Un principio básico del periodismo es el compromiso con la verdad. De esta afirmación surge una primera pregunta ¿de qué hablamos cuando hablamos de la verdad? La verdad de qué o sobre qué, de quién y para quién. La verdad para qué. Hace unos años, asistí a una plática virtual de Paco Ignacio Taibo II, en la que habló sobre John Reed, periodista militante comunista que, mientras cubría los eventos de la revolución mexicana, tuvo que embarcarse hacia Rusia porque empezaba la revolución socialista encabezada por Lenin. Entre sus obras más conocidas está Diez días que estremecieron al mundo. Terminada la plática, le pregunté a Taibo su opinión sobre el periodismo militante y su respuesta, la recuerdo bien, fue “el periodismo por definición es militante: milita por la verdad”. La respuesta me gustó y hasta me pareció poética, pero me dejó todavía más intrigada. ¿De qué hablamos cuando hablamos de la verdad en el periodismo? ¿Hay una única verdad? Y vuelvo a las preguntas que he planteado al inicio.

En el marco de las frases que componen el título de este texto —“periodismo crítico” y “compromiso con la verdad”—, quiero intentar profundizar sobre la noción de verdad desde una perspectiva crítica. El punto de partida es que el compromiso con la verdad como principio básico del periodismo no sólo tendría que ser de orden ético, sino también político. Por otro lado, poner en el centro la cuestión de la verdad en la reflexión sobre el periodismo desde la Crítica supone que lo opuesto a la verdad no es la mentira, sino la ideología. Y aquí es importante acotar qué se entiende por ideología, para lo que retomo un párrafo de Marx y la alienación (2019),de Ludovico Silva, según el cual,

el defecto capital de las ideologías consiste en explicar la historia como el resultado de principios, ideas o leyes, en lugar de explicar las leyes, ideas o principios como el resultado de la historia. La economía política, a sus ojos [los de Marx], practica esta inversión ideológica: explica las leyes de la propiedad privada, pero ignora cómo esas leyes son un resultado de la propiedad privada. Piensa así en la realidad de las leyes, pero no en las leyes de la realidad. Piensa en la realidad como expresión de la ley, pero no en la ley como expresión de la realidad.

Así, tenemos que la ideología es un ocultamiento, una inversión, una no-verdad.

Si nos vamos al diccionario, se puede hablar de verdad cuando “hay una coincidencia entre una afirmación y los hechos, o la realidad a la que dicha afirmación se refiere”. Esta acepción corresponde a una idea muy preliminar sobre el periodismo que milita por la verdad, es decir, que el objetivo del periodismo o que su compromiso con la verdad se expresa en presentar los hechos tal y como ocurrieron, describirlos de la forma más cercana a como se manifestaron en la realidad. Sin embargo, hablar de la verdad sólo como la coincidencia entre lo que se afirma y los hechos es aceptar una definición muy reducida, ya que supone que quien hace una afirmación es un ser abstracto, sin determinaciones o sesgos cognitivos; es decir, que es necesario también considerar los aspectos subjetivos presentes en quien narra los hechos, así como su contexto social e histórico.

En este punto estamos hablando ya de quién narra la verdad, para qué y con qué objetivo. Es decir, no sólo de quién narra los hechos (subjetividad), sino también del contexto social e histórico en el que ocurren tales hechos y de la propia persona que los narra, y al hacerlo estamos comenzando a adentrarnos a un momento histórico determinado y a indicar que esos hechos que son “revelados” y que necesitan ser contados requieren un medio por el cual transmitirse.

Asimismo, es preciso establecer que la verdad es una cuestión que puede ser abordada y reflexionada desde la filosofía, la historia o la política, y que en última instancia la ciencia entraña la búsqueda de la verdad. Pero si como mencionamos anteriormente el problema de la verdad supone también indagar y establecer cuál verdad, de quién y para qué, y si nos interesa hablar del compromiso con la verdad que tiene el periodismo como un compromiso no sólo ético, sino también político, es importante reflexionar qué supone ese compromiso político con la verdad desde una perspectiva crítica.

En primera instancia, en el marco del quehacer periodístico importa narrar, describir y dar cuenta sobre hechos periodísticos. Es decir, aquellos que son de interés público, que tienen relevancia social, oportunidad periodística, actualidad, novedad. Pero desde una perspectiva crítica, la cuestión de la verdad en el periodismo entraña otros problemas que a la luz de la forma en que se ha mercantilizado la información en el capitalismo es necesario abordar. Desde este enfoque, se debe situar al periodismo como una praxis; a los medios de comunicación y al ejercicio mismo de informar y comunicar como una cuestión central del capitalismo tardío; y, desde un enfoque más filosófico sobre la objetividad, describir cómo la verdad está en el centro de la lucha de clases. Digo esto último, porque, siguiendo a Taufic (2012), Mattelart (2021), Löwy (1972) y al propio Marx, considero que, a la luz de la mercantilización de la información, es preciso hablar del carácter de clase que tiene la verdad. Y entonces ya no se trata sólo de una cuestión política, sino también económica.

