Hilary Klein (2024). Compañeras. Historias de mujeres zapatistas. Traducción de Michael Pickard, 2.ª ed., Oaxaca: Tinta Limón / Red de Solidaridad con Chiapas.


Desde hace algunos meses ya se encuentra en circulación la edición mexicana de Compañeras, obra que Hilary Klein publicó originalmente en inglés en 2015 y que apareció en español en la editorial argentina Tinta Limón en 2019. El libro, que contiene nueve capítulos y una introducción, es resultado del periodo que la autora vivió en comunidades zapatistas, entre 1997 y 2003, apoyando algunos de sus procesos organizativos. Esta experiencia derivó en una compilación de testimonios de mujeres que fue entregada a las comunidades, como parte de un esfuerzo por contribuir a la memoria colectiva del movimiento. Después, con una investigación histórica y sociológica en torno a las condiciones más amplias que caracterizaron la relación de los pueblos tzeltales, tzotziles, tojolabales, choles y mames con los mecanismos de acumulación del capital y con el Estado —condiciones atravesadas por una sistemática discriminación que derivaba en distintas expresiones de violencia estructural e injusticias sociales—, Hilary publicó Compañeras para un público amplio e interesado en conocer lo que ha implicado para las zapatistas formar parte de uno de los movimientos sociales más importantes de las últimas tres décadas.

Por medio de entrevistas individuales y colectivas y de notas realizadas in situ en reuniones, asambleas y eventos, la autora ilustra la presencia en el EZLN de todas esas compañeras que rindieron testimonio, como resultado de, por lo menos, tres procesos distintos: primero, una participación de largo aliento de las comunidades indígenas en organizaciones campesinas que luchaban por la tierra; segundo, la influencia de la Iglesia y su trabajo pastoral basado en la teología de la liberación y la opción por lxs pobres que involucró a las mujeres en un proceso de toma de conciencia y discusión sobre las condiciones de explotación, discriminación y racismo que vivían y que vivieron sus antepasadas; y tercero, la presencia de militantes de las guerrillas urbanas surgidas en los años de 1970, inspiradas en la Revolución cubana y en principios como el antimperialismo, anticapitalismo y la construcción de utopías.

Esta combinación de procesos, que tomaron lugar en Chiapas durante la década de 1980, fue el escenario en el que las zapatistas forjaron una subjetividad distinta y una reflexión crítica de su situación en tanto mujeres, indígenas y empobrecidas. Además de su relevante presencia en las tomas de municipios de aquel 1 de enero de 1994 que recientemente celebramos, así como en la recuperación de tierras anteriormente en manos de privados, y en las mesas de diálogo que derivaron en los Acuerdos de San Andrés (1995-1996) y en las que tuvieron lugar en la cámara de diputados (2001), la autora revisa e ilustra los procesos organizativos cotidianos en los que las mujeres tomaron el papel protagónico.

Los testimonios que Hilary ofrece muestran la complejidad del pensamiento que las compañeras configuraron mediante el reconocimiento de las relaciones y lucha de clases como procesos históricos que condenaron a sus pueblos a condiciones extremas de hambre, desposesión y enfermedades. A todo esto, sumaron una crítica a los machismos y sexismos que habitaban sus comunidades y que contribuían a la discriminación de mujeres y niñas.

La autora da cuenta de cómo esta reflexión se vio reflejada en la Ley Revolucionaria de Mujeres, fechada en diciembre de 1993, que en 10 puntos sintetizó un proceso inédito al interior de los pueblos indígenas. A saber, el trabajo que implicó para las mujeres salir de sus comunidades, organizar asambleas, registrar y sistematizar opiniones, escuchar experiencias y tomar acuerdos en la clandestinidad para que, antes del levantamiento de 1994, los varones respetaran al interior del EZLN el papel que las mujeres tendrían en el movimiento en tanto integrantes de los órganos de toma de decisiones —como el comité clandestino revolucionario indígena—, de la estructura militar y de las bases de apoyo. Ese documento contiene demandas de respeto a derechos reproductivos, políticos y civiles que dejan ver el giro de 360 grados que dará “la organización” (como le decían entonces al EZLN) para incorporar a sus filas y bases de apoyo a las mujeres, reconociendo en ellas capacidades y habilidades organizativas y militares.

En su libro, Hilary muestra que el apoyo nacional e internacional que recibió el EZ se invirtió en lo más importante: la salud, la educación, el acceso al agua y la producción de alimentos. Lo básico para garantizar la reproducción social, material y simbólica de las comunidades y del movimiento. En estos ámbitos, las mujeres tuvieron un papel fundamental en la consolidación de estructuras organizativas clave para echar andar cooperativas (de café, de artesanías, de textiles), así como para mantener huertos y milpas, clínicas de salud y escuelas con sus propias pedagogías. Algo que se enfatiza en el libro son los procesos de formación y capacitación como detonantes de la transformación en las relaciones de género y las maneras en las que se veían así mismas en tanto zapatistas.

En el periodo durante el cual la autora estuvo en Chiapas, conoció a mujeres que mantenían viva la memoria de los agravios que vivieron sus pueblos como un recurso para fortalecer su lucha y hacer posible lo que parecía imposible: rechazar el asistencialismo del gobierno; tener acceso a alimentación, salud y educación —derechos históricamente negados—; interrogar la violencia por razones de género; disminuir el consumo de alcohol entre los varones; promover una reflexión colectiva y cotidiana de que los cambios urgentes para las comunidades se hacen cuando hombres, mujeres y otroas caminan juntes, ejerciendo así una autonomía de facto. En Compañeras también se pueden leer los retos que enfrentaban las zapatistas hacia principios del presente siglo: las dificultades para cambiar las mentalidades de los varones, afianzadas, como en todas partes, en el machismo, y la falta de acceso de las mujeres a la tierra, que seguramente sigue siendo un asunto irresuelto, como lo es en casi todo el campo mexicano.

El libro de Hilary narra una historia a varias voces que combina con datos históricos y contextuales para ofrecer una mirada informada que valora y reivindica el caminar de las miles de mujeres de origen indígena que un día decidieron declararle la guerra al mal gobierno y que, 30 años después, siguen siendo una inspiración de lucha por la vida y el rostro de la dignidad rebelde.

Edición mexicana de Compañeras