El 2 de agosto el periodista Ezra Shabot publicó en el portal de la revista Nexos un artículo titulado Genocidio. El texto fue repudiado en las redes sociales, pues hace una apología, justamente, del genocidio que ocurre actualmente en la Franja de Gaza. Uno de los fragmentos más criticados es el siguiente:

Entre los más de 50 mil palestinos muertos por las acciones de los soldados israelíes destinadas a liberar a los rehenes y destruir el aparato militar de Hamas, encontramos desde miles de combatientes fundamentalistas hasta civiles inocentes pasando por menores transformados en yihadistas, o sea mártires en potencia dispuestos a morir para llegar así al paraíso islámico.

No es necesario explicar mucho para darse cuenta de que el autor del texto justifica el asesinato de niños a manos del ejército israelí, pues son “mártires en potencia”. No es la primera vez, por supuesto, que en la prensa mexicana se publican textos aberrantes que tratan de limpiarle la cara a un genocidio ampliamente documentado y validado por organismos como la ONU. Además de demonizar y caricaturizar al Islam, como ha podido verse, el texto emplea también la carta del antisemitismo para invalidar las críticas a Israel, pues considerar a ese Estado como genocida promueve “la eliminación de la entidad judía y con ello la vida judía en todo el mundo”.

Una vez que el artículo de Shabot se hizo viral, la derecha mexicana se agrupó para defenderlo, mientras algunos colaboradores de Nexos, en protesta, publicaron una carta en la que piden que la revista no publique textos que reivindiquen discursos de odio, pues socavan la credibilidad del medio y de sus autores. Además, piden que se retire el texto, se aclare quién autorizó la publicación y se ofrezcan disculpas públicas. Muchos escritores, académicos y periodistas respaldaron la carta —que representa de alguna manera la inconformidad de muchos mexicanos que se oponen al genocidio en Gaza— y la compartieron en sus redes.

Ante el creciente escándalo, la propia Nexos, medio dirigido por Héctor Aguilar Camín, publicó una respuesta de Hugo García Marín al texto de Shabot titulada “No es genocidio porque lo digo yo: Ezra Shabot y el vacío argumental”. García Marín analiza muy bien las falacias, incongruencias y la falta de evidencias de Shabot. En lugar de responder a los argumentos de García Marín y otros artículos que criticaban la apología del genocidio del periodista, la derecha mexicana prefirió refugiarse en la victimización y el repudio a la censura. Para estos personajes, la reacción de los colaboradores de Nexos —muchos de ellos jóvenes— es un acto de intolerancia, autoritarismo, odio, entre otras cosas. En otra respuesta, publicada en el portal de Revista Común y titulada “Sobre el genocidio tal como lo entiende el Sr. Shabot”, Roberto Breña evidencia, entre otras cosas, la manipulación del término “genocidio”. Shabot afirma que el ataque de Hamás del 7 de octubre del 2023 fue un “acto genocida” ignorando las condiciones que se deben cumplir para ser calificado como tal, al menos por la legislación internacional y el consenso académico.

Hay dos aspectos interesantes en la discusión alrededor del artículo de Shabot. El primero tiene que ver con la publicación de un artículo que hace apología del genocidio. ¿Se debe publicar, en aras de la libertad de expresión, un discurso de odio que reivindica el exterminio de población civil —niños incluidos— por considerarlos futuros terroristas? Vale la pena recordar la famosa paradoja de Karl Popper, aparecida en La sociedad abierta y sus enemigos (1945): la de que una sociedad infinitamente tolerante a cualquier expresión puede dar cabida a discursos que terminen destruyéndola. En este caso, los colaboradores firmantes de la carta tienen un punto válido, pues el llamado a eliminar a una población —previamente demonizada en Occidente como la palestina— puede replicarse a cualquier otro grupo humano. Sólo basta ver el discurso de odio del trumpismo en Estados Unidos contra los migrantes, muchos de ellos mexicanos o de origen mexicano. ¿Defenderíamos, en nombre de la libertad de expresión, los llamados a la violencia contra los latinos que hacen todos los días los influencers pertenecientes al movimiento MAGA? Una pregunta más interesante: ¿Ezra Shabot y la derecha mexicana afín al sionismo defenderían la libertad de expresión de un personaje que pusiera en duda la humanidad de los judíos en cualquier parte del mundo y justificara su exterminio? ¿Este personaje y su texto hipotético serían solamente “controversiales”, “incómodos”, “polémicos” y tendrían que tener voz pública y no ser censurados? Más bien creo que los defensores de Shabot y de la libertad de expresión seguramente pedirían el retiro del texto y una sanción ejemplar para el autor.  

El segundo aspecto interesante de los defensores de Shabot es el victimismo y la supuesta censura que quieren ejercer contra Nexos y Ezra Shabot. El escritor español Gonzalo Torné publicó en 2022 el ensayo La cancelación y sus enemigos. Allí argumenta la facilidad con la cual se esgrime el término “censura” o “cancelación” ante una crítica. La censura, como nos lo recuerda, existe cuando el poder limita la libertad de expresión y somete, de diferentes maneras, a los artistas, políticos e intelectuales incómodos. ¿Los colaboradores de Nexos y la gente que repudió en redes sociales el texto de Shabot representan un poder lo suficientemente fuerte como para condenar al ostracismo al autor? Parecería que el poder sigue estando en manos de la élite cultural del país, a pesar del desprestigio de muchos de sus miembros. Los que se han solidarizado con Shabot dirán que las redes se han convertido en una fuerza capaz de aniquilar reputaciones e instrumentar una política de censura en la cual sólo los que hacen más ruido tienen la razón. Sin embargo, Shabot seguirá publicando en Nexos, o en cualquier otro medio, así como tantos otros columnistas que han negado el genocidio en Gaza. Julio Patán —colaborador de El Heraldo de México y conductor de Televisa— publicó en el 2023 el texto “El genocidio inexistente”, en el que acusa de racistas y antisemitas a los críticos del sionismo israelí. ¿Ha perdido su trabajo? No. Lo que sí ha pasado es que los normalizadores del genocidio han perdido el monopolio en la discusión ante lo que Torné llama “audiencias emancipadas”. Ante esta nueva realidad, usan la estrategia favorita de la derecha: el victimismo. El que tiene el poder crea una fantasía en la cual está en desventaja y, desde esa supuesta inferioridad, llama a combatir a un enemigo sobredimensionado. El filósofo Jason Stanley, en su ensayo Cómo funciona el fascismo (2018), describe cómo el victimismo surge cuando la élite se siente amenazada por un sector de la población que ha sido dominado históricamente y que empieza a reivindicar sus derechos. El que detenta el poder acusa al que lo critica de censurarlo. A veces, como en el caso de Ezra Shabot, lo que hacen es caricaturizar a la crítica, sin establecer nunca un debate argumentado, pues les interesa, ante todo, crear un enemigo a modo. De esta manera, siguen presentándose como garantes de la libertad de expresión y otros altos valores civilizatorios, aunque defiendan, en esencia, un genocidio.

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