El apartheid es un crimen contra la humanidad y un crimen internacional, según la Convención sobre el Apartheid y el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. El crimen de apartheid involucra políticas y prácticas inhumanas cometidas con el fin de establecer y mantener la dominación de un grupo de personas sobre otro(s) en función del color de piel, la pertenencia religiosa o la identidad étnica. Dicho con mayor simpleza, es la opresión y dominación de un grupo sobre otro de manera institucionalizada.
El término apartheid viene de la lengua germánica afrikáans y significa ‘separación’. Se utilizó originalmente para referirse a un sistema político en Sudáfrica que imponía explícitamente la segregación, el dominio y la opresión de un grupo social racializado, subordinado a otro, el de los colonos “blancos” de origen europeo. Desde entonces, este término es usado por la comunidad internacional para condenar estos sistemas políticos como regímenes criminales, en cualquier parte del mundo, y se extendió a regímenes que se fundamentan en la discriminación en función de otras características, más allá del color de piel.
En el caso sudafricano, el apartheid incluía el asesinato, la tortura, el trato inhumano y la detención arbitraria de miembros de los grupos “raciales” oprimidos. Y que conste que no existen razas humanas en términos biológicos; sin embargo, para los ideólogos racistas, el color de la piel era un índice de inferioridad.
En 2022, Michael Lynk, relator especial de la ONU, dijo que “Israel está ejerciendo apartheid desde 1967 sobre el pueblo palestino, con un sistema jurídico y político profundamente discriminatorio, el cual privilegia a los 700,000 colonos israelíes que viven en los 300 asentamientos ilegales en Jerusalén Este y Cisjordania”. También describió a Gaza como una “prisión al aire libre, sin acceso adecuado a electricidad, agua o sanidad, con una economía en colapso y sin posibilidad de viajar libremente al resto de Palestina o al mundo exterior”.
El Estado de Israel ha diseñado leyes para limitar los derechos del pueblo palestino. Por ejemplo, Israel niega a los ciudadanos palestinos la igualdad de nacionalidad y estatus, libertad de movimiento, obtención de residencia o la ciudadanía mediante el matrimonio, cosa que sí pueden hacer los israelíes judíos.
El objetivo es hacer la vida imposible para los no judíos: despojándolos de sus hogares, negándoles el derecho a la vivienda, a la educación, a la salud, e incluso al libre tránsito, con calles y banquetas exclusivas para los ciudadanos israelíes. Como resultado de estas políticas, el pueblo palestino ha sido marginado, empobrecido y económicamente desfavorecido en todo Israel y Palestina, nación que actualmente, por despojo territorial, se reduce a la Franja de Gaza y a Cisjordania.
Décadas de asignación discriminatoria de recursos por parte de las autoridades israelíes han provocado que millones de palestinos vivan en zonas densamente pobladas y sin servicios básicos adecuados, como limpieza pública, electricidad, transporte, agua, drenaje, salud y educación, tanto en Israel como en los Territorios Palestinos Ocupados.
Los palestinos en Cisjordania siguen sometidos a las órdenes militares adoptadas por el Estado de Israel desde 1967. Desde 2002 Israel construyó ilegalmente un muro que divide Cisjordania e impide el libre tránsito de los palestinos, sujetos a constantes puestos de revisión (checkpoints) a cargo del ejército israelí, que gestiona el paso, a veces deteniendo por horas a los palestinos, tan sólo para pasar de una calle a otra.
Dicho simplemente, los israelíes tienen derechos y marcos legales dignos, mientras que, como producto intencional de las políticas del Estado de Israel, el pueblo palestino no.
Eso es apartheid.
