Me acuerdo, como si fuera hoy, de estar sentada leyendo —en una fotocopia— las primeras páginas de El consentimiento en la producción, quizás la obra más famosa de Michael Burawoy, que la inicia contando cómo de casualidad había terminado trabajando en la misma fábrica en la que Donald Roy, un sociólogo industrial, había sido empleado mientras realizaba su tesis treinta años antes. El texto no se parecía a nada que hubiera leído antes: era entretenido, claro y te metía en la fábrica y en las experiencias vivas de los trabajadores para pensar una pregunta engañosamente simple: “¿Por qué trabajan los trabajadores de forma tan dura?”(Burawoy 1979: XI). De pronto, después de meses de dudar cómo continuar mi carrera, había un camino claro. Eso mismo, eso que estaba explayado en las páginas de este libro, era lo que quería hacer. Nunca había leído una etnografía de un lugar de trabajo que a su vez desarrollara teoría marxista. Como él mismo dice en una hermosa entrevista que le hizo la profesora argentina Paula Varela en 2019, combinar etnografía y marxismo era algo bastante raro cuando él se embarcó a hacer el trabajo de campo de lo que sería su tesis doctoral y luego su segundo libro. Lo que más adelante él nombraría como el “método de caso extendido” (Burawoy 1998), había comenzado como un rechazo del anti-teorisismo de la Escuela de Chicago —donde él realizó su doctorado—, pero, a su vez, reconocía la importancia de realizar un proceso reflexivo que imbricara la teoría y el trabajo empírico. En otras palabras, se trataba de evitar ir al trabajo empírico a comprobar nuestro marco teórico, pero tampoco pretender que entrábamos al mundo desprendidos de la teoría. Más bien la tarea era en parte “reconstruir la teoría” desde el desorden del mundo empírico (Burawoy 2019; 2003). Sé que somos muchxs lxs que hemos intentado continuar y contribuir a esa tarea.

Cuando me enteré de la muerte de Michael Burawoy este pasado 5 de febrero me dio mucha tristeza. A diferencia de muchos otros que escribieron palabras sobre él en estos días, recordando su obra y su persona, yo no tuve la suerte de ser su alumna. Apenas puedo decir que lo conocí el año pasado, cuando vino a dar una serie de charlas a la universidad en la que trabajo. Sabía de la gran amistad que lo había unido a otro sociólogo marxista estadounidense, Erik Olin Wright, quien enseñó en la Universidad de Wisconsin-Madison hasta su muerte, y dejó detrás de sí un maravilloso legado: el Havens Wright Center, del que tengo la suerte de ser parte. El Centro se encarga de traer intelectuales, activistas y artistas a dar charlas. Un asiduo visitante, Burawoy había venido por un par de semanas, para dar una serie de clases sobre marxismo, sociología y W.E.B. DuBois, cuya obra venía trabajando en los últimos años (Burawoy 2021b; 2021a; 2023). Al final de la última clase, me acerqué y pude contarle lo mucho que su trabajo había influido en mí, cómo me había impulsado a estudiar sociología. Sé que no soy la única. Él pareció encantando, y quiso saber en qué trabajaba, qué estaba escribiendo, qué me parecía Wisconsin. Terminamos hablando de Lenin y Negri. Un intercambio corto, pero que refleja lo que todxs aquellxs que lo conocieron repiten: que era una persona generosa y cálida, abierta a seguir pensando y repensando con otrxs esto que le gustaba llamar marxismo sociológico.

La pregunta constante que atraviesa su obra implicaba pensar la experiencia vivida de los trabajadores en el capitalismo, y a su vez cuestionar y discutir el propio rol de la sociología, así como los contornos de la disciplina y su relación con el marxismo. Zachary Levison, otro de sus alumnos, en un texto publicado hace unos días, nota cómo para Burawoy el punto era poder hacer no sólo una sociología crítica del capitalismo, sino una crítica de la sociología. Es llamativo que, pese a la inmensa influencia de Burawoy sobre los estudios de trabajo y la sociología en general, mucha de su obra aún no se encuentra traducida al español, tarea que sin duda está pendiente.

