Primera de dos partes


En este artículo, realizado en dos entregas, nos proponemos hacer una caracterización general del populismo de la llamada Cuarta Transformación (4T) en México en perspectiva global. Para ello, recurrimos al concepto gramsciano de “revolución pasiva”, con base en el cual trazaremos una caracterización general del populismo, en tanto que movimientos político-sociales que forman parte de proyectos hegemónicos en busca de su realización mediante la toma del poder en determinados momentos históricos. Se considera como marco referencial a la actual fase de desarrollo del capitalismo, a la vía neoliberal predominante en el mundo y México, y su crisis, en tanto que condicionantes del surgimiento de los nuevos populismos internacionales —y entre ellos el de la 4T—, como intentos de solución, precisamente, de esa crisis.

En esta primera entrega nos centraremos en la definición del concepto gramsciano de “revolución pasiva” y en su aplicación para la lectura de la crisis de la vía neoliberal y la emergencia de los populismos internacionales. En la segunda entrega expondremos el proceso de revolución pasiva de la 4T en México, centrado en la transformación del Estado en sentido restringido, lo cual posibilita la continuidad en la liberalización de las fuerzas del capital en la economía —esto es, la prevalencia de la vía neoliberal—, y ofreceremos algunas reflexiones finales.

La “revolución pasiva” en Gramsci y su necesario desarrollo conceptual

La “revolución pasiva” es un concepto acuñado por Gramsci —en torno al central de “hegemonía”— para explicar cómo una crisis del capitalismo no deriva necesariamente en un proceso de revolución social que conduzca al socialismo científico. En cambio, da cuenta de por qué esas crisis pueden resultar en la decadencia y el surgimiento de “fases históricas de desarrollo” en el seno del modo de producción (Gramsci, 1930-1932, C.4, parágrafo 38)[1]. Así, en una crisis histórica, definida por la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones sociales de producción capitalistas en una fase de desarrollo determinada (por ejemplo, el fordismo-keynesianismo), las clases y grupos sociales que abogan por la conservación (renovada) del capitalismo se plantean la necesidad de socializar más la producción y la división social del trabajo, que ello permita un ulterior desarrollo de las fuerzas productivas resultante en la formación de una nueva base tecnológico-productiva, pero sin perder el carácter privado de la apropiación del producto y el excedente económicos, en el marco de una nueva forma histórico-espacial de relaciones sociales de producción capitalistas (por ejemplo, el capitalismo del conocimiento).

Por lo tanto, apoyadas en el progreso tecnológico-productivo, esas clases y grupos sociales deben encontrar una nueva forma históricamente viable y duradera para resolver el conflicto social en general, y, en particular, el que contrapone al capital con el obrero colectivo, proporcionando así viabilidad (histórica) a la nueva base tecnológica-productiva. Así, la nueva solución al conflicto social y la capacidad de la clase dominante de articular sus intereses y objetivos históricos con los de las otras clases y grupos sociales constituye la “hegemonía” del grupo dirigente (Gramsci, C. 13, parágrafo 18, p. 1591). Ese proceso hegemónico no podrá consumarse sino hasta que el grupo dirigente se convierta, también, en dominante, mediante el poder del Estado.

El concepto de “revolución pasiva” o “revolución-restauración” se refiere a que, para lograr ser hegemónicas, las clases y grupos dominantes necesitan desarrollar e integrar como propios elementos histórico-político-culturales ajenos, e incluso contrarios, pertenecientes a otras clases y grupos sociales, inclusive a la clase antagónica; de modo tal que posibilite que sean únicamente esas clases y grupos dominantes los que logren desarrollar todas sus posibilidades de acción, para no dejarse superar históricamente por las clases y grupos subalternos. El desarrollo de todas las posibilidades de acción por parte de las clases y grupos dominantes incluye al “transformismo”, esto es, el proceso de incorporación y asimilación «molecular» de los representantes (o intelectuales) de las clases y grupos subalternos (Gramsci, 1933, C. 15, parágrafo 11: 1768).

En consecuencia, la revolución pasiva implica la transformación del Estado con la participación más o menos importante, pero siempre pasiva, de las clases y grupos subalternos (Gramsci [1933: C.15, parágrafos 17, 59 y 60]; [1932-1935: C.10 parágrafos 6 y 61]; [1931-1932: C. 8, parágrafo 236]; [1934: C.22, parágrafos 1 y 11]; Buci-Gluksmann [1977]; De Felice [1977]).

