Desde hace más de cuatro décadas, el programa nuclear iraní se ha convertido de manera gradual en el principal referente en la agenda global sobre no proliferación de armas nucleares. Por ejemplo, desde 2006, el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas ha emitido catorce resoluciones sobre Irán, la mayoría de las cuales busca limitar las actividades nucleares de aquel país mediante la imposición de sanciones. Mientras, reiteradas medidas coercitivas desde Estados Unidos han buscado presionar a Teherán para que demuestre el carácter civil de su programa nuclear. El 13 de junio pasado, la obsesión internacional sobre el tema alcanzó un nivel sin precedentes, cuando el ejército israelí atacó a Irán con el propósito —según aseveró el Primer Ministro Benjamín Netanyahu— de evitar que éste desarrollara armas nucleares, lo cual boicoteó las negociaciones entre Washington y Teherán y puso a Estados Unidos al borde de una nueva aventura en Medio Oriente. Por lo demás, el papel central de Irán en la agenda sobre no proliferación ha justificado la adopción de medidas extraordinarias que han tenido consecuencias humanitarias graves —como las provocadas por los recientes bombardeos.

A pesar de la enorme atención internacional hacia Irán, es necesario afirmar que no es su programa nuclear la principal amenaza a los esfuerzos internacionales para evitar la proliferación de armas de destrucción masiva. Por el contrario, en el orden de prioridades que surgen del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), la cuestión iraní es un asunto menor, por lo que resultan sorprendentes la atención desbordada y el conjunto de medidas radicales adoptadas al respecto.

Desde su entrada en vigor en 1970, el TNP ha buscado que los países con armas nucleares se deshagan de éstas y que todos los países del mundo acepten cooperar con dicho tratado. Asimismo, el TNP ha buscado facilitar el acceso de los países signatarios a los beneficios de la tecnología nuclear a cambio de proscribir su uso militar. En consecuencia, las prioridades que constituyen el TNP (desarme, no proliferación y acceso a tecnología nuclear) contradicen la idea de que Irán es la principal amenaza al régimen de no proliferación.

Primer reto: desnuclearización

En su artículo sexto, el TNP sostiene que “cada parte en el Tratado se compromete a celebrar negociaciones de buena fe sobre medidas eficaces relativas a la cesación de la carrera de armamentos nucleares en fecha cercana y al desarme nuclear”, ya que la principal amenaza de una guerra nuclear, que tendría consecuencias devastadoras para todo el mundo, proviene de los arsenales nucleares existentes. Dichos arsenales se encuentran bajo el resguardo de ejércitos nacionales, por lo que su desmantelamiento sólo se puede lograr con la colaboración de los Estados correspondientes.

Después de más de cinco décadas, los Estados con armas nucleares reconocidos por el TNP (Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña y Francia) no han cumplido el compromiso de deshacerse de sus armas nucleares en un plazo razonable. De acuerdo con la Federación de Científicos Estadounidense (FAS, por sus siglas en inglés), hay todavía en el mundo más de 12,000 ojivas nucleares, 88 por ciento de las cuales están en posesión de Estados Unidos y Rusia. Así, un tema pendiente dentro de la agenda global sobre armas nucleares es la desnuclearización mundial, cuyo reto principal es la falta de cooperación de los países que poseen dichas armas.

El gobierno de la República Islámica de Irán ha reiterado que su programa nuclear no tiene fines militares y, al día de hoy, como confirman los reportes y declaraciones oficiales de la OIEA, Irán no posee armas nucleares. A pesar de ello, es Irán, y no los países que mantienen sus arsenales nucleares, quien ha recibido una atención exagerada en la agenda global sobre no proliferación nuclear. Por alguna razón, la presencia de arsenales nucleares en los países que son también miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU no despierta las alarmas del sistema de seguridad internacional, como sí lo hace Irán.

Segundo reto: universalización

Aparte de la desnuclearización, otro tema prioritario es la universalización del TNP, que en sus consideraciones iniciales pide “encarecidamente la cooperación de todos los Estados”. El que haya Estados fuera del Tratado significa que estos pueden desarrollar o mantener arsenales nucleares al margen de la legislación internacional y, más aún, que tales arsenales pueden motivar a otros Estados signatarios a abandonar el TNP o a renunciar a sus compromisos. De allí la importancia de universalizar el Tratado.

