La guerra en Ucrania y el Sur Global

Este texto se publicó originalmente en Commons.


El 10 de marzo de 2022, The Guardian publicó un artículo titulado “The West v Russia: why the Global South isn’t taking sides”, escrito por David Adler, coordinador general de Internacional Progresista (Progressive International). En esencia, el autor del texto trata de justificar la posición de esa parte de la izquierda occidental que se negó a apoyar la resistencia del pueblo de Ucrania contra la agresión de Putin y se limitó a hacer llamamientos generales a la paz y a una “solución diplomática”. Decidí escribir una respuesta a este artículo por varias razones. Primero, su argumento principal puede parecer convincente para muchos izquierdistas, mientras que yo no estoy de acuerdo con él; segundo, nuestro Commons Journal sigue siendo miembro de la Internacional Progresista; y tercero, el autor se refiere directamente a mi “carta a la izquierda occidental”, por lo que su artículo también es una respuesta a mí. Este es mi intento de continuar con aquel diálogo.

Derecho Internacional

El artículo de Adler comienza con una referencia a una sesión de emergencia de la Asamblea General de la ONU sobre la agresión rusa contra Ucrania. Francamente, esto me sorprendió, dado que, en contraste con el trasfondo de la declaración sin dientes del Gabinete Internacional Progresista, la resolución de la ONU es un modelo de radicalismo. Desafortunadamente, David Adler no explica por qué el Gabinete no electo de la Internacional Progresista no hizo lo que hicieron 141 países en la Asamblea General: apoyar la demanda a Rusia de “retirar de inmediato, completa e incondicionalmente todas sus fuerzas armadas de Ucrania”. En cambio, Adler señala que el Sur Global no ha impuesto sanciones contra Rusia, por lo que solo “Occidente” y sus aliados de Asia Oriental están presionando activamente a Rusia.

“[L]a verdadera brecha no es entre izquierda y derecha, ni siquiera entre el este y el oeste”, escribe Adler, sino “entre el norte y el sur, entre las naciones que llamamos desarrolladas y las que llamamos en vías de desarrollo”. En resumen, al señalar la renuencia de los gobiernos del Sur Global a imponer sanciones, Adler está tratando de absolverse de responsabilidad y mantener su posición de avestruz.

No pretendo minimizar la brecha entre el Sur Global y Occidente. Por el contrario, como residente del país más pobre de Europa del Este, simpatizo con la renuencia de los países pobres a sufrir pérdidas económicas evidentes debido a su participación activa en el conflicto. Especialmente porque es el Sur Global, no Occidente, el que sufrirá la crisis alimentaria que nos espera a todos debido a la invasión de Ucrania por parte de Rusia. Sin embargo, tengo una actitud completamente diferente hacia la reticencia de los países ricos a imponer sanciones porque les supondrían pérdidas. Los gobiernos occidentales no tienen excusa en este asunto. Y, para la izquierda occidental, la posición del Sur Global no puede servir como excusa para tratar de retirarse de este conflicto.

No obstante, la renuencia de los países que han sido víctimas del imperialismo occidental a participar activamente en el conflicto no sólo obedece a razones económicas, sino también a motivos históricos y políticos evidentes, a las que se refiere Adler. También cita a Pierre Sané, presidente del Imagine Africa Institute y exsecretario general de Amnistía Internacional. “Neutralidad no significa indiferencia”, dice Pierre Sané, “Neutralidad significa llamar continuamente al respeto de las leyes internacionales”. La posición de Pierre Sané es inequívoca. La de la Internacional Progresista, por otro lado, no lo es, y no puedo evitar preguntar nuevamente, ¿por qué entonces su declaración no llamó al cumplimiento del derecho internacional y, en consecuencia, exigió que Rusia retirara inmediatamente sus tropas de Ucrania?

Como señaló Marwan Bishara, la renuencia de muchos países a involucrarse en el conflicto “tiene menos que ver con Ucrania y más con Estados Unidos”. Eso es comprensible. Pero defender el derecho internacional ahora significa apoyar la lucha del pueblo ucraniano por su libertad e independencia, al menos a través de declaraciones. Desafortunadamente, la Internacional Progresista ni siquiera ha hecho eso.

