[Migrar] es una experiencia sufrida, porque también a uno lo discriminan, lo voltean a ver a uno así raro.
[Pero] al menos yo me siento bien como yo soy, yo levanto mi cara, porque no tengo por qué agacharla.
Yojana, mujer migrante hondureña. Humanizando la Deportación.
En el contexto del capitalismo actual, las migraciones internacionales, no son sólo el resultado de la producción político-económica de contextos de expulsión determinados por causas estructurales —el deterioro de las condiciones de vida en el origen y una fuerte demanda de fuerza laboral en el destino—, sino también de los procesos de agencia de los sujetos migrantes; es decir, de los grupos y poblaciones que se valen de las migraciones para llevar a cabo sus proyectos de vida y mejorar sus condiciones de existencia y las de sus familias. Para inicios de la presente década, se calculaba que el número total de migrantes internacionales a escala global alcanzaba los 280 millones de migrantes, siendo el mayor corredor migratorio del mundo el que conecta México con Estados Unidos (EE. UU.).
Por siglos, las migraciones han sido procesos muy relevantes en la conformación sociodemográfica de EE. UU. y desde mediados del siglo XX han jugado un papel clave en ciertos nichos económicos como agricultura, construcción, servicios, cuidados y manufactura, entre otros.
Aun cuando la mano de obra migrante ha sido esencial para el crecimiento y expansión de una de las mayores economías del mundo, la hostilidad es lo que marca su vida diaria: la persecución estatal, el aislamiento, la incertidumbre laboral, la angustia familiar, las amenazas de deportación y la explotación afectan a las poblaciones migrantes, sobre todo a quienes no han logrado regularizar su situación legal.
Desde que Trump asumió la presidencia, en enero de 2025, la hostilidad se ha exacerbado. Haciendo caso omiso a los colosales aportes socioeconómicos (en impuestos, compra de mercancías y trabajo barato) de los más de once millones de trabajadores migrantes irregulares y a una drástica disminución de cruces migratorios en la frontera sur de EE. UU. desde 2024 a la fecha, Trump no cesa de desplegar una retórica tendenciosa y de falsas noticias sobre los migrantes y de las motivaciones por las que migran. El presidente deliberadamente omite y desprecia las investigaciones académicas sobre las contribuciones de las migraciones a la economía estadounidense, tanto en términos de expansión de la fuerza laboral, como del consumo. Por el contrario, reproduce un guion abiertamente incorrecto, ya muy conocido, y que empleó hasta la saciedad a fines de la década pasada, durante su primera administración. Se trata de la recurrente y falaz idea del migrante como transgresor de la ley y como responsable de los “males” que aquejan a EE. UU. (criminalidad, desempleo, merma al erario público).
Los imaginarios y retóricas de los migrantes como un peligro para EE. UU. no son nuevas, ni las inventó Trump. Tienen varios y lejanos antecedentes, como la remota ley de exclusión china de 1882 instaurada por el presidente Chester Artur; o las posturas de diversos políticos republicanos entre finales del siglo XX y principios del XXI. Así, lo que , el actual presidente ha hecho es actualizar tales narrativas, remarcando los elementos de xenofobia, racismo y nacionalismo que las caracterizan. Lo que busca el jefe del ejecutivo del gobierno estadounidense es exacerbar un lucrativo uso político-mediático de la criminalización de poblaciones extranjeras irregulares, para mostrarles a su base social, a los medios de comunicación masiva y al electorado que votó por él que está cumpliendo sus promesas de campaña.
De igual manera, no hay que olvidar que, ya desde su primera administración (enero 2017-enero 2021), Trump se caracterizó por crear y difundir una imagen completamente infundada de los migrantes como “delincuentes” e “invasores” que se aprovechaban de EE. UU. y de sus recursos. Acorde con esa representación ficticia y estigmatizada, implementó una serie de medidas muy agresivas, incluido el uso de la violencia estatal como dispositivo de control migratorio, que produjeron sistemáticas transgresiones a los derechos humanos . Las implicaciones de sus políticas de tolerancia cero van desde la separación de centenas de familias, la detención y enjaulamiento de niños, niñas y adolescentes mayoritariamente centroamericanos, pero también mexicanos y de países de Sudamérica, la ampliación del muro fronterizo y el robustecimiento de agencias como la Border Patrol y el ICE, hasta la creación y la implementación del programa Quédate en México, la instauración del Título 42 durante la pandemia de Covid-19, la criminalización de ciertas poblaciones del sur global, el cierre y militarización de su frontera sur, y las muertes de migrantes encarcelados en centros de detención.
