Algunos especialistas consideran que la islamofobia se origina en la narrativa orientalista, descrita por el académico de origen palestino Edward Said, en su libro Orientalismo de 1978. En realidad, el término es muy reciente —fue acuñado en los años 90 del siglo XX—, pero el fenómeno no es necesariamente tan nuevo, ya que, en efecto, el miedo hacia lo diferente siempre ha existido y ha provocado discriminación y rechazo.
Así pues, la islamofobia es un tipo de racismo cultural dirigido hacia aquella persona percibida como musulmana, es decir, practicante del islam. La palabra clave es percibir, puesto que los árabes cristianos también son víctimas de islamofobia al ser “percibidos” como musulmanes. Said mismo era cristiano, y no por ello dejaba de ser visto como una amenaza, por ser árabe. Esta amalgama que equipara a árabe con musulmán y a musulmán con terrorista se reforzó a causa de los atentados del 11 de septiembre de 2001.
Sin embargo, el prejuicio racial hacia los árabes y musulmanes se ha manifestado de diferentes maneras en distintos contextos históricos. Por ejemplo, en el contexto de la España de los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, podemos hablar de maurofobia, que consiste en el rechazo a los musulmanes, llamados “moros”. En otras palabras, la maurofobia es el racismo basado en argumentos religiosos. Recordemos que tanto moros como judíos fueron expulsados luego de 1492, obligados a convertirse al cristianismo o torturados por la Santa Inquisición en España.
Por eso es importante señalar a la islamofobia como un tipo de racismo cultural, pues no se discrimina al otro con base en su color de piel, sino con base en sus creencias religiosas o su pertenencia étnica. De cierta manera, la narrativa orientalista-islamófoba surgida en la Europa cristiana considera que las otras religiones o culturas “no occidentales” son inferiores por creer en el dios equivocado o por practicar costumbres pre modernas. En el fondo, lo que esta narrativa pretende es dominar la representación del “otro” para justificar su dominación con el argumento de una misión “civilizatoria”.
A continuación te proporcionamos algunos datos para combatir ese tipo de prejuicios islamófobos:
1) El terrorismo es una estrategia violenta que busca provocar miedo con fines políticos. Las milicias sionistas llevaron a cabo varios ataques terroristas dentro del Mandato palestino. El más conocido fue el de julio de 1946, cuando el Irgun y el Stern colocaron una bomba en el Hotel King David en Jerusalén asesinando a cerca de 100 personas, entre ellos funcionarios británicos y árabes, pero en su mayoría civiles y turistas.
2) La mayoría de los árabes son musulmanes, pero el país con más musulmanes en el mundo es Indonesia, seguido de Pakistán, India, Bangladesh y Egipto. Es decir, Egipto que es el único país étnicamente árabe de esta lista, se encuentra en la quinta posición en cuanto a mayoría de población de fe islámica en el mundo.
3) Existen árabes musulmanes, cristianos, judíos, ateos, etcétera. En México la mayoría de la población árabe es de origen libanés y son cristianos maronitas, mientras que la mayoría de los musulmanes son mexicanos conversos al islam.
