Al anunciar la disolución de la Asamblea Nacional el 9 de junio de 2024, el presidente Emmanuel Macron quiso sin duda seguir siendo, por última vez, “el amo de los relojes”, como él mismo se nombraba en 2017 tras su primer triunfo electoral, y marcar el tempo de la vida política francesa. Esa noche, los resultados de las elecciones europeas fueron contundentes: con un 31,37% de los votos, la lista de candidatos al Parlamento europeo del partido Rassemblement National (RN: partido de extrema derecha fundado por Jean-Marie Le Pen y originalmente llamado Front National, FN) superó ampliamente a la lista del campo presidencial, Besoin d’Europe (de centro-derecha, que obtuvo el 14,60%). Las distintas listas de candidatos de izquierda (13,83% para la izquierda moderada de Place Publique y del Partido Socialista; 9,89% para la izquierda radical encarnada por La France Insoumise; 5,50% para los ecologistas) también se vieron claramente superadas por el partido liderado por Jordan Bardella, nuevo icono del partido históricamente controlado por la familia Le Pen. Sorprendente e inesperadamente, apenas una hora después de estos resultados, el presidente Macron decidió invocar el artículo 12 de la Constitución de 1958, a fin de disolver la Asamblea Nacional y convocar a elecciones legislativas anticipadas. A diferencia de las elecciones europeas —celebradas este año el 9 de junio—, las cuales se rigen por el voto proporcional en una sola vuelta, las legislativas se celebran en dos vueltas (en esta ocasión, el 30 de junio la primera y el próximo domingo 7 de julio la segunda), con un sistema de voto mayoritario. No se trata de elegir una lista, sino que, en cada una de las 577 circunscripciones electorales, se vota por un candidato acompañado de un suplente que puede ganar si obtiene la mayoría absoluta (50% + 1 de los votos). En caso contrario, para poder pasar a la segunda vuelta, los distintos candidatos deben obtener un número de votos mínimo de 12,5% de los electores inscritos.

¿Por qué Macron tomó la arriesgadísima decisión de disolver la Asamblea Nacional —y dispersar así su frágil mayoría legislativa— en un momento en que RN celebraba un auténtico triunfo electoral? La decisión, tomada en el mayor secreto e impuesta unilateralmente a su propio campo político, se justificó como una “aclaración” necesaria. Teóricamente concebida como una llamada a la democracia, amenaza sin embargo con entregar la República francesa a la extrema derecha. Parece probable que Macron y sus asesores hayan considerado varios escenarios: (1) uno optimista en el que, ante el miedo suscitado por la “bestia inmunda” y la posible división de la izquierda, una mayoría silenciosa se movilizaría a favor del bando presidencial (cuya lista de candidatos se llama Ensemble: “juntos”) y borraría así su punzante derrota en las elecciones europeas; (2) un escenario de realpolitik, que otorgue la mayoría relativa o absoluta a RN y propulse a Jordan Bardella al desgastante puesto de primer ministro, con la apuesta —cuando menos dudosa— de que el ejercicio del poder acabaría por desacreditar al partido de Marine Le Pen. Tras haber anunciado que seguirá siendo presidente hasta 2027, como prevé su mandato de cinco años, Emmanuel Macron se prepara probablemente para una tensa cohabitación con la extrema derecha. Su apuesta aquí es que la evolución entre 2024 y 2027 permitirá, mediante un “golpe de realidad”, sumado a las garantías constitucionales y las limitaciones europeas, desinflar progresivamente la popularidad de RN y favorecer un regreso dorado del sucesor casi oficial del “Macronismo”: el joven primer ministro Gabriel Attal. Como confiesa el propio jefe del Estado, dar “la mitad” del poder a RN en 2024, tras las elecciones legislativas, le impediría al partido de extrema derecha hacerse con el total en 2027, durante las presidenciales. Aun así, esta estrategia de “vacuna” parece sumamente arriesgada: confiar el gobierno a RN y sus aliados equivale a llevar a la extrema derecha “i-liberal” y populista al corazón de las instituciones y permitirle desplegar toda una serie de maniobras para mantenerse en él.

