Toda nueva generación, todo nuevo ser humano, debe, al tomar conciencia de que se halla inserto entre un pasado y un futuro infinitos, descubrir de nuevo y trazar afanosamente el camino del pensamiento.
Hannah Arendt, La vida del espíritu
Los días 4, 5 y 6 de junio se celebró el Congreso “La necesidad de la enseñanza de la Filosofía en la Educación Media-Superior”. Este evento, organizado por la Secretaría de Educación y el Comité Nacional para la Defensa de la Filosofía (CONADEFI), tenía como propósito dialogar sobre el espacio que el Modelo Educativo impulsado por la Nueva Escuela Mexicana otorga a la Filosofía. Allá presenté una ponencia, pensando que mi interlocutor principal habría de ser la SEP. Sin embargo, me encontré con que mi participación fue malinterpretada por algunas personas que erróneamente juzgué como aliadas y compañeras de posición. En un inicio pensaba convertir esa presentación, que tenía un estilo sintético más apropiado para ser declamado, en un artículo donde pudiera ir profundizando algunas cuestiones. Sin embargo, ahora prefiero, a la luz de los sorprendentes equívocos surgidos, compartir el texto del que brotaron las palabras que entonces proferí, no sólo con la intención de someterlas al juicio y valoración de las colegas del gremio, sino también de cualquiera que esté interesada en el presente y futuro de la educación en México. Mi objetivo con esta publicación, en cualquier caso y sobre todo, es aportar algunos argumentos a un diálogo que lleva dándose varios años de forma intermitente y que este nuevo encuentro, impulsado por CONADEFI, ha venido a reactivar con fuerza.
Imaginen, entonces, que están en una espaciosa sala de un edificio de convenciones, sentados alrededor de una larguísima mesa. Tras haber escuchado dos magníficas pláticas, fijan la mirada en el último de los ponentes y le oyen decir que antes de ir al punto del asunto, quiere fijar su lugar de enunciación. Entonces continúa con un…
“Podría hablar como coordinador de la licenciatura de Filosofía y pensar en el futuro laboral de nuestros egresados o en las vocaciones que se detonan en el bachillerato y que lleva a los jóvenes a matricularse en nuestras instituciones. O como profesor en educación media superior, tanto en España como en México, con el fin de decir algo sobre los modos y estrategias que encontré para sostener el entusiasmo filosófico de los adolescentes. O como papá de un niño preadolescente y de cómo me gustaría que fuera su formación integral y su introducción escolarizada al pensamiento filosófico. O como filósofo —pragmatista y pluralista—, y defender un espacio específico para la filosofía como una disciplina paradójicamente útil, pero sobre todo necesaria, dentro el conjunto del saber. Hablaré desde todos esos lugares, pero trataré de hacerlo también desde el recuerdo del adolescente que un día fui y que decidió a qué quería dedicar su vida en un salón de bachillerato donde proliferaba el desasosiego, la sorpresa y el asombro. En la filosofía encontré, como seguramente muchos de todos ustedes, un espacio de reflexión que me permitió ahondar en las cuestiones más fundamentales y que me abrió las puertas a un sorprendente ámbito donde uno podía sacarse un 10 mostrando los sinsentidos de los sentidos que damos por sentado
”El título de mi ponencia es ‘El oscurantismo antifilosófico de la disolución disciplinar’. Después de elegirlo, pensé que podría resultar demasiado radical, pero tras meditarlo algunos días, me di cuenta de que me había quedado corto. Así que en realidad voy a serlo un poco más y mi título será: ‘El oscurantismo y antihumanismo antifilosófico de la disolución disciplinar’. Sin embargo, no seré incendiario. Sólo defenderé la necesidad de tener una materia específica de Filosofía frente a una transversalización que, a mi juicio, sí que la disuelve, o más bien la fragmenta, con tal de incluirla en el área de humanidades. Trataré de mostrar que esta propuesta de transversalización tiene algo de oscurantista y de antihumanista. Oscurantista, porque oculta intencionalmente algunos aspectos importantes de una disciplina central para la formación de los jóvenes. Antihumanista porque en el documento del Marco Común pareciera hacerse énfasis en el carácter metodológico de la filosofía, pero se omiten los contextos vitales, sociales e históricos en que ésta se ha ido produciendo y desenvolviendo. En ese sentido lo que se oculta es el contexto humano en que se generaron, desarrollaron y utilizaron tales métodos disciplinares. Defenderé, por tanto, que el adecuado aprendizaje de la Filosofía sólo queda asegurado con la inclusión de una asignatura con su propio nombre.
