Fabián Cabaluz Ducasse. (2022). Educación y marxismo latinoamericano. Ensayos de pedagogía crítica para proyectos emancipatorios. Editorial El Colectivo.


Este texto fue leído el pasado 23 de octubre durante la presentación de Educación y marxismo latinoamericano en la Facultad de Filosofía y Letras, de la UNAM. Además del autor, en la mesa intervinieron Beatriz Cadena y Evelin López. El objetivo de estas líneas es animar a la lectura del libro, para discutir si es que el marxismo, como corpus teórico y práctico, puede proporcionar herramientas vigentes para el análisis de la realidad educativa en América Latina. En mi intervención, intenté retomar los planteamientos que me parecieron más relevantes en el libro, en parte por considerarlos potentes y necesarios para hacer un análisis amplio de las cuestiones educativas en América Latina, con herramientas críticas en clave marxista.

Lo primero que me evoca la lectura del libro es una admiración de la claridad con la que se expone una circunstancia histórica generalizada en América Latina, que es la vigencia de un modelo económico y político-ideológico que prevalece pese a sus demostradas contradicciones, y que ha encontrado formas de renovarse de la mano del poder político, económico y militar. Me refiero al capitalismo en su modalidad neoliberal, que en las últimas décadas ha intensificado los procesos de explotación no sólo de mujeres y hombres, sino de la naturaleza, con el afán perverso de perpetuar relaciones de dominación en todos los ámbitos de la vida.

Muy pronto en el libro, el autor nos recuerda que el neoliberalismo permea el ámbito educativo, y en distintos niveles, desde la subordinación de los sistemas educativos a las grandes corporaciones y organismos internacionales, hasta la manera en la que se organiza la formación del sujeto docente. Conceptos como “eficiencia” y “eficacia” forman parte de los currículos creados bajo esa forma de entender la educación, cuya finalidad es promover la competencia.

En ese sentido, Fabián Cabaluz nos plantea cómo, bajo el neoliberalismo, aparece la idea del docente como ejecutor de un conjunto de reglas y recetas para transmitir conocimientos —algo muy cercano a la idea freiriana de la educación bancaria—, lo cual provoca que el docente se vea despojado de su cualidad de sujeto. Bajo esa óptica, cualquiera puede ser docente si se tiene la técnica, nos dice el autor, lo cual resulta en una suerte de mecanicidad en el ejercicio docente.

Esta beta de la formación magisterial no sólo se remite a la forma en la que las y los docentes aprenden a ejercer su profesión, sino que además son sometidos a procesos de evaluación que tienen una doble finalidad: la de la competencia entre compañeras y compañeros, y como medio de control. La evaluación mediante la aplicación de exámenes estandarizados, la lógica de acumulación de puntos, la sanción social de los éxitos y los fracasos son una realidad que moldea y forma nuestras relaciones sociales. Están mediadas, en un primer momento, por el sistema educativo, pero luego encontramos su espejo en el mercado de trabajo. A todo ello se suma que las y los docentes siguen siendo el objeto de persecución histórica por su capacidad organizativa y de articulación con sus comunidades para luchar contra las injusticias sociales.

Recordemos la reforma educativa en México durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, la cual, bajo la bandera de la profesionalización docente, promovía en el fondo una desarticulación de la lucha magisterial. Fue, de hecho, señalada más como una reforma laboral, pues de educativa sólo tuvo el nombre.

Estos intentos de desarticulación de la organización magisterial mediante la promoción de valores individualistas y de competencia contribuyen a un proceso generalizado en el desmantelamiento de la educación pública, pues le deja el camino libre a la ideología conservadora y liberal de la derecha. Por eso mismo hay un interés de la derecha en el desmantelamiento de la organización estudiantil. Y si uno se pregunta por las conquistas del movimiento estudiantil por la defensa de la educación pública, parece que siempre hay que estar alerta, porque la amenaza está siempre allí: sólo hace falta girar la cabeza un poco hacia la penosa realidad que está pasando el pueblo argentino.

¿Por qué la derecha disputa el campo educativo? Porque tiene un interés en llevar a cabo un proyecto, el proyecto de la libertad de mercado, de la expansión del capitalismo y sus valores; un proyecto de adoctrinamiento en donde la libertad individual se superponga al interés colectivo, porque se postula que esta libertad en algún momento beneficiará a la población en su conjunto. La historia ha demostrado que en este afán se han cometido las mayores atrocidades de la historia a manos de regímenes militares y cívico-militares, promovidos, impulsados y amparados por los países centrales, Inglaterra, Francia y por supuesto, Estados Unidos en América Latina.