Sin embargo, en el pasaje de una fase de desarrollo a otra, las clases y grupos dominantes pueden estar en condiciones de apoyarse en mayor o menor medida en el desarrollo tecnológico-productivo vigente. Cuando logran hacerlo plenamente, en el proceso de revolución-restauración tenderá a ser predominante el elemento de revolución, y la movilización e iniciativa “desde abajo” de las clases y grupos subalternos será significativa, dando lugar a una hegemonía expansiva con consenso activo e importante grado de progresividad histórica. En cambio, cuando esas clases y grupos sociales están sólo en condiciones de apoyarse parcialmente en aspectos del desarrollo tecnológico-productivo, el elemento de restauración tenderá a predominar con fuerte iniciativa “desde arriba” y limitada participación de las clases y grupos subalternos, dando lugar a una hegemonía reducida basada fundamentalmente en un consenso pasivo, con elementos limitados de progresividad histórica (Mouffe, 1979).

En ese sentido, el populismo en Gramsci constituye una forma de revolución pasiva en la cual el acercamiento al pueblo implica un desarrollo del pensamiento de las clases y grupos dominantes, desarrollo que, para no perder la hegemonía sobre las clases y grupos subalternos y ejercerla mejor, incluye una parte de la ideología de estos últimos (Gramsci, 1930-1932, C. 6., parágrafo 168: 820).

Para la aplicación plena del concepto de revolución pasiva al análisis de los nuevos populismos internacionales y del gobierno de la 4T en México, es necesario el desarrollo teórico del concepto en dos sentidos: 1) la crisis histórica que desencadena una revolución pasiva no solamente supone una crisis de la fase de desarrollo y la necesidad del pasaje a una nueva, sino que puede implicar una crisis de las vías o modalidades nacionales y de grupos de países de emprendimiento de la fase,[2] sin que ésta se encuentre en crisis; y 2) no necesariamente son las clases y grupos dominantes quienes promueven un proceso de revolución pasiva, sino que éste puede ser impulsado por la intelectualidad política de clases y grupos subalternos que aspira a convertirse en clase dominante.

Crisis de la vía neoliberal y los nuevos populismos internacionales

La entrada del capitalismo a la actual fase de desarrollo —también llamada “capitalismo del conocimiento”—, hacia la década de 1980, convirtió a los procesos de conocimiento, aprendizaje e innovación en la fuerza productiva principal, e implica un nuevo núcleo dinámico constituido por el sector electrónico-informático y de las telecomunicaciones (SE-IT) (Ordóñez, 2004). Lo anterior conlleva la posibilidad y la necesidad de un desarrollo social que incluya la generación de capacidades tecnológico-productivas y una elevación en los niveles de vida y cultura.

En el pasaje a la actual fase de desarrollo del capitalismo, existen distintas conformaciones nacionales o de grupos de países —con aspectos económico-político-sociales distintivos en común— que emprenden ese pasaje bajo diferentes modalidades, como la vía neoliberal, la vía de los países asiáticos y la vía de los países escandinavos (Ordóñez, 2021). La vía neoliberal se caracteriza por la liberalización de las fuerzas del capital, lo que implica la imposición sin mediaciones de la racionalidad del capital al conjunto de la sociedad. Esto trae consigo la conformación de la globalización en su modalidad neoliberal y unipolar, con un sistema de hegemonía de Estados dirigido por EE. UU., constituido en su parte económica por el FMI, el Banco Mundial, la OMC y la égida del dólar como vehículos de la libre expansión del capital transnacionalizado en sus formas funcionales financiera, productiva y mercantil en el nuevo espacio global (Ordóñez y Pinho, 2025).

La institucionalidad neoliberal de las redes económicas y políticas globales, con fundamento en el despliegue de las redes productivas globales que traspasan transversalmente a los Estados nacionales, se superpone a la institucionalidad del sistema de hegemonía de Estados y promueve una espacialidad “glocalizadora”, consistente en la articulación/subordinación directa de las escalas regional y local a las escalas trans y supranacionales, sin la mediación de la nacional, lo que conduce a la fragmentación y desmantelamiento de los espacios nacionales (Fernández, 2017: 29).

La crisis del neoliberalismo alcanza su punto extremo en la crisis financiero-productiva global de 2007-2009 (Ordóñez, 2022: 71-72), a lo cual ha seguido un periodo caracterizado por un retorno del nacionalismo internacional, el proteccionismo y reposicionamiento del Estado, además de procesos de revolución pasiva de diversas características y grados de progresividad/regresividad histórica, en los cuales las clases dominantes de países que emprendieron la vía neoliberal —o vías diferentes, pero que fueron igualmente afectados por la crisis económica— reaccionan por medio de procesos hegemónicos internos que incorporan como propios objetivos históricos, intereses, demandas y aspiraciones de las clases y grupos subalternos para no dejarse superar históricamente.

