Con el propósito de contribuir a la reflexión, reconocimiento y fortalecimiento de las prácticas educativas y de los saberes de las comunidades y pueblos originarios de México, el presente texto aborda en términos resumidos los principios universales presentes en Wejën Kajën, concepto de aprendizaje y vida que se puede traducir del mixe al español como “el acto o los actos de hacerse brotar, despertar, desenrollar, desamarrar, desatar de jää’y (persona-gente) en el tunk-pëjkk (trabajo y apropiación del trabajo) y en tsënää’yën-tanää’yën (en la vida y para la vida)” (Cardoso, 2008: 53).
Jää’y (persona-gente) es una entidad socionatural
Para el pueblo mixe y para los pueblos de origen precolombino, la persona-gente o el ser humano es una entidad socionatural, dado que vive y convive con las plantas y animales, con la tierra y el sol, con el agua y el aire… “La persona-gente es un hilo más con los cuales los seres vivos tejen su vida. La vida es como una especie de telaraña en la que todo está interconectado, lo que hace uno tiene repercusión positiva o negativa en los otros” (Cardoso, 2015:293).
Para el pueblo mixe, todo lo que existe tiene vida y esta cualidad es expresada de distintas maneras y en distintos lapsos. Aunque parezca que el ser humano es una entidad que se basta así misma, esto no es así, pues es parte de la Tierra: su cuerpo y su espíritu están constituidos de agua, de plantas y animales, del calor y la luz del sol, del aire en cada segundo de su vida. En el pueblo mixe, la Tierra tiene un lugar sagrado; así lo escribe Floriberto Díaz:
No es una locura ni una ocurrencia supersticiosa el que nuestros padres y madres nos hayan enseñado que hay que platicar con la tierra para trabajarla, o de que los árboles, las aves y los ríos son nuestros hermanos, y que nosotros debemos hacer ritos y ceremonias de vida por lo menos una vez al año para mirarnos y darnos cuenta que nuestra vida es el punto más pequeño en el cosmos, pero quizás uno de los más importantes de la creación.
En Robles y Cardoso, 2007: 52
Esta práctica de respeto a la Tierra no es exclusiva del pueblo mixe: Lenkersdorf (2005) documenta las prácticas de los tojolabales en las cuales la Tierra es la que alimenta a la gente mediante el maíz y es la que sostiene a la gente en una sola familia; por su parte Antonio Paoli (2003) escribe que los tseltales tienen vínculos con la tierra con una profundidad histórica en la que se enraízan tradiciones y experiencias sociales que son base de sus lenguajes y referencia obligada para dialogar y llegar a acuerdos; Eustaquio Celestino (2004) describe las prácticas rituales de la comunidad de San Juan Tetelcingo, estado de Guerrero, en las que la Tierra (Tlalticpac) y el Sol (Totatzin) son entidades importantes para la producción de maíz. En los rituales de agradecimiento y de ruego por los jilotes, la gente sahúma la milpa y con ramos de flor de pericón se dirige al cielo, al sol y a la tierra para acompañar o reforzar sus peticiones.
Puede verse, pues, cómo en varios pueblos se ratifica que el ser humano es un ser dependiente de los demás seres de la creación, y cómo sus hechos se explican en relación con los hechos no humanos. Desde esta perspectiva se entiende y explica el brotar, desatar (Wejën Kajën) de la gente. La persona no solamente dialoga con otras personas, también dialoga con la tierra, el viento y la noche; su mente está llena de imágenes de animales, plantas y elementos y fenómenos de la Tierra-Naturaleza (Cardoso, 2009); “el diálogo inconcluso es la única forma adecuada de expresión verbal de una vida humana auténtica. La vida es dialógica por su naturaleza” (Bajtín, 2005: 334).
Tunk Pëjkk (trabajo) es expresión de vida y es aprendizaje
Los aprendizajes y los conocimientos se construyen y reconstruyen en el trabajo, entendido éste como la realización secuenciada de las acciones, como la puesta en movimiento de las manos, de los pies, de las ideas, las reflexiones, los pensamientos y los sentimientos. El trabajo es expresión de vida, el trabajo recrea la vida.
