En el marco de las elecciones de 2024, en Revista Común nos interesa escuchar la opinión proveniente de diferentes voces acerca de los temas y problemáticas que hoy deben estar puestos sobre la mesa del debate público. Por eso, en este 8M decidimos hacer un ejercicio de consulta a manera de encuesta, una que pudiera reflejar las preocupaciones de quienes trabajan por los derechos de las mujeres o desde los feminismos en diversos frentes.
En esta primera entrega, nos acercamos a cuatro mujeres con diversos perfiles y ejes de trabajo, quienes, por separado, nos hicieron llegar sus reflexiones por escrito: Rosalba Cruz Martínez, abogada feminista y consejera jurídica de la Coordinación para la Igualdad de Género en la UNAM; América Del Valle, trabajadora, madre, defensora de la tierra y los derechos humanos; Daniela Rea Gómez, reportera; y Siobhan Guerrero, defensora de derechos humanos.
¿Cómo te encuentra este 8M de 2024?
Rosalba (04/03/24, 19:16): Entusiasta con una nueva oportunidad de unir voces, frentes y hacernos oír para mostrar que persisten las desigualdades y el inacceso a la justicia, que las estrategias gubernamentales han sido meras simulaciones. ¡Marchar!, para que haya un día en el que ya no sea necesario.
América (07/03/24, 4:26): Este 8M de 2024 sigo más consciente de la inequidad, el clasismo y hasta del racismo, particularmente en el ambiente laboral. Pero también de los que se reproducen en casa, donde, al final del día, toda la producción del trabajo doméstico y crianza cae sobre nuestros cuerpos y nuestra salud mental y física. Así que, a pesar del agotamiento y constantes flaqueos, porque hasta eso nos sigue tocando a las mujeres insistir, insistir e insistir, no hallo otro camino que buscar aliadas, aliados, a veces sólo para reafirmar que es una realidad y una necesidad transformar las relaciones de poder y hacer frente al patriarcado en todas sus formas, incluyendo sus edulcorantes y romanticismos que intentan ocultar la tremenda inequidad que vivimos la mayoría de las mujeres dentro y fuera de nuestra casa.
Daniela (07/03/24, 7:52): Me encuentra reflexiva sobre cómo construir comunidades para que, en la diversidad, pensemos y actuemos por el mundo que queremos habitar.
Siobhan (07/03/24, 21:41): Me encuentro con sensaciones agridulces ante el 8M. Por un lado, me siento muy decepcionada de cómo un día tan importante se ha vuelto un espacio de violencias transexcluyentes. No debiera ser así. Hace años era un día para las amigas y la protesta, para marchar y canalizar la ira y la alegría. Pero hoy es algo incluso nostálgico porque las violencias fueron debilitándonos y han generado que muchas ya no nos sintamos bienvenidas. De pronto parece más una guerra hacia otras mujeres que un llamado a lucha contra las violencias sexistas. Es una situación dolorosa. Por otro lado, sigo sintiendo que es una fecha importante e irrenunciable. Han querido cooptar y edulcorar a los feminismos. Eso no está para nada bien. Sigue y seguirá siendo importante salir y exigir que cesen todas las formas de violencia contra todas las mujeres. Hago un llamado a no dejar que hagan de esta causa una marca, un producto o un símbolo cooptable así, sin más.
¿Qué ejes o demandas estratégicas de los movimientos feministas consideras que deben estar al centro del debate en las campañas electorales y a qué políticas puntuales te gustaría que se comprometieran las candidatas y candidatos?
Rosalba: En efecto, al hablar de demandas, es necesario hacerlo en plural porque, si bien se vive una violación sistemática a los derechos de las mujeres, también es cierto que hay una gran diversidad de mujeres con condiciones particulares por las que han sido vulneradas, y que hoy levantan la voz. Porque la justicia no es la misma para todas, hay una serie de prejuicios que la condicionan. Y cuando hablo de justicia, me refiero no sólo a aquélla en torno a un proceso jurídico, sino también a la justicia social: a la posibilidad de elegir el propio plan de vida, por ejemplo, con los recursos disponibles para ello; a la elección de profesión sin universidades públicas suficientes, si toca tomar decisión entre estudiar o poder sobrevivir, comer, tener un lugar dónde dormir; si no puedes decidir a qué dedicarte, ello es una cuestión de derechos humanos, de justicia social.