En ese marco y como consecuencia de los procesos seculares de desigualdad, exclusión y polarización sociales consustanciales a la vía neoliberal, tienen lugar procesos generalizados de disociación creciente entre las sociedades civiles —como conjunto de organizaciones privadas de las clases y grupos sociales— y las sociedades políticas —es decir, su representación en los regímenes de partidos políticos—,[3] que son aprovechados por los nuevos populismos internacionales para irrumpir en la escena política, alterando rápidamente la relación de fuerzas entre (y dentro de) los partidos políticos tradicionales, y en los casos más exitosos catapultarse como partidos mayoritarios y tomar el poder.

Estos populismos, al igual que en momentos históricos previos, surgen ligados a las oleadas de nacionalismos (Hobsbawm, 1991), y apelan a una nueva identidad popular que escinde a las fuerzas político-sociales en el esquema del “pueblo” vs. el establishment (Laclau, 2005). Asimismo, se plantean como una reacción a problemáticas sociales actuales como la inmigración, la seguridad-violencia, la desigualdad/exclusión social, etc. (Greater Pacific, 2024). En ellos subyace el anhelo de la defensa de los espacios nacionales ante la fragmentación y desmantelamiento promovido por la glocalización neoliberal.

En la defensa de los espacios nacionales, los nuevos populismos llevan a cabo procesos de revolución pasiva que incorporan de modo difuso y no coherente demandas y aspiraciones de las clases y grupos subalternos en un proyecto hegemónico de resolución de la crisis del neoliberalismo sin su superación, como parte de una nueva identidad popular. Lo anterior es llevado a cabo por una nueva intelectualidad política que aspira a convertirse en la parte “ilustrada” de un nuevo grupo hegemónico de continuidad-restauración de la vía neoliberal. En tanto tal, no se trata de erigir una hegemonía expansiva basada en el desarrollo de las potencialidades productivas sociales de los procesos de conocimiento, sino de preservar la vía que retarda y frena esas potencialidades, por lo que la apelación a la nueva identidad popular alude a valores y tradiciones conservadoras, retardatarias y hasta reaccionarias, y no a aquéllas que apuntan al progreso histórico-social.

El mapa de los nuevos populismos internacionales en el poder o como movimientos políticos-sociales ascendentes se extiende por Europa, el Este asiático, Norteamérica y América Latina (European Center for Populism Studies, 2025). El nuevo populismo más paradigmático es el del actual gobierno de Trump en EE. UU., por tratarse del populismo que llega al poder en el país a la vanguardia de la vía neoliberal, y por haberlo hecho después del intento de violentar la transición democrática del poder —como principio fundacional de la nación “americana”— con rasgos insurreccionales y de manipulación mediática-generadora de consenso en 2020, alcanzando con ello su máxima expresión política previa, además de constituirse en referente internacional del resto de los populismos en la actualidad.

En esa perspectiva, la defensa del espacio nacional asume la forma de su redespliegue de gran potencia, que incluye una retórica expansionista hacia Canadá y Groenlandia, e intervencionista en México y Panamá; así como la imposición de tarifas a las importaciones mundiales, bajo la premisa de que se trata del mayor mercado del mundo que ha sido “abusado y ultrajado” por todos sus socios comerciales, particularmente por aquéllos con los que se verifican mayores déficits comerciales, y específicamente con China en el marco de la disputa hegemónica mundial.

Por ello, al igual que en el primer gobierno de Trump, la nueva identidad popular convoca a los verdaderos patriotas estadounidenses y los llama a reclamar su tierra bajo el lema “Make America Great Again: MAGA (Komlos, 2018), encausando la energía social hacia un “neoliberalismo-nacionalista” que implica la profundización de las políticas neoliberales en el espacio nacional (desregulaciones financieras, ambientales, a industrias ligadas a fuentes energéticas fósiles y a las llamadas tecnológicas, reducciones impositivas empresariales, marcha atrás en la neutralidad de internet, etc). Todo ello se complementa con iniciativas de reconstitución interna de ese espacio mediante su re-industrialización y el cierre de fronteras a la inmigración, además de la racionalización institucional y presupuestaria estatal, y su reposicionamiento en la formulación y promoción de tecnologías de punta como los semiconductores, la inteligencia artificial, la computación cuántica y la defensa balística espacial, entre otras.