Política, porque si la verdad entraña un carácter de clase, entonces las clases en lucha están disputando qué verdad revelar y —como lo señala Löwy (1972)— la verdad se vuelve un arma para las clases dominadas, un arma incluso revolucionaria, la cual podrá ser revelada mediante el método de la crítica. Así, en su artículo “Objetividad y punto de vista de clase en las Ciencias Sociales”, Löwy enfatiza que

El punto de vista del proletariado —clases dominadas— no es una garantía suficiente del conocimiento de la verdad objetiva, pero es el que ofrece la mayor posibilidad de acceso a esa verdad. Y ello se debe a que la verdad es para el proletariado un medio de lucha, un arma indispensable para la revolución. Las clases dominantes tienen necesidad de mentir para mantener su poder; en sentido contrario, las clases dominadas necesitan la verdad. La burguesía debe encubrir la verdad para mantener su hegemonía; la verdad para el capitalismo podría implicar su propia destrucción histórica.

[p. 44]

Por otro lado, es una cuestión económica, porque la lucha de clases no sólo entraña una disputa por el poder, sino que se da en el centro del modo de producción capitalista, en la cual unos pocos son poseedores de los medios de producción y muchos son los que sólo poseemos nuestra fuerza de trabajo. Nuevamente requerimos el método de la crítica para llegar a la esencia del modo de producción capitalista y llegar a la verdad de su funcionamiento, y como lo hemos revisado y reflexionado en las sesiones del seminario de El Capital en el CIDE, el capitalismo es producción de plusvalor, es despojo de trabajo vivo, es escisión y ruptura entre el trabajador y el producto de su trabajo —es decir, del sujeto y el objeto—, es violencia y destrucción y de estas verdades es de las que no se habla y que la visión mercantilista de la información busca que permanezcan ocultas. Mientras las corporaciones mediáticas monopolicen los medios de producción y distribución de la información, siendo así trastocada en su esencia y convertida en mercancía, el periodismo queda sujeto a los intereses de las clases dominantes y de las corporaciones mediáticas.

Habrá quien señale que esto es demagogia o ideología, pero sólo hay que ver los informes de Oxfam para determinar que unos muy pocos se han enriquecido, incluso aún más después de la pandemia, mientras la gran mayoría está sumida en la pobreza. Cuatro de las cinco personas más ricas del mundo están de alguna u otra forma vinculadas con la producción y/o circulación de la información y con corporaciones de tecnología digital e IA: Elon Musk (dueño de Tesla y X), Mark Zuckerberg (dueño de META), Jeff Bezos (dueño de Amazon y de The Washington Post) y Warren Buffet (inversiones en Verizon y Comcast). Todos son estadounidenses. También cabe mencionar que “el 10% más rico de la población mundial concentra alrededor del 60-80% de la riqueza global, mientras que el 50% más pobre posee menos del 5%.” De acuerdo con un informe publicado en 2023 en la Gaceta UNAM, “en México el 0.1% de las familias mexicanas posee el 22.3% de la riqueza neta total (activos físicos, financieros y pasivos).”

Y se dirá que, en los ejemplos apenas citados, se está informando de una verdad importante, de la mala distribución de la riqueza, la concentración en pocas manos, la monopolización. Sin embargo, un periodismo que adopte el punto de vista de las clases dominadas, que milite por la verdad en un sentido no sólo ético, sino también político, que se asuma crítico, tendría que buscar, indagar, ir al fondo del asunto, y esto supondría explicar de dónde surge la riqueza, la concentración y la monopolización, cómo es que la riqueza se genera, por qué hay tan pocas personas con tanto y tantas personas con tan poco.

Una vía posible para ejercer el periodismo crítico sería la de asumir y adoptar a la Crítica como método, lo cual, de acuerdo con Ludovico Silva (2006), encarna diversos puntos nodales, entre los que destaco aquellos que considero de utilidad para mi argumentación: 1) un método dialéctico, 2) tomar en cuenta la cuestión de la Totalidad, 3) identificar la diferencia entre estructuras y apariencias sociales. Con base en ello, Silva plantea que

en la fase de la investigación […], se recolecta el material de estudio, los datos empíricos, y se procede casi siempre según un orden histórico. En cambio, en la fase de la exposición […] no se procede según un orden lógico: se plantea una serie de categorías económico-sociales y, a partir de ellas, se deduce en su integridad el sistema social capitalista en sus basamentos económicos. Y si es un método que se basa siempre en la economía, ello no se debe a un presunto economicismo de Marx, sino a que el sistema capitalista es un sistema fundamentalmente económico: es la vida humana girando continuamente en torno al capital como centro de todas las relaciones sociales.

