En agradecimiento a la Asamblea Separatista, a las MOFCPyS, a las profesoras y estudiantas que luchan

Mientras escribo suena Hijas de esta Era, de María Ruiz.

Sé que a esta hora estaría en clase, en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), (co)impartiendo la materia de Violencias contra las Mujeres: Genealogía, Actualidad y Resistencias en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS). Además, en estos momentos, mi abuela Esperanza recibe un homenaje a miles de kilómetros, en tierras castellanas. El momento me lo pide y escribiré de esto último primero: mi abuela es una de tantas mujeres nacidas en el campo, sin acceso a la educación, autodidactas y dedicadas a la crianza, en este caso de ocho hijxs. Es además una poeta, artista de la improvisación. De las que cantan: no sabes qué va a decir, a pesar de que algunas letras las aprendiera hace más de ocho décadas. Siempre hay estrofas nuevas, palabras para nosotras, sus nietas. Entremezcla versos y música, porque ésta es la que a menudo nos sostiene cuando la voz duele, cuando es alegre, cuando abraza.

Somos las hijas de la nueva Era,
las que encienden la palabra
pa’ que prenda todo afuera.

María Ruiz, Hijas de esta Era.

Hoy quiero hablar porque el silencio no es una opción cuando lo que está amenazándose es el trabajo colectivo de decenas de compañeras que pusieron el cuerpo (las cuerpas), su tiempo y todas sus energías para transformar nuestra Universidad. El sueño compartido fue, y es, habitar aulas libres de desigualdades de género, que sean espacios universitarios verdaderamente libres de violencias. Es también transformar nuestras vidas y las de aquéllxs que nos rodean y, con ello, cambiar el mundo. Este sueño colectivo se entretejió para varias de nosotras gracias a la Asamblea Separatista y a las Mujeres Organizadas de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (MOFCPyS). Sabemos, además, que antes de ellas también se organizaron colectivas como la NO-FCPyS, o el Grupo de Acompañamiento Político a la Familia de Lesvy. Es gracias a todas que hoy seguimos defendiendo este sueño.

El contexto de violencia denunciado por las estudiantas.

Recuerdo el 5 de noviembre de 2019, porque fue entonces cuando la Asamblea Separatista de la FCPyS se autoconvocó, a raíz del paro feminista en la Facultad de Filosofía y Letras (FFyL) y de la denuncia por violación realizada el 14 de octubre por una estudiante del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Plantel Sur de la UNAM. Las estudiantas llevaron a cabo un cacerolazo dentro de las instalaciones que concluyó con la toma de éstas, tras la hostilidad que encontraron al llegar al principal edificio administrativo. Durante varios días convocaron a asambleas, organizaron diversas actividades y redactaron el “Pliego de Exigencias de la Asamblea Separatista”. Tras varios comunicados, el 15 de ese mismo mes se llevaron a cabo unas mesas de diálogo públicas, donde se firmaron los acuerdos entre la Asamblea y las autoridades de la FCPyS. Fue entonces cuando iniciaría el andar de la materia Violencias contra las Mujeres, de la que hoy quiero hablar, como parte del compromiso colectivo por prevenir y erradicar las violencias de género en la Universidad.

Hay un horizonte detrás 
de cada paso que das
y aunque nos quieran romper siempre guardamos la fuerza infinita
de quienes pelearon ayer.

María Ruiz, Hijas de esta Era.

Esta asignatura es hija, nieta, fruto de la digna rabia. Se nombró así porque las estudiantas sintieron la urgencia de que fuera de las violencias de lo que se hablara. Tiene además en su título tres palabras más: genealogía, actualidad y resistencias. Genealogía para conocer la memoria, actualidad para analizar el presente, resistencias para aprender desde ellas. Durante meses nos reunimos para gestarla. Lo hicimos dentro de la Facultad gracias a la toma de las instalaciones que hicieron las Mujeres Organizadas (MOFCyS), sostenida entre el 31 de enero y el 31 de abril de 2020. Ellas mantuvieron el dedo sobre el renglón en los acuerdos firmados, sumaron demandas y permanecieron articuladas en solidaridad con otras mujeres organizadas, ya que había paros como el de la Facultad de Filosofía y Letras que se mantenían activos desde el 4 de noviembre del año anterior u otros que no tenían resueltas sus demandas desde antes del periodo vacacional, como la Preparatoria núm. 3. De hecho, no olvidamos que hubo más de una decena de Preparatorias, CCH, Escuelas y Facultades de la UNAM paradas esos meses.

