Quienes firmamos este texto somos parte de “Narrativas de fronteras”, un grupo de investigadoras de diferentes disciplinas y partes de América Latina. Nos conformamos como una colectiva que ejerce autocuidado epistemológico y, al mismo tiempo, activismo sentipensante. Frente a una academia que ha intentado comprender las migraciones desde lugares verticales, masculinos, extractivistas, blancos, así como a partir de las supuestas objetividades y otras posiciones que exacerban las desigualdades, nosotras le apostamos al diálogo entre compañeras, practicando la escucha radical y poniendo el cuerpo desde lo que nos atraviesa. Creamos este espacio para discutir entre mujeres nuestro trabajo de campo, nuestras obras escritas y nuestras iniciativas feministas en diálogo con mujeres, varones y con las disidencias sexual y de género que transitan por los corredores migratorios en los que vivimos, sufrimos y nos reinventamos.
En junio de 2024, hicimos realidad un sueño: cruzar fronteras para escuchar y hablar con investigadoras y migrantas de otras geografías. En un enorme esfuerzo que implicó aprendizajes, angustias, desvelos y mucha emoción, logramos realizar la tercera edición de nuestra seminaria, enfocada en narrar historias de fronteras desde los feminismos. En esta ocasión, aunque la sede fue Bogotá, recibimos nuevamente el apoyo de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, y se sumaron a la organización la Universidad Nacional de Colombia y el Museo Nacional de Colombia. Todo esto se sostuvo y se concretó con el trabajo de autogestión y organización de la colectiva.
Queríamos escuchar desde las voces que no sólo racionalizan las migraciones, sino que las sentipiensan. Más allá de reportes de agencias internacionales, de noticias en los medios mainstream, queríamos conocer a colegas que comparten el deseo de que la academia tenga sentido. Estiramos el tiempo lo más que pudimos para que en las cuarenta y ocho horas que duró el seminario —17 y 18 de junio— pudiéramos sumergirnos en los saberes y experiencias de nuestras compañeras.
Este año, como en las seminarias pasadas, incluimos una parte formativa y una parte dialógica. Pero esta vez se sumaron también dos espacios más. El primero fueron los cabarets migrantes, una manera de compartir aquellas herramientas epistémicas que confrontan y desbordan los métodos académicos formales El segundo fue el homenaje a la vida y obra de nuestra querida compañera, la antropóloga mexicana, Valentina Glockner.
Durante todas estas secciones que configuraron la tercera seminaria escuchamos y sentipensamos en torno a una diversidad de investigaciones que abordan resistencias, reexistencias, securitización, criminagración, perspectivas feministas, (trans) feministas, antifronteras, cuidados, desplazamientos forzados y metodologías feministas, éticas, activismos y justicia epistémica en los estudios sobre migración.

En esta tercera edición iniciamos nuestras jornadas con una carta de amor. Fue así porque en la primera edición nos enamoramos: (in)conscientemente nos declaramos amar, así en infinitivo más el pronombre reflexivo -nos: amar(nos). Y ¿por qué escribimos cartas de amor? Porque el amor moviliza. Una académica peculiar, pero teórica potente del amor, bell hooks (2022), dice que “no puede haber amor sin justicia”. Y una de las justicias que perseguimos es la justicia epistémica.
Por ello, hacemos un recuento de lo que hemos puesto en práctica para construir una comunidad afectiva más que una comunidad epistémica, como una estrategia para hackear la academia neoliberal. A finales de los ochenta, Peter Hass acuñó el término “comunidades epistémicas” para referirse a una forma particular de red de expertos que, a la vez que comparten un entendimiento del mundo, tienen influencia en las políticas de los temas en los que se especializan. En el estudio de las migraciones, el “migration knowledge hype” se erige sobrela episteme de la “migración segura, ordenada y regular” que produce conocimiento a través de la estandarización de los protocolos sobre los estudios de la movilidad y el perfilamiento de las migraciones como un objeto estable de investigación. Dicha producción —con sus filtros raciales, sexuales, de género y morales— es usada como el pedestal desde donde se “habla en nombre de…” o se “actúa en representación de…” (Casas-Cortés, et. al., 2015: 63).
