Opinión

Aimer Granados

Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Cuajimalpa


Miguel Orduña y Alejandro de la Torre Hernández (coordinación y edición). Papeles de combate. Estudios sobre cultura impresa y publicaciones de izquierda. México: Secretaría de Cultura/INAH, 2024. (Disponible aquí para su descarga.)


Recientemente, tal vez desde el último cuarto del siglo pasado, la cultura del impreso, así como el mundo de la edición, se estudian, analítica, metodológica y temáticamente, articulados con los movimientos políticos. Papeles de combate… sigue esa línea de trabajo, que se ha posicionado de manera importante en la agenda de la investigación histórica producida en Latinoamérica.

En la historia política y cultural de América Latina, la relación entre los impresos y la lucha política inició, con mucha fuerza y sistemáticamente, en el contexto de las Independencias de las colonias americanas pertenecientes a la monarquía española. En esta coyuntura, los nacientes periódicos jugaron un papel muy importante en la difusión de las ideas revolucionarias, libertarias y de independencia. A su vez, a lo largo del siglo XIX las publicaciones periódicas fueron un soporte que promocionó la unidad y la identidad nacional, la difusión de la ciencia y la cultura, el fortalecimiento de una emergente opinión pública, las primeras formas de una literatura nacional/continental y, muy sentidamente, la difusión de ideas políticas y corrientes filosóficas —las relacionadas con el liberalismo, el conservadurismo y los socialismos—. En el siglo XX, especialmente después de la primera posguerra, el llamado “libro político” se unió, con mucha fuerza, a los periódicos, revistas y otros tipos de materialidad impresa, en la labor de la difusión de ideas e ideologías.

El posicionamiento de los impresos a lo largo del siglo XIX (periódicos, pasquines, libelos, hojas volantes, folletos, comunicados, caricaturas, cancioneros, documentos, revistas, libros, etc.) no fue fácil, en tanto el campo cultural e intelectual de la época era aun incipiente. En ese contexto, la cultura impresa estaba sobre todo dirigida a las élites, si bien con ciertas proyecciones hacia otros sectores sociales que sin embargo permanecían, en su inmensa mayoría, en el analfabetismo. Con todo, es notorio, tal y como lo muestra el libro que se comenta, que el obrerismo en todas sus facetas y tendencias fue volviéndose parte de ese campo cultural e intelectual, no solamente como editores y lectores, sino también como agentes de difusión del conocimiento impreso, ya mediante la lectura en voz alta, ya gracias a campañas de alfabetización y divulgación del pensamiento libertario.

Por otra parte, los impresos también pueden ser entendidos como soportes estructurantes de redes intelectuales y redes intertextuales generadas por las propias publicaciones. O como ventanas que permiten estudiar los espacios de sociabilidad y las esferas públicas a que dan lugar, o las diversas y cambiantes materialidades y tecnologías de la palabra.

Estas líneas de investigación que permiten los impresos, los “papeles de combate”, suelen plantearse desde un cruce interdisciplinar que incorpora miradas al mundo de la cultura, a la historia política, a la sociología política y a la historia intelectual, entre otras subdisciplinas. Las investigaciones compiladas en este libro colectivo editado por Miguel Orduña y Alejandro de la Torre Hernández incorporan esta línea interdisciplinar con mucho éxito. Es un libro que se enmarca en el espacio mexicano (aunque por momentos esta espacialidad nacional se piensa y analiza en términos continentales americanos y transfronterizos europeos) y en un arco temporal que comprende desde la República Restaurada hasta la década de 1970. El libro muestra, así, la cultura impresa y política de un amplio abanico de expresiones en el campo de las izquierdas mexicanas —particularmente del anarquismo—, y su relación con el mundo del trabajo, con la conciencia de clase, con la organización política, con los derechos laborales y económicos, con la lucha social, con la revolución, con el pensamiento crítico y con diversas prácticas culturales de carácter político. Algunas de las publicaciones estudiadas en el libro fueron más bien efímeras, en tanto que muchas de ellas se publicaban en la clandestinidad y con muchas dificultades económicas, pero no por ello: aun en su corta duración, este tipo de impresos dejan “huellas” que nos permiten estudiar el mundo de la edición y su impacto sobre la cultura política de las izquierdas. En suma, los autores y sus estudios presentes en este libro rescatan, para el lector y para la historiografía mexicana, una serie de “microcosmos” de la cultura escrita y la cultura política de las izquierdas en México.

