Segunda de tres partes sobre Cerimedo, La Derecha Diario
y la capacidad de intervención electoral como activo.

El 21 de agosto de 2026, preso en Bolivia, Fernando Cerimedo vendió a Javier Negre el cincuenta por ciento que aún conservaba en La Derecha Diario. La primera parte de esta serie propuso leer lo vendido menos como un medio que como una capacidad instalada de intervención electoral, un activo con dos capas que se solapan: una fabricada, hecha de cuentas y bots y medida en alcance, y una patrimonial, hecha de audiencia, marca, licencias y sociedad. Esta segunda parte examina cómo un diario forma y hace circular su influencia.

Que Cerimedo aspirara a convertirse en el Magnetto de la derecha, el dueño del Grupo Clarín, muestra que buscaba la propiedad de medios antes que la fama de consultor. Una campaña se agota con su ciclo electoral, y un aparato mediático dura mientras alguien lo financie. La Derecha Diario, surgido en 2019 y estructurado más tarde en la sociedad Madero Media Group, respaldó a Milei cuando era un panelista de televisión sin partido ni estructura, y Milei se lo agradeció en público más de una vez. Esa operación corresponde a lo que sus teóricos llaman batalla cultural, la producción paciente de un sentido común disponible antes de que aparezca la oportunidad electoral de usarlo. En ella se forma la capa patrimonial del activo, la que descansa en una audiencia que eligió quedarse antes que en cuentas fabricadas.

Según la descripción que Forbes México recogió en noviembre de 2025, el programa editorial de La Derecha Diario se resume en dar la batalla cultural contra la izquierda, contra la ideología de género y contra la Agenda 2030, en defensa de los valores occidentales. Las consignas se repiten de una edición nacional a otra mientras cambia el villano local, y esa estandarización convierte a un medio nacional en dispositivo de agenda transnacional, capaz de trasladar una controversia de un país al debate de otro y de ofrecer a cada cliente un encuadre ensayado en otro mercado.

El portal cumple dentro de ese dispositivo la función de convertir ruido en fuente citable. La Política Online describió el circuito señalando que La Derecha Diario servía de vehículo para publicar los ataques contra candidatos progresistas que luego amplificaban las granjas de bots operadas por Cerimedo. El contenido gana forma de noticia en el portal y las cuentas lo devuelven multiplicado. Un episodio chileno lo muestra, porque tras el plebiscito de 2022 La Derecha Diario publicó que Boric había sufrido un colapso nervioso y el análisis de circulación registró que el hashtag #Boricinternado ya se movía minutos antes de que la noticia apareciera en el sitio. Lo que ese dato muestra es la secuencia temporal entre la red y el portal, no quién operaba las cuentas, y a veces el contenido no va del diario a las redes sino a la inversa. Quien lo cita después se ampara en que el dato ya salió publicado en alguna parte, recorrido que explica por qué quien contaba con cuentas, bots y clientes necesitaba también un diario.

Ezequiel Saferstein reconstruyó en El libro negro de la nueva derecha la trama de libros, editoriales, encuentros y comunidades de lectores que precedió al ascenso de Milei. En esa trama los libros aportan doctrina y prestigio, las fundaciones formación y dinero, y los portales la materia prima cotidiana que las redes distribuyen. El CPAC Argentina de 2024 funcionó como su lugar físico. Allí Ricardo Salinas Pliego invitó a Negre a desembarcar en México, un vínculo que Sheinbaum describió como una contratación a partir de las propias publicaciones de Negre, aunque éste niega que Salinas lo financie.

El manual sobre derecha radical que coordinó Jens Rydgren registra que la extrema derecha lleva décadas apoyándose en medios propios, en constelaciones de revistas y círculos que sostienen al movimiento cuando el partido flaquea, y en la cooperación más allá de las fronteras. Esa cooperación se organizaba entre partidos, movimientos y militantes con una identidad ideológica compartida. El caso de Cerimedo la articula con contratos, licencias y facturas entre un proveedor y sus clientes, y ese componente mercantil puede dejar rastros documentales susceptibles de investigación, lo que importa para el instrumento de intervención.

Para comprender cómo esa circulación sostiene identificaciones políticas es útil el análisis de Letícia Cesarino (2020, pp. 409-414) sobre la formación de comunidades digitales bolsonaristas en WhatsApp. En esos grupos los usuarios se presentan despojados de sus marcadores sociales y forman una comunidad de iguales soldada por símbolos nacionales y por la figura del líder. El adversario pasa a ser enemigo, la oposición se retroalimenta sin resolverse, y el ambiente se completa con un diseño de plataforma que trata a los sujetos como seres influenciables antes que como agentes de conocimiento, según la fórmula de Noortje Marres que Cesarino retoma (2020, p. 421).

Ese ambiente, advierte Cesarino (2020, pp. 420-421), preexiste a los populistas, porque la entropía que vuelve indistinguibles la ironía y la seriedad, lo auténtico y lo fabricado, lo humano y lo automatizado constituye un rasgo estructural de internet y de su modelo de negocio dominante. Los operadores llegan después y lo explotan, de manera que cuando Cerimedo afirmaba que el público no percibe la ausencia de una persona detrás de una cuenta con treinta mil seguidores describía la condición de funcionamiento de la capa fabricada del activo, que depende de esa indistinción. Se trata de una red de afectos, trayectorias y comunidades sobre la que se apoyan figuras como Milei, amparadas por una industria profesional que vende operaciones de influencia como cualquier otro servicio de comunicación y amplifica audiencias ya formadas (Ong y Cabañes, 2018).

Cuando el análisis se concentra en verificar afirmaciones aisladas, queda menos visible el trabajo acumulativo de selección, repetición y jerarquización de temas sobre el que descansa la capa patrimonial. Las series de publicaciones, la persistencia de los encuadres y la continuidad entre campañas exigen unidades de análisis distintas de la del enunciado verificable, y es ahí donde un enfoque centrado sólo en el dato falso deja fuera la agenda que este tipo de portal construye.


*Dardo Neubauer es investigador de la UNAM. Rodrigo Ardissom de Souza es profesor-investigador de la División de Estudios Jurídicos del CIDE (México). Douglas Carvalho Ribeiro es investigador del Centre for Socio-Legal Studies de la Universidad de Oxford.

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