Escribo estas letras pensando en las profas con quienes he tejido camino
en estos años. Para ellas, todo lo bonito: la dignidad y la ternura.
La celebración del día de las y los maestros parece un buen momento para pensar en torno a las condiciones del quehacer docente de las profesoras. Si bien es importante reconocer las particularidades de la docencia en cada modalidad y nivel, así como las violencias y exclusiones específicas que atraviesan cada contexto, este día quisiera colocar algunos elementos que parecen adquirir un carácter estructural y que, en ese sentido, son compartidos por la mayoría de las mujeres que nos dedicamos a la enseñanza.
La educación: un área feminizada pero desigual
Históricamente las tareas educativas han estado ampliamente feminizadas. Desde la casa hasta la escuela, la labor de enseñanza se ha depositado centralmente en las madres y las maestras. Esto es así al menos desde la época moderna y, especialmente, a partir de la conformación de los estados nación y sus sistemas educativos. Existen muchos textos que dan cuenta de las maneras en que las mujeres han realizado labores de enseñanza y ocupado diversas posiciones en los espacios de educación escolar. Sin embargo, estas posiciones se encuentran inscritas en tramas de relaciones de poder estructurales, atravesadas por el género, los procesos de racialización y las condiciones materiales de las docentes.
Si echamos una mirada a la participación de las maestras en los espacios de educación escolar en México al día hoy, encontramos diferencias numéricas en relación con la de los profesores varones, que varían dependiendo del nivel escolar. De acuerdo con datos de Mejoreu (2025), para 2022, en educación inicial, 91% del profesorado eran mujeres y 9%, hombres; en prescolar tuvimos 86.8% mujeres y 13.2% hombres; en primaria 65.6% mujeres y 34.4% hombres; en secundaria 54.7% mujeres y 45.3% hombres; en educación media superior 52.1% mujeres y 47.9% hombres; y finalmente, en educación superior 44.5% mujeres y 55.5% hombres.
Como puede observarse, la participación de las mujeres en la docencia es ampliamente mayoritaria en los niveles de educación inicial y prescolar. También en la educación primaria y secundaria siguen siendo mayoría frente a los profesores, pero la diferencia se acorta notablemente. En media superior la diferencia es mínima y será hasta la educación superior donde encontramos que los docentes varones son mayoría, aunque la distancia es de apenas de 10 puntos porcentuales. Sin embargo, para el caso de las actividades dentro de las propias escuelas de educación básica, es interesante observar cómo, pese a que en el nivel de secundaria hay más mujeres docentes que varones (diferencia de casi 10 puntos), se encuentran más directores varones (56.1%) que mujeres (43.9%) (Mejoredu, 2024).
Para el caso de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), se ha identificado un aumento en la incorporación de mujeres en el personal académico en las últimas décadas —fenómeno que, dicho sea de paso, ha de hecho ocurrido en todas las universidades de nuestro país—. De acuerdo con los datos, mientras que en 1945 el porcentaje de mujeres académicas en la UNAM era de 25.9, para 1990 alcanzó el 45.2 y en las últimas tres décadas se ha mantenido prácticamente igual, llegando a 45.9 en 2009 (Intrusas, 2013, p. 63) o a 45.8%, según los últimos datos de 2022 (Execum, 2022).
No obstante, pese a la reducción de las desigualdades en términos numéricos, las invesgaciones han dado cuenta de formas de desigualdad que prevalecen, principalmente en términos de la participación en determinados espacios y de las formas de participación dentro de la universidad. En esa ruta, se ha identificado una distribución desigual de la presencia de académicas en distintas áreas disciplinares —por ejemplo, entre ciencias físicas o ingenierías, por un lado, y las ciencias sociales y humanidades, por el otro—, así como en diferentes niveles y categorías de docencia e investigación.
A partir de estos datos es posible darnos una idea del entramado de relaciones de poder que pauta de manera desigual las relaciones diarias en los espacios escolares. Esto influye profundamente en las posibilidades y formas de participación de las mujeres, así como en sus trayectorias docentes y académicas en conjunto.
Las complejidades del trabajo docente para las mujeres
Más allá de las cifras, la experiencia de las docentes encuentra dificultades vinculadas a las propias complejidades del trabajo docente y a las condiciones de desigualdad en razón de género, de procesos de racialización y de clase.
Creo que fue a partir de la pandemia que yo comencé a escuchar cada vez más el término burnout. Cada vez supe de más amigas y conocidas exhaustas, enfermas, deprimidas por la carga de trabajo y de los cuidados. Pasar las tareas docentes al ámbito online desde casa significó para muchas un desgaste brutal. Había algunas maestras que dábamos por clases por zoom o alguna otra plataforma; pero también estaban todas las maestras que se las ingeniaban para hacer llegar las tareas a las y los estudiantes que no se podían conectar. Las maestras en general hicieron (hicimos) videos, podcast, notas de audio, cuadernillos de trabajo, de todo. Y todo ello al tiempo que se cuidaban hijes y familiares enfermos, se hacía comida, se revisaban tareas, se limpiaba la casa y, en muchas ocasiones, se tenía otro empleo. El agotamiento adquirió, así, una nueva magnitud.
