Humanidades, posthumanidades, humusidades

Perspectivas 

Facundo Carlos Rocca

La crisis de las humanidades aparece, ya hace bastante tiempo, como un hecho ineludible. Los procesos de reestructuración neoliberal de la Universidad y los sistemas públicos de investigación, sus efectos de desfinanciamiento y desinstitucionalización, que han vuelto crónica la crisis de la universidad en nuestros territorios, así como el sostenido declive en la matrícula a nivel mundial son parte de un diagnóstico establecido sobre el presente crítico y el futuro incierto de las ciencias humanas. La insistencia en el emprendedurismo, la “innovación”, la transmisión tecnológica y la aplicabilidad efectiva y rentable de los saberes parecen haber profundizado aún más esta crisis. En definitiva, la creciente hegemonía de lo tecno-científico pareciera implicar un inevitable declive de las humanidades. 

Un poco más recientemente, las ultraderechas y los conservadurismos religiosos han hecho del ataque a las ciencias humanas y sociales un elemento central de su retórica reaccionaria. En el conjunto de estas disciplinas se refugiaría el “marxismo cultural”, el “nihilismo” y la “ideología de género”, responsables de la decadencia social y cultural que se piensan llamados a combatir. Solo para subrayar la actualidad de estos ataques en curso, y la urgencia de respuestas, basta pensar en la campaña de persecución que lanzó el gobierno Macron en Francia, en medio de una fuerte ofensiva contra los movimientos anti-racistas, contra lo que llama –sancionando gubernamentalmente un neologismo fabricado por la ultraderecha francesa– el “islamo-izquierdismo” en las Universidades. O bien señalar la intensificación de la política anti-LGTTBIQ+ y anti-feminista del gobierno Erdoğan en Turquía, dirigida particularmente contra las universidades y sus teorías “destructoras de la familia”, que ha suscitado la resistencia de investigadores y estudiantes

En el largo proceso de esta crisis han surgido algunos intentos de defensa de las ciencias humanas. Entre estos se cuenta, por ejemplo, el alegato a favor de los valores clásicos de los estudios humanísticos como insumo fundamental de la vida democrática que Martha Nussbaum elabora en Sin fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades; o la propuesta de reconstrucción de las humanidades, a partir de un relanzado diálogo con las ciencias experimentales, en saberes capaces de innovación e invención que Mikhail Epstein delinea en su manifiesto Transformative Humanities.

Sin embargo, la crisis de las humanidades no parece ser el simple resultado de ataques exteriores o de presiones espurias sobre los valores humanísticos, frente a los que solo quedaría defenderse, adaptarse o persistir con estoica obstinación. No nos encontramos frente a una inestabilidad traída exclusivamente desde fuera de nuestras disciplinas. En primer lugar, porque el declive de las ciencias humanas, lamentado o celebrado, no existe sino como parte de un presente crítico que enfrenta a las humanidades con una experiencia interna de su crisis. La creciente magnitud de las crisis económicas, políticas y ecológicas, y el estallido de la crisis pandémica, evidencian la necesidad cada vez más urgente de revisar los límites y las insuficiencias de modos de pensamiento crecientemente incapaces de dar cuenta del espesor material, natural y tecnológico de la interdependencia, más que humana, de toda comunidad. En segundo lugar, porque la crisis de las humanidades no adviene sino a posteriori de una profunda mutación ontológica e histórica de su objeto que debería ser el punto de partida para cualquier proyecto de futuro. 