Por lo demás, garantizar la universalidad del régimen de no proliferación implica traer bajo el manto del TNP a aquellos países que no lo han firmado aún y que poseen armas nucleares; es decir, Corea del Norte, India, Pakistán, y, paradójicamente, Israel. La paradoja consiste en que, como dije ya, el gobierno israelí justificó sus ataques a Irán como intentos por garantizar la seguridad internacional y prevenir la proliferación, ignorando cómo sus noventa ojivas nucleares —cuando menos—, y su negativa a firmar el TNP constituyen una amenaza al régimen de no proliferación. A pesar de ello, no ha habido una sola medida para garantizar que Israel —el único de los países enlistados hace unas líneas que no ha reconocido su arsenal nuclear— firme el TNP y se deshaga de sus ojivas, las cuales generan inestabilidad en Medio Oriente y en el mundo.

Si el objetivo a alcanzar fuera la preservación de la seguridad internacional, la agenda de no proliferación establecería pasos firmes para lograr que todos los países firmaran el TNP. En el Medio Oriente, antes que volcar toda la atención sobre Irán, el alcance de dicho objetivo implicaría poner en la discusión el arsenal nuclear israelí, la negativa rotunda de su gobierno a cooperar con el régimen de no proliferación y su condenable ataque a las instalaciones nucleares de otro país que sí es miembro del TNP. Establecer en el Medio Oriente una zona libre de armas nucleares, como lo ha propuesto el gobierno iraní, sería un paso significativo en ese sentido.

Tercer reto: garantizar el cumplimiento

El cumplimiento de las garantías de seguridad por parte de países que no poseen armas nucleares pero que buscan beneficiarse de la tecnología nuclear es un tercer tema prioritario. En este sentido, los países que desarrollen tecnología nuclear se comprometen a mantener su programa dentro de un cauce civil. Ninguno de estos compromisos implica renunciar a su derecho de enriquecer uranio.

Para garantizar el acceso de todos los países a la tecnología nuclear y asegurarse de que a la vez se abstengan de desarrollar armas nucleares, el TNP se apoya en la OIEA, que realiza monitoreos periódicos en los países signatarios. Más allá de Irán, los inspectores de la OIEA han señalado actividades que podrían sugerir intentos por desarrollar armas nucleares en otros países. Por ejemplo, la OIEA expresó en 2004 su preocupación por las actividades no reportadas de reprocesamiento de plutonio y enriquecimiento de uranio que había desarrollado Corea del Sur durante las dos décadas anteriores. El asunto, sin embargo, fue archivado y no se volvió a hablar sobre él.

En contraste, las amenazas e imposición de medidas coercitivas a Irán condujeron a la firma, en 2015, del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés). Mediante ese acuerdo con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad y con la Unión Europea, Teherán aceptó limitar considerablemente su derecho a enriquecer uranio a cambio del levantamiento de algunas sanciones internacionales. Sin embargo, tres años después, el Presidente de EE. UU., Donald J. Trump, se retiró del acuerdo, y revivió la amenaza de una acción militar contra Irán. A pesar de ello, este año comenzaron unas nuevas negociaciones entre Washington y Teherán, las cuales demostraban la apertura de Irán a adquirir compromisos adicionales a los adquiridos en el marco del TNP. Por lo tanto, antes de los ataques israelíes, las preocupaciones sobre el programa nuclear iraní estaban, desde el punto de vista de la agenda de no proliferación, encaminadas a resolverse.

En conclusión, la continua presencia de armas nucleares, la negativa de varios Estados a adherirse al Tratado, la tolerancia de la OIEA hacia actividades comprometedoras por parte de algunos Estados miembros y la disposición de Teherán de adquirir compromisos adicionales demuestran que la obsesión con Irán no surge de un análisis riguroso sobre las amenazas al régimen internacional sobre armas nucleares. Así, la explicación sobre los ataques israelíes habría que buscarla en otro lugar, como en los intentos desesperados de Netanyahu por permanecer en el gobierno y por eliminar cualquier oposición al proceso de despojo y expansión colonialista en Palestina, lo que lo lleva desdeñar la vida de decenas de miles de personas y a precipitar una crisis militar de alcance global.

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