En medio de todas las reivindicaciones sobre los cuidados, pero también de todo el ruido en torno a ellos, ¿cómo se configuran los espacios y las relaciones pedagógicas desde los cuidados? Llevo algunos meses dándole vueltas a este tema sin lograr amarrarlo del todo. Tal vez no lo logro porque simplemente no es posible, ni siquiera deseable. Ésta es la primera hebra de una conversación colectiva que espero que nos entreteja cada vez más.[1]

1.

Quizá aún no hemos reflexionado lo suficiente en torno a lo que sucedió en todas las dimensiones de la vida, durante y después de la pandemia, pero particularmente en lo que refiere a lo educativo y a los entramados que atraviesan este ámbito. Me parece que prevalece una urgencia por pasar página, por subirnos a la demanda de la “normalidad”; y en el descuido a todo aquello que ha quedado trastocado, corremos el riesgo de simplemente arrastrar y profundizar problemas, en medio de todas las transformaciones que hemos experimentado en los espacios. Cada vez más, en las escuelas de educación media superior y superior (por lo menos) nos encontramos en situaciones en las que las y los estudiantes reclaman y abren espacios para exponer lo que les atraviesa, reclaman lugares seguros, empáticos, con otras formas de construir procesos educativos, etcétera. Estas irrupciones toman formas muy diversas que a veces se sienten como verdaderas transgresiones a la convencionalidad de las formas escolares. Hay quienes se lamentan, hay quienes se alarman. También hay quienes nos preguntamos: ¿cómo construimos esos espacios? ¿Nos corresponde hacerlo en las escuelas? Si pensamos que sí de alguna manera, entonces, de nuevo ¿cómo?, ¿cuáles son sus límites?, ¿de qué forma?

En su ensayo “Pedagogía comprometida”, dice bell hooks:

Enseñar de una manera que respeta y cuida las almas de nuestro estudiantado es esencial si queremos crear las condiciones necesarias para que el aprendizaje pueda ponerse en marcha en sus dimensiones más ondas e íntimas.

(hooks, 2021, p. 35)

Enseñar desde el cuidado… puede ser que ahí se enciende una luciérnaga.

El cuidado en los espacios educativos tiene un doble sentido; el primero, claro está, recae en el reconocimiento de las y los otros, en el cuidado de su palabra, de su lugar en el mundo; el segundo tiene que ver con la posibilidad misma de abrir el espacio pedagógico, de que el encuentro ocurra, de que la mediación permita la elaboración y reelaboración colectiva del conocimiento.

2.

En estos meses, a propósito de una recomendación de Ana, una compañera con quien estamos pensando en torno a los cuidados, leí el libro de Alejandra Eme Vázquez, que lleva por título Su cuerpo dejarán. En este trabajo, Alejandra Eme dice:

¿De qué hablamos cuando hablamos de cuidar? De defender. No: de vigilar. O quizá de preservar, de proteger, de resguardar, de asegurar, de observar, de regular, de amar, sí, de amar, y de desconfiar también porque se cuida lo que está en riesgo de no permanecer. Se cuida lo frágil, lo débil o imperfecto: lo importante, lo valioso, aquello que no concebimos perder. […] El tema es cómo y desde dónde se cuida, si desde la angustia, desde la sospecha, desde el odio o desde la generosidad. Si se establece una jerarquía o una horizontalidad. Si se disfruta o se sufre.

(Eme, 2019, p. 28)[Las cursivas son del original]

Desde la educación, por supuesto, recupero que “se cuida lo importante, lo valioso”, “el tema [de nuevo] es cómo y desde dónde se cuida”. Y también, pero a modo de pregunta, ¿se establece una jerarquía o una horizontalidad?, ¿se disfruta o se sufre?, ¿cómo se configura esto en nuestro quehacer docente?

Daniela Rea, en Fruto, escribe conversando con otras:

Cuidar, hacer esa labor, escribió la filósofa Hannah Arendt, es una de las formas de organización más primordiales. La labor enfocada a las necesidades del cuerpo, en la reproducción de la vida, es imprescindible para producir al sujeto capaz de la acción. Un siglo atrás, Flora Tristán ya había reconocido la importancia del trabajo de cuidados, ya que sin él, la clase obrera no podría hacer un trabajo político.

(Rea, 2022, p. 161)

Jalando el hilo propuesto por Daniela, ya en 1843 Flora Tristán advertía que

[se] tiene que enseñar a los niños que, en todas las relaciones humanas, hay que tener gran respeto a la dignidad humana. Con miras a este respeto, se les debe enseñar a no infringir nunca ni la menor injusticia, ni el más ligero insulto, ni de parte de sus camaradas ni de sus superiores.

