En una comunicación constante con (In)movilidades en las Américas y sus cronistas de las migraciones, intentamos comprender la declaración de guerra que significa la llegada del nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, y sus acciones anunciadas, explícitamente, contra las personas migrantes e inmigrantes.

A partir de este diálogo transfronterizo y de cuestionarnos en conjunto sobre la magnitud de esta ofensiva, me dispongo a compartir unas instantáneas del momento que vivimos como habitantes del South-Central Los Ángeles. Este artículo se compone de una serie de relatos y preguntas que nos ayudan a valorar y a dimensionar la tormenta y el desastre por venir. Escribo y retrato estos momentos que enfrenta mi comunidad, para encontrar alguna luz de este lado de la frontera que de acuerdo al “Proyecto de Transición Presidencial 2025”, se proyecta como “fortaleza”.

“Desde las escalinatas del “City Hall” Los Angeles”. Canek Huerta-Martínez

En un gimnasio del sur de Los Ángeles, Adalberto, padre de una niña que juega basquetbol allí, me muestra su móvil y me pregunta:

— Están llamando a parar en los trabajos y las actividades los próximos. ¿Usted cómo lo ve?

Le digo que no sé nada de esos llamados y le pregunto él qué piensa :

—Hay que ver. porque no sabemos si la gente quiera mostrarse y salir a la calle; además, hay diferencias entre mexicanos y venezolanos.

—¿Acá en L.A.? —le pregunto.

—Sí, parece ser que en México querían linchar a unos venezolanos… No sé qué es lo que quiere este señor —se refiere a Trump—, qué es lo que quieren hacer de verdad —me vuelve a decir Adalberto.

“Paramos por quien no lo puede hacer”

Adalberto es un trabajador centroamericano, morocho igual que yo. En su conversación se refería a un mensaje que circula en las redes sociales que él usa. Es un llamado espontáneo a parar y manifestarse contra las redadas que se habían anunciado para el 4 de febrero en California

El fin de semana del 2 de febrero, nos llegó a los padres y a las madres, por medio del sistema de las escuelas ubicadas en el sur de Los Ángeles, un mensaje en el que se nos decía que “todas las familias y estudiantes tienen el derecho a defender sus derechos” y que “pueden participar en los llamados que se han realizado”, pero sin descuidar ”la asistencia de las y los niños a las escuelas”.

Las maestras de United Teachers Los Angeles (UTLA) colocaron afiches con la directriz:“ESTA AULA ES UN ESPACIO SEGURO PARA INMIGRANTES”. en las escuelas primarias del área sur de Los Ángeles, cuya población mayoritaria son familias de origen afroamericano, mexicano, salvadoreño y guatemalteco. También hay, aunque tienen menor presencia, personas nicaragüenses, hondureñas y caribeñas.

El llamado a movilizarse permeó, principalmente, en Facebook, una de las redes sociales de Mark Zuckerberg, en la que se ha suprimido cualquier forma de verificación de noticias. También impactó entre madres de familia de las escuelas públicas del distrito escolar de L.A.

Hasta ese momento, los medios “alternativos”, organizaciones o “liderazgos” no habían sido quienes convocaron a ese paro; sin embargo, nosotros monitoreamos la información y los llamados que se hicieron bajo el hashtag “50501”. Ha sido algo espontáneo y contingente; corre como el viento de “Santa Ana” que hace veinticinco días golpeó toda la cuenca de L.A.

Ausencia y presencia de las niñas en L.A. Ciudad Santuario

En noviembre del año pasado, el Concejo Municipal de Los Ángeles aprobó por unanimidad una ordenanza para volver a L.A. «ciudad santuario» para los migrantes. Desde esa singularidad es que escribo. Soy habitante de un espacio social donde Adalberto y los vendedores de esquites, elotes dulces amarillos y flores, ubicados afuera de las escuelas públicas y parques, convergen y se encuentran protegidos por una historia de revueltas y alzamientos de comunidades negras. Aquí convivimos día a día, y por lo menos desde 1992, bastantes de los barrios estigmatizados nos abrazan con alguna forma de seguridad y solidaridad.

