Hace catorce años falleció Bolívar Echeverría, uno de los filósofos latinoamericanos más importantes. A manera de conmemoración, este año vio la luz un libro coordinado por Borja García Ferrer: Crítica y resistencia. Legados de Bolívar Echeverría frente a la crisis civilizatoria, publicado por la Universidad de Granada, España, el cual contiene trabajos de autores de diversos países. El libro fue presentado en México hace poco más de un mes, en el marco de un coloquio internacional que tuvo lugar los días 5 y 6 de junio, coordinado en colaboración con Diana Fuentes por parte de la UNAM, y cuya intención era seguir celebrando la obra y figura del filósofo de origen ecuatoriano.

Lo primero que llama la atención de este libro y de este coloquio es la presencia mayoritaria de autores latinoamericanos. Esto demuestra que Borja García Ferrer, filósofo de la Universidad Complutense, además de ser un buen conocedor de la obra de Bolívar Echeverría, conoce también al dedillo a los autores que de alguna manera se especializaron en su pensamiento. Y ¿qué dicen estos autores? Dado que resulta imposible resumir todos sus planteamientos, intentaré al menos resaltar algunos de ellos. Tal como veremos, en general no se conforman con repetir las ideas de Bolívar Echeverría, sino que buscan desarrollarlas creativa y sagazmente.

El libro está estructurado en cuatro partes 1. Heurística de la crisis. Usos de Marx y la teoría crítica, con textos de Aureliano Ortega Esquivel, José Guadalupe Gandarilla Salgado, Jorge Veraza y Oliver Kozlarek. Aquí se trata de la forma en que Bolívar Echeverría, con base en la teoría de Marx, concibió la crisis estructural del capitalismo como una situación límite. Jorge Veraza extiende el concepto de ‘crisis económica’ a la crisis cultural. Por su parte Oliver Kozlarek estudia la relación del autor ecuatoriano-mexicano con la Escuela de Frankfurt, destacando el modo en que se fue configurando el compromiso ético de Bolívar Echeverría con una crítica radical al sistema capitalista.

 II. Radiografía de la crisis: perspectivas críticas y emancipatorias, con textos de Pedro Enrique García Ruiz, Lucía Linsalata, Diana Fuentes, Pablo Guadarrama y Dante Ramaglia. Se trata de analizar los diferentes momentos, tipos o concreciones históricas de la modernidad. Diana Fuentes se refiere a la estructura técnica del proceso de reproducción capitalista. En este sentido, rompe con los lugares comunes que sólo explican la crisis financiera y económica. Por su parte, el filósofo cubano Pablo Guadarrama señala que lo importante de la obra de Bolívar reside en su distanciamiento de la democracia liberal y en su apertura a la necesidad de una revolución social para lograr la libertad y la justicia social.

III. Ethos barroco, mestizaje cultural y la cuestión latinoamericana. Con textos de Carlos Rojas Osorio, Lorena Escudero Durán, Andrea Torres Gaxiola, Óscar Llorena Borja, Romer Hernández Silva y Samuel Arriarán. Aquí se trata de la cuestión del barroquismo. Carlos Rojas plantea que en la obra de Bolívar hay una alternativa de modernidad no capitalista. Según él se trata de una “transmodernidad”. Lorena Escudero destaca el concepto de ‘valor de uso’ como base de un proceso de resistencia en oposición al proceso de blanquitud. Por su parte Andrea Torres, Óscar Llerena, Romel Hernández y Samuel Arriarán enfatizan el proceso del mestizaje latinoamericano como estrategia anticapitalista.

Y, finalmente: IV: Técnica moderna, devastación de la naturaleza y transformación de la temporalidad, con textos de Iván Carvajal, Héctor García Cornejo, Santiago Cevallos González, Isacc García Venegas, Daniel Inclán y Vladimir Sierra. En este apartado se tratan problemas como el papel de la tecnología y la destrucción del medio ambiente, incluyendo el racismo que, como dice Santiago Cevallos, resulta un “elemento constitutivo y por tanto, indispensable de la modernidad capitalista”.