A los estudios de caso presentes en este libro colectivo, precede una muy buena introducción realizada por los editores, misma que pone de relieve cómo los “papeles de combate” articulan diferentes aspectos de la historia intelectual y política: las esferas de lo público y la opinión popular; el mundo del trabajo y sus expansiones a las luchas sociales, libertarias y revolucionarias; el debate y la circulación de las ideas, entre otros temas. 

En su trabajo titulado “Espacio y opinión pública en el México decimonónico. Editores y redactores de la prensa obrera en la República restaurada”, Miguel Orduña concluye que la prensa del mundo laboral impactó positivamente en la formación de un espacio público que, en parte, fue allanado por el mundo del trabajo. De allí se colige que, en el contexto de la segunda mitad del siglo XIX mexicano, el artesanado y el emergente movimiento obrero jugaran un papel central en la difusión de ciertas ideas que, partiendo del discurso ideológico del liberalismo y sus libertades individuales, también introdujo, con mucha fuerza e insistencia, discursos políticos e ideológicos desde el naciente socialismo. Otro de los ejes centrales en el estudio de Orduña es el importante recorrido que realiza por el mundo de los editores de la prensa laboral de la época.

Uno de los focos de atención en el estudio de Manuel Rejón Baz, titulado “La Unión Obrera. Periódico de los trabajadores del corredor industrial Puebla-Tlaxcala-Veracruz, 1906”, es la circulación de ideas emancipadoras entre los trabajadores, por medio, justamente, de la prensa obrera. En este caso, esa circulación de ideas se articula con fines programáticos de carácter “emancipatorio” en favor del mundo laboral. Desde el análisis del discurso obrero que aparece en el periódico estudiado, Rejón Baz rastrea lo que enuncia certeramente como “confluencia de tradiciones” de carácter ideológico presentes en muchos textos aparecidos en La Unión Obrera.

En buena parte de las investigaciones compiladas en este libro el asunto de las redes políticas e intelectuales de carácter trasnacional está muy presente como problema analítico. En la misma perspectiva, pero en menor medida, también las redes intertextuales entre revistas y periódicos aparecen en algunos de estos estudios.  Es el caso de la investigación de Jacinto Barrera Bassols, titulada “La Biblioteca sociológica de Regeneración y la red internacional anarquista”. Muchos periódicos de tendencia anarquista sirvieron en gran medida de sostén a esta red, en la medida que su circulación a través de diferentes espacios sociales y geográficos permitió no solamente la socialización de las ideas mediante redes intertextuales, sino también la solidaridad, la camaradería, la acción libertaria y la afinidad ideológica en torno al anarquismo. Otra línea de investigación muy llamativa en el texto de Barrera Bassols es el asunto de “las bibliotecas sociológicas”, las cuales reunían “colecciones de impresos de corte sociológico y libertario”. En México, el periódico Regeneración también tuvo su “biblioteca sociológica”, impulsada por Ricardo Flores Magón.

El texto de Sylvia Sosa Fuentes y Alejandro de la Torre Hernández, titulado “La ciencia de la Revolución: las revistas sociológicas y el tejido de una cultura libertaria hispanoamericana”, plantea tres líneas analíticas fuertes: La primera de ellas tiene que ver con los esfuerzos que desde ciertas revistas de corte sociológico hicieron diferentes núcleos anarquistas por articular la ciencia con sus intereses. En segundo lugar, y muy centralmente, esta investigación deja ver la funcionalidad de ciertas revistas en relación con la emergencia en nuestro medio de un campo de saber definido: la sociología. En tercer lugar, este estudio, como es una constante en este libro colectivo, aborda el problema de las redes revisteriles. A la par que este tipo de publicaciones impulsaba acciones libertarias, echaba mano de la “ciencia de la sociedad” con el fin de articularla con objetivos revolucionarios, ideológicos y anarquistas

La pedagogía, como la sociología, constituyeron herramientas utilizadas por el movimiento ácrata para incidir política e ideológicamente sobre ciertos grupos sociales. Y, dentro de la pedagogía, la Escuela Racional fue un movimiento muy importante. En su investigación titulada “Oriente y la Imprenta Racional”, Alfredo Bojórquez estudia la folletería que produjeron los racionalistas de Yucatán, sus prácticas editoriales y pedagógicas, y la articulación entre impresos y prácticas editoriales.