Paralelos Históricos

David Adler establece un paralelo entre la renuencia del Sur Global a participar activamente en el conflicto actual y el Movimiento de Países No Alineados durante la Guerra Fría. Sin embargo, ignora una diferencia fundamental entre el conflicto actual y la Guerra Fría. Si Occidente no ha cambiado mucho políticamente desde la Guerra Fría, el otro lado del conflicto, Rusia, ha cambiado drásticamente. Nos guste o no, la Rusia actual tiene más en común con el Tercer Reich que con la Unión Soviética. No considero fascista al régimen de Putin, pero en este caso es realmente difícil evitar los paralelismos. En ambos casos tenemos un imperio que perdió el enfrentamiento global, con el que el enemigo se comportó con arrogancia tras la victoria, y donde arraigaron sentimientos revanchistas. Una sociedad que no aceptaba pérdidas territoriales y apoyaba el uso de la fuerza militar bruta para recuperar territorio.

La Unión Soviética, a pesar de su autoritarismo, deportaciones y masacres, ofreció al mundo un proyecto progresista definido. El régimen de Putin sólo promueve el conservadurismo, el nacionalismo agresivo y la división del mundo en esferas de influencia de las “grandes potencias”. En este sentido, a pesar de todas las diferencias, el Tercer Reich es la analogía más cercana a la Rusia de Putin.

La renuencia del Sur Global a apoyar la presión occidental sobre Rusia también es comparable a la renuencia de los movimientos anticoloniales a apoyar las guerras de sus metrópolis con los países del Eje. A menudo se pasa por alto ahora, pero las colonias africanas y asiáticas de los estados europeos tenían diferentes actitudes hacia la participación en la Segunda Guerra Mundial. Subhas Chandra Bose, uno de los líderes del Congreso Nacional Indio, incluso cooperó con los alemanes y japoneses y participó en la formación de la Legión SS de la India Libre. Y estaba lejos de estar solo, como señala el historiador David Motadel:

“En el punto álgido de la Segunda Guerra Mundial, decenas de revolucionarios anticoloniales acudieron a Alemania desde el norte de África, Oriente Medio y Asia central y meridional, convirtiendo el Berlín de la guerra en un centro de activismo revolucionario antiimperial mundial. Impulsados por las contingencias de la guerra, los funcionarios alemanes hicieron cada vez más esfuerzos para movilizar movimientos antiimperialistas, llegando a los súbditos de los imperios británico y francés y las minorías de la Unión Soviética”.

No menciono esto para juzgar a las personas que participaron en estos movimientos anticolonialistas. No hay ambigüedad sobre el Tercer Reich, pero los movimientos anticoloniales que optaron por colaborar con él y con los japoneses merecen una mayor comprensión. Especialmente por parte de los ciudadanos de los países occidentales que nunca enfrentaron una elección tan difícil como la de las naciones colonizadas durante la Segunda Guerra Mundial. Las personas que luchan por su libertad tienen que elegir a sus aliados no en circunstancias de su propia elección, sino en circunstancias que ya existen. Al recordar este episodio, simplemente quiero mostrar que la posición de los países del Sur Global no puede ser hoy un argumento en la discusión de la agresión rusa contra Ucrania, como tampoco podía serlo hace 80 años.

Pero basta de digresiones históricas. Afortunadamente, la Rusia moderna no es el Tercer Reich y no podrá librar una guerra a gran escala por mucho tiempo. No debemos permitir que la guerra se convierta en la Tercera Guerra Mundial, por lo que la izquierda internacional no debe apoyar la participación directa de otros Estados en la guerra. Pero los socialistas deben condenar inequívocamente al agresor y apoyar la presión política y económica sobre él. Al mismo tiempo, la izquierda internacional no debe ver a los ucranianos solo como víctimas: nosotros también tenemos nuestros propios puntos de vista sobre lo que nos gustaría que fuera nuestro país y estamos dispuestos a luchar por ello. Y necesitamos ayuda internacional en nuestra lucha. Apoyen la demanda de dar a Ucrania aviones y defensa aérea. Si no quieren presionar a sus gobiernos sobre este tema, al menos apoyen la demanda de cancelar la deuda externa de Ucrania y pidan sanciones duras, especialmente contra los oligarcas.

