Entrevisté a la escritora argentina Cecilia Rodríguez, que es militante del Partido de los Trabajadores Socialistas – Frente de Izquierda. Es miembro de La Izquierda Diario desde su fundación. Autora de la novela El triángulo (El salmón, 2018) y Los cuentos de la abuela loba (Hexágono Editoras, 2020). Dialogamos sobre sus comienzos con la escritura, acerca de lo femenino y lo trans, así como de su aceptación o no —de esta última categoría— en la sociedad actual, y finalizamos conversando de su polémica novela El triángulo, que fue construida fuera de la heteronorma y la monogamia.


Leandro Abel Cuellar (LAC): ¿Cuándo comenzaste con la escritura?

Cecilia Rodríguez (CR): Tuve la fortuna de nacer en una casa con libros y que me engancharan con los cuentos desde chica. Fui a una escuela que tenía muy buenas maestras de Lengua y cada dos semanas nos daban de tarea escribir un cuentito. Después, en la adolescencia, empecé a escribir “para mí”, en el sentido de que eran cosas que nadie me pedía hacer. Y a los 30 años, con el impulso del Ni una menos, tomé la escritura como algo más que un hobby y empecé a escribir libros, algunos publicados. Ahora vivo en un país gobernado por una persona que, cual monarca, quiere destruir todo aquello que me permitió ser escritora. Quiere liberar los precios de los libros y cerrar bibliotecas populares, para que millones de chicas nazcan en casas sin libros. Quiere atacar a las maestras y desfinanciar la educación. Quiere condenar a la mayoría de las adolescentes del país a no poder decidir sobre su propio cuerpo y a trabajar precarias desde jóvenes. Quiere prohibir a las mujeres el derecho a la protesta y la lucha por todos nuestros derechos. Por eso estoy luchando con miles de artistas y trabajadores de la cultura de todo el país, participando de una coordinadora que se llama Unidxs por la Cultura, y organizándonos, a su vez, con otros sectores de trabajadores, mujeres y colectivos en lucha.

LAC: Algo que aparece en tus textos es la problematización de la identidad binaria: femenina y masculina. ¿Qué es lo femenino y qué es lo masculino para vos? ¿Qué es lo trans y lo andrógino? ¿Cuál es su distinción?

CR: Femenino y masculino son una serie de mandatos sociales que recaen en las personas sólo por nacer con tal o cual sexo biológico. Por ser construcciones sociales, se transforman todo el tiempo. Cuando yo era chica se suponía que no era femenino jugar al futbol y ahora se habla mucho más de las ligas femeninas en este deporte, porque hay más mujeres que desafiaron esa vieja idea y agarraron la pelota. El movimiento de mujeres transforma lo que la sociedad entiende por femenino y las teorías vinculadas a dicho movimiento tratan de traducirlo al plano conceptual: ya no hablan de “lo femenino”, sino de las mujeres de carne y hueso que nos hacemos a nosotras mismas a partir de las luchas colectivas. Del mismo modo, la lucha de los movimientos por la diversidad viene poniendo en crisis el binarismo masculino-femenino y la heteronorma: desde Stonewall hasta hoy se fueron revelando socialmente las muchas identidades y formas de ser y desear que pueden practicar las personas.

No creo que exista ninguna persona puramente femenina o masculina: son extremos ficcionales y lo real son miles de matices que van del uno al otro. Y decir esto no es una moda actual: encontramos figuras que mutan de lo masculino a lo femenino y viceversa en muchas mitologías de hace miles de años. Una muy conocida es la de Tiresias en la mitología griega (recomiendo el trabajo que hizo Apollinaire con esta figura clásica en Las tetas de Tiresias). Es decir, la derecha se indigna con cosas que ya estaban presentes en la cultura griega, que supuestamente es el origen de la cultura occidental que ella reivindica.

Cecilia Rodríguez, vía Facebook.

LAC: ¿Creés que hoy en día hay un desvío de la heteronormatividad y la sociedad se está animando a aceptar otros tipos de sexualidad o creés que todavía falta?

CR: Hay un desvío producto de la lucha de las mujeres y diversidades. Pero el sistema capitalista, para poder explotar el trabajo asalariado (los trabajadores tienen que comer, curarse, criarse, educarse) necesita del trabajo no remunerado de las mujeres, y entonces el binarismo y la heteronorma se mantienen para la mayor parte de la población. El capitalismo puede tolerar espacios de libertad para homosexuales y mujeres blancas, ricas o de clase media acomodada (que además constituyen un mercado nada despreciable), pero no puede otorgar las mismas libertades a todos y cada vez que le arrancamos libertades nuevas, fagocitan monstruos que vienen a robarnos lo conquistado.

