El pasado 20 de mayo, el fiscal de la Corte Penal Internacional (ICC), Karim Khan, anunció su solicitud de órdenes de aprehensión contra tres líderes de Hamás, y el primer ministro y ministro de Defensa de Israel, Benjamin Netanyahu y Yoav Gallant, bajo acusaciones de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad en la Franja de Gaza desde, al menos, el 8 de octubre de 2023. Esa misma semana, la Corte Internacional de Justicia (ICJ) ordenó, como medida precautoria contra el crimen de genocidio, que el Estado de Israel parara la ofensiva en Rafah.

Para casi cualquier otro país, que su jefe de Estado se encuentre en proceso por crímenes de guerra y lesa humanidad, y que el Estado en sí esté afrontando un caso plausible de genocidio, sería sinónimo de inmovilidad internacional. Sin embargo, el gobierno estadounidense ahora promete sanciones contra la ICC, rechazando abiertamente el proceso contra Netanyahu y Gallant. Israel ha intensificado su ofensiva en Rafah, bombardeando el pasado 26 de mayo un campo de refugiados, que sólo consistía en tiendas de campaña, en la llamada masacre de Tel al-Sultan.

¿De dónde surge este excepcionalismo del Estado de Israel? En las siguientes líneas, ofreceré algunas reflexiones sobre la capacidad del sionismo para ignorar las leyes internacionales en términos históricos y lo que eso implica para la Palestina ocupada.

La excepción original

El pasado 15 de mayo se conmemoraron los 76 años de la Nakba, la “catástrofe” que designó a la expulsión de los palestinos de sus lugares de origen por milicias sionistas. Muchas familias de sobrevivientes aún conservan las llaves y recuerdos de sus hogares, pero en Israel el aniversario de esa limpieza étnica es su celebración de independencia. De alguna manera, esa “independencia” de Israel no tuvo que ver con el fin del mandato británico sobre el territorio, sino su aparente invulnerabilidad al orden legal internacional. Pero ¿por qué?

La Nakba fue una violación a la resolución de la ONU 181 de 1947 al mismo tiempo que implicó el dominio militar de lo que hoy llamamos el Estado de Israel. No obstante, a pesar de romper con el orden legal que la ONU llevaba pocos años estableciendo, varias naciones de Occidente (Norte Global o como quiera llamarse) se apresuraron a reconocer de facto o de jure la declaración de independencia del Estado de Israel. Ese evento marcó una tradición que se ha mantenido de manera ininterrumpida por 76 años: que el Occidente colectivo acepte las acciones sionistas a pesar de que violen el orden legal que ellos mismos establecieron. Desde entonces, el Estado de Israel se ha conformado como un Estado en excepción.

El Estado en excepción

¿Qué implica este Estado en excepción? Para Thomas Hobbes, en el siglo XVII, una de las características de la soberanía era que el soberano no podía ser juzgado por sus súbditos. Carl Schmitt continuó elaborando este concepto, entendiendo el Estado de excepción como un momento en el tiempo en el que la autoridad política, el soberano, suspende el orden legal para ejercer poder de manera directa, usualmente violando u aboliendo los derechos de otros. Para Schmitt, como para Giorgio Agamben posteriormente, esta excepción es central para que exista soberanía: se requiere un espacio o estado en el cual el poder se ejerza de manera irrestricta.

No obstante, una de las pretensiones centrales del Estado de excepción es que sea una situación temporal, nunca permanente. Sin embargo, desde su fundación, Israel se ha construido como un Estado en excepción permanente del orden legal internacional no sólo no sancionado, sino promovido por los principales actores occidentales.

Los crímenes de Israel anteriores al genocidio perpetrado en Gaza desde hace siete meses son casi imposibles de enumerar. En 1956, el ejército israelí cometió ejecuciones masivas durante la agresión tripartita hacia Egipto; en 1967 condujo una guerra ilegal contra Egipto, Siria e incluso su aliada Jordania; en 1982 llevó a diversas milicias a realizar masacres en los campos de refugiados palestinos de Sabra y Shatia, en Líbano, además de que diversos crímenes de guerra han sido documentados en los bombardeos que Israel regularmente ha perpetrado sobre Líbano y Gaza. Es internacionalmente sabido que Israel posee un arsenal secreto de hasta 400 cabezas nucleares, por fuera de los tratados de no proliferación; los asentamientos de colonos con nacionalidad israelí (aunque regularmente provenientes de lugares como Nueva York) son universalmente aceptados como una violación al derecho internacional.