El trabajo de Javier Gámez Chávez se titula “El Grupo Cultural Racional y Horizonte Libertario. El proceso de formación obrera en Aguascalientes, 1922-1925”. La educación de la militancia dentro de los parámetros de la cultura anarquista y la creación de espacios de sociabilidad ácrata son dos ejes analíticos importantes presentes en este estudio. Escuelas racionalistas, bibliotecas popu­lares, centros de estudios, libros, folletos, semanarios, tertulias, puestas escénicas, conferencias, lecturas colectivas, giras de propaganda y excursiones constituyeron prácticas culturales y espacios de sociabilidad por donde corrieron la cultura y la ideología anarquistas. Otros horizontes temáticos y analíticos que aparecen en este trabajo tienen que ver con experiencias de educación popular y militante. También se estudia el proyecto editorial del Grupo.

Entre las líneas de acción propias de las organizaciones emergidas del movimiento estudiantil de 1968 se encuentra la de “vincularse a los movimientos sociales”, “ir al pueblo” y brincar los muros de las universidades para organizar nuevas formas de resistencia popular. A ese tema se dedica el texto de Saúl Escobar Toledo, “El periódico La Hormiga y los círculos de estudio en el sindicato del hierro. Entre la utopía proletaria y la cultura de la legalidad”. La formación política y sindical fue una preocupación central en la dinámica que establecieron La Hormiga y el sindicato vinculados al movimiento del 68. Cursos de educación sindical, una secundaria abierta, festivales musicales, proyección de películas y la formación de círculos de estudio, además de la redacción del periódico, fueron prácticas culturales que se combinaron con ese fin educativo.

El trabajo de Itzel López Nájera titulado “La educación política como estrategia de organización revolucionaria en el periódico Madera de la Liga Comunista 23 de Septiembre. Un acercamiento semiológico” abunda en algunas de las líneas metodológicas ya señaladas. Por ejemplo, el propósito y los usos de los impresos en clave de lucha social y libertaria, la educación política y las tareas de organización de la lucha.

El libro finaliza con el texto de Oswaldo García Fernández titulado “La lucha ideológica entre el periódico Madera y la revista Punto Crítico a través de la huelga de Medalla de Oro de Monterrey en el año 1973 y 1974”, el cual introduce una mirada comparativa en relación con las diferencias táctico-ideológicas que cada una de estas publicaciones asumió frente a la huelga de los trabajadores.

Como es sabido, los procesos de transición hacia la democracia desde regímenes políticos autoritarios y de dictadura militar al final de la década de 1970 y durante la de 1980, a los cuales habría que agregar sucesos internacionales, como la caída del Muro de Berlín, conllevaron a que la ciencia y la historia políticas plantearan nuevas rutas de análisis. En este nuevo cuerpo de reflexiones teóricas y metodológicas, los conceptos de democracia, ciudadanía, procesos electorales, opinión pública, prácticas culturales y sociabilidades fueran revisitados y estudiados a la luz de nuevas preguntas. Me parece que este libro colectivo, en un tono de Nueva Historia Política, coadyuva a encontrar nuevos marcos y preguntas de análisis que tienen que ver con el rol protagónico que los impresos, entendidos como “papeles de combate”, han tenido en el espectro de las luchas sociales y los movimientos de izquierda. Es una Nueva Historia Política que encuentra mucha inspiración en la historia cultural, la historia conceptual y la historia de los discursos políticos, y en la cual los impresos han resultado un importante nicho analítico y metodológico.

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