Aunque Emmanuel Macron se dice el “amo de los relojes”, no es el organizador absoluto de la vida política: la “granada” que lanzó no explotó como él imaginaba. Contra todo pronóstico, las fuerzas de la izquierda, tras haber llegado separadas a las elecciones europeas y haberse enfrentado entre sí durante la campaña, se unieron el 10 de junio en una alianza electoral denominada Nuevo Frente Popular (NFP), que agrupa no sólo a los cuatro grandes partidos de esta corriente —La France Insoumise (LFI), el Partido Comunista Francés (PCF), Les Écologistes y el Partido Socialista (PS)—, sino también a una multitud de formaciones secundarias. Con ese nombre, inspirado en el recuerdo mitificado del Frente Popular de 1936, la coalición adoptó rápidamente un “programa común”, eco de aquél firmado por el PS y el PCF en 1972. Por otra parte, al otro lado del espectro político, la “aclaración” buscada por Emmanuel Macron ha dividido brutalmente a dos organizaciones. Por un lado, el presidente del partido de derecha Les Républicains (LR), Éric Ciotti, ha roto repentinamente con la herencia gaullista de su partido al firmar un acuerdo electoral con RN, a fin de conservar unos sesenta escaños de diputado en la Asamblea Nacional. El episodio entero fue como una mala telenovela política: ante esta decisión personal, todos los capos de LR condenaron enérgicamente a Ciotti y trataron de excluirlo de su propio partido; Ciotti, sin embargo, consiguió conservar la presidencia y la marca del partido para las próximas elecciones legislativas. Más allá de este capítulo rocambolesco, el dique que separa la extrema derecha de la derecha clásica parece haberse roto, al menos para la “tendencia Ciotti” de LR. Esta separación histórica, que tiene su origen en la lucha del General de Gaulle y la Francia libre contra el régimen de Vichy y su política de colaboración con los ocupantes nazis, ha sido un elemento constitutivo de la identidad de la derecha moderada en Francia desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Con Ciotti, se ha enterrado la “Cruz de Lorena”, emblema de la Francia Libre luego del gaullismo. En la extrema derecha de la extrema derecha, también se produjo una segunda “clarificación”: el partido de Éric Zemmour, marcialmente llamado Reconquête! (Reconquista), se dividió en dos, entre partidarios y detractores del apoyo a RN. La formación de Zemmour, polemista de extrema derecha, periodista y venenoso político partidario de la teoría de la conspiración del “gran reemplazo” (teoría demográficamente infundada que sostiene que la población blanca en Francia está siendo “reemplazada” por población de origen subsahariano y magrebí), tiene un discurso aún más radical que el de RN. Paradójicamente, este extremo-del-extremo contribuye a dar una imagen de normalidad al partido de Jordan Bardella. La pieza clave de la escisión dentro de Reconquête! no es otra que Marion Maréchal Le Pen, nieta de Jean-Marie Le Pen y sobrina de Marine Le Pen, tres veces candidata presidencial del partido fundado por su padre. Tras haber sido diputada del Frente Nacional (hoy RN), Marion Maréchal se retiró temporalmente de la vida política en 2017 antes de reaparecer rápidamente apoyando a Zemmour en las elecciones presidenciales de 2022. Provocada por la disolución y la perspectiva de elecciones legislativas, la escisión del partido de Zemmour refuerza el bloque de RN. La unión de los partidos de extrema derecha está en marcha, con RN absorbiendo partes de LR y de Reconquête!.

Los resultados de la disolución de la Asamblea Nacional no se hicieron esperar. La primera vuelta de las elecciones legislativas del 30 de junio de 2024 confirmó ampliamente el equilibrio de fuerzas de las elecciones europeas: RN obtuvo el 29,25% de los votos emitidos, a los que hay que añadir el 3,9% de la lista de candidatos de Ciotti. La prensa calificó acertadamente este resultado de “maremoto”. Sin embargo, hay que subrayar que la unión de la izquierda produjo sus efectos: el NFP obtuvo el 27,99% de los votos. Además, el debilitado bando presidencial (Ensemble) no se hundió y se estabilizó en el 20,04%. En cuanto a la derecha clásica (los miembros de LR opuestos a Ciotti), su resultado fue bajo (6,57%) pero respetable dada la fuerza de la recomposición en curso: es resultado de su larga presencia territorial. 

En Francia, todas las miradas están puestas en el 7 de julio. Aunque una parte de los diputados (76 de los 577 que integran la Asamblea Nacional) ya han sido elegidos en las elecciones del 30 de junio, el momento decisivo se producirá en la segunda vuelta. La campaña para la segunda vuelta difiere notablemente de la echada a andar antes de la primera. Tras las recomposiciones posteriores a la disolución, el mes de junio estuvo marcado por la “tripolarización” del campo político. Partidario de una república humanista, social y ecológica, el NFP promete el aumento del salario mínimo, la congelación de los precios de la energía, la prohibición de ciertas armas para la policía y una reforma de ésta, la regularización de los trabajadores inmigrantes, la vuelta progresiva a una edad de jubilación de 60 años, una planificación ecológica con el desarrollo de las energías renovables y aumentar los impuestos a los percentiles más ricos del país. Frente a este ambicioso programa, los partidarios del presidente han atacado dos flancos distintos: por un lado, los macronistas han tachado el proyecto del NFP de utópico, económicamente hablando, dada la magnitud de la deuda y del déficit públicos (que representan el 110% y el 5% del PIB, respectivamente). Por otro lado, los partidarios del presidente también han acusado a la coalición de izquierdas —específicamente a LFI— de antisemitismo.