En un gimnasio de la comunidad de Watts, como en muchos otros de la zona que cuentan con subsidios, cientos de niñas y niños, sin importar su estatus migratorio, juegan, aprenden y conviven en una mezcla de diversas variantes del español con el inglés beliceño y del sur estadounidense. Por su parte, las madres y padres conversan sobre algunas niñas y sus familias que han dejado de asistir al gimnasio. “Llámale a la mamá de la compañera de basket para saber por qué ya no ha venido”, se escucha.

Han pasado ya varios días desde esas conversaciones y la insistencia de llamarle a una niña de origen guerrerense, tan buena en el basket como sus pares afroamericanas, no cesa. Hasta el momento en que se escribió este ensayo, la niña y sus familiares no habían regresado al gimnasio. Por lo menos, otras tres familias también han dejado de asistir a los entrenamientos de sus niñas.

La ordenanza aprobada en Los Ángeles el 20 de noviembre de 2024,consagra de manera permanente las políticas santuario en la legislación municipal y prohíbe el uso de los recursos de la ciudad, incluidos los bienes y el personal, para la aplicación de las leyes de inmigración, o para cooperar con los agentes federales de inmigración que participan en la aplicación de las leyes de inmigración.

Además, como se menciona institucionalmente, la ordenanza también prohíbe el intercambio directo e indirecto de datos con las autoridades federales de inmigración. Ello, sin embargo, también es una hendidura que diferentes cofradías al interior de las corporaciones de seguridad pueden aprovechar para actuar desde su propio interés, un riesgo que algunos comunicadores y organizadores comunitarios advierten que sucederá tarde o temprano.

Esta situación de “resguardo” que se vive en L.A. no es, ni mucho menos, una generalidad en los estados y territorios de los Estados Unidos. Y además, no es una garantía: vale la pena mencionar las aprehensiones que el ICE, el FBI, la DEA y hasta el Servicio de Marshals han realizado en el Este de L.A. y en el Valle de San Fernando.

En este ecosistema urbano y segmentado, las voces, diálogos, llamados, alarmas, reuniones y comunicaciones atraviesan en silencio el centro, el sur y el este de la ciudad, hasta llegar a San Bernardino y al norte del condado. Son como torrentes invisibles que van de boca en boca o de móvil en móvil, en paralelo o en sentido contrario a la comunicación de muchas organizaciones de derechos civiles. Con todo, antes del 2 de febrero, esta forma de conjura no es generalizada, popular o palpable a lo largo de la megalópolis angelina.

El fuego, los jornaleros de Pasadena y el espectáculo

Después de los incendios que arrasaron parte de la costa noroeste del condado, particularmente Altadena y Pasadena, donde se asentaron comunidades negras y de origen mexicano, unos 15 mil inmuebles fueron destruidos por el fuego. Se estima que al menos 300 mil angelinos se han visto afectados, de los cuales unos 74 mil podrían ser latinos. Esto significa que uno de cada cuatro afectados es latino. Cabe anotar que entre las afectaciones se encuentra la posible pérdida de unos 35 mil empleos.

Además de la catástrofe climática-ambiental, la contingencia no ha dado respiro alguno. En el Pasadena Community Job Center, cientos de voluntarios se coordinan con trabajadoras y trabajadores jornaleros para recolectar escombros y restos orgánicos e inorgánicos en los alrededores de Pasadena. Lo hacen sin descanso desde hace más de 20 días, arriesgándose a respirar todo tipo de residuos químicos.

Simultáneamente a esta labor, se ha realizado un concierto con decenas de bandas de rock y pop para “recaudar fondos para los afectados”. De tal suerte, la industria del espectáculo monetiza y anuncia el concierto en medios de alto rating, a la par que las brigadas de jornaleras independientes se sitúan en la incertidumbre laboral y financiera.