Nuestra propuesta responde al contexto de competencia en el que aprendimos; por ello, tenemos claro que no estamos revelando algo novedoso y que la reflexividad se conforma desde el pensamiento-acción de las que nos anteceden. Sin embargo, estamos sentipensando lo que se ha normalizado y que reproduce la investigación tradicional: del impacto de la mercantilización del conocimiento, a las violencias académicas y epistémicas; de las heridas que dejan las lógicas de guerra de “defender” nuestras investigaciones, a la soledad y afecciones que nos genera el se nos orille a pensar desde lo individual; de la higienización a la neutralización de nuestros afectos. Ese es el contexto desde el que venimos pensando(nos), cuestionando(nos) acerca de, por ejemplo, nuestras formas de construir un espacio seguro cuando convocamos y de cómo tratamos de sostenerlo.
Escuchar(nos). Los mutismos tienen un porqué en la academia, y los reencuentros con nuestras propias voces, por medio del eco colectivo, o del mismo silencio por momentos, o de la armonía de nuestras voces nos desbordaron, pero también nos reconfortaron. Como sugirió Gloria Anzaldúa, hay que “vencer la tradición del silencio”, porque el disciplinamiento de la lengua y de la pluma en la academia no pasa sin dejar huellas. Pensamos en esos versos de Irena Klepfisz, citados por Anzaldúa (2016):
“Y nuestras lenguas se han quedado secas lo salvaje se ha secado en nuestras lenguas y se nos ha olvidado hablar”
Pasamos del miedo a que se te quiebre la voz, a permitirnos habitar los temblores mientras hablábamos de nuestros sentipensares, nuestros miedos y nuestros duelos. Pero, si hablas y nadie escucha la luz y las ganas se nos apagan; por eso hacemos todo nuestro esfuerzo por ejercer la escucha radical, pues “hablar es una forma de hacer comunidad” (hooks, 2022). Y poner el amor por delante implica escuchar “incluso cuando duele” (hooks, 2022: 180).
Curar(nos). También las heridas y los miedos aglutinan. Nos han conectado y nos han convocado a crear comunidad. Somos una comunidad afectiva que busca curarse colectivamente, porque “es muy raro sino imposible que alguien se cure en estado de aislamiento” (hooks, 2022: 232). val flores (2016) ha sostenido que al hacernos conscientes de “los diferentes estados de nuestro cuerpo” reconocemos también “nuestras afectaciones ante el antagonismo del mundo”; y que este reconocimiento es al mismo tiempo “una práctica de cuidado de sí y de cuidado colectivo”.
Por eso, en 2022, pusimos en práctica perder el miedo a la cercanía física después de una pandemia global. Nos hicimos conscientes en Poch@ House de cómo también pensamos con el cuerpo; porque hacemos nuestras investigaciones con un nudo en la garganta, con dolor en el estómago, con manos que tiemblan y con lágrimas. Así, desde la parte formativa del seminario, buscamos conectarnos corporalmente, romper la distancia, una práctica sumamente extraña en la academia del individualismo. En 2024 desafiamos la distancia cruzando fronteras para seguir potencializando nuestro proceso curativo con (nos)otras .
Nos curamos al escuchar(nos), porque como creemos en la capacidad chamanística del relato para transformar a quien narra y quien escucha (Anzaldúa, 2016: 120). Nos curamos también al escribir(nos) intensamente y sin tantos convencionalismos, porque “escribir sin imperativo burocrático-administrativo es una práctica vital, un modo de lectura, un modo de la sensibilidad epistémica, un modo de la escucha” (flores, 2016). Pero sobre todo nos curamos en colectivo, nos curamos a través del acompañar(nos) y acuerpar(nos), porque tenemos la tranquilidad que da estar en manada. Porque dentro de todo un mundo lleno de aniquilación se puede apostar por “hacerse cargo de la tristeza colectivamente” (bergman y Montgomery, 2023: 24) para que no se nos muera el espíritu. Porque, como decía Valentina Glockner, “por cada práctica de muerte, existen prácticas de solidaridad”.