Protestas en Estados Unidos. Foto: Joe Flood. Tomado de Flickr con licencia CC.

Sur Global

En conclusión, me gustaría dirigirme a la gente del Sur Global. Durante las últimas dos semanas he estado leyendo respuestas sorprendidas de sirios que preguntan por qué el mundo no reaccionó tan activamente cuando los aviones rusos bombardearon sus hogares y por qué los refugiados sirios no fueron tratados con tanta hospitalidad. Obviamente, una de las razones es que somos más “blancos”. Lamento que los hayan tratado diferente. Sin embargo, la situación actual le da una oportunidad al mundo entero.

Una de las características de la política de Hitler fue que transfirió las prácticas coloniales europeas destinadas a los «no blancos» a Europa. Esto ayudó a desacreditar la política colonial como tal, y la derrota de Alemania contribuyó al colapso de otros imperios coloniales. Algo similar podría volver a ocurrir ahora. Putin decidió repetir lo que hizo Estados Unidos con Irak, pero no consideró que la reacción a la agresión de un imperio autoritario contra una república democrática de Europa del Este sería tan diferente. Y esto nos permite finalmente poner fin a tales políticas en todo el mundo.

Entiendo la renuencia a apoyar a sus antiguos colonialistas en su lucha contra otro imperialismo y las advertencias de que un EE. UU. más fuerte los impactaría negativamente. Pero no olvidemos que el año pasado, las tropas estadounidenses se retiraron de un Afganistán en desgracia; por un tiempo, esto las disuadirá de seguir políticas agresivas.

Al mismo tiempo, como ahora vemos, otros depredadores imperialistas pueden beneficiarse de esta situación. Rusia ya bombardeó Siria, ha subyugado a los gobiernos de África Central y Malí, por no hablar de su dominio imperial sobre Kazajstán y Asia Central. Si gana en Ucrania, también podrá entrometerse en los asuntos de sus países. Por otro lado, su derrota puede contener no sólo a Rusia sino también a otras potencias globales y regionales. Y cuanto antes termine esta guerra, menos negativas serán sus consecuencias, incluso en términos de crisis alimentaria.

Esto no significa que la victoria de Ucrania no tendrá consecuencias negativas. Y aunque ahora deseo con todo mi corazón que Rusia sea derrotada lo antes posible, también me preocupa que un debilitamiento de Rusia en el sur del Cáucaso permita a Azerbaiyán reanudar la guerra en Nagorno-Karabaj. Mis amigos viven en Armenia, y aunque no les gusta la dependencia de Rusia de su país más de lo que me gusta la dependencia de Ucrania de Occidente, en ambos casos la dependencia ofrece garantías de seguridad, débiles pero seguras. Y entendiendo la posición de Armenia, no espero mucho de ellos; por el contrario, agradezco que en la Asamblea General de la ONU, Armenia al menos se abstuvo y no votó en contra de la resolución.

Sin embargo, preservar este sistema no es la solución. Necesitamos desarrollar y fortalecer el sistema global de seguridad internacional. Y en Nagorno-Karabaj, por ejemplo, el problema de la seguridad podría resolverse parcialmente reemplazando las “fuerzas de paz” rusas por fuerzas de paz de la ONU. Al mismo tiempo, la solución de los problemas de Ucrania también podría ayudarlo. Por ejemplo, la condonación de nuestra deuda externa sentaría un precedente, que espero que puedan utilizar.

Vienen tiempos difíciles. Pero sólo hay una cosa peor que una crisis: perder la oportunidad que ofrece. Ucrania debería convertirse en el Vietnam de Rusia, pero para eso necesitamos ayuda internacional, de la misma manera que Vietnam la necesitó durante la invasión estadounidense. Actualmente ni siquiera tenemos suficientes Kalashnikovs. Por favor ayúdenos. Si no puede imponer sanciones, ayúdenos de cualquier otra forma que pueda. Y después de que Rusia sea derrotada, tendremos que trabajar juntos en la democratización del orden global.

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