No todos los caminos a Liubliana necesariamente conducen a Slavoj Žižek. En una época donde es más fácil quedar atrapados por la proeza artificial de un meme o reducir la sinopsis de un argumento filosófico a un TikTok, el pensamiento crítico cada vez parece extinguirse a la par de nuestra falta de atención y capacidad de demora. Sí, Slavoj Žižek es una figura mediática, lo que ha sido su phármakon en ambos sentidos —aquello que es veneno también resulta ser su remedio—, y eso mismo es en lo que sus críticos no dejan de tropezarse una y otra vez. Así, digamos que no se equivocan al señalar que Slavoj carece de un método o sistematización en su pensamiento, una labor plenamente filosófica (dependiendo a qué escuela de pensamiento se suscriban) que permite proceder a una búsqueda sistemática de la verdad. Sin embargo, no considero que esto le quite mérito filosófico al nunca dejar de entablar incesantemente una relación con su filosofía, aunque quede atravesada por el psicoanálisis.

Este último planteamiento no es una apuesta original de Žižek; es más bien un “préstamo” que hace a lo que su colega y querido amigo Alain Badiou propuso a finales del siglo XX: “siempre he sostenido que la filosofía contemporánea debe permanecer en diálogo con el psicoanálisis”.[1] Aunque Badiou titubee en su posicionamiento y dé saltos entre lo que implica que la filosofía contemporánea esté atravesada por el psicoanálisis o permanezca en diálogo estrecho, la apuesta que se hace no es soterrar a la filosofía por debajo del psicoanálisis, sino más bien implica una promesa para encontrar los márgenes que separan/conjuntan ambas disciplinas. Hay que decirlo: el psicoanálisis no es una filosofía propiamente dicha; pero tampoco la filosofía es un tipo de psicoanálisis tuerto, o como Freud lo remarcaba, un sistema delirante.

De tal suerte, puesto que muchos trastabilleos en torno a la crítica de Slavoj Žižek no sueltan la muletilla de recurrir al “gigante de Liubliana” (y este texto tampoco escapa de tal remolino), lo que propongo es algo mucho más simple: en lugar de asediar con lupa su trabajo, dejemos de leer a Slavoj —por un momento— y estudiemos el pensamiento de sus interlocutores (i.e. Mladen Dolar o Alenka Zupančič, entre otros).

Por ahora sólo me centraré brevemente en el pensamiento filosófico de esta última, en aras de su visita a la Ciudad de México. ¿Por qué leer a Alenka Zupančič? Es un error bastante común definir el pensamiento de Zupančič como parte de la “escuela eslovena”. Y esto no tanto por su afiliación al Instituto de Filosofía de la Academia Eslovena de Ciencias y Artes o por su lugar de nacimiento —Liubliana—, sino más bien porque el término “escuela eslovena” resulta lioso. Para empezar, la “escuela psicoanalítica de Liubliana” o la “escuela eslovena” —como comúnmente se le define— es algo que proviene del exterior (especialmente del mundo angloparlante que se fascina por singularizar en un nombre a toda una colectividad), y no algo que el pensamiento esloveno haya fundado intrínsecamente.

Por su parte, la filosofía de Alenka Zupančič —se podría decir— se centra en dilucidar un problema: lo real lacaniano. ¿Cómo entrelazar lo real y sus efectos en la cultura, en el pensamiento filosófico, en las estructuras o sistemas de pensamiento contemporáneo? Así, desde el inicio de su proyecto filosófico, Zupančič se confronta con temas como la ética, la comedia, el psicoanálisis, el sexo y/o la figura de Antígona, para desmenuzar dialécticamente desde su interioridad aquellas fisuras que toda estructura manifiesta. Ya sea que su pensamiento la lleve a articular una disertación en torno al amor o alguna película de Ernst Lubitsch, el pensamiento de Zupančič, muy a pesar de lo que Freud pensaba sobre Hegel al considerar que “tapona los agujeros del edificio universal”, más bien conduce precisamente a lo contrario: a destaponar los agujeros de la estructura en sí.