Así pues, vemos que la obra de Bolívar Echeverría cobra actualidad a medida en que es leído y discutido en varios países latinoamericanos, así como en España y otros lugares de Europa, además de Estados Unidos. Pero ¿qué es lo que hace que esta obra sea discutida a nivel internacional? Sin duda son sus ideas originales sobre la crisis civilizatoria como crisis de la modernidad capitalista. Hoy, después de catorce años de su fallecimiento esta crisis no ha hecho más que profundizarse a un grado extremo. Entre los acontecimientos que expresan su grado de profundidad están las guerras en Ucrania, en Gaza, el desastre ecológico, la pandemia del COVID, el racismo, etc. Bolívar ya vislumbraba que sobrevendrían guerras y catástrofes de todo tipo, como las anteriores, las cuales han puesto en riesgo no sólo a las clases sociales o a los pueblos de América Latina, sino a toda la humanidad.

Según Borja García Ferrer, nunca antes presenciamos un tipo de Estado mundial tan semejante al régimen fascista, que bloquea todo esfuerzo de emancipación y de cambio social. Varios autores del libro y participantes del coloquio han coincidido en señalar el cambio a un tipo de gobierno más autoritario. Lo que tenemos entonces es un cuadro apocalíptico de la sociedad actual, aunque no es muy seguro que dicho cuadro esté ya trazado en la obra de Bolívar Echeverría.

Lo que sí encontramos en su obra es una propuesta alternativa de modernidad, basada en el ethos barroco latinoamericano. Lo anterior confirma que el pensamiento de Bolívar es muy afín al político y estético de Adolfo Sánchez Vázquez, quien no se conformaba con una visión nihilista o carente de esperanzas. Desde una filosofía marxista no identificada con el modelo del “socialismo real” (es decir de aquel seudo-socialismo que se derrumbó estrepitosamente en la ex Unión Soviética), Bolívar plantea bien el problema de la necesidad de otra forma de modernidad, adecuada a las necesidades del desarrollo cultural de los países de América Latina. En este sentido son importantes sus reflexiones sobre otro tipo de modernidad que no se derive del modelo estadounidense —es decir, de un modelo basado en la acumulación del dinero y el productivismo económico—.

De acuerdo con la teoría de Bolívar Echeverría, puede haber una modernidad basada en el valor de uso y no tanto en el valor de cambio. Y ¿cómo se aplica su teoría a la modernidad de México? Considerando que, en el momento actual, el país, al igual que otros en América Latina, se orienta por un peligroso camino de modernización desarrollista y no de modernidad cultural, conviene recordar su pensamiento. Es ésa mi intención para el resto de este artículo, nacido en parte como diálogo con el libro Crítica y resistencia…

Según Bolívar, en México se pueden diferenciar cuatro tipos de modernidad:

  1. La primera modernidad del siglo XVII, caracterizada por una fusión entre la cultura española y la cultura indígena. Hay aquí una primera forma de mestizaje que se traduce en la posibilidad de un diálogo frente al proceso de exterminio de los indígenas. A esta modernidad la denomina “barroca”, porque es un intento débil de oposición a la modernidad capitalista.
  2. La modernidad propiamente colonial del siglo XVIII, la cual se impone después de la derrota de la primera modernidad barroca.
  3. La modernidad republicana, surgida después de las guerras de independencia y caracterizada por la imposición de las instituciones del liberalismo europeo. Se trata de un tipo de Estado acorde con las necesidades del libre mercado y del desarrollo industrial.
  4. La modernidad neoliberal, la cual se corresponde con la modernidad norteamericana.

(Lo que dice Bolívar Echeverría de la modernidad en México se puede, por cierto, aplicar a todos los países latinoamericanos, sin que sea necesario hacer tantas diferencias.)