Desde esta experiencia interna de la crisis, el trabajo de Rosi Braidotti puede ayudarnos a trazar diagnósticos y prognosis alternativas. Si ya en Lo posthumano proponía una cartografía conjunta de la condición ontológica actual y de sus efectos en el pensamiento, en su libro más reciente, El conocimiento posthumano, Braidotti rearticula aquella lectura de las transformaciones del sujeto/objeto de las ciencias humanas, pensada como condición posthumana de nuestro presente, con una propuesta de intervención afirmativa sobre las mutaciones correlativas en los modos de hacer teoría: la emergencia de nuevas posthumanidades críticas

La condición posthumana del presente

Braidotti nos propone pensar nuestra actual condición ontológica más allá de lo humano. Desmarcándose del proyecto trans-humanista de Silicon Valley –que imagina lo posthumano como un futuro a alcanzar, por medio de la mejora y el perfeccionamiento (enhancement) humano, donde se realizaría el ideal de autonomía, auto-formación y dominio del mundo– Braidotti afirma que somos ya posthumanos como resultado del cruce de distintos procesos empíricos y discursivos. Se trata de una condición ambivalente que porta claros peligros, pero también potencialidades emancipatorias, y que, al mismo tiempo, apunta al corazón de la crisis de las ciencias humanas.

Por un lado, nuestra condición posthumana es resultado de la tendencia postantropocéntrica del mismo Capital que avanza en su subsunción abstracta de todo lo viviente en la lógica del valor y en la sistemática disolución alienante de todo límite aparentemente natural o esencial. Asociado a este proceso, experimentamos cada vez más la escala supra-humana de los nocivos efectos de este desarrollo en la crisis ecológica (lo que se expresa teóricamente en la actual discusión sobre el Antropoceno/Capitaloceno) y en la profunda intensificación de la mediación tecnológica de la vida y la subjetividad, la cual nos convertiría a todes en sujetos cada vez más híbridos, prostéticos y cyborgs.

Pero también, esta condición posthumana es efecto de toda una serie de cuestionamientos teóricos y movimientos de lucha que, especialmente desde mitad del siglo XX, se han desidentificado de la figura aparentemente universal de lo humano. Los movimientos anti-coloniales, feministas, queer y trans*, entre otros, han producido una desidentificación del ideal moderno del Hombre, un cuestionamiento de su funcionamiento como dispositivo jerárquico y opresivo, en la misma medida que han elaborado alternativas al humanismo que sacudieron los fundamentos sobre los que se organizaban las ciencias humanas. 

Las humanidades en crisis son, en definitiva, disciplinas arrojadas a esta doble crisis de lo Humano y del Antropoceno. Lo humano aparece, hace tiempo, desecho por la dinámica postantropocéntrica del propio capital, embridado en nuevos ensamblajes tecno-materiales y digitales que lo alienan y abren a nuevas posibilidades de maleabilidad y plasticidad, tanto como radicalmente impugnado por la serie de insurgencias políticas y teóricas de todes aquelles considerades otres del modelo hegemónico de hombre europeo, blanco, propietario y cis-heterosexual. Lo que se generaliza entonces es la constatación de que el sujeto/objeto de las ciencias humanas no fue nunca universal: que, tal como ha señalado Donna Haraway en  When Species Meet, muchas, muchos y muches nunca fuimos, en definitiva, Humanos. 

Es en este punto que el diagnóstico y el pronóstico sobre las ciencias humanas parece requerir un esfuerzo de reflexión menos reactivo que permita reimaginar futuros para el trabajo del pensamiento que alguna vez se reconoció en las humanidades. Una posible salida afirmativa de esta crisis podría pasar, siguiendo también a Braidotti, por asumir la tarea, ya comenzada, de construir nuevos saberes y métodos que partan de aquella multiplicidad de posiciones situadas en tanto que otras de lo humano.