El soberano oculto

Si Israel se encuentra en excepción permanente del orden legal internacional, ¿qué poder soberano permite esta transgresión? No tiene que ver abiertamente con la potencia militar israelí, pues es de los países más dependientes del apoyo de sus aliados en Occidente tanto como fuerzas regulares —por ejemplo, los franceses e ingleses en 1956— como proveedores de armas. Es en realidad ahí donde debe de buscarse al soberano que sostiene la excepción en el Estado de Israel.

En términos geopolíticos, la existencia del Estado en excepción de Israel ha sido útil para la extracción de recursos en la región, y para desestabilizar regímenes contrarios a los intereses de Estados Unidos e Inglaterra. No obstante, su papel como ejemplo de disciplinamiento del Occidente colectivo al Sur Global es aún más importante. Ésa es la razón por la cual Israel es el último experimento europeo colonial para la expulsión directa y abierta de las poblaciones indígenas. Más aún, es por esto que su ocupación de Palestina se ha conformado como un laboratorio y campo de entrenamiento de técnicas y tecnologías de represión y vigilancia para una multiplicidad de regímenes de Occidente. Israel es, en suma, el Estado de excepción del Occidente colectivo.

En los últimos meses, pareciera que algo del régimen del derecho internacional se ha desgastado justamente por el Estado en excepción de Israel. La demanda de Sudáfrica ante la ICJ ha obtenido el apoyo formal de Nicaragua, Colombia, Libia y recientemente México, además de que media docena de países más han expresado interés en participar del lado sudafricano. Adicionalmente, Chile y México promovieron una acción legal ante la ICC por posibles crímenes de guerra cometidos en la ofensiva a Gaza. No es la primera vez que Palestina obtiene apoyo diplomático internacional generalizado (desde 2012, 138 países habían reconocido a Palestina como un Estado no miembro en la ONU), pero es la primera vez que se han dado reveses en cuerpos legales internacionales al Estado de Israel por parte del Sur Global. No obstante, es poco claro aún si esto terminará por resquebrajar la excepción permanente en la Palestina ocupada: dependerá de la capacidad de resistencia local y global.  


En un ejercicio de miopía impactante, en abril Jean Meyer cuestionaba en un artículo de opinión que en México la solidaridad con Palestina fuera más importante que aquel otro conflicto armado, el que se lleva a cabo entre Ucrania y Rusia. Para un historiador de su talla, sorprende la poca memoria que se tiene sobre la situación de desplazamiento y ataques ininterrumpidos que la población Palestina ha sufrido desde antes de la Nakba a manos del sionismo. También se tiene que ignorar el hecho de que Ucrania, a diferencia de Gaza, no es un territorio ocupado sin ningún tipo de apoyo internacional independiente de las decisiones de seguridad israelí, y al que Occidente ha dotado de alrededor de 380 mil millones de dólares en “ayuda letal” y “no letal”. Más aún, incluso reduciendo el conflicto sólo a la historia reciente, las atrocidades cometidas por Israel en un territorio tan pequeño como Gaza (en comparación con la línea de enfrentamientos en el este de Ucrania) superan por mucho los costos humanos del conflicto en Europa.

La pregunta “¿por qué Palestina y no… ?” está completamente fuera de la realidad, pero también ignora la excepción en Israel como una estructura de opresión que se opera también por fuera de las fronteras de la Palestina ocupada. Es simplemente humano sentir empatía por quienes han sufrido la excepción por más de 76 años, al menos para los que estamos fuera de la burbuja sionista. Pero más aún, todos hemos recibido fuerte y claro el mensaje de disciplinamiento que envían las bombas estadounidenses cayendo sobre las ciudades en Palestina. La globalización de la excepción no solamente implica la destrucción de Gaza, sino la potencialidad de su aplicación para todos los grupos subalternos.

También desde ahí viene ese grito que clama por globalizar la intifada. El Estado en excepción de Israel ha moldeado la represión a nivel nacional de grupos subalternos, y en respuesta nosotros hemos resistido de manera directa o indirecta al modelo de ocupación sionista de Palestina. Nosotres sabemos que en cualquier momento las llaves que traemos en el bolsillo podrían dejar de abrir la puerta de nuestros hogares. Somos nosotres quienes entendemos el sentido verdadero del nunca más.

Viva Palestina libre.

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