No sin polémica, el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), Centro Público de Investigación, lleva desde 2022 apostando por una relectura de Marx. A veinticinco años de iniciado el milenio, parece cada vez más creciente el interés por el estudio serio de los aportes del “moro” —así llamaban sus amigos a Karl Marx—, y de buscar comprender las dinámicas del capitalismo en sus términos. “El fin de la historia” augurado por Francis Fukuyama fue adoptado por el statu quo académico, pero la crisis financiera de 2008, sumada a otros eventos en el ámbito político y social —como los atentados contra las Torres Gemelas en 2001, la crisis ecológica y las rápidas transformaciones geopolíticas del mundo—, son algunos de los indicadores de lo necesario que resulta volver a pensar el capitalismo, como ese sistema en movimiento impulsado por la contradicción y el cambio. Ante la marginación de la crítica de la economía política de Marx en las academias y ante la emergencia de preguntas sobre nuestra actualidad que no encuentran tan fácilmente respuestas en diferentes enfoques de las ciencias sociales actuales, marcadas por el giro cultural y el individualismo metodológico, es que decidimos volver a Marx en el CIDE.
Desde el inicio de un seminario de lectura de El capital en 2022, en el CIDE ha habido polémicas constantes. Para un nutrido grupo de comentaristas, tanto internos como externos, el CIDE no era un lugar apropiado para leer a Marx, un pensador considerado obsoleto desde los años setenta, cuya relevancia para la disciplina ya había sido descartada. Si bien es cierto que, en el resto de los centros públicos del país, leer a Marx en el ámbito de las ciencias sociales y las humanidades es parte de una cierta normalidad, ello, efectivamente, no ha sido así en el CIDE. Este centro, una de las principales instituciones de educación superior en ciencias sociales en México y América Latina, ha tenido la particularidad, desde su fundación en 1974, de evolucionar de manera muy paralela a los grandes cambios institucionales del país, lo que lo ha sometido a un especial escrutinio sobre su orientación investigadora. Aunque la simple apelación a la libertad de cátedra y a la pluralidad de pensamiento en un centro público debería ser suficiente para zanjar el tema, en este texto se presenta brevemente la reciente historia de este seminario, además de reflexionar sobre las razones de esta polémica y el espacio que puede tener en un lugar como el CIDE.
El actual seminario de El capital es la evolución de aquel otro que arrancó el 14 de septiembre de 2022: Vuelta a Marx. Una lectura crítica del capitalismo contemporáneo, coordinado y organizado por Ruth Dávila y Óscar Rojas, bajo la administración del director del centro, José Antonio Romero Tellaeche. Más adelante se sumaron Carolina Hernández y Josafat Hernández. Entre 2022 y 2023, se llevaron a cabo reuniones mensuales del seminario, en las cuales se abordaron temas como la cuestión del método marxista, el concepto de abstracción en Marx, las clases sociales en el siglo XXI, las tensiones entre democracia y lucha de clases, o entre feminismo y marxismo, o entre trabajo campesino y acumulación del capital, entre otros. Entre las y los invitados a exponer en este seminario estuvieron Roberto Fineschi, Abelardo Mariña, Armando Bartra, Jesús Rojo, Oliver Kozlarek, Andrea D’Atri, Elvira Concheiro, Jíří Rúzicka, Abelardo Mariña, Beatriz Mingüer, Violeta Núñez, Patricia Viera y los propios Óscar, Carolina y Josafat, entre otros.
Después de un año y medio de sesiones mensuales, comenzamos el seminario Lectura, reflexión y análisis de El capital. Crítica de la Economía Política de Karl Marx. En él estudiamos, a la luz de las condiciones históricas actuales, las categorías que Marx desarrolla en esa obra, con el fin de problematizar cuestiones del capitalismo contemporáneo. El objetivo fue, entonces, el de constituir un grupo de investigación. Además, en el marco de este nuevo seminario también se llevan a cabo conferencias magistrales, en las que han participado ponentes como Álvaro García Linera, José Guadalupe Gandarilla y Patricia Legarreta, entre otros. Además de las sesiones de estudio, realizamos un taller cada fin de semestre, con el objetivo de presentar avances de investigación, ya de nuestras investigaciones en curso, ya de otras diseñadas exprofeso para el seminario. Entre las temáticas presentadas recientemente están los cruces entre marxismo y feminismo; las relaciones entre ideología, semiótica y lenguaje desde una mirada crítico-marxista; la ciencia, la tecnología y la inteligencia artificial en el capitalismo; ciertas reflexiones en torno al Estado; el problema de la desigualdad desde un enfoque marxista; la economía social y solidaria desde la crítica de la economía política; y algunas revisiones, desde la filosofía, en torno a las categorías marxistas. El objetivo es seguir abonando diferentes líneas de investigación que puedan inspirarse en la lectura de El Capital para proponer aportaciones teóricas y empíricas novedosas y en diálogo con la diversidad de aportaciones de esta tradición.