Michael Burawoy tenía esa rara combinación de agudeza intelectual y talento pedagógico, de compromiso con la acción política —la sociología pública— junto a las tareas de mentor, consejero, guía. Volvió a la fábrica, una y otra vez, para seguir pensando sobre las experiencias de los trabajadores; sobre la relación entre las políticas en y de la producción; sobre la relación entre capitalismo, Estado, trabajo y movimientos sociales; sobre las posibilidades del marxismo (Burawoy 1985; 2000; 2009; 2001; 2009). Cuando, en los últimos años, las luchas sindicales de los estudiantes doctorales que trabajan dando clase en la Universidad de California culminaron en una serie de huelgas, él no sólo los apoyó, sino que formó un grupo de discusión con sus alumnos sobre el proceso de trabajo de esta mano de obra precarizada, pero que sostiene a las universidades estadounidenses —sobre todo las públicas— con su trabajo. Ese esfuerzo, que detonó en un número especial de la revista ‘Work and Occupations’, muestra la posibilidad de combinar el interés por un análisis del proceso de trabajo con una discusión sobre el movimiento obrero organizado. Es una constatación más, en suma, de su capacidad de llevar a cabo aquello de lo que muchos hablamos pero que siempre es difícil: una praxis intelectual y política, que usa ambas arenas para volver a poner al centro, de forma constante, la pregunta sobre el trabajo y les trabajadores en el capitalismo.

En el 2004, Burawoy escribió un prefacio especial para la edición china de El consentimiento en la producción, treinta años después de su primera edición, en el cual repasa y discute muchas de las críticas a su obra más conocida, pero, más que nada, y fiel a su estilo, dedica tiempo a mostrar el trabajo realizado por tantos otros que continuaron y continúan la tradición de estudios del proceso de trabajo. Discute los límites de su obra, se hace cargo de aquello que no supo ver y que no pudo predecir —“no sería ciencia si no fallara”, dijo—, y a la vez renueva su compromiso con el marxismo, con la crítica a la sociología, con la posibilidad del socialismo y con la crítica constante al capitalismo. Termina aquel prefacio con unas preguntas que hoy son más urgentes que nunca en el contexto político en el que nos encontramos, y que quiero compartir hoy para finalizar este texto dedicado a su memoria: “¿Por cuánto tiempo más soportaremos la devastadora realidad del Imperio, en casa y en el exterior, antes de que la critica se vuelva movimiento social, y esos movimientos renueven el Marxismo?” (Burawoy, 2005).

Bibliografía seleccionada de Michael Burawoy

(1979). Manufacturing Consent: Changes in the Labor Process under Monopoly Capitalism. Chicago: University of Chicago Press.

(1985). The Politics of Production: Factory Regimes under Capitalism and Socialism. Verso Books.

(1998). “The Extended Case Method.” Sociological Theory 16 (1): 4–33.

(2000). Uncertain Transition: Ethnographies of Change in the Postsocialist World. Rowman & Littlefield Publishers.

(2001). “Transition without Transformation: Russia’s Involutionary Road to Capitalism.” East European Politics and Societies 15 (02): 269–90.

(2005). “Another thirty years.” Introduction to the Chinese edition of Manufacturing Consent.

(2005). “For Public Sociology.” American Sociological Review 70 (1): 4–28.

(2009). “Working in the Tracks of State Socialism.” Capital & Class 33 (2): 33–64.

(2019). “Empiricism and Its Fallacies.” Contexts 18 (1): 47–53.

(2021a). “Decolonizing Sociology: The Significance of W.E.B. Du Bois.” Critical Sociology 47 (4–5): 545–54.

(2021b). “Why Is Classical Theory Classical? Theorizing the Canon and Canonizing Du Bois.” Journal of Classical Sociology 21 (3–4): 245–59.

(2022). “The State of US Sociology: From Crisis to Renewal.” Critical Sociology 48 (2): 193–96.

(2023). “W. E. B. Du Bois’ Indian Romance.” Sociological Bulletin 72 (3): 282–93.

Burawoy, Michael, y János Lukács. (1992). The Radiant Past: Ideology and Reality in Hungary’s Road to Capitalism. University of Chicago Press.

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