Ahora bien, gracias a los diferentes aportes disciplinarios de los feminismos, sabemos que la problemática de la desigualdad de género es de tipo estructural, por lo que las estrategias también deben serlo. Si se sigue atendiendo exclusivamente lo urgente, con instancias especializadas de atención a las violencias (unidades de género, fiscalías especializadas), se llevarán adecuadamente procesos sancionatorios (al menos, es lo deseable, pese a que aún estemos lejos de ello), pero esto no resuelve la problemática. La intervención institucional y el poder punitivo del Estado es también un acto de justicia, una obligación, pero incluso en el caso de que la víctima consiga sentencia condenatoria, es insuficiente, pues los efectos de las violencias son múltiples. Las consecuencias de la violencia son para quien fue víctima, con estragos en su salud física, mental, económica, entre otras, pero también para sus dependientes y seres queridos, por ejemplo, las víctimas de feminicidio que dejan a hijos e hijas en el desamparo.
Ante ello, quienes se postulan a las candidaturas deben asumir el compromiso de diseñar estrategias para erradicar la desigualdad de género de manera integral, además de las medidas de atención emergente. Estrategias con metodologías de política pública con perspectiva de género, es decir, diseñar contenidos en la prevención según la evidencia, por ejemplo, la transversalización de planes y programas de estudio con perspectiva de género desde los primeros años educativos, que promuevan normas sociales que desaprueben la violencia; modelos relacionales íntimos y afectivos sanos y seguros; programas de fortalecimiento para niñas; la creación de instancias que atiendan y den seguimiento a las personas que han experimentado actos de violencia mediante la intervención multidisciplinaria, que se complemente con programas dirigidos a quienes ejercen violencia para que reciban atención médico-psicológica cuando sientan el impulso de ejercerla. Indispensable, además, establecer estrategias de medición para realizar rendición de cuentas con el fin de transformar los programas según se observe su efectividad o inefectividad.
Son muchas las necesidades, por lo que observar la problemática de las desigualdades de género como estructural, y no como hechos aislados al momento de desarrollar los programas integrales, es el paso obligatorio para lograr, un día, la igualdad de género.
América: Por supuesto, no quitar el dedo del renglón sobre las violencias de género que abundan: feminicidios, violencia vicaria, tortura y violaciones sexuales, violaciones y maltrato contra las infancias, trata de mujeres, desaparición forzada… pero también la violación a los derechos humanos de facto, desde el momento en que se toma la decisión política y económica para edificar proyectos y megaproyectos que comprometen y/o transgreden la seguridad alimentaria, de vivienda, los derechos ambientales y la seguridad misma de cada mujer y sus comunidades en el campo, la costa, el barrio.
A estas alturas del cuarto del siglo XXI, todas las iniciativas, por sencillas que parezcan, tendrían que evaluarse de manera integral, de forma interdisciplinaria, con visión de largo plazo y, por supuesto, con la mirada profunda de género. Sin mujeres soberanas, libres y con oportunidades reales que dignifiquen y nos devuelvan autoestima y poder, no hay forma de enfrentar la complejidad de los tiempos que esperan y nos suplican que hagamos algo por nuestros hijes y la humanidad.
Daniela: El Sistema Nacional de Cuidados; el acceso digno y gratuito a la salud; el pensar la erradicación de la violencia de género desde alternativas al punitivismo.
Siobhan: Desde luego seguir luchando en contra del feminicidio y el transfeminicidio. Insistir en que no se desmonten las políticas públicas encaminadas a asegurar los derechos de todas las mujeres. Nombrar y visibilizar aquellas violencias, exclusiones y formas de discriminación que estuvieron naturalizadas. Oponernos a la militarización porque finalmente está causando violaciones a los derechos humanos de las mujeres a través de la violencia sexual. Resistir la cooptación de los movimientos sociales y resistir de igual manera su criminalización. Buscar movimientos autónomos y críticos que sean plurales y reconozcan que, si bien somos distintas, eso no nos impide ser una poderosa multitud de voces que defienden el mundo, la dignidad y la vida.