El “neoliberalismo-nacionalista” incluye, además, una ofensiva ideológica ultra conservadora contra la diversidad, la igualdad (incluida la de género) e inclusión sociales, y, de forma más amplia, contraria a los valores y tradiciones liberales (anti-woke), que se complementa con la recuperación del discurso xenofóbico del primer gobierno.

Para el mundo, el populismo de Trump está significando la ruptura de la alianza atlántica en el enfrentamiento hegemónico con China y Rusia, el abandono del multiculturalismo y el multilateralismo comercial prevalecientes desde la segunda posguerra bajo el liderazgo de EE. UU., y el redespliegue del espacio nacional estadounidense de gran potencia.

Para Canadá y México, también ha traído consigo la ruptura del T-MEC, al abandonarse el objetivo de promover la competitividad y el contenido regional norteamericanos de la producción en la concurrencia mundial, y el cobro de aranceles del 10% a la importación por EE. UU. del valor agregado canadiense y mexicano incorporado en los productos que cumplen con los requisitos del tratado —además del 25% a los productos que quedan fuera—. Para México, además, la amenaza de la intervención si no controla el narcotráfico y la inmigración.   


Referencias

Buci-Glucksmann Christine. (1977). “Sui problemi politici della transizione: classe operaia e rivoluzione passiva”. Ferri F. (ed.), Politica e storia in Gramsci. Atti del convegno internazionale di studi gramsciani, Riuniti-Istituto Gramsci.

De Felice, Franco. (1977). “Rivoluzione passiva, fascismo, americanismo in Gramsci”. Ferri F. (ed.), Politica e storia in Gramsci. Atti del convegno internazionale di studi gramsciani, Riuniti-Istituto Gramsci.

European Center for Populism Studies, consultado el 10 de marzo de 2025.

Fernández, Víctor R. (2017). La trilogía del erizo-zorro: redes globales, trayectorias nacionales y dinámicas regionales desde la periferia. Anthropos Editorial.

Gramsci, Antonio. (1930-1932). Cuadernos 4-15, Quaderni del carcere (1975). Einaudi-Istituto Gramsci.

Greater Pacific, consultado el 10 de marzo de 2025.

Hobsbawm, Eric. (1991). Nations and nationalism since 1780. Cambridge University Press.

Komlos, John. (2018). The Economic Roots of the Rise of Trumpism. CESifo.

Laclau, Ernesto. (2005). La Razón Populista. Fondo de Cultura Económica.

Márquez Covarrubias, Humberto. (2020). “Manual de operación de la república 4T: presidencialismo, militarización, neoliberalismo y populismo”, Observatorio del Desarrollo. Investigación, reflexión y análisis, septiembre-diciembre, 9 (27), pp. 23-43.

Mouffe, Chantal. (1979). Gramsci and Marxist Theory. Routledge & Kegan Paul.

Ordóñez, Sergio. (2021). Nuevo ciclo industrial, núcleo dinámico y vías de desarrollo en el mundo actual: la originalidad de México, UNAM-IIEc.

____ (2022). Proteccionismo y redes productivas globales del núcleo dinámico: implicaciones para México. Problemas del Desarrollo. Revista Latinoamericana de Economía. 53, pp. 65-95.

Ordóñez, Sergio. (2004). “Nueva fase de desarrollo y capitalismo del conocimiento: elementos teóricos”, Comercio Exterior, 54 (1), pp. 4-17.

Ordóñez, Sergio y Pinho Thiago. (2025). “Contribución al debate sobre la crisis del capitalismo contemporáneo: fases, vías de desarrollo y el papel de la llamada financiarización”, Economia e Sociedade, 34 (2). 


Notas

* Esta es una versión resumida y adecuada para su divulgación del artículo “4T: Revolución pasiva populista en México”, en proceso de dictamen.

[1] Para las citas de Gramsci se hará referencia a la edición crítica italiana de los Cuadernos de la Cárcel de Valentino Gerratana (1977) (“C.4”, indica que se trata del cuaderno no. 4).

[2] El concepto de “vía de desarrollo” se refiere a la modalidad con la que cada país o grupo de países emprenden el pasaje a la fase de desarrollo, de lo cual dan cuenta los conceptos articulados de “estructura de clases”, “trayectoria” y “bloque histórico nacional”, así como “correlación de fuerzas político-sociales”, que se sintetizan en la trama socio-espacial e institucional propia (Véase Ordóñez, 2021).

[3] Esto es, procesos de disociación que expresan una crisis del Estado ampliado racionalizado por el neoliberalismo, en tanto que “Estado = sociedad política + sociedad civil, o sea hegemonía acorazada de coerción”, de acuerdo con la formulación de Gramsci (1930-1932, .6: 763-764).