Uno de los problemas de muchos de quienes creen que leer hoy a Marx es una pérdida de tiempo radica en que, junto con ciertos supuestos sobre la racionalidad en el uso de modelos, también han integrado otros acerca de cómo funcionaba la historia de la economía. Paul Samuelson, el principal creador de la denominada “síntesis neoclásica” —una exitosa combinación de elementos de la microeconomía neoclásica con la macroeconomía keynesiana—, postuló también la idea de que la teoría económica había encontrado un consenso metodológico y teórico básico sobre el cual debía operar. El primer efecto de esta postura fue relegar a la heterodoxia marxista al terreno marginal dentro del campo de la economía. En 1987, impulsado por el optimismo en torno al fin de la historia, Samuelson acompañó esta postura con una reivindicación de una historiografía económica whig. Según esta visión, tal y como hizo la ideología whig con respecto a la política en el siglo XIX, la historia de la economía debía ser entendida como una progresión constante hacia teorías más precisas y útiles, lo que hacía innecesario mirar hacia el pasado. Sin embargo, la crisis de 2008 y la profunda autorreflexión en la que se sumió la disciplina a partir de entonces fueron erosionando gradualmente esta perspectiva. En los últimos quince años, ha comenzado a prevalecer la visión de aquellos que defendían la necesidad de una reflexión más abierta, que incluyera no sólo otras disciplinas, como la psicología, la clínica, la historia, la sociología o la comunicación, sino también nuevas miradas sobre el pasado, provenientes de otros continentes, así como perspectivas sociales y de género.
Hoy, con el regreso de Trump, este interregno iniciado en 2008 parece haber completado su transición, dando paso al nuevo orden mundial. Una globalización cada vez más fragmentada, la irrupción de nuevas formas y sistemas de inteligencia artificial y los nuevos oligarcas de los conglomerados digitales, junto con categorías emergentes como el tecnofeudalismo, parecen haber dado razón a la reformulación del aforismo de Jameson hecha por Evgeny Morozov: “hoy es más fácil imaginar el fin del mundo que la continuidad del capitalismo tal y como lo conocemos”. El mainstream actual, influyente en economía, está repleto de relecturas de Marx. No es posible entender al gran economista de las desigualdades globales, Branko Milanovic, sin su lectura de Marx. La propia Mariana Mazzucato, en una reciente conferencia en la UNAM, contó cómo terminó leyendo los tres volúmenes de El capital durante una estancia en esa misma universidad. “Me volví una apasionada del marxismo, porque era el único que de verdad hablaba del capitalismo y tenía a la tecnología en el centro del cambio”, dijo. La obra de los actuales premios Nobel de economía Daron Acemoglu y James A. Robinson tampoco se comprende sin su diálogo con Marx y sus lecturas sobre el papel de las instituciones en los procesos económicos. Una de las explicaciones más consistentes de los recientes episodios inflacionarios, conocida como seller’s inflation, elaborada por Isabella Webber, está explícitamente basada en las teorías del marxista polaco Michael Kalecki. Estos son sólo algunos ejemplos de la diversidad de pensamiento que ahora forma parte del mainstream económico del nuevo mundo. Consideramos que cualquier formación en un centro como el CIDE, si quiere mantenerse conectada a los tiempos y a los cambios sociales, debe incluir una lectura de Marx y una apertura clara hacia formas alternativas de pensar y entender la economía, desde un enfoque multidisciplinario. No es irrelevante subrayar, en este debate, que Marx y su gramática siguen funcionando como lenguajes casi universales, desde Oriente hasta Occidente, y que de hecho nos permiten tratar de dialogar con la manera en que muchos intelectuales y estatistas chinos están conceptualizando su propio proceso de desarrollo, en un momento en que el gigante oriental se ha convertido en un punto de referencia ineludible.
Finalmente, como señalamos al inicio, nuestro trabajo en torno al estudio de Marx no ha estado desprovisto de polémica ni de “críticas”. Lo entrecomillamos, pues más bien caen en la criticonería: no proponen un juicio serio y académico, ni un debate epistémico, y terminan, más bien, por ser estériles, dado lo pueril de los “argumentos” con los que se pretende desestimar al seminario. Pero Marx y su obra nunca han estado exentos de estos embates. El nivel y el rigor de las y los ponentes que han participado en el seminario, así como las audiencias externas, parecen corroborar el interés por este espacio que ya cumple más de dos años de actividades ininterrumpidas. Quizá debido al efecto de estas polémicas, los dos últimos seminarios han sido muy exitosos en términos de audiencia, pero tal éxito también se debe a los resultados del trabajo que allí se realiza, encaminados a la publicación de una obra colectiva. Las transmisiones en YouTube han alcanzado récords de audiencia en tiempo real, con un continuo incremento en las visualizaciones a medida que pasan los días. Medido de esta manera, podría afirmarse incluso que se trata de uno de los seminarios más exitosos en la historia del CIDE.
El estudio del pensamiento marxista se vuelve necesario en tiempos de crisis agudas, ahora que son cruciales las definiciones políticas, teóricas y epistemológicas frente a la grave crisis civilizatoria que vivimos, caracterizada por el auge de la extrema derecha, la destrucción sin límite de la naturaleza y la expansión de la guerra y la violencia. Ante este panorama, desde el seminario se apuesta por la defensa de la pluralidad epistemológica, de la libertad de cátedra —derecho garantizado en el artículo tercero de la Constitución mexicana— y por el diálogo multidisciplinario, que está en el centro de las preocupaciones de la división que alberga este seminario.
Para cerrar, citamos el prólogo de la primera edición de El capital: “Bienvenidos todos los juicios fundados en una crítica científica. En cuanto a los prejuicios de la llamada opinión pública, a la que nunca he hecho concesiones, será mi divisa, como siempre, la del gran florentino: ‘Sigue tu camino y deja que la gente murmure’.”