Amar(nos). Este tercer seminario hicimos un pacto de (auto)cuidado colectivo y una manera de sostenerlo es la apuesta por la práctica del amor como forma de subvertir la esterilización de los afectos en la academia, porque, como lo dijo Alexandra R. DeRuiz (2023) en “Crucé la frontera en tacones”, el amor es un “sistema de resistencia” (117). Si bien el pacto lo hicimos ahora, es algo que venimos pensando ante el desbordamiento de la primera seminaria y los efectos físico-emocionales de esa y las dos seminarias siguientes. Sin amor “todo es inmovilidad y silencio”. El amor propulsa y, si lo practicamos en comunidad, “nos acompaña a donde vayamos” (hooks, 2022: 211). Pero, insistimos, el amor de verdad es verbo porque se tiene que practicar. Una de esas prácticas es la de cuestionar(nos) y situar(nos). Mirar hacia adentro puede ser sumamente incómodo y profundamente doloroso. Pero, para “hacernos cargo de nuestra posición situada y poner el cuerpo”, como lo han enseñado entre otras compañeras las trans* (Stone, 2020), se debe ejercer “un partir de sí, para no quedarse en sí” (flores, 2016). En este ejercicio radical de conocimiento situado reconocemos que nos atraviesan la precarización, el racismo, el cisheterosexismo, el empobrecimiento y la migración. Por eso estudiamos lo que estudiamos, porque nos mueve la rabia, la alegría y la esperanza. Y “la apuesta por la alegría es, radicalmente, la apuesta por la vida, y a la vida hay que sostenerla siempre en colectivo” (bergman y Montgomery, 2023: 20). Porque lo que se siembra y se cuida florece.
Tal vez estas prácticas contribuyan a la desmitificación de la “autoridad académica”, ese lugar totalmente situado sobre quién tiene permiso de producir conocimiento bajo la lógica de la objetividad y racionalidad absolutas guardadas sobre todo para hombres y algunas mujeres vocer*s del norte global. A la vez que buscamos deconstruir las formas de hacer ciencia, seguimos deconstruyendo y sanando nuestras heridas, nuestras angustias, nuestros miedos y fatalismos. Tenemos más preguntas que certezas; pero si lo que dicen bergman y Montgomery en su libro “Militancia Alegre” ––donde buscan romper con el “radicalismo rígido” y apuestan por los afectos, en especial la alegría, como motor de movilización–– (2023: 21) sobre que “la certeza paraliza la imaginación” pues “desde la certeza, ya no hay espacio para la duda, los cuestionamientos o el no-saber” entonces, el horizonte parece prometedor.
Esperamos que estas reflexiones sirvan para reforzar la invitación que hicimos en esta tercera seminaria de experimentar desde nosotras mismas, de buscar desplazamientos de nuestros lugares geográficos y lugares simbólicos que nos lleven a contribuir a la justicia epistémica, teniendo siempre en cuenta lo que dicen las zapatistas: “cuando estamos juntas somos asamblea; cuando estamos a la distancia somos red”. Nosotras somos la academia y la estamos hackeando; es decir, modificando desde adentro al poner cuerpo, corazón, energía, frustración, cansancio, llanto y un chingo de amor.
Comité científico-técnico de la 3era ed. de la seminaria
Carolina Aguilar Román, Andrea Covarrubias Pasquel, Patricia Itzel Díaz Soto, Cindy Espina, Marissa Gálvez Cuen, Juliana Vanessa Maldonado Macedo, Andrea Itzel Padilla Mireles, Claudia Pedone, Victoria Ríos-Infante, Gabriela Ríos-Infante, Gabriela de la Rosa, Amarela Varela Huerta y Lady Junek Vargas León.
Referencias
Anzaldúa, G. (2016). Borderlands/La Frontera. The New Mestiza. Capitán Swing.
bergman, c. y Montgomery, N. (2023). Militancia alegre. Tejer resistencias, florecer en tiempos tóxicos. Traficantes de sueños.
Casas-Cortes, M., Cobarrubias, S., De Genova, N., Garelli, G., Grappi, G., Heller, C., Hess, S., Kasparek, B., Mezzadra, S., Neilson, B., Peano, I., Pezzani, L., Pickles, J., Rahola, F., Riedner, L., Scheel, S., & Tazzioli, M. (2015). New keywords: Migration and borders. Cultural Studies,29(1), 55-87. https://doi.org/10.1080/09502386.2014.891630
flores, v. (2016). Saberes desbiografiados para una ars disidentis. Disponible en: https://www.bibliotecafragmentada.org/saberes-desbiografiados-para-una-ars-disidentis/
hooks, b. (2022). Todo sobre el amor. Paidós.
R. DeRuiz, A. (2023). Crucé la frontera en tacones. Crónicas de una TRANSgresión. Egales Editorial.
Stone, S. (2020). La guerra de deseo y tecnología (y otras historias de sexo, muerte y máquinas). Holobionte Ediciones.