¿Niñas y niños como moneda de cambio o rehenes de guerra?
Una comunidad en zozobra que se quiere proteger

Es sábado, primer día de febrero en Los Ángeles, son las 5:30 de la tarde y ya está oscuro. En el patio trasero de una casa, a espaldas de un altar a San Judas Tadeo, cuya efigie es del tamaño estándar de un humano, una familia afromexicana celebra el cumpleaños número ocho de su hijo. En medio de la cumbia que suena de fondo, la fiesta avanza con un sinsabor ante la incertidumbre de que puedan llegar menos niñas y niños. La mamá del cumpleañero cuenta que en la escuela muchos padres y madres de familia han dejado de ir a la mañana a dejar a sus hijas e hijos. Ahora son otros familiares —como los hijos e hijas mayores— quienes los llevan a la escuela, en grupos de hasta cuatro niños y niñas. Dice que salen temprano, antes de las 8 de la mañana, para asegurarse de que no haya ningún problema, y para llegar a tiempo de acuerdo con los horarios de sus escuelas.

La madre también nos cuenta que varias trabajadoras manuales y administrativas expresamente hicieron el llamado a parar el 3 de febrero. Ellas, junto a otras educadoras, son las que colocaron aquellos afiches en las escuelas primarias del centro y el sur de Los Ángeles.

En la fiesta de cumpleaños me comparten que varios vecinos afroamericanos también apoyan el llamado a parar y, que “ninguno de sus hijos e hijas asistirá el lunes a la escuela”. “¡Hay que parar!”, expresa la mamá del festejado. “Las marketas ( supermercados) están vacías. Fui a comprar leche y había como ocho personas. Los puestos y negocios están cayendo, y también puede pasar lo mismo con los trabajos. Se van a perder muchos trabajos. No entiendo cómo esta bestia está destruyendo todo. Él tiene todo, todo el dinero del mundo y qué es lo que está haciendo, qué quiere”

Uno de los padres invitados a las fiesta, quien trabaja como electricista y constructor, nos cuenta las medidas que en su familia han tomado para protegerse de las amenazas sobre deportaciones “Le dije a mi sobrino que vive en la Soto y la Seis ( al este de L.A.), que mejor no viniera, que se quedara allí por su seguridad”. Concluye: “Va a pasar algún conflicto. Buscan llegar a un conflicto grave y sólo de esa manera van a parar”. .

En la fiesta, el grupo de padres nos fundimos en los recuerdos de nuestros terruños, pues de alguna forma los sentimos más cerca ahora, nos recomendamos lugares para tomar pajarete en Compton, mientras suena la música de diferentes ritmos. En ese pequeño lapso de risas con comida rápida y hecha a mano, recreamos un espacio posible de resguardo.

Es así como las familias ejercen y construyen santuario: las enguas que se hablan en la ciudad, la fisonomía de sus paredes, cómo visten las y los jóvenes, los agasajos que nos nutren son y serán diseño trashumante, transfronterizo e indocumentado. Es la agencia, materializada en gran parte de la cuenca de Los Ángeles, donde habitan familias kaqchikeles, norteñas, nahuas, de californios, de mixtecas, de guanacos, del sur profundo de Estados Unidos, donde habitan son garífunas, paisas, así como familias de exilios sud asiáticos.

También es un hecho nuestra conflagración y penumbra ante esta situación de emergencia. Las imágenes de los niños enjaulados, las madres esposadas y los padres arrancados durante la primera administración de Donald Trump y en la de Joe Biden son un fantasma que ronda el presente..

La celebración transcurre y las preocupaciones de la madre del cumpleañero se confirman: menos familias asistieron a la fiesta. No llegó ni la tercera parte de los niños y niñas invitados. Sin embargo, quienes asistieron a pesar de la incertidumbre que envuelve a la comunidad jugaron y compartieron el agasajo guerrerense-nayarita.