Puntos clave de las narrativas antiinmigrantes
Si queremos hacer una crítica de las xenófobas y racistas narrativas antiinmigrantes de Trump y de su gobierno, tenemos por fuerza que analizar y cuestionar algunos de los elementos más drásticos y violentos que las integran. Así, dicha crítica conduce a contrastar y contrarrestar, con datos y evidencias, las falaces narrativas que el titular del gobierno de EE. UU. esgrime en sus discursos de odio hacia las poblaciones extranjeras .
La supuesta invasión de migrantes que actualmente acontece en la frontera sur de EE. UU. Esto es una mentira que no se sustenta en los hechos ocurridos en los últimos quince meses. Desde que Biden inició su administración (2021). y sobre todo hasta 2023, se estima que cerca de 1.3 millones de migrantes ingresaron a suelo estadounidense a través de la aplicación CBP One. No obstante, esto cambió radicalmente. Desde el 2024 —en especial a partir de su segunda mitad y durante el presente año—, el U.S. Custom and Border Protection reporta contundentes registros que muestran una drástica reducción de los cruces fronterizos de migrantes irregulares. Por ejemplo, según un estudio del Pew Research Center, de casi 250,000 detenciones realizadas por la patrulla fronteriza en la frontera sur de EE. UU. en diciembre de 2023, se redujo a poco menos de 60,000 detenciones en agosto de 2024. En especial, han disminuido los cruces de migrantes mexicanos y centroamericanos (poblaciones que, desde hace años, han sido agredidas sistemática y violentamente por el presidente y sus seguidores). En síntesis, no hay tal invasión.
La imprecisa opinión de que gran parte de los migrantes no cuentan con documentos. Esta idea es completamente errónea. Según un estudio reciente del Pew Research Center, de la totalidad de migrantes en EE. UU. para el 2022 (aproximadamente 47 millones), la gran mayoría estaban regularizados, y contaban con algún tipo de documento de residencia y/o migratorio por parte del gobierno estadounidense (casi 37 millones), mientras que sólo una pequeña parte (cerca de 11 millones; es decir, aproximadamente el 25% del total) eran migrantes irregulares; aunado a esto, tal registro es menor a los 12 millones de migrantes irregulares que había en dicho país en 2007. Y, particularmente en el caso de los migrantes mexicanos irregulares —uno de los grupos que más ataques recibe de la actual administración estadounidense—, se ha presentado una clara reducción, pasando de cerca de 6.9 millones en 2007 a alrededor de 4 millones en 2022.
PEro más allá de lo anterior, lo que no dice el gobierno de EE. UU. es que estos migrantes irregulares juegan un papel clave en la economía, particularmente en rubros estratégicos del aparato productivo como la agroindustria (donde cerca del 85% de los jornaleros son migrantes, y la mayoría mexicanos), la industria de la construcción, y en el amplio y variado sector de servicios.
La reiterada y ficticia declaración de que los migrantes son criminales. El presidente lo ha repetido hasta el cansancio, y, abusando de casos aislados de crímenes graves cometidos por personas no estadounidenses (como la lamentable muerte de Laken Riley), ha dispersado el infundado mito de la vinculación entre migración y una mayor comisión de delitos; esto se ha traducido recientemente en algunas acciones legales que vinculan de forma errónea criminalidad y estatus migratorio. Sin embargo, los recientes trabajos académicos de Paolo Pinotti y Oliver Marie han mostrado, de manera documentada y con sólida evidencia científica, que la presencia de migrantes no implica de manera lineal y creciente un aumento en los índices de criminalidad. Además, los estudios de Ran Abramitzk han dado cuenta de que, en años recientes , los migrantes tienen 30% menos posibilidades de ser encarcelados que los estadounidenses blancos (que es unos de los grupos poblacionales de ciudadanos de EE. UU. con menor registro de encarcelamiento). En resumen, la gran mayoría de los migrantes no son criminales.