Llegó la pandemia de COVID-19 y nos encerró en casa… a las profesoras, porque las estudiantas ahí seguían en la Facultad aun con restricciones sanitarias, recordándome ese “No pasarán” de las ancestras republicanas. Así, con mucho trabajo conjunto, en junio ya estaba la propuesta colectiva acordada y revisada para la asignatura: tendría una primera unidad para hacer memoria desde los feminismos y compartir herramientas conceptuales; una segunda, centrada en el análisis de distintos tipos de violencias de género; y una tercera, enfocada en las resistencias y las alternativas. Tras varias revisiones y seguimiento administrativo, estaba lista para comenzar a (co)impartirse en septiembre de ese 2020 inolvidable. Junto al programa de la asignatura, decidimos los perfiles profesiográficos y acordamos realizar cursos de actualización docente para aquellas profesoras que quisieran (co)impartirla. Hicimos el primer curso, nos tallereamos entre todas compartiendo herramientas pedagógicas, actividades, lecturas. Era bello estar entre mujeres tan sabias dispuestas a colaborar y (des)aprender juntas.

Organización de las comisiones de trabajo de estudiantas y profesoras.

Comenzamos las clases en línea haciendo sesiones comunes, en las que juntábamos los grupos del mismo horario e invitábamos a más compañeras. Transformamos nuestras herramientas pedagógicas: combinábamos presentaciones teóricas con ejercicios prácticos, con la visualización de películas, la elaboración de líneas del tiempo colectivas, la escritura de poemas o la escucha y análisis de canciones. Teníamos reuniones periódicas y evaluábamos la experiencia docente al final de los primeros semestres. La materia nos permitió abrir espacios para hablar de violencias sin reproducirlas, por lo que cuidamos la relación de mayor horizontalidad y respeto mutuo con las profesoras adjuntas. Además, la vuelta a la presencialidad nos permitió estirar y relajar las cuerpas en el salón de clase, bordar de la mano de Las Siemprevivas al hablar de feminicidio y llevar a cabo ejercicios de teatro de las personas oprimidas. Pudimos visitar exposiciones como la de “¡Juntas! Manifestaciones feministas y la apropiación del espacio público”, lograda por las Mujeres Organizadas de la Facultad de Arquitectura (MOFA); “Maternar”, en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) de la UNAM; “¡En la calle y en la Historia! 40 años de lucha feminista mexicana”, en la Casa del Lago; o “Siento, luego resisto: paisajes transensoriales de las violencias de género”, en la Casa del Tiempo de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).

Somos las que quieren 
echar abajo el sistema 
que está asfixiando la vida, 
las del arte por bandera.

María Ruiz, Hijas de esta Era.

Aunque no todo era siempre hermoso: teníamos ya indicios de que la nueva administración de la Facultad no tenía intención de respetar los acuerdos firmados. Primero, impusieron a una profesora en la planta docente de la materia; luego, a otra, y después sacaron a una compañera. Esto pasó a pesar de que el acuerdo colectivo era formarse por medio del curso de actualización mencionado. Firmamos un comunicado público en protesta. Habíamos anunciado nuestra existencia y nuestro trabajo tanto al Consejo Técnico como a la Comisión de Formación en Género, pero nadie nos reconoció como un grupo colegiado que mereciera respuesta. Luego resultó que no era buena idea que nos reuniéramos. Si nos reuníamos, llegaban profesoras o administrativas cercanas a la Dirección a decirnos que no éramos “representativas”. Resultó que no era necesario que discutiéramos juntas sobre cuándo y cómo hacer obligatoria la materia, tal y como estaba en los acuerdos firmados, que podría haber sido tronco común, en lugar de requisito de permanencia. Paulatinamente vimos que ya no podíamos reservar espacios para actividades académicas, que convocar a cualquier actividad era percibido como una afrenta hacia la actual administración.