“Un Altavoz Migrante en Pacifica Radio

Hace dieciséis meses Rubén Tapia, productor de Radio Bilingüe en Fresno y la KPFK 90.7 de Los Ángeles, propuso abrir una sección para dar cobertura a la “guerra contra Gaza”. Transmitimos todos los jueves reportes, entrevistas e información verídica en español sobre la guerra de exterminio para la comunidad radioescucha del centro y sur de California. El director de la Asociación de Programadores en Español de la Pacífica Radio -KPFK, nos propuso abrir por 15 minutos “Nuestra Voz” ante esta emergencia que vivimos: información, voces y notas útiles para la comunidad. Así que iniciamos el 30 de enero con “Altavoz Migrante”, y, después de informar sobre la frágil tregua y cese el fuego que pende de un hilo en Palestina, hicimos dos entrevistas en vivo. Una de ellas fue con un líder y ex representante popular de Chicago de origen mexicano que explicó puntualmente que los operativos de la semana pasada, llevados a cabo con la intención de reportar hasta mil indocumentados por día han fracasado, y que la meta del ICE se redujo a 100 detenidos, o sea “una décima parte”. Pero que, de cualquier modo, esto significa que existe una guerra psicológica contra los inmigrantes. Es también “una guerra mediática con acciones en el terreno” para “ponernos a todos en pánico”. El líder de origen mexicano asegura que el combate contra esta guerra en el terreno se tiene que hacer con “educación” y con “comunidad organizada”.

El también asesor laboral de Chicago hizo un llamado a trabajar para la organización de base, y a hacer un paro nacional del 1 al 5 de mayo, que incluya una marcha nacional el 1 y actividades nacionales hasta el 5. “El miedo paraliza, la buena información organiza”, concluye.

Una segunda llamada entra al estudio. Es Vanessa, hija de inmigrantes mexicanos que viven en Dallas, donde la semana pasada cientos de jóvenes se movilizaron de manera espontánea. Vanesa dijo en el programa que “ha habido redadas, hubo un comunicado —en esa ciudad— de que todo aquel que haya cruzado la frontera es una persona criminal. La gente tiene miedo… y hay niños que temen que sus papás no vayan a ir a la escuela por ellos, que no vayan a estar cuando lleguen a la casa, o que sus padres salgan y ya no regresen. Los padres se sienten igual: están preocupados de que ICE vaya a ir por los niños a las escuelas. Creo que es un tiempo realmente triste el que estamos viviendo. Creo que nos lo tenemos que tomar muy en serio, porque cuando Trump prometió todas esas cosas en la campaña, nadie pensó que iba llegar a este punto y ahora ha llegado demasiado lejos”.

“Lo que más he registrado”, continúa Vanessa, “es miedo entre la comunidad de lo que está pasando en las calles, de los reportes en TV, de inmigración, de que los están encadenando, de que los encadenen y que los traten peor que a cualquier otro ser humano, que a cualquier criminal que esté caminando por el mundo…”,

“Tenemos que mantenernos unidos en este tiempo, porque es de vital importancia que esta información salga a nuestra comunidad de una forma u otra. Necesitamos unirnos, educarnos y ser fuertes. Necesitamos una red para comunicarnos”…

Ese primer broadcasting especial duró 40 minutos. Al terminar, comunicamos que así se transmitirá cada jueves. Así que el 6 de febrero tuvimos nuestra segunda emisión. En esa ocasión, Ron Gochez, de Unión del Barrio, compartió la fundación de la Coalición de Autodefensa Comunitaria, compuesta por más de 40 organizaciones y colectivos, con una primera tarea: la conformación de Patrullas Comunitarias en Los Ángeles, “para identificar vehículos encubiertos de ICE”.

Asimsmo, en más reciente conversación sobre Gaza en la KPFK, Judah, abogado colombo-palestino, comparte para “Nuestra Voz” cómo fue su transición como activista de Code Pink a su propia iniciativa legal para acoger y apoyar familias o individuos palestinos. “Vamos a trabajar en clínicas para asesorar a cualquier inmigrante y a sus familias que necesitarán apoyo”. Este es un horizonte clave: la manera en que varios organizadores, organizaciones, activistas y abogados, como Judah, abren camino en esta oscuridad y tejen alianzas con otras resistencias en movimiento.

No one is illegal on stolen Land! Abolish ICE!
¡Nadie es ilegal en tierras robadas! ¡Abolición del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas!