Es allí donde el pensamiento de Zupančič resulta trepidante: en lograr desarticular lo previamente articulado filosóficamente. Y al hacerlo, no deja pasar la oportunidad de entrelazar diálogos y refutaciones a las filosofías de Kant, Hegel, Nietzsche, Bergson, Foucault o Deleuze, y más recientemente a filósofos como Badiou, Butler o Brassier. Su estilo es vibrante e ilustrativo, y suele tomar un concepto filosófico con la elegancia del artesano, pero también con la vehemencia del herrero. Por ejemplo, al tomar un concepto como “sexo” y evitar caer en las trampas modernas que anestesian su valor con otros términos como “intimidad” o “vínculo”, e incluso al contradecirlo con la postura posmoderna de “género”, Zupančič rescata la vigencia del pensamiento de Jean Laplanche (y de Freud) al recordarnos que el “sexo” que le interesa al psicoanálisis es precisamente aquel que ejecuta un corte (“sexo” proviene del latín sectus que significa “cortar”), una división subjetiva; el sexo en su sentido pulsional, o lo que Laplanche introduce con el neologismo francés le sexual,[2] es precisamente el descubrimiento freudiano de la sexualidad perverso-polimorfa, al situar que, en cuanto al sexo, no hay nada escrito a priori.

La pregunta no es por qué hay que leer a Alenka Zupančič, sino más bien, acaso, por qué todavía no la han leído aquellos que siguen enquistados con la imagen publicitaria del “Elvis de la filosofía”. La relevancia de la obra de Alenka Zupančič no es sólo para Eslovenia: su alcance ya es global. Si se piensa que lo único que Eslovenia exporta al mundo es el espectáculo de una figura como Slavoj Žižek o los goles de Benjamin Šeško, o incluso la personalidad de Melania Trump, entonces es tiempo de cuestionarnos sobre qué tanto más hay en el cielo y la tierra que en toda nuestra filosofía…

Alenka Zupančič estará de visita en México esta semana, para ofrecer dos conferencias y presentar sus dos más recientes libros publicados en español: Que se pudran. El paralaje de Antígona (Sexto Piso, 2024) y La sombra más corta. La filosofía del dos de Nietzsche (Paradiso editores, 2025). La primera conferencia, titulada “Bienvenidos a la Riviera de lo real: la desmentida y el contenido generado por la inteligencia artificial”, tuvo lugar este lunes 27 de octubre a las 11:00 am en la universidad El Claustro (José María Izazaga 92, Col. Centro Histórico). La segunda conferencia, titulada “El poder paranoico”, tendrá sede en el Colegio de San Ildefonso (Justo Sierra 16, Col. Centro Histórico) hoy martes 28 de octubre a las 6:30pm. La presentación de los libros será mañana miércoles 29 de octubre a las 7:00pm en Frëims (Ámsterdam 62, Col. Hipódromo Condesa).

Como acompañamiento a su visita, y para adentrarse más en el pensamiento de Zupančič, comparto un extracto de la entrevista que le hicieron Christina Soto Van der Plas y Alejandro Cerda-Rueda, la cual aparecerá en el volumen de próxima aparición en Edinburgh University Press (2026), compilado por ambos bajo el título Reversals of Philosophy and Psychoanalysis in the Work of Alenka Zupančič.


Entrevista con Alenka Zupančič
14 de septiembre de 2024, Liubliana, Eslovenia (via Zoom)

Alejandro Cerda-Rueda (ACR): ¿Qué te llevó en primer lugar a la filosofía? y, en ese sentido, ¿qué te llevó también al psicoanálisis?

Alenka Zupančič (AZ): Ojalá pudiera atribuirlo a una profunda vocación que simplemente seguí, pero por lo general no sucede así. Las contingencias juegan un papel crucial en esos momentos en los que uno de repente siente: “Esto es, esto es lo que realmente quiero”. Durante mis años de preparatoria en Liubliana, un conjunto único de circunstancias —políticas, filosóficas y psicoanalíticas a nivel teórico— tocó una fibra sensible en mí y despertó un claro deseo de involucrarme con la filosofía y el psicoanálisis. La escena intelectual en Eslovenia en la década de 1980 era increíblemente emocionante, con autores que ahora son de renombre mundial, empezando por Slavoj Žižek y Mladen Dolar, quienes comenzaron a producir algunos libros notablemente interesantes y poco convencionales que realmente destacaron, nada de lo que uno normalmente espera de la filosofía. Sus apariciones públicas atrajeron a un público amplio y diverso, no solo a filósofos, sino también a personas de diversos campos. El primer libro que realmente me encaminó por este sendero fue History and the Unconscious (1983) de Slavoj, una combinación sorprendente de psicoanálisis y filosofía. Tras leerlo, quise explorar todo lo publicado en este campo, lo que me condujo a Freud, Lacan, Hegel, Kant, Benjamin y la filosofía francesa contemporánea. Para mí, fue una especie de acontecimiento en el sentido badiouano: un encuentro que marcó el inicio de mi interés filosófico, que se entrelazó inmediatamente con el psicoanálisis. Así fue simplemente como lo encontré: una chispa o un giro específico que me cautivó, sumado a los fascinantes análisis que surgieron de esta línea de pensamiento. Se desarrolló así, pero podría haber sido de cualquier otra manera. Como todos, tenía diversos intereses y no sabía muy bien qué quería hasta que, de repente, tuve la suerte de vivir esta experiencia: “Esto es, esto es lo que quiero hacer”.

