rasgos agresivos y, sobre todo, que sólo existen porque otras personas los contratan” (Graeber, 2018). Se trata de personas cuya función es ejercer una presión para que se realice alguna tarea, pago o función. Por ejemplo, los operadores telefónicos, los ejércitos y los abogados corporativos. En el caso de las aseguradoras, los encargados de decidir si a los pacientes se les da o no un servicio no suelen ser quienes les atienden en el teléfono; por el contrario, tienden a ser quienes obstaculizan la situación mediante burocracia, o bien, presionan para que se realicen los pagos de las cuentas médicas (Cohen & Cha, 2023).
Por otro lado, los marca-casillas son “aquellos empleados que existen única o principalmente para permitir que una empresa pueda afirmar que está haciendo algo que de hecho no hace” (Graeber, 2018). En este caso, muchos de los empleados de las aseguradoras buscan hacer extensivas encuestas sobre el estado de salud de un paciente, a quien se le presentan sus opciones de atención y tratamiento, las cuales realmente no pasan por un ojo humano que empatice con su situación, sino que, por el contrario, se buscará un motivo para negar el servicio o cubrir las cuentas. Lo controvertido de ello radica, además, en que ahora ya ni siquiera es necesario el ojo humano —ni al propio marca-casillas—, pues, al menos en Estados Unidos, decisiones como las primas y pólizas de seguros, además del tratamiento de datos personales, quedan en manos de un algoritmo. Conviene recordar que a partir de 2020 fueron erigidas algunas demandas sobre el uso de nH Predict, una IA utilizada para rechazar solicitudes de cobertura de forma automática.
Finalmente, están los supervisores:
Podemos distinguir dos subcategorías de supervisores. El tipo 1 incluye a aquellos cuya labor sólo consiste en asignar tareas a los demás. El de este tipo de supervisor puede calificarse como un trabajo de mierda si él mismo piensa que su intervención es innecesaria y que los subordinados serían perfectamente capaces de trabajar solos si él no estuviera […]; el segundo causa un daño real: es el de aquellos supervisores cuyo cometido consiste en crear tareas de mierda para los demás, supervisar esas tareas, o incluso crear trabajos de mierda del todo nuevos; se les podría llamar también generadores de mierda.
(Graeber, 2018)
Además de ser el tipo de trabajo de mierda más esquivo, debemos comprender que, en materia de rituales de interacción, los supervisores no dan la cara cuando hay una relación con el cliente, mientras que los marca-casillas y los esbirros están frecuentemente interactuando con los usuarios; los supervisores se encargan de delegar estas tareas, lo cual crea una brecha entre las necesidades, afectos y problemas de los pacientes, y los intereses de los jefes ejecutivos de las aseguradoras que, claramente, sí se encuentran en contacto cara-a-cara con los supervisores, y estos, con los marca-casillas y esbirros.
De este modo, la combinación de estos tres tipos de trabajos de mierda en las aseguradoras ha formado un tipo de ritual de interacción, como diría Goffman (1970), en el que las pequeñas relaciones cara-a-cara entre los sujetos forman un entramado que se vuelve una institución. Dicha institución, como hemos visto, no sólo es nociva y problemática, sino que la propia ciudadanía estadounidense sabe que lo es. Estamos, pues, ante una especie de “mierdización” del sistema de salud estadounidense producto del ethos liberal del american way of life y su defensa del libre mercado.
El “ritual de interacción” entre el usuario y el trabajador de mierda
Lo curioso de la obra de Graeber radica en lo testimonial. Cuando en 2013 publicó en la revista Strike un primer artículo sobre el tema, se hizo tan popular que fue tendencia en redes y el antropólogo comenzó a recibir oleadas de tweets y correos testimoniales sobre cómo sus trabajos eran trabajos de mierda. Ello dio lugar que ampliara y desarrollara su teoría, que después publicaría como libro.
Para el estudio de los trabajos de mierda en el sistema de salud estadounidense, podríamos tomar como punto de partida la revisión de testimonios que comenzaron a surgir a partir del asesinato de Thompson: es abrumadora la cantidad de usuarios del sistema de salud y de UnitedHealth que dan fe de cómo, por ejemplo, familiares suyos murieron por negligencia, o incluso de cómo ellos mismos contrajeron algún problema de salud crónico, o una deuda estratosférica, porque se les negó la cobertura. Además, se puede escuchar a los trabajadores y extrabajadores de la empresa que frecuentemente aparecen en foros como Reddit, páginas de Facebook, X e Instagram expresando su lugar en la cadena burocrática, además de sus sentires frente al fallecimiento de Thompson y el comportamiento de Mangione.
Reddit tiene publicado actualmente un hilo de discusión llamado “¿Cuáles son las cosas más sucias que UnitedHealthCare le hizo a tu familia?”. Allí había, hasta el 15 de diciembre del 2024, unos 132 comentarios, de los cuales, se encuentran al menos 30 que retratan no sólo el proceso, sino en algunos casos las interacciones entre los usuarios de salud y la aseguradora. Algunos también revelan las frustraciones del personal médico: “trabajo en un centro de enfermería especializada y literalmente niegan [los de UHC] el reembolso a cada uno de nuestros pacientes. Encuentran cualquier pequeña documentación que no coincide, incluso una fecha fuera de lugar, y niegan la cobertura total”.