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Para entender esta infame acusación, hay que recordar que dicho partido, fundado por Jean-Luc Mélenchon, se negó inicialmente a calificar a Hamás de organización terrorista, prefiriendo el término “crímenes de guerra” para denunciar las masacres del 7 de octubre de 2023. Aunque Hamás es tanto un movimiento político como una organización terrorista, las declaraciones iniciales de LFI pueden considerarse claramente un error político, pues Francia cuenta con la mayor comunidad judía de Europa y sigue marcada por el recuerdo de la Shoah. Además, alimentados en parte por el conflicto israelo-palestino, los actos antisemitas se han cuadruplicado en los últimos meses. Por último, el recuerdo de los atentados yihadistas sigue impregnando la sociedad francesa, y el 7 de octubre de 2023 reavivó el doloroso recuerdo del 13 de noviembre de 2015. Como resultado, los oponentes políticos de LFI, tanto en el campo presidencial como en la extrema derecha, utilizaron el enjuiciamiento por antisemitismo para demonizar al partido de Jean-Luc Mélenchon, quien además había hecho campaña a favor de Gaza durante las elecciones europeas para captar los votos de los jóvenes y de la comunidad árabe-musulmana. Como resultado de esta secuencia, la campaña para las elecciones legislativas casi parece haber afianzado la idea de que el NFP, en el que LFI desempeña un papel destacado, es una coalición plagada de antisemitismo. Serge Klarsfeld, por ejemplo, abogado famoso por su constante persecución de los criminales nazis, ha declarado que votaría por RN en caso de duelo contra la izquierda. Por su parte, el Consejo Representativo de las Instituciones Judías de Francia ha adoptado una posición “ni-ni”, rechazando tanto a RN como a LFI.

La demonización de LFI, que arroja un manto de descrédito sobre una parte importante del NFP, ocurre al mismo tiempo que la “des-demonización” de RN da sus frutos. Estrategia de largo plazo de Marine Le Pen desde 2011, el objetivo de esta des-demonización ha sido romper con la pesada herencia del antiguo Frente Nacional. Fundado en 1972, el FN había visto desembocar en él las aguas oscuras de la extrema derecha francesa, aglutinando a excolaboradores (del gobierno de Vichy durante la ocupación alemana de 1940-44), petainistas (partidarios del Mariscal Petain, jefe de dicho gobierno), antiguos partidarios de la Argelia francesa y poujadistas (movimiento político de extrema derecha de los años 50s), así como a elementos neofascistas de la década de 1960. Por otro lado, en 1987, el líder del partido, Jean-Marie Le Pen, causó polémica al declarar que las cámaras de gas eran un “detalle de la historia de la Segunda Guerra Mundial”. La des-demonización del FN y luego de RN consistió principalmente en distanciarse del antisemitismo y el racismo de los fundadores del partido. Para ello, en 2024 RN presenta la cara suave de Jordan Bardella, nuevo ídolo de la red social Tik Tok y de una parte de la juventud francesa. Hay que notar, sin embargo, que unos 80 candidatos apoyados por RN han sido señalados por declaraciones racistas, antisemitas o conspiracionistas. Mas allá de esos “errores de casting”, el programa de RN para las elecciones legislativas combina promesas sociales, nacionalismo xenófobo y un “big bang de autoridad” (una “vuelta al orden”, en palabras de Bardella): reducir los impuestos a la energía y a las familias, bajar las cotizaciones patronales para favorecer el aumento salarial, defender de la policía, suprimir el derecho de suelo como principio de acceso a la ciudadanía e instaurar lo que llaman “prioridad nacional”, que implica dar preferencia a los franceses sobre los extranjeros en el mercado laboral y en la obtención de prestaciones del Estado del bienestar. Además, para controlar el disenso político, el partido promete privatizar la radiotelevisión pública, satisfaciendo así los apetitos del industrial de extrema derecha y magnate de los medios de comunicación Vincent Bolloré (Canal+, CNews, Europe 1, le Journal du Dimanche, Paris Match), católico devoto y gran artífice de la unión de la extrema derecha.   