Posthumanidades críticas

A partir de esta condición posthumana, no exenta de peligros y potencialidades, Braidotti nos invita a abandonar la simple defensa reactiva de las ciencias humanas; a hacer, en definitiva, algo más que formalizar la impotente “ansiedad disciplinar” que surge de la disolución del objeto y el sujeto clásico de nuestros saberes. Se trataría de trazar otras vías que eviten el repliegue melancólico frente a una humanidad perdida que nunca fue tan universal ni luminosa, esquivando también la celebración acrítica, trans-humanista, de una nueva humanidad llamada a superar de manera definitiva y triunfal los límites que la atan a la tierra, a lo viviente y a su interdependencia. Su propuesta, que podría pensarse como un verdadero trabajo afirmativo de duelo, pasa por cartografiar la progresiva emergencia de otras ciencias humanas. Braidotti las nombra, retomando un término que ya había sido propuesto por Donna Haraway y Cary Wolfe, como posthumanidades críticas. Estas serían un conjunto múltiple de saberes a la altura de nuestra nueva condición ontológica. Saberes que habrían emergido, precisamente, de aquellas críticas situadas y corporizadas en les otres de lo humano.

Braidotti propone comenzar por un mapa sintomatológico del escenario actual de las humanidades. Las ciencias humanas, nos dice, aparecen surcadas por una fatiga teórica, un aceleracionismo epistémico y una fuerte exuberancia transdisciplinar. Registra, en primer lugar, un creciente agotamiento de los marcos conceptuales disponibles, asociado a una sensación, también creciente, de insuficiencia o impotencia para responder a los ataques, las crisis y las problemáticas del presente. La acelerada invención, desarrollo y dispersión de neologismos conceptuales aparecería como una respuesta sintomática a esta fatiga. Se trataría de intentos expansivos de asir los cambios del presente más allá de los marcos conceptuales heredados. Junto y a través de esta aceleración conceptual, Braidotti registra una contra-tendencia algo más positiva: la profusa construcción, en las últimas décadas, de novedosos campos de estudios, en la intersección de diversas disciplinas, que buscan situar y embridar la necesaria invención conceptual en prácticas, sujetos y procesos centrales a la condición posthumana. La genealogía de esta profusión teórica se diferencia en dos generaciones de “studies”, dos momentos de la exuberancia transdisciplinaria que prefiguran, fundamentan y exigen la tarea de construcción de nuevas ciencias posthumanas. 

Según Braidotti, una primera generación de estudios transdisciplinares expresó la posición de aquelles que encarnaban la diferencia de lo humano, las personas sexualizadas/generizadas, racializadas o naturalizadas, afirmándolas como posiciones legítimas desde las cuales producir saberes. Aquí pueden contarse, entre otros, a los estudios de la mujer, los estudios de género, los estudios críticos raciales, poscoloniales y subalternos. Relacionados a estos proyectos transdisciplinares, Braidotti enlista toda otra serie de estudios que se concentraron en lo que podríamos llamar las mediaciones artefactuales de lo simbólico: los estudios mediales, digitales y comunicacionales, o el campo de estudios críticos de la ciencia y la tecnología, entre otros. 

Una segunda generación cuestionó ya no solo la universalidad del hombre, sino al anthropos mismo como centro del pensamiento. En un giro abiertamente postantropocéntrico “el hombre”, dice Braidotti, “fue sometido a nueva crítica en tanto especie supremacista que monopolizó el derecho de acceso a los cuerpos de todos los vivientes”. Aquí pueden pensarse, entre otros, en los estudios críticos animales, ambientales o ecológicos. A estos se suma la prolífica expansión de lo que Braidotti nombra como “estudios inhumanos” –es decir, aquellos que se concentran en los efectos violentos, destructivos y nocivos de lo humano: los estudios de derechos humanos, de conflicto y paz o los estudios migratorios, por dar algunos ejemplos– junto con nuevas reformulaciones de los estudios posthumanos sobre la técnica y la tecnología. 