En el proceso de realización de los trabajos, tanto de la gente como de las entidades de la naturaleza, tiene lugar el brotar y despertar de la gente, tiene lugar la reflexión.
Durante la siembra del maíz, del frijol, del chilacayote; en el corte y acarreo de la leña, se pone en acción la fuerza de los músculos, los sentimientos relacionados con la Tierra y las plantas. En estos hechos se ponen en movimiento los sentidos de la vista, del oído y del tacto. El trabajo es por excelencia la acción recreadora de la gente; por eso no se puede eludir cuando se refiere a las prácticas educativas de las comunidades y pueblos de origen precolombino.
La noción de que el trabajo es de vital importancia para la vida no es exclusiva del pueblo mixe. Jessica Martínez documenta las palabras de un anciano que pertenece al pueblo Achuar, Perú, en los siguientes términos:
Estoy pensando con el corazón, sintiendo que la escuela está dejando vacíos a mis nietos, veo crecer y crecer a mi nieto en vano, sin hacer lo que yo hacía a su edad; si él ya no aprende no podrá decir: mi abuelo así me enseñó, mi abuelo era cazador. Y sus hijos ya no podrán decir: así somos los Achuar. Los niños tienen que aprender de su padre y las niñas de su madre casi obligadamente.
(2008: 275)
La presencia del trabajo en el pueblo mixe, de acuerdo con las narraciones orales, no solamente sucede en esta vida, sino también en la otra vida (en la muerte), en la que las personas emprenden un largo viaje atravesando ríos y mares, asistidas por un perro negro que cuidaron en esta vida, colocando en su lugar las piedras que en esta vida rodaron por malicia o por juego, separando los granos de maíz por colores con la ayuda de las hormigas. El trabajo en la otra vida también está presente en otras culturas de origen prehispánico. Juan Núñez del Prado (citado en Bolin, 2006: 71) captó la presencia del trabajo después de la muerte en la cultura Andina:
Hanaqpacha (el paraíso andino) es un lugar de actividad agrícola, en el cual trabajan hasta los niños, y su condición paradisiaca recae en el hecho de que las tierras son abundantes y fértiles, y las cosechas no están sujetas a pérdidas o calamidades. Este concepto contrasta con el concepto occidental de paraíso, presentado como un lugar de descanso eterno.[1]
No solamente la gente trabaja en esta vida y en la otra vida: también trabajan la Tierra, el sol, la lluvia, el viento, los animales. El trabajo y los efectos del trabajo de las diferentes entidades que existen en el mundo y en el “universo polifacético” (Cardoso, 2009:52) son los que en interacción posibilitan la continuidad de la vida.
Un texto plasmado en una de las fachadas de las casas comunales de Tlahuitoltepec, refleja las bondades del trabajo y de Wejën Kajën:
Uu’nk unä’äjktë.
Yikyujtë tunk, wejtë kajtë,
ka’a jää’y xmëtuntëkë’ëtyët,
pënë myikmëtuntëkëëtyëpts, nakyupok’ëtë.
Ayukjää’y meets, kitiij xtatsë’ëtyuntë
jëts kitiij x’apaxtë.
Mkë’m näxkijxy meets yääj, kupoktë, kitiij xkëyäktë,
yë’ë yiktajujky’yäjtp.
Tu’ukyë mwënmää’ny xyikyë’ëtyët
Kitiij mnay’amëxänjää’ytyijyjyëtë
Mkäjpxtëp yë m’ayuujk
jëts ka’a mnay’ejxmä’ätëtët
Kitiij xtatsë’ëtyuntë ja majää’ytyëjk ja
tsyënää’yëntë tyanää’yëntë,
wëntsë’ëkëtë ja mayää’ytyëjk
jats nayjatë’n ja jujky’äjtën
xpäättët x’ejxtët.
Hijos, hijas.
Aprendan a trabajar, ¡despiértense!, ¡brótense!,
no le hagan daño a la gente,
pero si a ustedes los afectan, ¡defiéndanse!
Ustedes son Ayukjää’y, no se avergüencen de ello, no lo desprecien.
Esta tierra que habitan es de ustedes, ¡defiéndanla!, ¡no la entreguen! De ella vivimos.
Vivan y caminen con pensamientos de unidad, no anhelen ni se sientan españoles.