El concepto de burnout hace referencia a un estado crónico de agotamiento físico y emocional —por ello también se le llama “síndrome de desgaste profesional”— que se manifiesta principalmente en tres dimensiones: el agotamiento emocional, la despersonalización y una disminución significativa en la percepción de la propia realización personal en el ámbito laboral. Este fenómeno ha sido ampliamente estudiado en contextos donde las exigencias emocionales y la carga de trabajo son altas, como en el caso de la docencia. Diversas investigaciones han evidenciado que existe una estrecha relación entre condiciones laborales adversas —como la sobrecarga administrativa, la falta de recursos, la presión por los resultados y la ausencia de reconocimiento— y el deterioro progresivo de la salud mental y de la motivación de quienes ejercen esta profesión.
Es sabido que, en particular, el profesorado enfrenta un contexto laboral caracterizado por escaso reconocimiento simbólico, baja valoración social y percepciones negativas en cuanto a la retribución salarial y el acceso a prestaciones laborales. Esta precarización estructural se agudiza cuando se toma en cuenta la dimensión de género. Las mujeres docentes suelen estar expuestas a una carga laboral mayor, no sólo por las responsabilidades inherentes al quehacer profesional, sino también por la asignación socio cultural de roles de cuidado en el ámbito familiar y social.
La distribución desigual de estas cargas responde a patrones estructurales que reproducen la división sexual del trabajo, lo cual genera una triple jornada laboral para las mujeres. Esto las coloca en una situación de constante tensión y agotamiento, que puede derivar en un proceso sistemático de pérdida de motivación, en sentimientos de inadecuación respecto al lugar que ocupan en el entorno profesional, sensación de fracaso y culpa, en el deterioro de la salud física y mental, así como en dificultades para establecer y mantener relaciones interpersonales sanas. De acuerdo con Dorantes (2020), esta condición es más pronunciada en las mujeres docentes en comparación con sus pares varones, debido a la carga estructural de los mandatos de género que siguen operando de forma persistente en las instituciones educativas —y en la sociedad en general, como ya he dicho.
Esta situación se agrava ante contextos de violencia directa, puesto que las docentes soportan cotidianamente agresiones, tanto en el aula como en otros espacios escolares, donde son acosadas por estudiantes, otros profesores y autoridades escolares (Salterijal y Ramos, 2015). Además, las docentes en el nivel superior muestran altos de estrés asociados, sobre todo, a tareas laborales específicas, especialmente en los primeros años de su carrera profesional, cuando se les asignan altas cargas docentes; en este sentido, la burocracia, el exceso de trabajo, la dificultades económicas, la presión por resultados y las dificultades para compaginar docencia e investigación inciden directamente en su motivación y en su salud mental (Garcés-Delgado, García-Álvarez, López-Aguilar y Álvarez-Pérez, 2023).
Cada vez más hemos podido identificar las condiciones de profunda desigualdad y violencia a las que están exuestas a las docentes. Esto ha permitido reconocer que la experiencia de las mujeres docentes de los diferentes niveles de educación escolar, si bien encuentra particularidades, también comparte elementos que pautan de manera común sus trayectorias de vida.
Caminos posibles
No quisiera cerrar estas letras con un mal sabor de boca. Creo que es importante reconocer las condiciones particulares en el que las docentes realizan su trabajo; pero también considero que es igual de relevante imaginar otros horizontes. En este camino, me parece fundamental insistir en la necesidad de construir una ética del cuidado en los espacios escolares. Al mismo tiempo, es indispensable dignificar el trabajo docente en sus dimensiones material y simbólica, y en especial el de las profesoras. Finalmente, tenemos mucho que hacer por el cuidado y la dignificación de los vínculos pedagógicos, porque los tiempos son muy duros y necesitamos y queremos a nuestras maestras.
Referencias
Buquet, A., Cooper, J., Mingo, A. y Moreno, H. (2013). Intrusas en la universidad. IISUE-UNAM.
Dorantes Judith .(2020). “El síndrome de burnout y su prevalencia en las mujeres docentes revista electrónica de la Red Durango de Investigadores Educativos”, Praxis Investigativa ReDIE, 12 (23), 2020, pp. 14-31
EXECUM. (2022). Estudio comparativo de Universidades Mexicanas. (20 de marzo de 2025).
Garcés-Delgado, Y., García-Álvarez, E., López-Aguilar, D. y Álvarez-Pérez, P. R. (2023). “Incidencia del género en el estrés laboral y burnout del profesorado universitario”. Revista Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia y Cambio en Educación, 21(3), pp. 41-60.
Mejoredu (2024). Estadística básica. Mejoredu. Consultado el 13 de mayo de 2025.
Saltijeral Méndez, María Teresa, & Ramos Lira, Luciana. (2015). “Identificación de estresores laborales y burnout en docentes de una secundaria para trabajadores del Distrito Federal”. Salud mental, 38(5), pp. 361-369.