Las posthumanidades críticas serían una síntesis abierta y dinámica de las regularidades que emergen de este conjunto múltiple de mutaciones epistémicas e invenciones transdisciplinares sucedidas a lo largo de ambas generaciones. Braidotti la resume en cuatro elementos principales. En primer lugar, encuentra la común asunción de que el sujeto cognoscente no es una entidad singular, ni el homo universalis ni el anthropos, sino un ensamble complejo de factores que incluyen a los humanos en una red colaborativa de agentes humanos y no-humanos. En segundo lugar, la afirmación de una relación no-jerárquica con la diversidad de lo viviente. En tercer lugar, una amplia orientación metodológica “supra-disciplinar”, que se afirma en relaciones de hibridación recíproca de los discursos y los saberes. Por último, un esfuerzo de conceptualización que se orienta a superar la visión desnaturalizada del orden social, o de la comunidad, en tanto que puramente humana-simbólica y separada de su existencia orgánica e inorgánica, para privilegiar un pensamiento de la complejidad de su imbricación material.

En la propuesta de Braidotti emerge así, atravesando la crisis, otro futuro posible para las humanidades: aceptar afirmativamente la mutación ontológica de su sujeto/objeto y reconstruirse como campo de saber crítico sobre la base de la invención teórica y metodológica ya producida por y desde les otres del sujeto supuestamente universal del humanismo.

Giros postconstruccionistas y contralingüísticos

Siguiendo la pista de algunos otros debates contemporáneos, podríamos profundizar esta cartografía para intentar subrayar la relación entre las posthumanidades críticas delineadas en la propuesta de Rosi Braidotti y cierta fatiga generalizada con las teorías textualistas, lingüísticas o construccionistas de lo social. Marcos teóricos heredados, en alguna medida, de los debates y combates anti-humanistas, postestructuralistas y deconstructivos de la segunda mitad del siglo XX. Una hipótesis colectiva emergente sostiene que parecemos estar atravesando una profunda mutación de la escena contemporánea de la teoría más allá de esos marcos precedentes.

Por un lado, la emergencia de nuevos realismos y nuevos materialismos en filosofía marcan una creciente búsqueda de ontologías que rompan con lo que se diagnostica como cierto encierro subjetivista del pensamiento. Se trataría de ir más allá de las filosofías en las que todo objeto resulta asible sólo al interior de su correlación, mediada por el lenguaje, con el sujeto humano. Trabajando contra la escena postestructuralista precedente, y el constructivismo lingüístico, se buscaría así recuperar un pensamiento de la realidad pre-subjetiva y pre-discursiva; un mundo excedente a la simbolización humana que evite sin embargo la recaída en un empirismo ingenuo. 

Por otro lado, al interior de aquellas mismas generaciones de “studies” cartografiadas por Braidotti parece emerger, también, una creciente orientación contra-lingüística. Los campos de estudios de ambas generaciones, que crecieron precisamente afirmándose al calor de los juegos deconstructivos de lenguaje por medio de los cuales toda sustancia o facticidad aparentemente natural encontraba su radical contingencia, aparecen sacudidos por nuevos giros teóricos. Los giros afectivo, espacial, corporal, ontológico, tecno-materialista –entre otras reorientaciones propuestas en los últimos años– apuntan, cada vez con mayor énfasis, incluso si en distintos grados y de forma diferenciada, a un más allá de lo puramente lingüístico o textual. 

En los estudios feministas y de género, una serie de tendencias parecen converger en un giro postconstruccionista cuyo común denominador radicaría en reconceptualizar las facticidades pre-discursivas del cuerpo sexuado y generizado y sus relaciones materiales y biológicas de interdependencia trans-corporal (Lykke, 2010). Estas tendencias parten de un mínimo balance crítico del construccionismo feminista y queer del bininomio sexo/género. Reconociendo que este ha sido un arma potente para desanudar los prejuicios y opresiones codificadas en esencias naturalizadas, tanto como para evidenciar la historicidad y contingencia del género, la heteronorma y la cisnormatividad, se sostiene, sin embargo, que el construccionismo ha tendido a dejar al cuerpo material en un “limbo poco teorizado” (Ibid), lo cual reproduciría una concepción pasiva de lo corporal que hace del dinamismo o la contingencia atributos exclusivos de la cultura. Contra esta “puesta entre paréntesis” del cuerpo biológico (Alaimo, 2010), su reducción a cuerpo a-biológico (Wilson, 1998) o a vida puramente simbólica (Malabou, 2018), diversas autoras han propuesto nuevos feminismos corpo-materialistas orientados a repensar el espesor no simbólico ni culturalmente construido, aunque sí  maleable, de lo biológico. En una línea similar podríamos contar al feminismo tecno-materialista propuesto por el colectivo Laboria Cuboniks en su manifiesto Xenofeminismo: una política de la alienación

