Usted está a punto de leer una pequeña confesión migrante: Escribimos esto en la intemperie, en la calle, a veces con hambre, a veces con compañía, pero siempre extrañándolo todo: la familia, la amistad y el territorio en todo su esplendor. Nuestras palabras están inspiradas en el paisaje, el habla y los abrazos. Sin embargo, a pesar de estar separadas, fue en medio de nuestras situaciones y por ellas mismas que nos dimos cita en el territorio colombiano, de forma tanto presencial como virtual, para participar de la Escuela de la Ruta Migrante (ERM), y nos dimos cuenta de que tenemos mucho por contarles.

¿Qué es la Escuela de la Ruta Migrante?

Es un espacio donde todas las personas, sin importar sus posturas, pueden contar el pasado que las niega. Allí, quienes huyeron de las condiciones de violencia, persecución, precarización y despojo del Estado colombiano se reúnen para intentar sostener un nuevo tipo de gobierno, el gobierno del cuidado, y cultivar espacios para contar nuestra historia de otra manera más rebelde. Prepárese porque, cuando terminen de leernos, sabrán qué es y en dónde encontrar el territorio migrante.

Nuestro contexto

El patrón de la movilidad humana en América Latina y el Caribe ha evolucionado de manera significativa. No sólo han cambiado las rutas y estrategias migratorias, sino también las formas de resistencia, organización y subjetividades de las personas migrantes. Así, se hace imprescindible investigar y repensar las dinámicas inciertas y contingentes de la migración contemporánea para generar reflexiones comprometidas que impulsen un llamado transnacional en favor de la justicia migrante. Este esfuerzo debe enmarcarse en los principios de derechos humanos y desarrollo sostenible, y es precisamente bajo esta premisa que surge nuestra Escuela.

Uno de los fenómenos más complejos y desafiantes de la región está en la llamada “Ruta del Darién”, que, por su diversidad, ha sido apodada como las “Naciones Unidas de la migración”. Se ha identificado la presencia de personas migrantes de más de 83 nacionalidades, aunque con predominancia venezolana, cuyo tránsito ocurre, en general, en condiciones de extrema precariedad. Muchas personas carecen de acceso a servicios básicos como salud, seguridad, alojamiento e higiene, y enfrentan riesgos constantes de violencia, abuso y explotación. Las condiciones son particularmente críticas para grupos vulnerables, como mujeres embarazadas, niños, niñas, adolescentes, personas mayores y aquellas en situación de discapacidad, quienes constituyen una proporción significativa de esta población.

Por otro lado, el conflicto armado colombiano, que ha perdurado por casi 75 años, ha tenido un impacto masivo en la movilidad forzada. Millones de personas han sido desplazadas, despojadas de sus tierras y recursos, y han sido forzadas a reconstruir sus vidas en medio de la violencia y la incertidumbre, tanto dentro del país como en el exterior. Aunque el proceso de paz con las FARC marcó un hito, la violencia persiste debido a la actividad de grupos armados ilegales y al narcotráfico, lo que ha llevado a que Colombia sea la sexta nacionalidad con mayor presencia en el tránsito por el Darién. Este fenómeno no sólo representa un desplazamiento físico, sino también la fragmentación de comunidades, culturas y vínculos sociales, profundamente marcados por la violencia estructural.

Para la ERM, es fundamental integrar las voces y perspectivas de las personas migrantes en los análisis sobre movilidad humana. Esto implica visibilizar sus procesos de resistencia, adaptación y reconstrucción en contextos de movilidad forzada. Además, se reconoce a las personas migrantes como sujetos activos que reivindican su derecho a decidir sobre sus trayectorias y las relaciones que establecen con los territorios que habitan, ya sea en el ámbito nacional o en el contexto transnacional.

Nuestro método: sembrar preguntas para cosechar respuestas

Cada sesión de la Escuela es especial y única, como las aguas de un río: las personas participantes han debido migrar por razones distintas —exiliadas, retornadas, desplazadas o insiliadas—, y nunca son las mismas al final del proceso.

A lo largo del tiempo, hemos logrado que alrededor de 136 personas migrantes participen de manera híbrida, ya sea de forma presencial o virtual, en las sesiones de la Escuela. Inspirándonos en un dicho del norte de México, les invitamos a “arrimarse a la lumbre, para a-prehenderla juntas y juntos”, reconociendo que, como señala la periodista migrante colombiana Diana Alfonso Castillo, “ya somos 17 millones de personas desterritorializadas”.

Algunas de nuestras preguntas siguen siendo las siguientes.