Christina Soto van der Plas (CSV): A primera vista, la continuidad de tu proyecto filosófico resulta muy evidente. Sin embargo, al examinarlo más detenidamente, existen temas y problemáticas consistentes que guían tu obra y los tipos de operaciones de pensamiento que utilizas, desde la ética hasta la comedia, pasando por intervenciones en psicoanálisis y filosofía, así como la sexualidad y tu reciente trabajo sobre Antígona. ¿Cómo caracterizarías retrospectivamente el hilo conductor que recorre tu obra e intervenciones intelectuales?

AZ: A veces, tengo la impresión de que, a través de todos los temas y asuntos que mencionaste, estoy pensando en el mismo problema, o quizás estoy pensando en lo mismo, ya que no estoy segura de que “problema” sea la palabra correcta. A través de estos diversos temas —comedia, sexualidad, ética, tragedia y otros—, lidio con una configuración o topología específica que me intriga, algo que asociaría con la noción lacaniana de lo real. No lo real en el sentido de una realidad fundacional o última, sino como un punto muerto o un límite interno de la realidad, su contradicción y complejidad inherentes.

Con el tiempo, uno se da cuenta no tanto de estar dando vueltas en las mismas ideas, sino de que ciertas obsesiones son la base de tu trabajo: algo que lo cautiva, que se siente obligado a reflexionar y articular en el momento en que lo detecta en diversos fenómenos. Este tipo de estructura singular cobra precedencia y se convierte en la fuerza que guía la investigación. No es que empiece decidiendo: “Ahora quiero escribir un libro sobre Antígona, o la comedia, o Nietzsche, o la sexualidad”. Más bien, abordo estos temas con cierta predisposición o “idea” previa, y luego, con suerte, se produce una interesante inversión o bucle de retroalimentación, donde estos objetos concretos comienzan a moldear esa idea. Entonces, ¿qué es exactamente esta “cosa”? Para mí, está en la línea del concepto lacaniano de lo Real. Sin embargo, no se trata de una realidad que se encuentre detrás o más allá de diversas estructuras y formas esperando ser descubierta.

Más bien, es algo que informa o deforma estas estructuras desde dentro. Esto también sugiere una configuración particular de la inmanencia, una que no se reduce a la noción familiar de la finitud humana ni a las limitaciones entendidas como límites externos. Esta inmanencia en sí misma está escindida; no tiene “más allá” porque el “más allá” está dentro de ella, incrustado en su propia estructura. El “más allá” es la ruptura inherente a la inmanencia, una brecha que le impide cerrarse sin fisuras sobre sí misma. Por ejemplo, en mi libro sobre la comedia,[3] diseccioné el adagio según el cual la comedia nos ayuda a reconocer y aceptar nuestra finitud humana. Argumenté que si esta supuesta finitud fuera todo lo dado, la comedia no existiría. La comedia, de hecho, surge del hecho de que existe una fuga en la finitud humana; como lo expreso en el libro: no solo no somos infinitos ni eternos, sino que ni siquiera somos completamente finitos. De aquí surge una infinitud singular y paradójica. Estudio esta estructura a través de diversos registros, explorando maneras de articular cómo la negatividad y el excedente se relacionan ontológicamente. Ninguno de los dos es lo “real real”; más bien, lo Real existe solo en esta articulación dual, este “paralaje”. El excedente siempre surge en el lugar de alguna negatividad a la que da cuerpo. El excedente señala esta negatividad, nos alerta sobre ella; nunca es simplemente un exceso sobre una base neutral.

En resumen, se trata de articular una dialéctica particular —entre el ser y el no ser— y un tercer elemento que emerge dentro de esta dialéctica. En este sentido, el psicoanálisis es crucial para mí, ya que creo que ayuda a articular esta tercera dimensión o elemento. Esta es una de las principales razones por las que me involucro filosóficamente en el psicoanálisis.