La presencia de Estados Unidos en la promoción y defensa del capitalismo ha sido clave, particularmente desde la Segunda Guerra Mundial. Recordemos el papel que tuvo en la implementación de las políticas neoliberales en Chile, por medio de los economistas de Chicago: Becker, Schultz y los Chicago Boys, impulsores de la teoría del capital humano, cuyos planteamientos puramente económicos sustentaron una idea de sujeto valorado en función de la rentabilidad y despojado de su cualidad como sujeto en un sentido integral. Una persona es concebida como un activo económico, así que su educación se ve como una inversión. Esta base ideológica ha permitido que se expanda la educación privada y los procesos de privatización de las universidades; la experiencia de la voucherización de la educación superior, particularmente en Chile, es testimonio de los efectos de esta teoría del capital humano, que unos cuantos economistas idearon en una oficina a partir de cálculos matemáticos.

Fabián Cabaluz nos invita a no olvidar que, en este contexto, el de la insistencia del capitalismo en su versión neoliberal por perpetuarse, existen esfuerzos organizativos y luchas vivas que han retomado una visión crítica de la realidad desde el marxismo, que en su variedad y diversidad de planteamientos y posturas, así como en complementariedad con otras visiones críticas, se han planteado un compromiso de transformación de la realidad. Y que dentro de ese compromiso han existido proyectos y experiencias donde la educación ha tenido un papel central, tanto en la formación de sujetos/sujetas desde y hacia su comunidad, como en la formación en el trabajo y no para el trabajo, como lo dicta la concepción utilitarista del capitalismo. Es decir, enfocado en el concepto marxista de trabajo como una actividad humana para la satisfacción de necesidades, pero también para potenciar habilidades.

En estas experiencias en América Latina, hay proyectos y propuestas críticas que buscan llevar a cabo cambios radicales en y desde los espacios escolares, tales como su democratización, la construcción de un currículum que busque la compartición y el diálogo de saberes, la sistematización de los conocimientos y de cómo socializarlos e historiarlos. En este sentido, estas propuestas buscan que el sujeto docente —o, agregaría yo, cualquier sujeto situado en un espacio escolar—, trascienda, mediante la organización para la transformación, a lo opuesto al neoliberalismo.

Para ello, necesitamos de herramientas críticas, y por ello el autor nos convoca a utilizar los elementos teóricos y analíticos del marxismo, los cuales son vigentes no por una necedad, o por ocurrencia, sino porque explican de una forma clara y certera las contradicciones de un sistema económico y político que beneficia a unos cuantos en detrimento de los pueblos. Bajo la perspectiva marxista del análisis de la realidad social, se hace necesario, nos dice el autor, plantear las configuraciones y expresiones particulares de la realidad latinoamericana, y, más específicamente, la realidad de los pueblos que en ella habitan. Es decir, nos llama a plantear una lectura situada del trabajo de Marx que permita ser una herramienta de análisis, en la cual no sea la teoría la que se adapte a la realidad, sino que la realidad sea leída y confrontada de una manera crítica con sus planteamientos.

Es en esta clave de lectura en la que el autor nos invita a revisar las distintas expresiones y proyectos emancipatorios en América Latina, especialmente aquellos que han integrado el marxismo y la influencia de las experiencias revolucionarias, en especial la Revolución rusa, en lo que respecta a sus programas pedagógicos y de lucha. Nos invita también a revisar las discusiones sobre los límites de la democracia representativa y las potencialidades de otro tipo de democracia, como la autodeterminación de los pueblos, así como su articulación con la pedagogía crítica.

Finalmente, el autor nos presenta la necesidad de abordar conceptos medulares en la obra de Marx, como los de praxis y trabajo vivo. Así, mediante su recuperación en Adolfo Sánchez Vázquez y Enrique Dussel, nos presenta un ensayo en el que se exponen, de una manera clara, conceptos como plusvalor, explotación, enajenación, mercancía y trabajo, entre otros. Desde luego, esta recuperación está vinculada con los procesos históricos en los que nace y se desarrolla el capitalismo. Y por ello, esta transparencia en la explicación conceptual nos dota de un material imperdible para nuestra formación individual y colectiva, pues nos permiten entender de otra manera el mundo en que vivimos.

La lectura del libro me deja sin duda con una reflexión sobre las vastas experiencias y proyectos educativos en México. Por mencionar sólo dos, está la experiencia de la escuela racionalista con Felipe Carrillo Puerto, o la tradición de lucha de las Normales rurales, que tiene una raíz crítica y ciertamente marxista, y que por lo mismo ha sido perseguida

Agradezco este libro, y destaco una vez más el cuidado de su escritura y la transparencia en la explicación conceptual, además de la bien lograda articulación con las experiencias y proyectos emancipatorios en América Latina. Sin duda nos proporciona muchísimos elementos para seguir investigando, difundiendo y, sobre todo, para seguir integrándolos a nuestra práctica en los espacios escolares y de organización social, estudiantil, en el ámbito cooperativo, y en general en las experiencias de articulación del trabajo colectivo.

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