En medio de tanto maltrato, de tanta urgencia, de tanda demanda en los espacios pedagógicos, académicos y de investigación, Entramados del cuidado ha sido un refugio, pero también un lugar de resistencia desde el cual es posible construir.

Estas letras surgen como parte de una conversación iniciada hace más de un año y que me ha permitido aprender a pensar y a nombrar los descuidos, las violencias, las borraduras, los silenciamientos. Pero también a reconocer las prácticas, los gestos, las formas de hacer comunidad, de tender y sostener cuidados con otras, otros, otres en los diferentes espacios que nos vinculan, especialmente en los académicos y de investigación.

Estas letras se terminaron de cocinar en mi corazón el pasado 8M, mientras iba caminando al lado de Ana Carolina, mi hermana, y de amigas y estudiantas, en la marcha. Durante la marcha, Ana Carolina y yo platicábamos sobre ser docente e investigadora en medio de todo, especialmente en medio de una marcha entre mujeres.

Los cuidados

Como se ha reflexionado en múltiples espacios, cuando pensamos en los cuidados y reconocemos que están presentes de múltiples formas y en múltiples dimensiones de nuestra existencia, corremos el riesgo de vaciar el sentido mismo de aquello a lo que queremos referirnos. En la entrega anterior de esta columna, propuse una aproximación a lo que se puede entender por cuidados, pero hoy quisiera proponer otra ruta.

En el prólogo del libro Reflexiones feministas sobre los cuidados, María Sol Anigstein identifica dos aproximaciones al concepto de cuidados planteadas en los trabajos que se reúnen en ese volumen:

a) La interdependencia, vulnerabilidad y precariedad ontológica de los seres humanos, que implican una universalidad de los cuidados como actividad de [la] especie, pero que tienen particularidades histórico-sociales, con una marca de desigualdad; y b) la polémica acerca del lazo cuidados-mujeres-amor que se articula con el debate sobre la realización entre reproducción social y cuidados. (Anigstein, 2024: 18)

De allí, podemos desplegar al menos cuatro aspectos relacionados con la noción o nociones de cuidados: La necesidad humana de sostener y, por tanto, cuidar la vida (el cuidado como condición que posibilita la vida humana misma); las condiciones particulares en que se desarrollan las prácticas de cuidados (inscritas en horizontes históricos y políticos particulares y que, entonces, adoptan formas diversas); las desigualdades estructurales que priman en la organización, distribución y configuración de las actividades de cuidados; y, finalmente, las críticas que se han elaborado desde los feminismos hacia la asignación desigual en función género, racialización y clase de las actividades de cuidados.

A pesar de la amplitud de definiciones, abordajes, prácticas, experiencias e imaginarios en torno a los cuidados, considero que podemos ir reconociendo algunas coordenadas para caminar.

Los cuidados, como las compañeras de Entramados del cuidado decimos al lado de muchas otras que trabajan desde la defensa del territorio, tienen su sustrato en la idea fundamental de sostener la vida. Pero desde ese primer lugar, habría que identificar otros elementos.

Para Farris, las reflexiones en torno a los cuidados se entretejen entre dos grandes posicionamientos: 1) la política del cuidado y 2) la teoría de la reproducción social. Entre estos dos posicionamientos puede haber confusiones, como la homologación entre cuidados y las actividades reproductivas. Para Farris, identificar los debates que cada una de las tendencias abre es fundamental para elaborar un posicionamiento crítico que nos permita elaborar “marcos explicativos poderosos [teoría de la reproducción social], pero también (…) la visión de un futuro alternativo posible [política-ética del cuidado].” (Farris, 2024: 68)

Como se ha advertido, es indispensable situar las prácticas y relaciones de cuidados en el entramado de relaciones de poder y dominio configuradas a partir de relaciones desiguales de clase, racialización y género.

