Cuando López Obrador comenzó a usar el término “Cuarta Transformación” algunos nos preguntamos qué significaba esa expresión. La discusión giró en torno a cómo entender una transformación (a diferencia de una transición o de una revolución), a si lo que estaba sucediendo en aquel momento era o no una transformación y a si era correcto decir que fuese la cuarta (en vez de la tercera o la quinta, digamos).
La discusión resultó ociosa. El error consistió en tomar al término como una descripción definida cuando, en realidad, era un nombre propio. La expresión “Cuarta Transformación” fue una especie de idea-fuerza —en el sentido de Fouillée— que sirvió para activar un proceso político. Hoy en día nadie disputa la corrección del término: es el nombre que usamos para referirnos al movimiento.
Me parece que cuando ahora se habla del “Humanismo Mexicano” algunos cometen un error semejante.
En un discurso ofrecido en el Zócalo en 2023, López Obrador afirmó que la ideología de la Cuarta Transformación era “el Humanismo Mexicano”. No quedó claro en qué consistía esa ideología, más allá de la repetición de ciertas frases ofrecidas como principios del movimiento —como “primero los pobres”—. Sin embargo, hay que advertir que una lista de principios no es una ideología. Una ideología requiere de una elaboración argumental y discursiva más profunda y extensa. No obstante, el membrete de “Humanismo Mexicano” se ha preservado en el discurso oficial e incluso se han realizados foros académicos en los que se ha abordado el tema.
Me parece que el error que se está cometiendo es buscar al Humanismo Mexicano en la historia de México como si fuera algo que ya existe, algo perfectamente definido y que, además, lo está desde hace siglos. Lo que más me inquieta es que se sugiera que esa supuesta tradición del Humanismo Mexicano desemboca, como un río en la mar, en la Cuarta Transformación. O, para decirlo con otra metáfora, que nutre con su savia ennoblecedora al nuevo régimen.
Lo que encontramos aquí es un peligroso uso político de nuestra historia.
Mi opinión es que es preferible entender al llamado “Humanismo Mexicano” como una ideología política en gestación. Visto así, no es algo que se descubre, sino algo que se inventa. No se inventa de la nada, por supuesto, puede tener antecedentes en el pensamiento mexicano, pero no son determinantes. Al ser otra idea-fuerza, ese Humanismo Mexicano se irá construyendo sobre la marcha del proceso político del cual forma parte. Para decirlo de otra manera: el Humanismo Mexicano de la Cuarta Transformación no tiene un pasado, pero quizá tenga un futuro en el que llegue a ser una ideología hecha y derecha.
En ese contexto, los intelectuales mexicanos podrán —como siempre— adoptar dos posiciones: convertirse en ideólogos del régimen (en los humanistas mexicanos de la Cuarta Transformación) o en sus críticos.
