En una conversación con Gilles Deleuze en 1982, el historiador palestino Elías Sanbar equiparó la experiencia de su pueblo con la de los “Pieles Rojas”, afirmando que, a ojos de los colonos sionistas, el único rol de los palestinos era desaparecer. Esta declaración establece una analogía: la fundación de Israel es presentada como una continuación del proceso colonial de asentamiento que dio origen a Estados Unidos, eliminando a la población nativa. 

El colonialismo es un viejo acompañante de los imperios desde la antigüedad y, en el despegue de la modernidad capitalista, de los Estados nación dominantes. El colonialismo se caracteriza por el supremacismo cultural y el racismo, cuyo efecto principal es la deshumanización del “otro”.

Los estudiosos distinguen al menos dos tipos de colonialismo: el clásico, que se instala como un sistema de dominación política, económica y cultural, mediante el cual un Estado (la metrópoli) ejerce control sobre un territorio ajeno (la colonia) para su propio beneficio, explotando sus recursos y poblaciones. Se consolidó entre los siglos XV y XX con la expansión de los imperios europeos. Y el colonialismo de asentamiento, donde los colonos buscan establecerse permanentemente en el territorio, crear una nueva sociedad y reemplazar a la población nativa. Este último se caracteriza por la desposesión continua de tierras, la construcción de instituciones para el beneficio exclusivo de los colonos y la eliminación o subyugación de los nativos, incurriendo frecuentemente en genocidio. Países como Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda o Sudáfrica se fundaron bajo este modelo.

Israel es también un ejemplo, si bien tardío, del colonialismo de asentamiento. Con el desarrollo del sionismo, y aprovechando el resquebrajamiento del Imperio Otomano, se logró la Declaración de Balfour en 1917, que prometió un hogar nacional para los judíos en Palestina. Bajo el lema de “una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”, el Mandato Británico permitió y protegió la migración judía, transfirió tierras a colonos y reprimió la resistencia palestina. Asesorados por los británicos, los judíos sionistas formaron ya entonces la Haganá, un ejército paramilitar que organizó el Plan Dalet, cuyo objetivo era vaciar Palestina de su población nativa.

Con la declaración del Estado de Israel en 1948, sobrevino la Nakba, el mayor desplazamiento palestino hasta entonces: lo que para Israel fue su fundación, para los palestinos fue el inicio de la catástrofe. Luego, en la guerra de 1967, Israel ocupó Cisjordania, Gaza, Jerusalén Este y los Altos del Golán, expulsando a unas 300,000 personas y desafiando desde entonces las resoluciones de la ONU. Además de la guerra, el despojo de tierras palestinas que Israel hace continua y sistemáticamente ha tenido apoyo estatal e internacional.

Un informe de las organizaciones Peace Now y Kerem Navot, titulado “El Salvaje Oeste”, detalla cómo los colonos israelíes emplean al menos desde la década de 1970 el pastoreo como método de apropiación de tierras, avanzando mediante tres estrategias: establecer puestos de pastoreo para desplazar a palestinos, acosar y atacar violentamente a las comunidades para forzar su expulsión, y tomar el control de las tierras abandonadas para establecer nuevos asentamientos.

Desde 2022, comunidades enteras han sido expulsadas directamente por colonos armados, protegidos por el ejército israelí. También el Estado israelí ha asignado tierras en Cisjordania a la Organización Sionista Mundial, que reparte contratos para ocupar territorio más allá de los límites permitidos, con apoyo financiero estatal.

La violencia de los colonos es una piedra angular del sistema de gobierno israelí, y se ha recrudecido tras el 7 de octubre de 2023, integrando a miles de colonos en unidades de “defensa regional” con poderes policiales.

La visión expansionista queda ejemplificada en declaraciones de la colona de extrema derecha Daniella Weiss, quien afirma que hay un gran apoyo para cerrar la posibilidad de un Estado palestino y que los palestinos de Gaza deben ser “ayudados a querer irse”. Incluso en el actual contexto de genocidio, la ocupación continúa con nuevos colonos judíos, como lo muestra un reportaje de agosto de 2025, que informa de vuelos con cientos de nuevos pobladores que vienen de EE.UU. y Canadá, que aterrizan en Israel con casa y trabajo garantizados y contratos para ocupar tierras. Israel es el estado de excepción de Occidente. Sus acciones expansionistas nunca han sido frenadas por las resoluciones de la ONU.

Para comprender las ideas que hacen posible este colonialismo de asentamiento genocida, es necesario regresar a la reflexión de Elías Sanbar: el sionismo parte de la necesidad de la ausencia palestina. En 1948, nos dice el historiador, Palestina no sólo fue ocupada, sino que de alguna manera “desapareció”. Sin embargo, la conclusión es contundente: a pesar de todos los esfuerzos por eliminarla, Palestina existe y es una realidad imborrable.