Es de notarse cómo los mismos trabajadores de la salud miran mermados sus esfuerzos por marca-casillas que buscan cualquier pretexto para negar coberturas, lo cual significa, que aún cuando exista una empatía entre enfermero-paciente o médico-paciente, la problemática escala cuando hay quien busca negar la cobertura total de un padecimiento. Esto provoca una desconfianza del usuario no sólo en el enfermero, sino en un sistema. Por ejemplo, otro testimonio, bastante doloroso, es el siguiente:
Mi madre de 52 años sentía que el cáncer había regresado y que estaba creciendo. Le negaron la ecografía que necesitaba, diciendo que tenía que esperar 8 semanas más porque no había pasado suficiente tiempo desde la última (en ese momento eran 6 u 8 semanas. No recuerdo. Han pasado más de 13 años). De todos modos, sin la ecografía, no se realizaría la quimioterapia ni ningún tipo de radiación, etc. No podíamos permitirnos pagar miles de dólares de nuestro bolsillo. Me mudé de nuevo a casa a los 25 años para ayudar a cuidarla a tiempo completo y, por primera vez desde los 14, no estaba trabajando. Ella apenas trabajaba, sus compañeros de trabajo habían donado sus propias horas de baja en el trabajo para que pudiera mantener su seguro. Apenas estábamos sobreviviendo. La situación era estresante y el dinero ya era muy escaso. Después de algunas visitas a urgencias y múltiples problemas médicos, finalmente llegó el momento. El cáncer había comenzado a extenderse al cerebro de mi madre, pero ya era demasiado tarde para hacer algo. Nos dijeron que habrían tenido que empezar el tratamiento semanas antes para evitar que llegara a ese punto, y no había prácticamente nada que se pudiera hacer. Probamos unos días de radiación, pero […] perdimos a mi madre cuando yo tenía 25 años y mi hermano 24.
Cuando alguien se encuentra enfermo, la velocidad en la atención es, lo sabemos, sumamente relevante. La labor del supervisor radica, aquí, en producir esperas a partir de la formulación de pasos extras a los procesos burocráticos. Ello significa, además, dos cosas bastante desesperanzadoras: por un lado, que el nulo contacto supervisor-usuario ha borrado la empatía ante las situaciones delicadas que viven las familias y los enfermos, causadas por el servicio que brindan estas compañías, y, por el otro, que la forma de delegar el contacto cara-a-cara produce un ritual en el cual, al no ver la cara del paciente, es más fácil negarle el servicio, pues es, a fin de cuentas, se vuelve un número más en el ahorro.
Por otro lado, los esbirros encuentran por lo general su lugar en las fases posteriores al servicio: son quienes se encargan de las llamadas de cobro. Pero la insistencia de los teleoperadores muchas veces se debe a que los supervisores les delegan la tarea de presionar a los enfermos para que paguen. Sea como fuere, esas estrategias de coerción económica inciden en la salud mental de los pacientes, dados los exorbitantes costos de las cuentas médicas, y complican sus vidas y las de sus familias —incluso, como en el caso del testimonio revisado, después de la muerte de un paciente.
La “mierdización” de la salud
Todo lo hasta aquí revisado revela una mierdización general del sistema de salud estadounidense, debida en parte a su privatización, pero también a las estructuras laborales que manejan las compañías privadas a cargo de garantizar la salud de los ciudadanos. Además, claro, de las problemáticas cotidianas de la ciudadanía en general —entre las cuales, la deuda como una forma de vida, según lo menciona Lazzarato (2013), es un aspecto central— y que afectan a pacientes, médicos, trabajadores y asegurados.
Se trata, pues, de una cuestión tanatopolítica, pues es la muerte lo que se administra en esos rituales. Sin embargo, la mierdización de la salud fue posible sólo porque una decisión política de amplio espectro se tomó en el país vecino: la reforma del ACA, para que las aseguradoras pudiesen realizar este tipo de actividades y tomaran control de la economía de la salud estadounidense se encuentra ligada a un triunfo ideológico: el hecho de que, en buena parte de la ciudadanía, pareciera importar más el libre mercado que la vida humana. Sin embargo, lo que estos testimonios y eventos han demostrado es que, al menos, el pueblo estadounidense es consciente de lo deficiente de su sistema de salud, y está harto de sus deficiencias. El asesinato de Thompson, así como los testimonios, memes y apoyo a Mangione, parecen ser un excurso de la apatía privatizada en la que, de acuerdo con Mark Fisher (2014), se encuentra la sociedad actual. En todo caso, lo importante aquí es vislumbrar que Mangione y el apoyo que ha suscitado sólo son una de tantas expresiones de una ira politizada que ha ido creciendo en la ciudadanía de Estados Unidos en los últimos años —la misma que, paradójicamente, ha incitado a los votantes a optar por bravucones con consignas vacías pero iracundas, como el propio Donald Trump.
Referencias
Ahden, S. V., Zatar, W., Herrmann, D. N., Dorsey, E. R., & George, B. P. (2024). “Education Research: Observational Study of Educational Debt Among US Medical Graduates Entering Neurology, 2010–2021”. Neurology Education, 3(1).
Cohen, R., & Cha, A. (2022). “Problems Paying Medical Bills: United States, 2021”. National Health Statistics Report.
Fisher, M. (2017, 14 enero). “Good for nothing”. The Occupied Times.
Geyman, J. P. (2023, 10 mayo). “Privatization of US Healthcare by UnitedHealth Group”. Orinoco Tribune – News And Opinion Pieces About Venezuela And Beyond.
Goffman, E. (1970). Ritual de la interacción. Tiempo Contemporáneo.
Graeber, D. (2018). Trabajos de mierda: una teoría. Ariel.
Lazzarato, M. (2013). La fábrica del hombre endeudado. Ensayo sobre la condición neoliberal. Amorrortu.
Sánchez-Vallejo, M. A. (2024, 8 diciembre). “El crimen del CEO de UnitedHealthcare aflora el malestar de los clientes por los abusos de los seguros de salud en EE UU”. El País.
