Primer acto: los gesticuladores del presente
El gesticulador: pieza para demagogos, en tres actos, escrita por Rodolfo Usigli en 1938, es una obra vigente del teatro político mexicano. Su protagonista, César Rubio, un profesor universitario frustrado de la Ciudad de México, regresa a su pueblo natal con su familia —Elena, su esposa, Julia y Miguel, sus dos hijos— para rehacer su vida y empezar de nuevo. Allí lo confunden con un general muerto años atrás durante la Revolución mexicana y él decide beneficiarse de la coincidencia. Usurpa su historia, adopta su nombre y su autoridad simbólica, repite discursos patrióticos y acepta la candidatura a gobernador. Gesticula la revolución, pues.
Hoy también abundan los gesticuladores. Proclaman la necesidad de descolonizar las ciencias sociales, de transformar las instituciones, pero lo hacen desde posiciones de poder consolidadas en los mismos espacios que critican. Proclaman soberanía epistémica, mientras ejercen el poder de manera vertical y cerrada. Hablan de comunidad, pero ejercen violencia institucional contra quienes disienten. Predican de ética, pero toman decisiones de manera discrecional, unilaterales, con poca transparencia y escasa rendición de cuentas. El Dr. José Antonio Romero Tellaeche, director del CIDE, ha insistido en la importancia de “construir una ideología propia que le dé sentido, horizonte y dirección” (La Jornada, 21 de abril 2025), pero no presenta su plan de trabajo institucional a la comunidad. No establece rutas claras o proyectos colectivos. Denuncia simulaciones… Mientras actúa en una.
Sin embargo, en la política, como en el teatro, lo que empieza mal, termina mal. No es azar: es mera consecuencia. Quienes durante un tiempo fueron su círculo más cercano en el CIDE, terminaron atrapados en la trama. Quienes presumiblemente le ayudaron a cometer actos que rompían las reglas institucionales, ahora defienden la normatividad; quienes apoyaron en procesos que se han señalado como desmantelamiento institucional, ahora defienden la exigen transparencia y rendición de cuentas; quienes ayudaron a nombrar personas sin concurso público y abierto, hoy claman por procesos formales. No es ironía, es un hecho. Cuando la estructura se resquebraja, la costumbre, la lealtad o el miedo ya no son suficientes.
En la obra de teatro de Usigli, César Rubio es asesinado por el General Navarro –precandidato ungido del partido único y asesino del verdadero general revolucionario. Cuando su hijo Miguel decide confrontarlo, sucede lo siguiente:
MIGUEL. —No dejaré perpetuarse una mentira semejante. Diré la verdad ahora mismo.
(Usigli, 1938 [1980]: 93)
NAVARRO. —Cuando se calme usted, joven, comprenderá cuál es su verdadero deber. Lo comprendo yo, que fui enemigo político de su padre. Todo aquel que derrama su sangre por su país es un héroe. Y México necesita de sus héroes para vivir. Su padre es un mártir de la Revolución.
Tras esta discusión, Miguel decide huir. Sin embargo, Julia, su hija, y Elena, su esposa, deciden preservar el mito. El General Navarro encarna el gesto y exclama ¡Viva César Rubio! ¡Viva el CIDE!
El gesticulador de Usiglies una crítica mordaz sobre la hipocresía y el cinismo de la política mexicana. Es una gran obra digna de releerse. Fue censurada en su momento. No sé qué sigue para el CIDE. Sí sé lo que quiero: cambiar de libreto.
Segundo acto: la gestión del Dr. Romero Tellaeche
El Dr. José Antonio Romero Tellaeche llegó al CIDE en 2021 bajo la promesa de una transformación intelectual e institucional profunda. En sus textos y declaraciones públicas —especialmente en La Jornada— se ha presentado como un académico dispuesto a descolonizar las ciencias sociales, democratizar el conocimiento y devolverle al país su soberanía epistémica. Dice: “Pensar desde México o resignarnos a la deriva” (La Jornada, 21 de abril 2025).