[p. 178]

Cabe mencionar que el propio Marx se dedicó al quehacer periodístico. Escribió para La Gaceta Renana, La Nueva Gaceta Renana, Los Anales Franco-Alemanes, y, durante diez años, en el New York Tribune, entre otros. Marx desarrolló su característico “estilo crítico ante algunos de los problemas fundamentales de la época, todos ellos anclados en las contradicciones del capitalismo” (Espinoza, 2013). Utilizó como laboratorio a Inglaterra y el desarrollo del capitalismo industrial que se estaba gestando, fue un agudo analista de las revoluciones y la restauración conservadora e indagó y denunció las condiciones de la clase obrera inglesa.

En especial, quiero destacar un artículo suyo, “La opinión de los periódicos y la opinión del pueblo”, en el que hace lo que hoy identificamos como una economía política de la comunicación; es decir, establecer las relaciones de poder insertas en la producción, distribución y consumo de la información y de los medios de comunicación. En dicho artículo, Marx señala por qué la prensa británica tiene un

tono pacífico y moderado frente a la impaciencia bélica del pueblo. No obstante, tan pronto como los juristas de la Corona dieron con un pretexto técnico para la disputa con Estados Unidos, la relación entre pueblo y prensa se transformó en lo contrario. La fiebre bélica ascendió en la prensa en la misma medida que descendía entre el pueblo. En estos momentos una guerra con América es algo tan impopular en todas las capas de la población inglesa, con excepción de los amigos del algodón y los latifundistas, como inmenso el clamor de guerra en la prensa.

Lo que hace en seguida en el artículo es señalar las relaciones económicas y políticas de la prensa londinense de la época (The Times, The Morning Post, The Morning Advertiser, The Morning Chronicle, Daily Telegraph, el Globe, The Morning Herald y el Evening Standard); así, indica que estos medios promueven una opinión contraria a la opinión pública movidos por sus intereses. Por ejemplo, que:

Las hojas de los tories (partido conservador), The Morning Herald y el Evening Standard, ambos de la misma cuerda, están determinados por un doble motivo: por un lado el odio innato a las colonias inglesasrebeldes; por otro, por una marea crónica de su bolsa. Saben que una guerra con América haría saltar el actual gabinete de coalición y allanarían el camino a un gabinete de los tories. Con el gabinete de los tories regresarían todas las subvenciones oficiales al Herald y al Standard. ¡Así que los lobos hambrientos no pueden aullar más alto por su presa que estos diarios de los tories por una guerra americana y una lluvia de oro como consecuencia de ello!

(Ed. Espinoza, 2013: 132-133).

Más adelante concluye:

[…] en conjunto, la prensa londinense —con excepción de los órganos del algodón, los diarios de provincias constituyen un honroso contraste— representa a Palmerston y nada más que a Palmerston (ex primer ministro del Reino Unido). Palmerston quiere guerra, el pueblo inglés no la quiere. Los próximos acontecimientos demostrarán quién saldrá vencedor en este duelo, Palmerston o el pueblo. En cualquier caso, Palmerston está jugando un juego más peligroso que Luis Bonaparte a comienzos de 1859. 

(Ed. Espinoza, 2013: 133)

El artículo de Marx da cuenta no sólo de los hechos; no sólo evidencia la conexión entre una afirmación y la realidad, sino que va más allá, al presentar relaciones de intereses políticos y económicos que explican por qué algunos periódicos de la época se posicionan a favor de una cruzada bélica impulsada por el primer ministro. Para llegar a esta conclusión, ha hecho un análisis de los acontecimientos y de la prensa misma en su forma de presentar como opinión pública la opinión de una minoría. Tal discusión sigue vigente en la actualidad, como lo demuestran pensadores como Noam Chomsky e Ignacio Ramonet, entre otros, quienes han descrito la forma en que se construye el consenso, haciendo pasar como opinión pública o del pueblo los intereses de unos pocos. Los medios aliados a los intereses económicos y políticos se muestran, por ejemplo, a favor de guerras, como hemos visto en numerosos episodios más recientes: tal fue el caso de las mentiras difundidas sobre las armas de destrucción masiva que motivaron la invasión de Irak.

Hoy día, encontramos diversas formas de periodismo crítico, pero también su tergiversación, por ello es relevante el planteamiento de no sólo enunciar una forma de hacer periodismo crítico, sino cómo hacerlo y para qué: por medio del método de la crítica y para decir las verdades que las clases dominantes no quieren que se conozcan.


Espinoza Pino, Mario. (2013). «Introducción». En Karl Marx. Artículos periodísticos. Alba.

Löwy, Michael. (1972). “Objetividad y punto de vista de clase en las Ciencias Sociales”. En VV.AA. Sobre el método marxista. Grijalbo.

Marx, Karl. (2013). Artículos periodísticos. Ed. Mario Espinoza Pino. Alba.

Mattelart, Armand. (2021). Comunicación, cultura y lucha de clases. Siglo XXI editores.

Taufic, Camilo. (2012). Periodismo y lucha de clases. Akal.

Silva, Ludovico. (2006). Anti-manual para uso de marxistas, marxólogos y marxianos. Fondo Editorial Ipasme.

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