La repetida y falsa narrativa de que los migrantes no aportan nada, y son una merma al gobierno. Los migrantes irregulares no implican procesos de fuga de recursos públicos, ni un despilfarro económico para los gobiernos de los países de destino. En tanto trabajadores precarizados y explotados, los migrantes tienen importantes contribuciones laborales (como fuerza productiva desvalorizada), y económicas (mediante el consumo y el pago de impuestos) en EE. UU. Por un lado, y como lo han venido señalando desde hace años Raúl Delgado y Humberto Márquez desde sus planteamientos críticos sobre migración y desarrollo, EE. UU., por su estructura demográfica en proceso de envejecimiento, adolece de suficientes contingentes de trabajadores jóvenes; y, desde hace décadas, requiere de trabajadores migrantes para nichos clave de diferentes sectores de sus mercados laborales. Ya he puesto el ejemplo de los procesos productivos de corte agroindustrial, los cuales se ejecutan gracias a las centenas de miles de migrantes que trabajan como jornaleros. . Pero también los migrantes son mano de obra fundamental para las empaquetadoras de carne y las empresas de la construcción; y un panorama no muy distinto se identifica, como he dicho ya también, en los diferentes ámbitos del diverso sector de servicios (labores de cuidado, trabajo doméstico, servicios de entrega y despachadores, y trabajadores de pequeños comercios).
Por otra parte, en EE. UU., el conjunto de los migrantes irregulares pagaron casi cien miles de millones de dólares en impuestos en 2022, y, de manera suplementaria, produjeron una millonaria derrama económica en EE. UU. (por medio del consumo de diferentes bienes y servicios). Los datos muestran, así, que los migrantes irregulares son poblaciones que han generado importantes procesos de intercambio económico y de circulación de dinero. Además, debido a los bajos salarios que perciben y los procesos de precarización de sus condiciones laborales, los migrantes han sido y son parte fundamental de las dinámicas de abaratamiento de los costos de producción (mediante la desvalorización real del trabajo y del salario). Como resultado de esto, se han configurado históricamente procesos de incremento de los márgenes de ganancia en los grupos de empresarios que contratan y utilizan a los migrantes como mano de obra barata, precarizada y desechable. Desde hace décadas éste ha sido un efectivo mecanismo de aumento de la riqueza de los empleadores.
Los migrantes como sujetos sociales y dinamizadores de procesos económicos
Contra los discursos xenófobos y racistas del titular del gobierno estadounidense, es necesario producir ejercicios de visibilización que, con información veraz y fundada, den cuenta de que los migrantes irregulares no son criminales. Al contrario: en tanto activos sujetos políticos, los migrantes producen significativas contribuciones económicas, sociales, culturales y políticas, tanto en los países de destino, como en los de origen.
Criticar las narrativas gubernamentales de odio es urgente para contener la proliferación de los prejuicios antiinmigrantes en sectores de la población estadounidense que antes eran ajenos y refractarios a estos discursos. La sociedad, o más precisamente, ciertas secciones de ella no pueden ni deben aliarse con poderes estatales que basan sus discursos y acciones políticas en las mentiras y la violencia.
Las y los migrantes, frente a este hostil y complejo escenario de criminalización y constante agresión, recurren a sus redes, estrategias y prácticas de ayuda y apoyo mutuo para continuar con sus proyectos y anhelos. Ellas y ellos siguen resistiendo en el día a día, con esfuerzo y trabajo, y también con mucha dignidad. En esta lucha cotidiana no están solos: : abogados, defensores de derechos humanos, agrupaciones e iglesias de diversos credos, colectivos y organizaciones sociales, albergues, refugios, activistas, entre otros muchos aliados, los acompañan y caminan junto a ellos
…..para Balderrama, pensando en la urgencia de un mundo menos violento y más justo.