”Quizá alguien podría decir que esto es una posición conservadora que expresa una especie de afán de antigüedades, por revertir la expresión heideggeriana, una tozuda insistencia en pensar desde marcos enquistados que ya no son útiles, valiosos, provechosos ni fecundos. Trataré de mostrar que no.
”En cualquier caso, antes de eso quiero reconocer algunas de las virtudes, explícitas o no, de la propuesta de la Secretaría de Educación que quedan cristalizadas en el documento del Marco Común.
”La primera de ellas es haber contado con profesores de educación media superior en su diseño. Comienzo entonces mostrando mi respeto por el trabajo de los profesores y colegas que han dedicado su saber y esfuerzo para la concreción de un modelo que, aunque deseo que no se implemente nunca tal como está, nos ofrece una oportunidad para seguir pensando y debatiendo.
”La segunda es que dice buscar fortalecer las humanidades potenciando la didáctica y los métodos propios del ejercicio filosófico para ponerlos a operar junto a otras asignaturas. La transversalización de dichos métodos muestra la fecundidad y la pertinencia de la filosofía como un saber cuyo aprendizaje puede ser útil para otros saberes.
”La tercera, derivada de la anterior, es que articula algunos de los conceptos y métodos filosóficos con los de otras materias buscando una formación integral que saque a cada una de ellas de su aislamiento para tratar de hacer frente a la dificultad de comprensión de problemas y fenómenos complejos.
”La cuarta es que esta conexión podría servir para desjerarquizar los conocimientos y combatir la arrogante idea de que hay unos más importantes que otros.
”La quinta es que pretende enseñar filosofía haciendo filosofía. Esto constituye un movimiento muy interesante en tanto que evade el carácter meramente informativo en que incurre normalmente la enseñanza de esta materia en el bachillerato.
”La sexta y última, aunque no dudo que haya alguna más, es que establece como uno de sus objetivos la integración de conocimientos para comprender, atender y resolver problemas locales.
”Ahora bien, por más que pueda haber ideas valiosas en el modelo transversal, éstas no habrían de derivar en la eliminación de los cursos específicos de Filosofía. Esto por varios motivos. Enlistaré algunos de los que me parecen más importantes:
”En primer lugar, porque la conexión interdisciplinar no sólo se beneficiaría, sino que requiere por definición, del estudio de las disciplinas. Reducir la Filosofía a algunos de sus métodos, contenidos y habilidades impide conocer el vasto campo de posibilidades que florecen en las diferentes tradiciones y cuyo estudio permitiría establecer vínculos distintos, algunos de ellos impredecibles, entre las distintas asignaturas. Así, una materia donde se aborden algunas de las muchas acepciones de conceptos fundamentales —como los de libertad, existencia y poder, por decir sólo algunos— podría nutrir de maneras heterogéneas las reflexiones derivadas del estudio de otros temas.
”Segundo, porque la filosofía tiene problemas específicos. En este sentido, la propedéutica no sólo habría de consistir en el aprendizaje de métodos, sino en el descubrimiento y formulación de las preguntas más radicales. Por ejemplo, interrogantes comunes que afloran en una clase de bachillerato como ‘¿algo es bello porque me gusta o me gusta porque es bello?’ o ‘¿por qué el ser y no la nada?’ constituyen problemas fundamentales en los que uno habría de detenerse sin estar conminado a pensar, al menos en primera instancia, en su ligazón con otros campos.
”Tercero y vinculado a lo anterior, porque las reflexiones filosóficas no han de ponerse necesariamente al servicio de contextos y problemas no filosóficos. La paradójica utilidad de la Filosofía se expresa en su necesidad; en lo ineludible de hacerse preguntas fundamentales que pongan en cuestión —y por tanto generen las condiciones de posibilidad de su cambio— las costumbres, las creencias, lo aceptado, y —en definitiva— todo lo dado. Una materia que permita la reflexión sostenida supone un espacio de movilización del pensamiento en torno a preguntas que, precisamente, por no ser atendidas a la luz de su uso, pueden detonar las más profundas de las transformaciones.
”Cuarto, porque si bien es cierto que la interconexión puede ampliar la mirada generando relaciones entre diversos dominios, el estudio de cada disciplina profundiza esa interconexión. Por eso, sin el estudio de los temas específicos que conforman los distintos saberes, ningún puente entre campos de conocimiento será lo suficientemente sólido.