Las Tarjetas Rojas se reparten de mano en mano, o se descargan de diferentes sitios en internet, y se guardan a un lado del ID, o de cualquier amuleto o insignia.

Me conecto hasta Dakota del Sur con el Colectivo NDN (Indian, según su sonido en inglés) para asistir a un taller que arranca bajo la premisa de que el “ICE ha intensificado sus órdenes de allanar hogares e incluso las escuelas de nuestros hijos”. Según el colectivo NDN, las personas indígenas de Estados Unidos han sido acosadas debido a su piel morena. Aseguran que la violencia continuará y que en medio de esta persecución se debe resistir frente a la estrategia centenaria de “dividir y vencer´” la cual “se ha utilizado con eficacia contra los pueblos indígenas de todo el mundo”. Este llamado de alerta se da después de que 15 indígenas de Arizona y Nuevo México fueran detenidos en sus casas y lugares de trabajo para ser obligados a presentar pruebas de ciudadanía durante las redadas de inmigración.

En inglés y español, mujeres y estudiantes jóvenes, nativas y “latinos” plantados en su propia tierra asumen esta ofensiva en común y exponen una carta básica de autoprotección:

“Todas las personas en los Estados Unidos – sin importar su estatus migratorio – tienen derechos bajo la constitución del país. Nuestras Tarjetas Rojas ayudan a los inmigrantes a ejercer esos derechos y protegerse en muchas situaciones, como cuando agentes de inmigración visitan nuestras viviendas”. Esto es lo que contienen esas Tarjetas Rojas:

  • Conoce tus Derechos / Know your rights
  • No abras la puerta: ICE solo puede entrar con una orden de arresto o si tú los dejas entrar.
  • Guarda silencio: Tienes derecho a permanecer en silencio frente a los oficiales de ICE.
  • Di: «Invoco mi derecho de la Quinta Enmienda a permanecer en silencio.»
  • No firmes nada sin consultar con un abogado.
  • Mantén la calma y conoce tus derechos civiles. Lo más importante es tener un plan.

El llamado didáctico y puntual de estas tarjetas es informarnos y defendernos entre todas y todos los que habitamos estas tierras. Han surgido, pues, ante “esta rápida avalancha de órdenes ejecutivas fascistas, ataques al clima, a la madre tierra, a la igualdad de género y racial, a los derechos de los migrantes y a la soberanía tribal, entre muchas otras cosas”. Somos la tierra, Landback! y, como hermanas separadas por las fronteras, nos dicen, “¡Nadie es ilegal en tierras robadas!”

Detention Watch Network (DWN), una coalición nacional, inició su taller con el principio de justicia lingüística, bilingüe y con la opción de solicitar traducción a cualquier otra lengua o idioma. El contexto es con el taller de NDN, dada la historicidad de los movimientos trashumantes en este territorio, pero su enfoque supone una maquinaria de la detención de inmigrantes profundamente entrelazada con el sistema jurídico penal y con el sistema penitenciario (cárceles de condados y prisiones privadas), en el marco de la legislación de la época de la Guerra contra las Drogas, con un enfoque a las comunidades de inmigrantes multiétnicas.

 “A través de asociaciones con los sheriffs locales y las cárceles de los condados, las administraciones presidenciales demócratas y republicanas, por igual, han impulsado la aplicación de la ley de inmigración en las comunidades, creando incentivos perversos para la detención masiva. Como ha informado el Proyecto Marshall, los gobiernos locales pueden, por ejemplo, ganar millones alquilando camas en las cárceles a agencias gubernamentales”.

Lo mencionado por Detention Watch Network me recuerda al incendio en Ciudad Juárez, en donde murieron 40 migrantes en un centro de detención del Instituto Nacional de Migración de México en 2023. Resuena en mí ese eco, precisamente cuando las activistas plantean: “el frente y primer sujeto de nuestra batalla es el migrante encarcelado; ellos son los que puntean esta lucha”. Además, se debe abogar por el desmantelamiento de las cárceles, que por el contrario están por expandirse, por todos los incentivos financieros públicos y privados para su construcción, bajo los cuales subyacen intereses y dinero asociados particularmente con la administración de Trump.