Las primeras sociedades humanas, de hace diez mil o dos millones de años, según la investigación que leas, estaban todo el tiempo luchando por la supervivencia. Como las herramientas eran muy rudimentarias, las características físicas de las personas determinaban la división del trabajo, de otro modo era difícil que sobreviviera el conjunto social. Hace bastante ya que, con los avances de la ciencia, ya no tiene razón de ser que las mujeres hagan mayoritariamente las tareas de cuidado ni que se les imponga el mandato de la maternidad. Pero esto sigue sucediendo porque un pequeño sector capitalista se niega a pagar por la reproducción de la fuerza de trabajo de la cual extrae su ganancia. Los colectivos que luchan por el reconocimiento de las identidades no binarias ni heteronormativas sufren como subproducto de esto, porque si realmente se reconoce para todo el mundo la libertad de desarrollar libremente su deseo, el esquema de sumisión que plantea el capitalismo vuela por los aires.

Por eso no me extraña que en Argentina este gobierno conservador de Milei lance por decreto y con el proyecto de Ley Ómnibus un ataque generalizado a las mujeres, las diversidades y la clase trabajadora del país: en un solo mes tuvimos la caída más abrupta del salario en nuestra historia. Entre los sectores más afectados están las personas trans, que ya sufren históricamente la falta de fuentes de trabajo, y las mujeres trabajadoras, que siguen siendo la mayoría en los empleos más precarios relacionados con los cuidados: salud, educación, limpieza, textil… El paro general convocado el 24 de enero nos encontró en la calle, unidos a todos estos movimientos y otros tantos más; espero que con esa fuerza logremos voltear la intentona de Milei de establecer una dictadura civil con represión y pobreza para las mayorías.

LAC: ¿De qué trata tu primera novela El triángulo (2018)? ¿Cómo fue el proceso creativo?

CR: Se trata de una relación “poliamorosa”, como le decimos ahora, aunque como dice la cita de Osvaldo Lamborghini que encabeza la novela: “sé lo que digo, no puedo hablar de amor”. Hay una pareja ya establecida y aparece un tercero que se va metiendo con ambos hasta establecer una suerte de trieja, que tampoco es tal. Hay sexo y violencia y preguntas sobre los límites del consentimiento, el cuerpo y el deseo. Intenté que los personajes no estuvieran definidos a partir de categorías como heterosexual, homosexual, bisexual, etc., sino que en todo caso esas realidades aparecieran en la escena. Un mismo personaje puede protagonizar una escena estereotípicamente homosexual, y luego una heterosexual y luego una escena que no es ni lo uno ni lo otro, porque lo que me interesaba era explorar la sexualidad y no definir a las personas.

La novela empezó como un sueño que escribí para no olvidarlo y mientras lo hacía dije: sirve para un cuento. Finalmente, se extendió como novela. La escribí entre febrero y noviembre de 2017; iba leyendo los capítulos en un taller de escritura dirigido por la poeta sevillana-rosarina Rocío Muñoz Vergara. Éramos mayoría mujeres y se convirtió en un espacio de lucha y organización feminista. El libro expresa el ambiente que se vivía en ese taller, las ideas que discutíamos, las experiencias que íbamos teniendo al calor del movimiento de mujeres que había estallado con el Ni una menos y que estaba en marcha hacia la conquista del aborto legal. Por esos días había una conmoción de muchas relaciones y situaciones que hasta el momento sólo habíamos cuestionado en abstracto. Ahora esas cosas estaban estalladas, a carne viva, y había que actuar. Y la novela nació de ese caldo, sin que yo controlara demasiado su producción, fue surgiendo.


Cecilia Rodríguez expuso en esta entrevista su posición política, la cual se adscribe a su estilo de escritura: un modo de redacción que se complace en escandalizar, como expresaba Pier Paolo Pasolini en su última entrevista con un tono transgresor: “Essere scandalizzato è un piacere” (“Ser escandalizado es un placer”). La autora, con su estilo, se compromete a deconstruir la sexualidad vista simplemente como heteronorma y a denunciar cualquier tipo de orden conservador. A partir de lo expuesto, se puede afirmar que hay una estrecha vinculación entre su escritura de ficción y su posicionamiento político-ideológico.

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