ACR: Me gusta la idea de colectividad, porque existe la percepción de ustedes tres (Žižek, Dolar y Zupančič, comúnmente conocidos como la troika) como algo separado del acontecimiento, de todo lo ocurrido. Por mi experiencia en Eslovenia y al conocer a otros autores eslovenos maravillosos, existe una sensación de respeto mutuo, pero también de argumentación mutua, donde las ideas se comparten y se producen colectivamente, casi como una filia compartida. De hecho, hay diferentes posturas, pero la colectividad es crucial; es el espíritu que me invade al encontrarme con la obra de otros pensadores no necesariamente vinculados o reducidos a la troika.

AZ: Por supuesto, hay muchas otras personas involucradas, y la colectividad ha estado presente desde el principio. Con el tiempo, surgieron algunas divisiones irreconciliables, a la vez que se formaron nuevas alianzas y conexiones. Sin embargo, la troika se mantuvo sólida. Cabe destacar que la mayoría de estas etiquetas, como “la escuela de Liubliana”, venían de fuera; no nos autodenominábamos así. Pero con el tiempo, esta noción de “escuela de pensamiento” surgió y adquirió su propia materialidad, una especie de existencia independiente. Al principio, parecía una broma, pero luego se consolidó. No existe una institución formal que la respalde; cada uno trabaja a partir de su propia postura. En cuanto a la infraestructura, contamos con la Society for Theoretical Psychoanalysis (Sociedad de psicoanálisis teórico), que publica la revista Problemi y la serie de libros de la editorial Analecta.

CSV: En ocasiones, hacia el final de tus libros, surge algo completamente nuevo, llamémoslo “el postre”. Y de repente, surge algo nuevo, una nueva chispa, y eso es algo que quizá vuelva en los próximos libros.

AZ: En ¿Qué es el sexo?,[4] también concluyo con la idea del amor, que no es directamente el tema del libro, y quizás la pregunta de cómo terminar un libro esté relacionada con esto. Al final, uno suele verse impulsada, o tentada, a sugerir o articular alguna salida o camino a seguir. El amor que aparece en este punto es un gesto de doble filo. Aclara tanto como confunde, porque conlleva cierto enigma. ¿Qué es el amor? En cierto modo, se podría decir que el amor es una solución, pero no en el sentido de que resuelve un problema. Es una solución porque cambia los parámetros mismos del problema, transformándolo y reconfigurándolo.

Lo que me fascina del amor, en particular esta dimensión del amor como contingencia que se convierte en necesidad, es que cambia la importancia de un problema retroactivamente. El amor no es una respuesta a nuestros problemas; más bien, es una respuesta que existe independientemente de —y en cierto sentido, anterior— a lo que percibimos como nuestro problema. El amor no logra que dos extremos se encuentren armoniosamente; en cambio, introduce algo tercero, un excedente, un obstáculo para que dos se conviertan en uno. Sin embargo, este obstáculo da lugar a un “dos”: dos como una articulación singular, que no tiene nada que ver con la complementariedad. El amor tiene una especie de capacidad milagrosa para mantener unidos elementos dispares y heterogéneos. Esto no implica que el amor proporcione una fórmula; ocurre de forma diferente para cada persona. De esta manera, como mencioné antes, es una solución inesperada que cambia los términos mismos del problema. También es una solución abierta a las contingencias, incluidas las históricas. Si bien estas pueden analizarse y establecerse una causalidad, esta causalidad no explica la dimensión impredecible. Incluso podría haber una lección política aquí. No afirmo que solo un milagro pueda salvarnos, ni sugiero lo contrario: que una solución pueda surgir únicamente del análisis sistemático y una cadena causal fluida.

Se puede estudiar, analizar y predecir mucho, pero también existen lagunas: no solo lagunas de conocimiento, sino también lagunas dentro de las estructuras que buscamos comprender y analizar. A menudo, es a partir de estas lagunas o dentro de ellas que surgen cosas inesperadas. En este sentido, la noción psicoanalítica del amor opera en este terreno. No se trata simplemente de contingencia versus necesidad; más bien, están dialécticamente entrelazadas.


[1] Desde sus ciclos lectivos universitarios que brindó en el Collège International de Philosophie entre 1998 y 2001, Badiou ya propone dicho atravesamiento del psicoanálisis como desafío para la filosofía contemporánea. Asimismo, véase la conversación que sostiene en 2019 con el psicoanalista argentino Mariano Horenstein en torno a dicha problemática.

[2] En francés, le sexuel se refiere a la sexualidad (genital). Sin embargo, Laplanche introduce le sexual, haciendo énfasis en la sexualidad en términos freudianos.

[3] Alenka Zupančič, Sobre la comedia. México, Paradiso editores, 2012.

[4] Alenka Zupančič, ¿Qué es el sexo?. México, Paradiso editores, 2021.