Además de esta periodización de la historia, Bolívar compara lo sucedido en América Latina con la historia de la modernidad europea —específicamente la que se inaugura con el proceso de la Ilustración—, donde también existe una oposición entre los elementos culturales propios y los que se derivan del desarrollo del capitalismo. Esta comparación es importante, ya que alude a un conflicto fundamental entre la modernidad capitalista y la “antimodernidad”. Ante este desarrollo de la modernidad capitalista en América Latina, el ethos barroco representa otra forma de lo moderno. En el caso de los países europeos, ni siquiera hubo posibilidad de desarrollar una forma de modernidad alternativa, ya que el fuerte impulso de la cultura estadounidense avasalló las expresiones de las culturas locales. Esto no significa pasar por alto la existencia, en el pasado de Europa, de muchos vestigios de modernidades alternativas, pero lo que hay que considerar es, como dice Bolívar Echeverría, el hecho de que, en el presente, los países europeos cumplieron su destino aceptando la vertiente norteamericana.

No podemos afirmar que sucedió lo mismo en América Latina, pues vemos la supervivencia de muchos elementos culturales prehispánicos. O sea que, en la historia contemporánea, seguimos, según Bolívar, en la lucha básica entre modernidad y “antimodernidad”. En esta tipificación de la modernidad en los países latinoamericanos ¿qué lugar ocupan las culturas locales? Para los gobiernos que únicamente se orientan por el modelo de la modernización desarrollista aparecen como culturas condenadas. El pasado es algo que queda en el olvido. El modo en que Bolívar define el presente y el futuro sugiere que todavía hay alternativa no sólo para América Latina sino para todo el mundo.

Para comprender la posibilidad de una alternativa hay que hacer un esfuerzo de reflexión para diferenciar primeramente la modernidad de la modernidad capitalista. La primera es un modelo general, mientras que la segunda es sólo una forma de realización histórica. No debe confundirse el ideal con su encarnación en una realidad. Bolívar prefirió conceptualizar la modernidad capitalista como el proceso “realmente existente”. La modernidad como tal es algo más general que implica un sistema de larga duración y que no necesariamente se traduce como deformación y perversión capitalista. El concepto de modernidad de Bolívar implica un aspecto positivo, en la medida en que no se reduce a lo que sucedió empíricamente. No es un proceso inacabado, sino más bien un conjunto de posibilidades abiertas, una modernidad “múltiple”. No por el hecho de que la modernidad capitalista sea la que se realizó históricamente se puede deducir que hubo una eliminación de otras alternativas. Otras modernidades sobreviven como “antimodernidades”, en el sentido de que niegan el capitalismo y se proyectan en favor de la modernidad en general. La modernidad es una idea más amplia, que implica aspectos positivos para toda la humanidad.

Una de estas modernidades dotadas de vitalidad concreta es el ethos barroco, que consiste en un proceso de resistencia contra la devastación del núcleo cualitativo de la vida; una puesta en escena capaz de invertir el sentido de esa devastación y de rescatar ese núcleo, si no como acto en la realidad, sí como potencia emancipatoria. Si lo que actualmente vemos es la extinción de la modernidad capitalista, lo que nos queda entonces es mirar hacia la cultura que tenemos en México y en América Latina. No se puede negar la necesidad de revalorar nuestro ethos barroco y reexaminar sus posibilidades de conformar otra racionalidad y otra forma de organización social. En vez de una visión pesimista y nihilista de la cultura, se nos abre una perspectiva emancipatoria, puesto que se trata de otra modernidad todavía no realizada. El mestizaje ofrece la posibilidad de profundizar un horizonte cultural para impedir el racismo, el autoritarismo y la completa devastación social. 

Si el libro Crítica y resistencia. Legados de Bolívar Echeverría frente a la crisis civilizatoria y el coloquio derivado demuestran la importancia y vigencia del pensamiento del filósofo ecuatoriano-mexicano, espero que este artículo contribuya en cierta medida a la necesaria revitalización y puesta al día de su obra, que tanto nos puede enseñar sobre la construcción de futuros alternos.

Author