Esta narrativa la ha construido en tres ideas recurrentes de sus artículos. 1) Que las instituciones académicas mexicanas se han subordinado a lógicas coloniales de validación internacional. Menciona, en ese sentido, cómo “se forma a los estudiantes para buscar validación externa, se prioriza a citar a autores del norte y se relega el pensamiento latinoamericano al margen” (La Jornada, 21 de abril 2025). 2) Que la comunidad científica reproduce formas elitistas de poder que deben ser sustituidas por un pensamiento “con vocación popular, orientado al bienestar colectivo” (La Jornada, 18 de junio 2025). 3) Que es indispensable “repolitizar las ciencias sociales” para dejar de fingir una objetividad tecnocrática (La Jornada, 21 de abril 2025).
Sobre el papel, estos planteamientos parecen razonables. Incluso me parece importante reflexionarlos. Mi crítica no va dirigida sobre utilizar el pensamiento descolonialista —valioso y legítimo— como paradigma epistemológico, marco analítico y mismo posicionamiento político dentro del ámbito académico. De hecho, como estudiosa de los feminismos (y sus críticas), me parece que son discusiones fundamentales.
Sin embargo, considero importante analizar cómo tales dichos se traducen —o no— en acciones concretas dentro de nuestra institución. En ese sentido, mi crítica va más bien dirigida a la abismal distancia que observo entre estos principios que expone el Dr. Romero Tellaeche en sus columnas, y las acciones y prácticas que realiza de manera interna en el CIDE. Para mí, lo personal es político. Por eso, cuando una gestión invoca el pensamiento decolonial pero reproduce prácticas de concentración de poder, la contradicción no sólo es política, sino ética. Revela la utilización de marcos críticos para avanzar intereses personales.
Desde los feminismos decoloniales, he aprendido que existen tres dimensiones fundamentales que debemos observar siempre. Primero, que necesitamos una autocrítica epistemológica, lo cual implica una vigilancia constante sobre nuestras propias prácticas, contradicciones y privilegios. Segundo, que es también fundamental construir formas horizontales de organización, toma de decisión y deliberación. Tercero, que no es suficiente con señalar hacia afuera, sino también exige mirar cómo se ejerce el poder dentro de nuestras instituciones.
En este sentido, el Dr. Romero afirma que “una academia desvinculada de su pueblo no cumple con su función pública” (La Jornada, 21 de abril 2025). Coincido en este punto. Por eso me resulta grave que la auditoría 2023-0043-A detalla que de 2019 y 2022 el CIDE realizó sólo nueve proyectos vinculados con problemáticas nacionales y que, además, la participación de estos proyectos cayó de tres en 2019 a uno en 2022 (ASF, 2023: 37). Otro ejemplo es que, de los dieciséis acuerdos tomados en el cumplimiento de los objetivos en la Coordinación de Humanidades y Ciencias Sociales del Reglamento del Sistemas Nacional de Centros Públicos, el CIDE sólo haya cumplido con el 31.3% de ellos. Es el último lugar de los Centros Públicos de Investigación (CPI) de ciencias sociales (ASF, 2023: 15).
A su vez, el propio Dr. Romero en su informe de autoevaluación enero-diciembre 2024 manifiesta que no llegamos a la meta de 0.52 del índice de generación de publicaciones científicas y que la variación porcentual de grupos de investigación conformados en el CIDE fue de 0% (Informe de autoevaluación enero-diciembre 2024, 2025: 5). Posiblemente esto se deba a que el CIDE ha perdido personal académico desde hace varios años y no ha podido recuperar su planta académica. De nuevo, de acuerdo con su informe de autoevaluación, en 2019 el CIDE contaba con 120 profesoras/es investigadoras (PIT). A diciembre 2024, este número se redujo a 96 PIT (Informe de autoevaluación enero-diciembre 2024, 2025: 12).