Pero eso no es todo: a este sistema de encarcelamiento de personas migrantes se suman los sistemas tecnológicos de vigilancia, la cibernética delos puestos de control fronterizos, las patrullas físicas y “sapaportes” y las 479 torres de vigilancia a lo largo de la frontera sur. Estos son datos recopilados por la Electronic Frontier Foundation y son considerados un negocio rentable en el control de la migración. El “muro virtual” se extiende desde la costa de California hasta el extremo inferior de Texas, como armadura contra migrantes. Guantánamo y el negocio carcelario del presidente salvadoreño, Nayib Bukele, serían apenas sucursales de esta máquina de guerra.

Desmantelar esa industria penitenciaria y el ICE es apenas un ángulo para frenar la maquetación del mayor sistema de prisiones para inmigrantes en el planeta.

“Chinga tu MAGA!”: ¡A moverse!

El viernes 31 de enero, según la cuenta del ICE en X (antes Twitter), esa institución había detenido a 5,537 inmigrantes en el interior de Estados Unidos, además anunció la emisión de 4,333 “órdenes de retención”, las cuales estarían a cargo de las las fuerzas de seguridad estatales y locales de Estados Unidos para que entregaran a personas bajo su custodia. El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) anunció que en total han deportado a 7,300 personas. En esta cifra se incluye a personas expulsadas desde la frontera por la CBP y su Patrulla Fronteriza, además de las personas detenidas por el ICE.

¿Qué lenguaje usan y quién es el interlocutor de las administraciones que hablan sobre las negociaciones, “diálogos” y acuerdos?, ¿a quién se dirigen? ¿Cómo se corresponde este “diálogo” con la ira y aflicción de las familias? Con cada cuerpo migrante infligido de por vida, ¿se trata de un problema de escalas analíticas, discursivas o metodológicas? ¿Quién escucha la estampida y tempestad humanas? Por supuesto que con una declaratoria de Emergencia Nacional en la Frontera Sur (la segunda hecha por Trump), equiparable a la invocada por George W. Bush en septiembre de 2001 en respuesta a los atentados contra el World Trade Center, acá parece que nadie la escucha.

En 1932, mis bisabuelos maternos fueron deportados de Iowa donde trabajaban la tierra. Comenzaron de nuevo su vida en Michoacán con su comunidad trabajando la tierra. Más tarde regresaron a Texas y después se mudaron a California. Mi abuelo villista, después de la guerra revolucionaria, fue indultado y colocó los durmientes en las vías al sur de Pittsburgh. Regresó años más tarde, con herramientas de acero. como ebanista al lago de Chapultepec. Ellos regresaron a tierra firme, al sur de esta frontera, acompañados de amistades, al rancho y a la vecindad, con trabajo y pan para las familias. ¿Ahora qué comunidades, tejidos y escenarios esperan a los expulsados? ¿Qué horizonte tienen allá en México? ¿Y cuál de este lado?

Acá, a lo largo de este artículo, están las instantáneas que tomé el 2 de febrero. Son un fragmento de miles de fotografías que durante ya más de 8 días siguen tomándose en las calles de Los Ángeles. Ese domingo salieron por lo menos cinco mil jóvenes, mujeres y niños de la Placita Olvera a la sede del ayuntamiento. Un estallido de cientos de banderas, afiches, baile y la ira de quienes pueden salir “por su abuelo”, sus tíos y los trabajadores que no pueden hacerlo.

No somos víctimas, tokens, ni monedas de cambio. Nuestro derecho de fuga y trashumancia está plasmado en el pacto social universal, si es que esto existió. Ya no es el 2006 ni el 2007 de aquellas masivas manifestaciones contra las deportaciones y a favor de una reforma migratoria improbable, cuando indistintamente demócratas y republicanos nos arrancaron de esta tierra. Las mujeres migrantes llevan tras las fronteras las cicatrices, la sabiduría y la fuerza, para conjurar esta guerra. ¡A moverse!

“Nadie es ilegal en tierras robadas”, Canek Huerta-Martínez