(Tristán, 2019, p. 140)

“Un gran respeto por la dignidad humana”, dice la gran Flora. Por supuesto, es de resaltar que sean mujeres la mayoría de los referentes que evocamos para hablar de cuidados, pero ése es un tema que, enlazado con la educación, merece una columna aparte.

3.

A partir de lecturas que nos trastocaron (Fruto y Su cuerpo dejarán entre ellas) y dándole vueltas al tema, entre Ale, Ana Carolina y Ana ­―compañeras de trabajos y reflexiones― hemos ido tejiendo conversaciones, espacios y preguntas para pensar los cuidados. Cada una desde sus lugares ha ido proponiendo ejes de reflexión, pero hay dos ideas que van agarrando densidad en estos encuentros para pensar juntas: Cuidar tiene que ver con sostener la vida. Y es necesario pensar los cuidados como horizonte político.

¿Qué significa, desde lo educativo, situar los cuidados como horizonte político del quehacer político pedagógico?

4. Necesitamos tejer pedagogías desde los cuidados

¿Cómo se entreteje todo esto con el quehacer pedagógico, la educación y el cuidado? Hay quienes ya han reflexionado y escrito sobre pedagogías de los cuidados refiriendo a cómo educamos y nos educamos para los cuidados, sin embargo, quisiera hacer énfasis en que además de una pedagogía de los cuidados, necesitamos tejer pedagogías desde los cuidados. Y aquí se despliegan dos problemas; el primero tiene que ver con cómo tejemos esas prácticas pedagógicas, esas formas de relacionarnos en los espacios educativos desde el cuidado; y el segundo, con las condiciones materiales que requieren las y los docentes para desplegar esas prácticas educativas, pero también para las y los estudiantes. Así, el desafío viene por partida doble.

Por un lado, me parece que pensar y desarrollar prácticas pedagógicas desde los cuidados (así, en plural) tiene que ver con un posicionamiento de profundo reconocimiento de la dignidad humana, como decía Flora. No obstante, ahí los riesgos de la verticalidad y las jerarquías, de la imposición y los autoritarismos encubiertos no desaparecen, sino que entran en nuevas formas y tensiones, y ante ello hay que tener una vigilancia permanente. Y, sin embargo, me parece que un quehacer pedagógico desde los cuidados puede ser aquél que se construye desde la pregunta, comprometido con la co-construcción colectiva del conocimiento, con base en relaciones cómplices, desafiantes, de respeto, recíprocas. Hay aquí un posicionamiento político pedagógico que resuena con la idea de que los cuidados deben ser considerados en clave de horizonte político.

Pero, por otro lado, es indispensable que docentes y estudiantes también cuenten con las condiciones materiales para que ello sea posible. En ese sentido, es necesario que maestras y maestros verdaderamente encuentren condiciones dignas para el quehacer pedagógico, que sus conocimientos sean reconocidos, valorados y remunerados dignamente, que haya espacio para la creatividad y tiempo para la vida más allá del trabajo docente, que tengan acceso a seguridad social, a un sistema de cuidados (como el que la misma Flora Tristán propone), que se descargue verdaderamente la carga administrativa y que la política educativa se oriente hacia el quehacer pedagógico y hacia las condiciones y necesidades concretas de las comunidades educativas.

En fin, tejer pedagogías desde los cuidados con base en su reconocimiento como horizonte político pasa por una apuesta que necesariamente requiere la dignificación del trabajo educativo, el reconocimiento radical de la dignidad de los sujetos pedagógicos y el tejido colectivo de tramas pedagógicas cuidadosas.


Notas

[1] Como contaré más adelante, la noción de “cuidados como horizonte político” surgió de la conversación colectiva con Ana, Ana Carolina y Alejandra. De ellas y nuestras reflexiones colectivas provienen algunas de las ideas centrales de este trabajo. Claro está, los límites y falseos de este texto son todos mi responsabilidad. Gracias a ellas y a todas con las que se han tejido estas reflexiones.


 Referencias

Eme Vázquez, Alejandra. (2019). Este cuerpo dejarán. México. Enjambre Literario / El Periódico de las Señoras.

hooks, bell. “Pedagogía comprometida”. En Enseñar a transgredir. Madrid, Capitán Swing Libros.

Rea Gómez, Daniela. (2022). Fruto. México, Ediciones Antílope.

Tristán, Flora. (2019). Feminismo y utopía. Unión obrera. México, Fontamara.

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