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Rubiela Giraldo Valencia y Jacqueline Castillo, madre y hermana de dos víctimas de ejecuciones extrajudiciales en Colombia, estuvieron en Viena en noviembre de 2023. Viajaban por varias ciudades europeas. Son miembros de la organización MAFAPO (Madres de los Falsos Positivos de Soacha). Ellas continúan luchando para que los crímenes cometidos por el Estado colombiano contra sus familiares no queden impunes. Es una lucha por la justicia y contra el olvido.[1]

En 2021, el Tribunal Especial para la Paz en Colombia reveló una cifra escalofriante: el ejército colombiano asesinó al menos a 6,402 personas entre 2002 y 2008 en el marco de los llamados “falsos positivos”, es decir, ejecuciones extrajudiciales contra civiles no beligerantes. Aunque es probable que la cifra sea aún mayor, éste es un indicio claro de un sistema dentro de la institución militar colombiana. Particularmente durante el primer mandato de Álvaro Uribe Vélez, se ofrecieron incentivos a los militares, como ascensos o permisos especiales, en función del número de guerrilleros asesinados en combate. Esta política favoreció un sistema nacional que provocó la muerte de personas inocentes, las cuales fueron presentadas como guerrilleros abatidos.

Rubiela Giraldo es madre cabeza de familia. Vive en Soacha, un municipio que hace parte del área metropolitana de Bogotá. Su hijo Diego Armando Marín Giraldo, un joven de 21 años, acababa de terminar el servicio militar. Desapareció en febrero de 2008 y, tras ocho meses de búsqueda, su cuerpo fue hallado en Ocaña, un municipio ubicado a 634.9 kilómetros de distancia de Soacha, cerca de la frontera con Venezuela. Cuando fueron a identificar el cuerpo del joven, le dijeron que había muerto en combate como guerrillero. Si acababa de dejar el ejército, ¿cuándo se convirtió en guerrillero?, ¿cuál fue el motivo de su muerte? En aquel momento, estas preguntas la intrigaban.

Rubiela Giraldo, Viena, 2023. Foto: cortesía de la autora.

Rubiela pensaba que su caso era aislado. Sin embargo, a finales de 2008 se enteró de que otras madres denunciaban historias similares. Rápidamente se dio cuenta de que 19 familias de Soacha se habían visto afectadas por la misma tragedia. Conoció a Jacqueline Castillo, su compañera en la travesía actual, cuyo hermano fue desaparecido y su cuerpo fue encontrado igualmente en Ocaña. El encuentro de estas familias en Soacha fue el punto de inicio para la Organización de Madres de Falsos Positivos (MAFAPO): “Fue muy terrible para nosotras cuando nos dimos cuenta de que este crimen estaba en manos del Ejército Nacional de Colombia”, recuerda Rubiela. Hablar sobre lo ocurrido les llevó a tomar una decisión trascendental: “Habíamos llegado a un punto en el que ya no podíamos seguir calladas, sabíamos que ésta iba a ser una lucha muy peligrosa porque iba dirigida contra el Estado”.

Las madres, hermanas, hijas y esposas de los desaparecidos por el Estado están decididas a continuar su lucha tras 15 años de trabajo conjunto. A la pregunta: “¿Qué les mueve?”, la respuesta es clara: “Queremos que se sepa la verdad, que se haga justicia y que no vuelva a ocurrir lo que ocurrió. Sobre todo, queremos la verdad, ya hemos empezado la búsqueda y necesitamos saber quién dio la orden de todos estos crímenes”, dice Rubiela sin dudarlo. “Nuestra vida es una lucha contra el olvido”, añade Jacqueline. Al mismo tiempo, es una denuncia pública destinada a desenmascarar y desmantelar el sistema en el que operaban las fuerzas armadas.

Esto las ha llevado a recorrer ocho países europeos en 2023 en lo que han denominado la Gira por la Verdad. El objetivo es que tal práctica sistemática del Estado colombiano no caiga en el olvido y dejar claro “que esto no era mentira y que las víctimas estamos diciendo la verdad”, afirma Rubiela. Un segundo propósito del viaje es buscar apoyo técnico en estos países, para mejorar y acelerar el proceso de reconocimiento de los cuerpos encontrados. Debido al poco personal existente para abarcar la alta cantidad de casos, identificar un solo cuerpo puede tomar un año entero. Esto supone un retraso en los procesos de esclarecimiento y lleva a los familiares a continuar en una zozobra interminable.

Once mujeres de la organización MAFAPO participan en la labor educativa que se lleva a cabo en Colombia. Son invitadas con frecuencia a escuelas y universidades. Allí imparten talleres y cuentan sus historias. Durante sus visitas, se dan cuenta de lo importante que es este trabajo de memoria, pues son muchos los jóvenes que no saben lo que ocurrió con las ejecuciones extrajudiciales en su país.