Los cuidados en el campo de la docencia y la investigación

A partir de las reflexiones tejidas con otras compañeras y colectivas, considero que para pensar en torno a los cuidados en el campo de la educación es posible reconocer al menos cuatro ámbitos:

  1. el cuidado en los espacios educativos-pedagógicos (hacia las y los estudiantes y docentes, y en la conformación de relaciones posibilitadoras de procesos de enseñanza-aprendizaje);
  2. los cuidados en el ámbito de lo laboral (especialmente en términos de las condiciones de trabajo de las docentes en los diferentes niveles educativos);
  3. el cuidado en los entornos familiares, de amistades y otros vínculos afectivos (en tanto exigencias y demandas atribuidas en relación a sus asignaciones sexo-genéricas);
  4. Finalmente, las posibilidades de situar los cuidados como horizonte político que prefigure prácticas, relaciones y espacios de trabajo académico, docente y e investigación dignos y sin violencias.

Cada uno de los primeros tres ámbitos se entreteje para configurar experiencias particulares y compartidas de las docentes de cada una de los niveles, formas y espacios de educación escolar.  El último funciona como ámbito movilizador, como horizonte de posibilidad.

Las personas necesitamos cuidados en muchos momentos de nuestro día y en los múltiples espacios que habitamos, y cada espacio tiene sus propias características; no obstante, en todos ellos podemos identificar relaciones desiguales, en las cuales se les exige de manera prioritaria a las mujeres y las personas feminizadas realizar actividades de cuidados, mientras que a los varones se les suele deslindar de ellas. ¿Cómo se expresa esto en los espacios académicos, docentes y de investigación? Y ¿de qué manera ello configura la experiencia de las mujeres en estos ámbitos?

La experiencia de las docentes e investigadoras en la trama de cuidados, descuidos y maltratos

Cuando comenzamos a dialogar en la colectiva Entramados del cuidado, yo estaba inmersa en una reflexión en torno a la manera en que los cuidados atraviesan los espacios educativos y las relaciones pedagógicas. Me interesaba analizar las formas en que desplegamos prácticas y tejemos relaciones cuidadosas dentro de las aulas, tratando de encontrar brújulas en torno a sus límites y posibilidades. Ahora entiendo que esto tiene que ver con la dimensión ética-política de los cuidados a la que Farris refiere.

Por supuesto, en cada uno de los encuentros y talleres, así como en la recuperación de las experiencias de las compañeras, trabajadoras, académicas, docentes, investigadoras, madres y estudiantes, nos encontramos con la necesidad de considerar las condiciones materiales en las cuales se desarrollan las actividades de docencia e investigación. Las condiciones de trabajo inciden en la configuración de las formas, posibilidades y dificultades del trabajo mismo y pautan las experiencias de las mujeres en estos campos. Aquí nos encontramos con la dimensión material de la reproducción social, en la que los procesos de racialización y las desigualdades de clase juegan un papel central.

De manera simultánea, en el camino que hemos andado, me he vuelto cada vez más consciente sobre cómo las demandas, pero también los refugios de los cuidados familiares, de las amigas, de mi compañero, de otras maestras y amigues, trastocan, colocan y descolocan mi experiencia como docente e investigadora.

Son extrañas, pero a la vez muy comunes, las dificultades para  hablar y pensar los cuidados. Incluso cuando nos detenemos a interrogarlos es posible que aparezcan como algo externo, y nos cueste un gran trabajo pensar, hablar, escribir y sentir desde la experiencia propia.

Hoy, sin embargo, me parece es fundamental recuperar y problematizar la experiencia de las docentes e investigadoras desde una mirada que logre articular el quehacer docente y de investigación, reconociendo las condiciones laborales en tanto trabajadoras, la dimensión de pedagógica e investigativa de nuestra labor, y la dimensión de las redes y vínculos afectivos.

En el marco de los debates, tan en boga y tan necesarios, en torno a los cuidados, me parece fundamental construir reflexiones y alternativas y seguir tejiendo colectivamente, desde formas cuidadosas y amorosas de hacer docencia e investigación.

Estas letras van con muchos abrazos a mis queridas compañeras de Entramados del Cuidado (Ana Carolina, Ana y Ale) y a la equipa de Cuidado y Educación de la UAM (Vanesa y Abril). Gracias por caminar y tejer juntas.


Referencias

Anigstein, María Sol. (2024). “Prólogo”. En Daniela Alegría y Lieta Vivaldi. Reflexiones feministas sobre los cuidados. LOM, pp. 17- 20.

Farris, Sara (2024). “La política del cuidado y la teoría de la reproducción social”. En Daniela Alegría y Lieta Vivaldi. Reflexiones feministas sobre los cuidados. LOM, pp. 59-68.

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