Hablen su propia lengua
para que no se desconozcan.
No se avergüencen de la vida de los ancestros,
respeten a las personas mayores,
así encontrarán y vivirán la vida.
El principio de continuidad cambiante
Al parecer, el cambio es una expresión de vida, es una constante en la vida. Lo importante aquí no es documentar el hecho cambiante de la vida, sino el sentido y los sentidos del cambio y de la continuidad que expresan las entidades humanas y no humanas. Mientras que los cambios de las entidades no humanas parecen relativamente comprensibles, los cambios y las consecuencias de los cambios producidos por los seres humanos se anticipan complejos.
Para comprender los cambios y las continuidades expresados en el pueblo mixe y en la comunidad de Tlahuitoltepec, es necesario describir algunas de sus características: cómo eran antes y cómo son actualmente.
En Tlahuitoltepec y en el pueblo mixe, incluso en otras comunidades de origen prehispánico, hubo un tiempo en que no había carreteras y vehículos; no había escuelas ni clínicas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS); no había casas de concreto de dos o de tres pisos, ni radio, ni computadora ni teléfono; no había religión católica, no había escasez de agua, no había tractores, no había motosierra, no había armas de destrucción masiva, no había partidos políticos.
Las personas y familias de Tlahuitoltepec y del pueblo mixe caminaban días, semanas y meses para comprar o intercambiar productos. Cuentan las personas mayores que viajaban a Salinacruz (käännëë’m) para traer sal, cuentan que también viajaban a la ciudad de Oaxaca (Wäjkwenp) y a la ciudad de México (Nëwenp), incluso también viajaban a comunidades guatemaltecas.
La gente aprendía a trabajar y a educarse entre sí en la vida y para la vida; su reloj era la luz y la sombra; su medicina, el mismo trabajo, el fuego y el agua, los vapores del temazcal, la esencia de las plantas, el diálogo con el viento, las ofrendas de respeto a la naturaleza.
La habitación de la gente era la misma naturaleza. La lluvia no dañaba, el lodo no era suciedad. Los troncos de árboles eran las paredes, las hojas de ocote o de zacate de maíz eran los techos. El fuego era la energía para la cocción de los alimentos.
El registro de los hechos, de los sentimientos, de los pensamientos y de los trabajos se hacía mediante la palabra oral. Las narraciones de hechos pasados y hechos futuros espejeados en el presente se comunicaban oralmente. Sorprende la narración de abuelos y abuelas mixes al referir el enojo de los comales y las ollas hacia las personas. Esta narración la encontramos en el Popol Wuj en las siguientes palabras “Los comales les hablaron de esta forma: Dolor y pena nos disteis. Nos quemasteis nuestras bocas y rostros, siempre los teníamos tiznados y siempre puestos al fuego, nos quemasteis y abrasasteis y así ahora os quemaremos a vosotros” (Saravia, 2007:14).
La espiritualidad estaba fundada en los ritos y ceremonias en los lugares sagrados, sobre todo en las partes altas del territorio; los ritos de petición estaban acompañados del sacrificio de aves, así como la ofrenda de alimentos y bebidas especiales.
En cuanto a la organización social, se puede inferir que todos y todas cumplían funciones orgánicas de acuerdo con la edad y las habilidades y destrezas.
La cuenta de los días, meses y años estaba fundada en el trabajo del sol, la luna, la tierra y los animales y las plantas.
Actualmente, en las comunidades mixes ya hay vehículos, tales como taxis, nissanes y volteos, entre otros, que transportan personas y productos. También hay clínicas del IMSS, aunque en la mayoría de los casos sin medicamentos ni personal adecuado.
En casi todas las comunidades hay escuelas de educación preescolar y primaria. También hay telesecundarias y bachilleratos, pero no en cada comunidad. Hay algunas instituciones de educación superior, como el Instituto Superior Intercultural Ayuujk (ISIA) en la comunidad de Jaltepec, la Unidad de Estudios Superior de Alotepec (UESA) y una pseudo extensión del Tecnológico Nacional de México, el llamado Campus Valle de Etla en la comunidad de Tlahuitoltepec, el cual, por no perder la costumbre, se sigue nombrando como Instituto Tecnológico de la Región Mixe (ITRM). Con la instauración de las escuelas se inaugura la educación áulica, descontextualizada y mutiladora de prácticas y conocimientos.