El argumento que las autoridades del CIDE nos han proporcionado a las divisiones es que hay congelamiento de plazas. Sin embargo, las múltiples contrataciones que han tenido lugar a lo largo de su gestión en el CIDE no pasan inadvertidas para la comunidad. De hecho, existe evidencia de que algunas se han realizado con potenciales irregularidades (ASF, 2023:32) y otras con potenciales conflictos de interés (Informe Autoevaluación enero-diciembre, 2024, 2025:15; Solicitud de Información 340004900007625, 7 de noviembre 2025). Por ello me parece legítimo y válido que algunas colegas puedan preguntar sobre bajo qué criterios se han realizado estas contrataciones, cuando los indicadores muestran claramente retrocesos o estancamientos.
También el Dr. Romero ha sostenido que “necesitamos construir nuevas instituciones del saber: centros de pensamiento, observatorios de políticas públicas, escuelas de formación conectadas con el país real.” Pero, de nueva cuenta, la misma Auditoría señala que el Laboratorio Nacional de Políticas Públicas (LNPP) se encuentra inoperativo (ASF, 2023: 21). Existen señales de un nuevo Laboratorio de Inteligencia Artificial; sin embargo, éste no ha sido presentado como proyecto a toda la comunidad.
Efectivamente, se necesita establecer un plan de trabajo con nuevas estrategias y líneas de acciones para avanzar con la transformación del CIDE; sin embargo observo con preocupación que el Programa Institucional 2019-2024 se publicó tan sólo 5 meses y 20 días antes de que se acabara el sexenio (DOF 10/06/2024). Además, la auditoría señala que en 2023 el CIDE careció de resultados de los indicadores sobre su Programa Anual de Trabajo 2023 (PAT), porque el CONAHCyT no solicitó los avances de dichos indicadores (ASF, 2023: 15).
Desde mi punto de vista, la omisión de entregar resultados en el PAT y la publicación tardía del Programa Institucional no son solamente descuidos administrativos, sino un patrón de conducción institucional que debilita al CIDE. Estos son instrumentos sustantivos en donde se establecen prioridades de gasto, metas e indicadores para el corto y mediano plazo. Me parece un poco contradictorio con la idea de “construir una ideología propia que le dé sentido, horizonte y dirección” (La Jornada, 21 de abril 2025). En otras palabras, sin plan e indicadores, no hay dirección, ni horizonte, ni sentido.
En el mismo artículo, el Dr. Romero Tellaeche denuncia que “se imponen modelos de gobernanza que ignoran cómo opera el poder en nuestros contextos” (La Jornada, 21 de abril 2025). No obstante, en la misma auditoría, se menciona que el Consejo Académico —uno de los órganos colegiados más importantes del CIDE, compuesto por una parte de su propia comunidad— sólo sesionó en un semestre (ASF, 2023: 5). Si el pensamiento decolonial implica democratizar las estructuras de poder, ¿es válido hablar de transformación cuando el principal espacio de deliberación colegiada no opera con regularidad? ¿Es válido hablar de transformación cuando no ha propuesto mecanismos más horizontales de participación? ¿Es válido hablar de transformación si ni siquiera ha trabajado ese plan institucional con su comunidad? La tierra es de quien la trabaja. El pensamiento también.
No se trata de ignorar las asimetrías globales en la producción del conocimiento. Se trata de no cerrar las fronteras del pensamiento bajo el disfraz de la soberanía, mientras se impone una visión única, vertical y centralista. Eso no es emancipación, es simulación. El informe de autoevaluación señala que el 2024 no se pudo producir ningún libro por parte de la editorial CIDE por falta de recursos (Informe Autoevaluación enero-diciembre, 2024, 2025:48). Nos gustaría saber cómo se están estableciendo las prioridades de gasto y cómo se distribuyen los recursos propios con los que cuenta el CIDE.
Estos son sólo algunos ejemplos en donde los hechos no sostienen la narrativa del Dr. Romero Tellaeche. Ello aunado a diversos comportamientos reprobables durante toda su gestión. Desde mi perspectiva, no es posible avanzar y sostener un proyecto de descolonización de las ciencias sociales sin examinar críticamente las prácticas institucionales que contradicen sus fundamentos ético-políticos. Es entonces que, más que ruptura, el discurso se vuelve una mera cooptación más del lenguaje crítico. En tal sentido, el artículo El botín y el Estado (La Jornada, 10 de octubre 2025), más que una denuncia,me parece una confesión involuntaria.