¿Quién dio la orden?

Es un proceso agridulce luchar por la verdad. Algunas victorias han sido muy importantes. Por ejemplo, el informe final de la Comisión de la Verdad confirmó definitivamente que los “falsos positivos” eran crímenes de guerra y de lesa humanidad producidos y financiados por estructuras del Estado colombiano y ejecutados por el Ejército. Se trata de un sistema cuya existencia se remonta al menos a la década de 1980. En abril de 2022, los militares acusados en estos casos admitieron que los jóvenes de Soacha no eran guerrilleros. Esto los libró finalmente de cualquier sospecha por parte del Estado.

Sin embargo, el esclarecimiento y los procedimientos judiciales llevados a cabo en el marco del proceso de paz tienen serias limitaciones. La no ampliación de los casos investigados es una de ellas. Desde el inicio del proceso de paz, no se han abierto nuevos casos para ser investigados: sólo aquéllos que ya han sido juzgados por la justicia ordinaria han sido asumidos por la Justicia Especial para la Paz. Un segundo elemento preocupante es el escaso avance en la identificación de quienes dieron las órdenes de ejecución: “Nos hemos detenido en los militares de bajo y medio rango y no hemos llegado a los generales. Sabemos que las órdenes venían de arriba”, afirma Jacqueline Castillo. Por lo tanto, sigue siendo una tarea inacabada seguir investigando la cadena de mando que condujo a estos actos. Las mujeres de la organización MAFAPO expresan una preocupación adicional con relación a la Justicia Especial para la Paz. El tiempo de actividad presupuestado para esta instancia es de 15 años, cinco de los cuales ya han transcurrido, por lo que sólo restan 10 años de funcionamiento. Teniendo en cuenta los limitados avances de las investigaciones, éste parece ser un tiempo muy corto para contribuir de manera consecuente al esclarecimiento de más casos. Debido a esto, ellas apelan a que se extienda esta instancia de justicia en el marco del proceso de paz.

Jacqueline Castillo, Viena, 2023. Foto: cortesía de la autora.

¿Cómo se transforma el dolor?

La lucha contra el olvido no es sólo una lucha contra una sociedad de memoria a corto plazo, contra un sistema judicial que perpetúa la impunidad y contra la amenaza a sus propias vidas debido a su incansable trabajo, sino que también significa enfrentarse a la pesada carga de abordar su propio sufrimiento: “El dolor que llevamos es muy grande, y moriremos con este dolor, eso es algo que simplemente no se puede describir”, dice Rubiela.

Los presentados como guerrilleros eran jóvenes pertenecientes a sectores socialmente vulnerables. A sus cadáveres se les ponían botas de caucho e implementos de combate para hacerlos pasar como combatientes. En muchas ocasiones las botas de caucho encontradas eran nuevas, estaban al revés o no correspondían al número de calzado de la persona. Las botas de caucho se tornaron con el paso del tiempo en un símbolo del engaño y la tragedia de miles de familias colombianas. Este símbolo se ha resignificado por medio de acciones como la realizada el 8 de marzo de 2023 en la Plaza de Bolívar de Bogotá con el título “Mujeres con las botas bien puestas”. En esta jornada, un grupo de artistas se reunieron para intervenir botas de caucho y plantear mensajes por una paz con justicia y no repetición.

El arte ha sido un vehículo de transformación de las experiencias personales de las madres. Así lo comenta Rubiela: “el arte para nosotras ha sido muy importante porque hemos tenido mucha sanación; yo, personalmente, tuve la mía con el arte, no con psicólogos”. Mediante el trabajo conjunto con diversos artistas y colectivos se han generado vehículos de liberación de dolor, canalización de las emociones y formas alternativas de denuncia. Las expresiones artísticas van desde telares hechos en conjunto con las Tejedoras de Mampuján; murales a gran escala que preguntan por las responsabilidades de los altos mandos militares, elaborados al lado del profesor Juan Millán e Iván Berrío; el libro Madres Terra, un trabajo conjunto con el fotógrafo Carlos Saavedra, en el que ellas se entierran a sí mismas; hasta obras de teatro, películas y documentales. Este medio les ha permitido un escape: “yo me liberé así y mis compañeras, casi todas, nos liberamos así”, dice Rubiela mientras enseña sus trabajos personales, así como los del colectivo, mostrando así que los caminos de la paz, social y personal, tiene diversas formas de expresión.


Notas

[1] Este artículo fue escrito para su publicación en Austria Frauensolidarität; su versión en alemán aparecerá en la primera edición del 2024 de la revista.

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