El celular y la internet son ahora medios de comunicación omnipresentes. En cada mano, en cada pensamiento o acción, el celular ocupa un lugar privilegiado. La velocidad de las acciones acorta las distancias y el tiempo.
Actualmente, además de la religión católica, están presentes las sectas evangélicas. Se puede decir que la gente ha preferido la convivencia entre la espiritualidad mixe y la religión católica.
En cuanto a la organización social y política, las comunidades mixes están influidas por el sistema de partidos políticos, que, a decir de sus promotores, trae consigo la práctica de la democracia y la era del verdadero cambio social e histórico, sobre todo para las comunidades indígenas y comunidades marginadas.
En el proceso de lectura de los cambios dados en los diferentes ámbitos de las comunidades del pueblo mixe, se pueden distinguir de varios tipos: entre ellos, cambios por decisión propia de las comunidades, cambios por imposición, cambios por desplazamiento y cambios por evolución natural, entre otros.
Desde su origen, la comunidad de Tlahuitoltepec ha cambiado de asentamientos por distintas razones, ha cambiado su léxico, han cambiado los discursos en los ritos y ceremonias, han cambiado sus fiestas, han cambiado sus prácticas con relación a la medicina y a la educación, han cambiado sus artefactos de trabajo.
A partir de lo expuesto, se puede afirmar que la vida de la comunidad de Tlahuitoltepec y de las comunidades del pueblo mixe es de naturaleza cambiante y continua.
En cuanto a ritos y ceremonias, por ejemplo, continúa en general el sentimiento de respeto y de pertenencia a la Tierra y a la Naturaleza, aunque hayan cambiado las palabras en los discursos, en los diálogos, y actualmente se usen bolsas de plástico para envolver los alimentos especiales. A pesar de que ya no es común la realización de rituales a los recién nacidos, la gente sube al cerro para darle a conocer a la Tierra el nacimiento de un nuevo ser.
El territorio de Tlahuitoltepec ha cambiado. En la década de los 60 y 70, se apreciaba mucha deforestación por abrir nuevos campos de cultivo. A partir de la década de los 80 la comunidad ha reforestado de manera significativa, y actualmente se observan terrenos con bosques de ocotes y encinos.
En términos generales, los cambios impuestos corrompen la vida en comunidad y generan problemas; sin embargo, y a pesar de todo, la continuidad de la forma de vida de las comunidades depende de la autovaloración, autoafirmación, identificación y, sobre todo, de la responsabilidad histórica de dejar huellas con hechos y pensamientos positivos a las generaciones que vienen.
La lengua mixe y las lenguas indígenas en general seguirán vigentes en tanto se sigan hablando y escribiendo, en tanto se sigan realizando las actividades donde están encarnadas las palabras, los discursos, los diálogos, los sueños, las aspiraciones.
El principio de comunero-comunera del planeta
La noción de comunidad no se reduce a las comunidades indígenas, la comunidad de escritores y poetas o las comunidades religiosas; también es necesario hablar de comunidad planetaria, por no decir comunidad cósmica. La comunidad planetaria está integrada tanto por jää’y (persona-gente, ser humano) y nääjx käjp (pueblos), como por la Tierra, las plantas y animales, el sol y la luna, el agua y el aire, entre otras entidades naturales. Es urgente educarnos para el ejercicio de nuestras obligaciones y derechos como comuneros y comuneras del planeta. Al parecer, son las comunidades y pueblos indígenas o pueblos nativos o autóctonos, como se denominen o los denominen —en términos de identidad atribuida— en las diferentes latitudes del mundo, quienes por responsabilidad histórica y humana conservan la mayor parte de los recursos de la naturaleza, vitales para la existencia de la humanidad. El comunero o comunera del planeta vive de los recursos de la naturaleza sin destruirlos: los cuida, los recrea y los defiende con el único propósito de preservar la vida de los habitantes del planeta que incluye a las diferentes entidades naturales y al ser humano.