Y llegó mi turno. Hace unos días supe que no me programarían como profesora de Violencias contra las Mujeres y tampoco de la otra materia que impartía, Las Perspectivas de Género en el Análisis de las Relaciones Internacionales, la de mayor antigüedad, también feminista. Es decir, me alejaban de las aulas en las que un día como hoy estaría. Ningún argumento académico. Únicamente asignarían mis grupos a esas profesoras, cercanas a la Dirección, que tristemente ocupan un lugar en la Universidad en un uso arbitrario del Subprograma de Incorporación de Jóvenes Académicos de Carrera (SIJA). Si no fuera suficiente lo que habíamos vivido, pretendían seguir enfrentándonos a ellas, reproduciendo lo más perverso de la lógica patriarcal. Ante ello, hice lo que aprendí con las amigas: que los problemas se resuelven juntas. Escribimos una carta al Consejo Técnico pidiéndole reconsiderar mi programación y abogamos por la apertura de grupos. No cuestionamos a las profesoras incorporadas, sabíamos que la necesidad de la comunidad y la nuestra era la apertura de grupos, la generación de espacios donde hablar crítica y a la vez cuidadamente de las violencias.

“¡Imposible! ¡La Facultad no puede abrir un grupo más!”, escuchamos una, otra y otra vez más en boca(s) de la administración. Hasta la Reserva Ecológica junto a la que se encuentra la Facultad era para ellas un problema porque no permitía el crecimiento necesario para dar una clase más. Decidimos entonces seguir haciendo lo que sabemos: avisar a las compañeras, las que no nos dejarían solas. Juntas entregamos una carta a Rectoría con más de dos centenares de firmas solicitando, entre otros asuntos, dicha apertura de grupos.

Quizás entonces pensábamos que habíamos visto sobrepasar todos los límites de la arbitrariedad, pero llegó el momento de escuchar, ¡oh, sorpresa!, que la Dirección había decidido abrir un nuevo grupo en el último momento de la programación de este semestre, pero para una docente de la Facultad de Arquitectura (quien muy probablemente no tiene todo el antecedente de lo que estoy contando). Sí, de Arquitectura. ¿Por qué ese empecinamiento por sustituirnos cuando estábamos ahí, con nuestro trabajo, compromiso y cariño dispuestas a sostener la materia? ¿Por qué pareciera que no importan los perfiles profesiográficos, la formación, la experiencia, cuando lo que investigamos son la teoría y prácticas feministas?

Se me están sublevando las ganas,
como decía la Gata Cattana,
que hablen los pueblos,
que hablen las plazas.
Se oye censura en la casa.

María Ruiz, Hijas de esta Era.

En este punto cualquier ávida lectora se habrá dado cuenta de que llegamos a los límites del aguante. Trabajamos cuatro años para construir un espacio libre de violencias, no lo respetaron. Intentamos mantener las formas institucionales, no fue suficiente. Llegó entonces el momento de nombrar a los cuatro vientos que son responsables de lo que nos están haciendo. Pues la apropiación de nuestro trabajo, la simulación y la corrupción en temas de género es violencia institucional. Y no es menor el daño. Éste no sólo es a una docente que hoy no estará con sus estudiantes; no es sólo a un grupo de jóvenas y profesoras que soñaron juntas con espacios libres de violencia, y los crearon; no es sólo a la UNAM. Es a todas las semillas que no se sembraron, todos los poemas que no se escucharon, toda la libertad que no se hizo posible porque nunca se pudo hablar de ella. Es la complicidad, retorcida, cínica, corrupta y violenta de quien intenta usar las luchas del feminismo para reproducir el patriarcado.

El silencio, por lo tanto, no es una opción.

Con amor, a:

… las que cuidan, las que siembran en la escuela la semilla, 
de todas las almas libres que libres queremos la vida.
Hay un horizonte detrás 
de cada paso que das
y aunque nos quieran romper siempre guardamos la fuerza infinita
de quienes pelearon ayer.

María Ruiz, Hijas de esta Era.
Actividad de fotobordado feminista abierta a la comunidad de la FCPyS.

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