Por su parte, el bando presidencial se posiciona como la voz de la razón frente a los “extremos”, poniendo en un mismo lugar al NFP y a RN, que, como ya vimos, tienen programas muy diferentes. Gabriel Attal ha anunciado medidas concretas, pero dispersas y de escaso impacto: aumento de los salarios mediante la reforma de las cotizaciones a la Seguridad Social, participación en las sociedades mutualistas de seguros médicos a muy bajo costo, pago automático de las prestaciones sociales, prohibir el uso de teléfonos inteligentes a los niños, instaurar la semana laboral de cuatro días para los empleados que no puedan hacer trabajo a distancia y reforzar la energía nuclear. Cabe señalar también que los partidarios del presidente ajustaron ligeramente su objetivo tras la primera vuelta de las elecciones legislativas. Frente a la amenaza de una mayoría absoluta o relativa de RN en la Asamblea Nacional, Emmanuel Macron pidió “un frente amplio, claramente democrático y republicano para la segunda vuelta”. Mientras Bruno Le Maire (ministro de Economía y Hacienda) y Edouard Philippe (ex primer ministro) dicen querer bloquear a RN sin por ello votar por LFI, Gabriel Attal (actual primer ministro) y Yaël Braun-Pivet (presidente saliente de la Asamblea Nacional) prefieren un enfoque “caso por caso”, separando el grano de la paja dentro del partido de Jean-Luc Mélenchon. A la inversa, Mélenchon ha pedido explícitamente que los candidatos del NFP se retiren en aquellas circunscripciones dominadas por un duelo entre RN y Ensemble. El impulso republicano de 2024 tiene, pues, dos velocidades: claro y sólido en la izquierda; matizado y condicionado desde el centro-derecha.

Aunque el frente republicano (partidos anti-RN) tiene una geometría variable, aún podría funcionar. El número de posibles “contiendas triangulares” (una contienda entre tres partidos en la segunda vuelta, en la cual podría ganar la extrema derecha) se ha reducido considerablemente, de 306 a 89. Sin embargo, no hay ninguna garantía de que el electorado siga la estrategia ideada por los jefes de campaña. Allí radica la principal incertidumbre de la segunda vuelta.

¿Qué ocurrirá la noche del 7 de julio de 2024? Hay varios escenarios sobre la mesa. Para empezar, en caso de mayoría relativa de RN, se ha planteado la posibilidad de una solución “técnica”, al estilo del gobierno italiano de Mario Draghi, para administrar el día a día. En segundo lugar, circula un nuevo escenario, también en caso de mayoría relativa para RN: el de una gran coalición que abarque desde la izquierda (excluyendo a LFI) hasta la derecha clásica. Ambos escenarios presentan dificultades: por una parte, un gobierno técnico podría agotarse rápidamente; por otra, una gran coalición a la alemana tendría dificultades para ponerse de acuerdo sobre un programa. En ambos casos, es probable que RN, como única oposición, reforzaría su capital político de cara a las elecciones presidenciales de 2027. Por último, no hay ninguna garantía de que una mayoría relativa para RN no se transforme en mayoría absoluta, arrebatando escaños a la derecha clásica, que se ha mostrado cada vez más porosa con la extrema derecha. El tercer escenario, el de una mayoría absoluta para RN y los partidarios de Ciotti, no puede descartarse. Esto marcaría el inicio de una cohabitación extremadamente tormentosa entre el presidente Macron y el nuevo primer ministro, Jordan Bardella. Los poderes del Jefe del Estado son importantes pero limitados en caso de una verdadera diarquía. ¿Inaugurará Francia los Juegos Olímpicos con un gobierno similar al de Giorgia Meloni en Italia o al de Viktor Orbán en Hungría? La aterradora hipótesis entra dentro de lo probable.

¿Desgastará Matignon (sede del Primer ministro) a RN o será un trampolín hacia el Elíseo (sede del Presidente de la República)? Como “amo de los relojes”, Macron podrá disolver de nuevo la Asamblea Nacional dentro de un año… ¿pero a qué precio? Por su parte, RN, respaldado por el imperio mediático de Bolloré, hará todo lo posible para forzar la dimisión de Emmanuel Macron, a quien Marine Le Pen ya acusó de dar un “golpe de Estado administrativo” tras una serie de nombramientos administrativos (en el ejército y la diplomacia). En cualquier caso, el periodo 2024-2027 será de profunda crisis para la Quinta República. Ello traerá además importantes consecuencias geopolíticas en la región: RN, ideológica y políticamente próximo a Vladimir Putin, se ha beneficiado en el pasado del financiamiento a sus campañas por bancos rusos. Y el 3 de julio, la Rusia de Putin dio oficialmente su apoyo al partido de Jordan Bardella. A fin de cuentas, quien está encantado con la disolución quizá no sea el “amo de los relojes”, sino el amo del Kremlin.

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