En tanto comuneros y comuneras del planeta estamos obligados a cuidar con hechos concretos la vida de los seres vivos; por ejemplo, a no contaminar los arroyos, ríos, lagunas y mares, usando adecuadamente tecnologías amigables con la vida. Wejën Kajën (brotar, despertar) en tanto un hecho educativo específico y universal, reivindica no sólo aprender a cuidar los recursos naturales y humanos del mundo tangible, sino también la vida interna de jää’y (persona, ser humano), sus emociones, sus pensamientos, sus diálogos internos.
Brotar, despertar, desenrollar, desatar, estar educados implica hacernos de luz y sombra conscientemente para darnos cuenta de nuestras acciones y cómo sus consecuencias afectan a los habitantes del universo. Estar educados implica reorientar nuestros sentimientos, nuestros pensamientos y nuestras acciones para darle un lugar digno y respetuoso a la vida. No podemos hablar de educación armónica y humanista, educación para la paz y la solidaridad, educación democrática y sostenible, educación ecológica, educación con enfoque de género, cuando se están fabricando armas sofisticadas de destrucción masiva. Cómo hablar de desarrollo sustentable cuando se contaminan las tierras y mares con toneladas y toneladas de basura y desechos químicos; cómo hablar del respeto a la vida de los seres humanos si en diferentes partes del mundo mueren por hambre miles y miles de niñas y niños; cómo hablar de la atención a las comunidades y pueblos originarios si dichos pueblos son cada vez más empobrecidos y se les arrebatan sus tierras, sus recursos naturales, su vida mediante leyes que no son otra cosa que artefactos donde se plasman deseos e intereses con descaro y alevosía o con eufemismos de personas y grupos de poder, sin dimensionar las consecuencias negativas para la humanidad.
Referencias
Bajtín M. (2005). Estética de la creación verbal. Siglo XXI Editores.
Bolin, Inge (2006). Growing in a culture of respect: child rearing in Highland Peru. University Texas Press.
Cardoso, Rafael (2008). Wejën Kajën (brotar, despertar): Noción mixe de educación. Tesis de maestría. DIE-Cinvestav.
Cardoso, Rafael (2009). “Educación escolar y educación no escolar”. Revista Aquí Estamos, 6(10), 44-54
Cardoso, Rafael (2015). “Learning and Human Dignity Are Built Through Observation and Participation in Work”. Correa, Maricela, Mejía, Rebeca y Rogoff Bárbara ADVANCES IN CHILD DEVELOPMENT AND BEHAVIOR Children Learn by Observing and Contributing to Family and Community Endeavors: A Cultural Paradigm. Elsevier.
Celestino, Eustaquio (2004). Gotas de maíz. Jerarquía de cargos y ritual agrícola en San Juan Tetelcingo, Guerrero. CIESAS.
Lenkersdorf, Carlos (2005). Los hombres verdaderos. Voces y testimonios tojolabales. Siglo XXI editores.
Martínez, Jessica (2008). “La actividad mediada y los elementos del aprendizaje intercultural a partir de una experiencia educativa con maestros indígenas de la amazonía peruana” ertely, María; Gasché, Jorge; Podestá, Rossana (coords.) Educando en la diversidad cultural. Investigaciones y experiencias educativas interculturales y bilingües. Ediciones Abya-Yala.
Paoli, Antonio (2003). Educación, autonomía y Lekil kuxlejal: Aproximaciones sociolingüísticas a la sabiduría de los tseltales. UAM-Xochimilco.
Robles, Sofía y Rafael Cardoso (comps.) (2007). Floriberto Díaz escrito: Comunalidad, energía viva del pensamiento mixe. Ayuujktsënää’yën – ayuujkwënmää’ny–ayuujk mëk’äjtën. Programa Universitario Nación Multicultural (PUNM-UNAM).
Saravia, Albertina (2007). Popol Wuj. Antiguas historias de los indios quichés de Guatemala. Editorial Porrúa.
[1] La cita original está en inglés: “Hanaqpacha (the Andean heaven) is a place of agricultural activity in which even children work, and its paradisiacal condition lies in the fact that lands are abundant and fertile and harvests are not subject to losses or calamities. This concept contrasts with the occidental concept of paradise, which is presented as a place of eternal leisure”
