Catrina por Palestina

La muerte, que conocía
las artes de asesinar,
fue convocada un buen día
al juzgado a declarar.

Estando allá en el estrado
con su piel color cetrina,
le preguntó un abogado
por Gaza y por Palestina. 

“Yo que inventé el homicidio”,
gritó la parca implacable,
“afirmo que es genocidio,
el crimen más execrable”.

“Además no hay que olvidar”,
prosiguió con voz solemne,
“que en asuntos de matar
todos han de obedecerme.

”Pues no es igual desvivir
con mi estilo tan decente
que arrasar el porvenir
de un pueblo, que es inocente.

”Así que a partir de ahora
dejo mi rol de testigo
que ya va siendo la hora
de ser juez y dar castigo.

”Ni el barbón judeocristiano
ni el señor del inframundo
justifican al tirano,
al criminal o al inmundo.

”Netanyahu, el asesino
y Donald Trump, el villano
han marcado su destino
generando tanto daño.

”Y como soy la encargada
de que el mundo se equilibre
los llevaré a la chingada
y haré a Palestina libre.”

Calaverita de Halloween

Como faltaba una luna
para su noche de aullidos,
Catrina, que era muy tuna,
viajó a los Estados Unidos.

Quería comprobar por fin
si era verdad aquel rumor
según el cual Halloween
da tanto miedo y terror.

Comenzó así a caminar
por unas calles oscuras
a ver si la hacían gritar
las grotescas criaturas.

Un hombre lobo, feroz,
le trató de echar el diente;
la muerte sacó la hoz
y él marchó tan obediente.

Salió entonces un fantasma
que gritaba “truco o trato”;
ella le dio un cataplasma
y lo hechizó por un rato.

Al final todos los monstruos
decidieron ir a honrarla,
pues sus poderes, inocuos,
no lograban aterrarla.

Sin embargo aconteció
una situación sombría
pues Catrina al fin sintió
que su alma se salía.

La migra llegó al lugar
y acusándola de vaga
la quisieron arrestar
por mandato de una MAGA.

Espantada echó a volar,
tan rauda como un misil
para volver a su altar
de copal y cempasúchil.

Muerte en la red

Entró la muerte a internet
un día muy de mañana,
para sacarse un carnet
y comprarse una guadaña.

Publicó en la red de Musk
en busca de sugerencias
y le salieron mil bots
profiriendo impertinencias.

Luego se hizo un perfil
para entrar en Instagram,
pero la gente fue hostil
por su foto en Roterdam.

Al no cumplir con el canon
estético de esa cloaca,
le cayó todo un montón
de reproches por ser flaca.

Hasta a Facebook se cambió
buscando más simpatías.
Pero la pobre sufrió
muchas otras groserías.

Entre trolls y miserables
lograron todos al fin
que sus nervios inestables
la tornaran un ser ruin.

Desquiciada ya Catrina
se ajustó su calavera
para volverse asesina
y arrasar la tecnosfera.

Dejo sólo una advertencia
a modo de conclusión:
quizá fijes tu sentencia
en alguno de tus posts.

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