1. ¿Cómo llegamos aquí?

Cruzando un río, una montaña, un llano, un páramo o el mar; también nos dijeron que fue atravesando la selva, porque llegaron bajando de Panamá, “Cruzando el Darién”. Y ahí, la pregunta cambió, ¿cómo así que ahora nos queremos devolver por el mismo camino? Recordamos entonces que la migración existe desde épocas ancestrales en Colombia, puesto que ha sido territorio de tránsito, del Amazonas al Darién.

Nos ocupa desentrañar qué significan esas dinámicas impositivas de movilidad y control, y a quién benefician. La consolidación del control migratorio existe desde antes de los terratenientes y sus alambres de púas, sólo se renovó. Concluimos que “antes de las fronteras y las púas, migrar o moverse era natural”.

2. ¿Quiénes asisten a la Escuela?

Así como es variada la Escuela, también lo es la palabra migración, porque, claro, representa muchas cosas según las condiciones de clase y género, la concepción de la guerra, el modo de percibir-sufrir la violencia o el lugar en donde sucedieron los hechos que provocaron el desplazamiento.

Para conocernos, echamos mano de los recuerdos que crecieron con las infancias de tantos lugares diversos. Hacemos reuniones virtuales par reflexionar juntos. Y echamos a andar, también, otras formas de pensar juntos, como pintar el mural ¡El Puente está Quebrado!, o la invención de los Premios Emmy-Grantes, una cita para celebrar y presenciar nuestro territorio.

Durante los premios, realizamos el conversatorio Migración, Género y Paz, allí entendimos que la migración nos atraviesa de maneras diferentes. Un ejemplo es el caso de las mujeres de Colombia y Palestina —precisó Sara Carreño, perteneciente al Colectivo por la Paz de Colombia desde México (COLPAZ), quienes viven realidades históricas de vulnerabilidad y riesgo que les impiden el acceso a servicios básicos y derechos. La migración, aunada a la condición de género, potencia la desigualdad.

Algunas de las imágenes que acompañan este escrito son producto del trabajo colectivo desarrollado en la Escuela: se diseñan de manera virtual en colaboración con las y los asistentes a las sesiones, utilizando un aplicativo que llamamos “Curitas para el alma: haz tu propia curita y sana tu territorio”. Su propósito es generar incidencia social y política a través del artivismo en diversos escenarios. Las personas que participan son, en su mayoría, víctimas de desplazamiento forzado debido al conflicto armado colombiano, lo que confiere al trabajo un alcance que trasciende las reflexiones académicas.

 3. ¿Es posible nacer dos veces?

Algunas mujeres migrantes como Sara, Angye y Hanna del Proyecto de Tatreez Palestino en Colombia indicaron que la migración es como estar “muerto en vida”; como “una forma de insilio lejos de nuestras hijas o familia”, y que, desde esa experiencia, han encontrado formas de “conectarnos con nuestros ancestros y con la tierra. Es un exilio desde antes de nacer, es entender que la razón por la que naciste es el exilio.” Entre muchísimos valiosos aportes, resumieron que “la migración es la máxima condición de vulnerabilidad en el mundo capitalista”. Lo cierto es que lxs migrantes vivimos algo así como un “nacimiento forzado”, y aún con todo eso en nuestra contra, creemos que sí es posible volver a nacer cuando se nos reconoce, y no sólo con papeles.

4. ¿Por qué nos niegan?

Las personas migrantes suelen recibir rechazo a donde llegan, pero en nuestra Escuela reflexionamos y nos sorprendimos al sentir que pareciera que a nuestro propio país no le preocupa que nos hayamos ido o regresado.

La reflexión en la escuela es que un país que NO extraña, es un país que niega, y, si no hacemos falta, pues no EXISTIMOS. Frente a lo cual, Luz Angélica Dueñas, representante de la diáspora colombiana en el Comité Nacional de Participación de la Mesa de Negociación entre el Gobierno Nacional y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), aclara que en Colombia vivimos un síntoma generalizado de amnesia y de “desgarro colectivo negado”, porque, cuando alguien se va a causa de la inoperancia, omisión o persecución sistemática del Estado, toda la sociedad está sufriendo una pérdida, aunque lo niegue.

5. ¿Tienes boleto de regreso?

Colombia es una tierra a la que, por ahora, no hay un regreso claro. Las condiciones son tan adversas que la sensación de ser migrante es que una vez exiliada, desplazada o víctima, siempre vivirás así. Eso significa no tener un boleto de regreso, condición evidente entre todas las personas migrantes en la Escuela.