”Quinto, porque lo disciplinar ofrece oportunidades inestimables a nivel didáctico. No sólo habría que trabajar dentro del aula la exploración del tipo de preguntas antes referidas, sino que convendría rastrear los motivos existenciales que las hicieron surgir. Lo que acabo de decir se opone rotundamente a la tesis de fondo que sostiene el modelo transversal: la de que es más importante argumentar que conocer a Platón. Pensar esto es asumir que se puede aprender adecuadamente un método, por ejemplo, el dialéctico socrático, sin comprender el proyecto de vida, los problemas y la singularidad histórica que lo detonó. O pensar en el método analítico de esclarecimiento conceptual sin saber que tiene una evolución propia y que responde a diferentes problemas de distintas tradiciones. Así, una profesora podría detenerse a explicar, por ejemplo, el proyecto antimetafísico de clarificación de conceptos que se propuso como objetivo hacer avanzar la filosofía poniéndola al servicio de la ciencia. Y también podría mostrar, claro, algunos de los fracasos de dicho proyecto. Comprender el origen, los objetivos, las voluntades y los argumentos que dieron forma a algunos de los planteamientos más importantes de la tradición filosófica da la oportunidad a los estudiantes de participar en polémicas de las que podrán sacar sus propias conclusiones y con las que irán perfilando sus posiciones personales. En este sentido, el uso posterior que pudiera darse a los conceptos y métodos filosóficos se haría desde un lugar mucho más comprometido.
”Sexto, porque descuidar la densidad vital e histórica que hizo nacer los métodos y habilidades filosóficas no es potenciar el humanismo, sino reducirlo. Y es que si entendemos por humanismo el sostenimiento y la promoción del conocimiento de lo humano que surge de lo humano y que sirve para el ensanchamiento de lo humano, éste, paradójicamente, no estaría expresado realmente en la materia actual de humanidades. De hecho, la deshistorización de la filosofía implica, de facto, una desvinculación entre historia y filosofía que la transversalización, en teoría, habría de querer promover.
”Séptimo, porque la pretensión de reducir la filosofía a su uso en contextos locales impide el encuentro con la otredad histórica, cultural y social. Dejarse fascinar por las inteligencias vivas singulares (por el temple de Sócrates ante la muerte; por el carácter cínico de Diógenes que ridiculiza lo superfluo y el poder —o más bien lo superfluo del poder—; por el compromiso político de Sánchez Vázquez o por el bello escepticismo de Shuangze) es encontrarnos a nosotros mismos en lo que de humano hay en ellos. Claro que conocer, valorar, atender y cuidar lo local habría de ser un imperativo educativo; sin embargo, también habría de reconocerse el derecho escolar a ir más allá del contexto propio para tener la oportunidad de conocer algunos textos —o sea, algunos pensamientos humanos—, que podrían motivar a cualquiera y en cualquier momento a la reflexión. Lean, por ejemplo, este pequeño fragmento de un filósofo tan distante en tiempo y cultura como el ya mencionado sabio Shuangze: ‘Mao Qiang y Li Ji [dos hermosas cortesanas] son lo que la gente considera belleza, pero si los peces las ven se hunden en las profundidades; si las aves las ven, se van volando en el aire; si los venados las ven, se van galopando. De los cuatro, ¿quién sabe lo que es verdaderamente bello en el mundo?’ Tengo la convicción de que, si no todos, muchos de los adolescentes, llenos de pasión y en búsqueda de la belleza, se podrían sentir interpelados por esta invitación a una pregunta filosófica que trasciende épocas y culturas. El humanismo del modelo transversal pone énfasis en la promoción de lo local, pero olvidando ese contacto con las otras localidades desde las que se fueron construyendo las tradiciones filosóficas y sin las cuales sería imposible entender a qué de lo humano se está apelando. Resulta extraño, en definitiva, que quienes defienden estas humanidades quieran salir del compartimento estanco de la disciplina para acabar encerrándose en el compartimento estanco del contexto local.
”Octavo, y para cerrar, porque la reducción de la Filosofía a métodos susceptibles de ser usados, por más que estén orientados a la reflexión y la crítica, supone una concepción instrumental, oscurantista y antihumanista de la educación en tanto que deja fuera contenidos, temas y preguntas formulados por tradiciones de pensamiento que quedan ocultas y cuyo abordaje permitiría ensanchar las capacidades reflexivas del alumno.
”En conclusión y a la luz de todos los puntos anteriores, mi posición no es la de abandonar los proyectos de vinculación entre conocimientos ni la transversalidad. Tampoco, ni mucho menos, dejar de lado los contextos locales y las circunstancias concretas y actuales en que viven los alumnos y que merecen ser reflexionadas filosóficamente. Se trata, más bien, de pensar de nuevo en cómo hacer esto desde y junto a una materia que lleve el nombre propio de Filosofía. Sólo así estaremos en condiciones de tener un modelo de educación media superior a la altura de una juventud que merece tener una mirada, no sólo amplia, sino también profunda.”