Tercer actor: abro telón
Como comenté, me gustaría cambiar de libreto. No busco un/a nuevo/a protagonista, sino una obra colectiva. Abro, pues, el telón para imaginar un CIDE distinto. Un CIDE en donde el conocimiento sea una herramienta para el diálogo; donde la autoridad derive del trabajo y la legitimidad; donde la crítica y el conflicto sean bienvenidos y no castigados; donde la ética no sea un simple gesto.
Necesitamos definitivamente reescribir el guion. Por las actas de consejo directivo del CIDE, me enteré de que se están llevando a cabo procesos de homologación de estatutos y reglamentos de los CPI (Consejo Directivo CIDE, 2025: 8-9). Sería deseable que estos procesos incluyeran espacios de diálogo con las comunidades académicas, administrativas y estudiantiles. No necesariamente para oponerse al cambio, sino para participar activamente en la construcción de reglas compartidas.
Sería deseable contar con reglas claras, pero sobre todo más democráticas: concursos abiertos y públicos, minutas públicas con seguimiento verificables de los múltiples y diversos acuerdos de los cuerpos colegiados de la institución, una mayor regularidad de sesiones de Consejo Académico, una mayor participación de grupos históricamente invisibilizados (estudiantes, personal administrativo y servicios generales), apoyo a las revistas del CIDE y un largo etcétera.
Sería deseable, también, revisar los mecanismos para prevenir, atender y sancionar casos de discriminación y violencia en el CIDE. Existen varias lagunas, así como varias duplicaciones de labores. Y en cambio no existen mecanismos formales cautelares, ni reparación de daño o de reintegración. Necesitamos implementar diagnósticos de expresiones de violencia al interior del CIDE. Necesitamos implementar estrategias específicas para nuestro estudiantado en mayor situación de precarización, y —de nueva cuenta— un largo etcétera.
Abro el telón: reglas claras, pero sobre todo más democráticas, mecanismos efectivos de participación para toda la comunidad, voces críticas y responsables, y trabajo en común. Y por último: nunca confundir la autoridad con obediencia.
Bibliografía y documentos oficiales
Auditoría Superior de la Federación (2023). Auditoría de Desempeño: 2023-2-3890M-07-0043-2024, número de auditoría 43, desempeño del Centro de Investigación y Docencias Económicas A.C.
Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) (2025). Informe de Autoevaluación de las actividades sustantivas desarrolladas en el periodo enero-diciembre 2024 del Centro. CIDE.
Consejo Directivo CIDE (2025). Acta de la segunda sesión ordinaria 2024 del Consejo Directivo del Centro de Investigación y Docencia económicas, A.C., Celebrada el 11 de diciembre de 2024 en formato híbrido desde la Ciudad de México. SECIHTI-CIDE.
Diario Oficial de la Federación (10 de junio 2024). DOF 10/06/2024 Programa Institucional 20243 del Centro de Investigación y Docencia Económicas, A.C.
Romero, José Antonio (21 de abril 2025). “Pensar desde México o resignarnos a la deriva”. La Jornada.
Romero, José Antonio (18 de junio 2025). “Ciencia sin industria, talento sin destino”. La Jornada.
Romero, José Antonio (10 de octubre 2025). “El botín y el Estado”. La Jornada.
Solicitud de Transparencia número 340004900007625 con fecha de envío 29 de octubre 2025, recibida el 20 de noviembre 2026.
Usigli, Rodolfo [1938] (1980). El Gesticulador: pieza para demagogos en tres actos. En Miguel Covarrubias (ed.) Antología de autores contemporáneos / 2 Teatro, Universidad Autónoma de Nuevo León: Academia del Taller de Lecturas Literarias.