6. ¿Cuál es el territorio migrante colombiano? ¿a qué territorio pertenecemos?

Las estrategias de la Escuela nos han ayudado a reconocer los Espacios de territorio por medio de mapas migrantes. Uno de nuestros ejercicios favoritos es revisar los pasos que dieron nuestros cuerpos migrantes. Primero, dibujamos dos círculos. A uno, le asignamos el origen y al otro el destino (a pesar de que no existe un único origen ni un único destino), y, en su cruce, el territorio de tránsito. Luego ubicamos todas las ciudades en las que hemos estado o pisado, dependiendo del tiempo o las experiencias vividas allí. Estancias de menos de un mes las consideramos Tránsito y permanencias de seis meses o más, Destino. Puede, por lo tanto, haber varias ciudades en cada categoría.

Nuestro mapa constituye la expresión migratoria colombiana de la cartografía contestataria. Cabe decir que los mapas ayudan a dar protagonismo a la movilidad de la migración, debido a que la acción de cartografiar expone las prácticas críticas más cercanas a los métodos de desposesión actuales y oficiales.

 “Me fui para el exilio en 2009 pero también formé mi familia. Allá —en Berna, Suiza— está mi esposo y mis hijos…También yo digo que Berna me pertenece” ha declarado Karmen Boscán, representante de la Curul Internacional y líder del pueblo Wayúu., Recordamos que, al ser parte de la gran nación Wayúu, un pueblo semi-nómada, ella tiene un estrecho vínculo con más de un lugar. Así, como su nación está profundamente vinculada al territorio ancestral, puede que ella haya reavivado un segundo territorio fuera de Colombia.

7. Centinelas de vida y esperanza: La Guardia Migrante

El territorio migrante es, por naturaleza, inmaterial, intermitente, continuo y deslocalizado. Se trata de un espacio que no se define por fronteras físicas, sino por el conocimiento, las prácticas, las luchas y los encuentros que lo configuran. En él conviven generaciones de personas migrantes y sus intenciones, conformando un cuerpo colectivo impregnado de una cultura de paz y de símbolos compartidos. Este territorio vivo se defiende desde la resistencia, la creatividad y la solidaridad, como lo hemos aprendido en la Escuela de la Ruta Migrante.

Hemos adoptado la figura de la Guardia Migrante como una representación de esta resistencia colectiva. Más que un concepto, es una práctica cotidiana. Incorporamos símbolos distintivos, como las prendas del Colectivo Semilla, que resignifican el tránsito migratorio al recuperar y transformar ropa que también ha cruzado fronteras, desafiando controles. Estas prendas, llenas de parches y colores vibrantes, simbolizan la transmutación, la reconstrucción y la adaptación constante.

Al cierre

En la Escuela de la Ruta Migrante entendemos que el territorio no es un espacio fijo, sino un lugar de resistencia donde las personas tienen el poder de renacer, transformarse y convertirse en refugios vivos. En un tiempo de redoble de discursos antiinmigrantes, como los impulsados por la administración de Trump, nos erigimos como un espacio de lucha y de esperanza que se conecta con otras experiencias regionales, un espacio en el que los recursos tecnológicos y las redes sociales juegan un papel crucial en la organización de la solidaridad transnacional y en la generación de conciencia global sobre las consecuencias de las políticas de Trump hacia las personas migrantes. No sólo lo hacemos como una respuesta a sus políticas específicas, sino también como una afirmación de la importancia de los derechos humanos, la inclusión y la justicia global frente a políticas que buscan desmantelar estos principios en el contexto migratorio.

Finalmente, nuestra identidad como Guardia Migrante es, en sí, un acto de solidaridad transnacional, un llamado a la unidad en la adversidad, y un recordatorio de que la lucha por la dignidad y los derechos de los migrantes no es aislada, sino global. Es por eso que lo que hacemos en nuestra Escuela tiene un impacto más allá de las fronteras: somos parte de un movimiento que reconoce a los migrantes como agentes de cambio, que luchan no sólo por sobrevivir, sino por transformar el mundo a su alrededor. Aquí, más que nunca, se demuestra que el conocimiento, la resistencia y la esperanza son territorios que deben ser compartidos y defendidos por todos.


* Investigadora sobre movilidad humana y enlace territorial MHERI (Memoria Histórica del Exilio, Retorno e Insilio) Centro Nacional de Memoria Histórica-CNMH-, Colombia.

**  Coordinador de la Escuela de la Ruta Migrante, Colombia.

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