No se nace feminista, se llega a serlo

víctimas de feminicidio
Foto: Cortesía de Francisco Mata Rosas @fcomata.

“La humanidad es macho, y el hombre define a la mujer no en sí misma, sino con relación a él, no la considera como un ser autónomo. […] La mujer es lo inesencial frente a lo esencial. Él es el Sujeto, él es lo Absoluto; ella es lo Otro.”

Simone de Beauvoir, El segundo sexo

 

Foto: Cortesía de Francisco Mata Rosas @fcomata.

 

En el contexto dramático de la pandemia, uno de los debates en torno al 8M 2021 en México será ¿marchamos o no? Siempre con empatía hacia el gesto más radical, quiero visibilizar a algunas mujeres. A algunas de ellas las encontraron o las encontrarán en las marchas de la Jornada Internacional de las Mujeres, a otras no. Sin embargo, todas ellas comparten y tienen en común el hecho de pertenecer a las sombras. 

Hoy quiero visibilizar a Adam Dicko, activista de Malina, quien lucha por la justicia social en tiempos de la COVID-19. A Nuvis, de 64 años, que vende café y cigarrillos en el puerto de Maracaibo, Venezuela, y que, desde que comenzó la pandemia, no gana lo suficiente para llevar alimentos a su familia. A Jennifer Sunthia, de 24 años, que imparte un curso en un campo de refugiados de Palabek, Uganda. A Lucia Mildred, empresaria de Kenya y madre de cuatro hijos, quien revolucionó su cotidianidad para hacer posible la vida durante la pandemia y alimentar a sus hijos. A Nur Jahan y su hija Ismat (nombres cambiados), quienes están varadas desde hace meses en el campo de refugiados de Cox´s Bazar en Bangladesh. A Julissa Álvarez, de 44 años, que vive en la República Dominicana, donde produce su vida trabajando como peluquera; debido al confinamiento perdió a su clientela y sus medios de subsistencia, que le permitían hacer posible la vida y alimentar a su familia, su “compañero” y sus seis hijos. Al personal de los hospitales españoles, en su gran mayoría mujeres, quienes luchan y siguen luchando desde hace meses en un sistema de salud desmantelado por las políticas neoliberales. A Deng, una joven alumna de primaria en Palabek, Uganda, quien se ve obligada a estudiar sola. A las mujeres que trabajan en una línea de producción de ropa y zapatos de marcas internacionales y en la fabricación de textiles en la provincia de Dong Nai, Vietnam. A Sarah, que vende frutas en Kampala, Uganda, y obtiene el ingreso principal de su familia de seis integrantes; ahora tiene menos tiempo para realizar su trabajo remunerado, debido a que los trabajos de cuidado ocasionados por la pandemia aumentaron (Informe Oxfam, 2021). A las empleadas domésticas mexicanas, quienes hace meses dejaron de recibir remuneración; sus empleadores desaparecieron en provincia y el Estado mexicano sólo parece estar preocupado por sus negocios. A nuestras madres y hermanas mayores, que estaban o siguen estando en situaciones de precariedad, vulnerabilidad e invisibilidad social. A todas las que perdieron injustamente la vida, víctimas de la crueldad y de la indiferencia humana, las extrañamos día tras días.

En su famosa frase, “No se nace mujer, se llega a serlo”, Simone de Beauvoir resume el gran programa feminista de su obra maestra, El segundo sexo, para responder una pregunta: ¿somos o no somos iguales las mujeres y los hombres? Este 8M, transcurridos tiempos muy difíciles, un año después de comenzada una pandemia que impactó sobre todo en las mujeres, recomiendo hacerse el tiempo para leer o releer, por lo menos, la introducción de El segundo sexo.

La Jornada internacional de las Mujeres, que se volvió 8M, acompañó sus preocupaciones, su tiempo y sus luchas. El día que dio origen a esta jornada puede situarse entre 1909 y 1911, en Estados Unidos y Europa. En Estados Unidos primero, en 1909, mujeres obreras y socialistas salieron a las calles para luchar por el voto de las mujeres y en contra del hostigamiento sexual; a través del Women´s Day, el Comité Nacional de las Mujeres del Partido Socialista demandó que ellas tuvieran representación política. En Dinamarca después, en 1910, durante la Segunda Conferencia Internacional de las Mujeres Socialistas celebrada en Copenhague, Clara Zetkin llamó a una jornada internacional de las mujeres para la obtención del derecho al voto. A partir de 1911, mujeres de toda Europa comenzaron a seguir al movimiento.

 

Foto: Cortesía de Francisco Mata Rosas @fcomata.

 

Simone de Beauvoir nació en 1908. Su familia fue parte de la clase de nuevos pobres en Francia. Tras la Primera Guerra Mundial su padre perdió toda su fortuna, lo que privó a sus dos hijas de contar con el acceso a una dote y de tener un matrimonio burgués. Desde muy joven Simone supo que tendría que trabajar. La tragedia familiar vivida hizo que siendo niña se prometiera que sería literata, que escribiría, publicaría y daría clases en contra de todo y de todos; por un lado, en contra de las preferencias de su familia, porque ser progresista o de izquierda o intelectual siendo parte de una familia conservadora y católica era objeto de total rechazo y, por el otro, en contra de la realidad social, que impedía a las mujeres de su generación acceder a la educación —en aquel momento, las mujeres apenas podían acceder a la escritura o a otra lectura que no fuera la de la Biblia—. 

El segundo sexo se publicó en 1949 y fue objeto de censura por parte de la Iglesia, así como de enormes polémicas y críticas, incluso entre sus amigos. Así lo demuestra la hostil reacción que provocó en Albert Camus, quien afirmó que en este libro Simone ridiculizaba al macho francés. No obstante, es sólo un libro de posguerra. En ese entonces ella tenía 41 años. Poseía plena conciencia de su clase y se encontraba en pleno descubrimiento de su sexo. ¿Qué habría sido de ella si no hubiese conocido a Jean-Paul Sartre? Simone responde a esta pregunta en sus Memorias y dice nada, nadie. En su época —también la de Frida Kahlo, nacida en 1907, y la de Hannah Arendt, nacida en 1906—, el Otro, el Otro sexo, femenino, representaba la caída en un tiempo invisible, inconsistente, periférico, relativo, el tiempo de los pueblos tristes, de la contingencia, aquel que nunca tiene su propia razón de ser. El tiempo de muchas mujeres y de muchas Simone no descubiertas, de ayer y de hoy. Esta realidad, la de su condición de sexo, de ser hembra, es la que intenta entender y hacer visible, explicando la dualidad estructural y los mecanismos estructurantes presentes en la contradicción humana entre la existencia esencial e inesencial. Sobre todo, quiere iluminar las luchas que es necesario emprender para existir en un mundo que nos invisibiliza. 

En realidad, falta mucho para alcanzar la igualdad de género. Así, éste será un 8M que promueva el cuidado y la bioseguridad, pero marchando rumbo al Zócalo, para apoyar a las mujeres. Todas y todes las que puedan hacerlo, con responsabilidad, claro, no en el sentido de evitar la brillantina y dejar limpia la ciudad, sino de algo que siempre fue señalado desde el feminismo: la capacidad de realizar el cuidado, tanto junto a nuestras pares como el de nosotras mismas, en una política de la amistad.

 

Foto: Cortesía de Francisco Mata Rosas @fcomata.
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