Estos desarrollos constituyen una reafirmación al mismo tiempo que una transformación crítica del aquel momento de-constructivo previo, en tanto se orientan a recuperar lo corporal como objeto de reflexión en modos que eviten los peligros de una renaturalización esencialista de las diferencias contra las que combatió el esfuerzo constructivista y anti-biologicista precedente. Así, si Braidotti encuentra en la filosofía de Deleuze y Guattari un punto de partida para su “materialismo vitalista”, y si la propuesta xenofemista se enlaza más bien con las corrientes de los nuevos realismos y el giro especulativo, otras autoras como Karen Barad, Elizabeth Wilson o Vicky Kirby construyen nuevos materialismos a partir de las filosofías postestructuralistas de autores como Jacques Derrida, Michel Foucault o Judith Butler. En efecto, la protesta contra los límites del giro lingüístico de Barad (2003) se traduce en una teoría de la “performatividad posthumana” y del “realismo agencial” sostenida en tanto en las filosofías de Butler y Foucault como en la epistemología del físico Niels Bohr. Mientras Paul B. Preciado propone pasar de lo performativo a lo prostético para aprehender, más allá del lenguaje, el espesor tecno-material del cuerpo sexuado/generizado, Barad relee lo performativo en Butler acentuando su dimensión corporal y materialista. En este sentido, resulta significativo que los escritos más recientes de la propia Butler se hayan volcado sobre las cuestiones de la interdependencia corporal de lo viviente, de la agencia objetual de las cosas que nos conectan, o de la diferencia postantropocéntrica entre lo terrestre y el mundo de lo humano

Para el conjunto de estos nuevos desarrollos teóricos resulta central la genealogía de los estudios feministas de la ciencia y la tecnología, referenciados, entre otras, en la obra de Donna Haraway. Tal como señalan Cecilia Åsberg, Redi Koobak y Ericka Johnson (2011), este campo pionero abrió el camino para nuevos desarrollos transdisciplinarios y para el relanzamiento de un pensamiento materialista y postantropocéntrico sobre los cuerpos y su interdependencia, constituyéndose en cantera de inventiva onto-epistemológica. En particular, esta tradición hizo del campo de la tecnociencia menos una amenaza para la teoría crítica, un espacio del que mantenerse entonces a distancia, y más un terreno fértil para un renovado relanzamiento del pensamiento más allá de los límites humanistas y textualistas precedentes. 

Por su parte, y relacionados también con esta tradición, los estudios críticos animales aparecen como otro emergente del giro contra-lingüístico (Salzani, 2017; Weil, 2010), en tanto que implican un retorno a la corporalidad en su interdependencia inter-especies, tanto como la exploración de agencias y prácticas que no pasan necesariamente por la mediación del lenguaje humano. En igual medida, sólo para nombrar algunos otros desarrollos relevantes, las “humanidades ambientales” –atravesadas por nuevos intentos de pensar más allá del dualismo cultura-naturaleza o humano-no-humano para dimensionar el alcance de la crisis ecológica en curso y construir nuevas éticas de interdependencia transcorporal (Alaimo, 2010)– o los más recientes estudios sobre discapacidad –con una similar insistencia en los límites del construccionismo social (Siebers, 2001)– aparecen como momentos de esta nueva escena postconstruccionista y post-textualista de la teoría. 

Incluso el terreno aparentemente inmaterial de los estudios mediales o de las humanidades digitales, se encuentra formulando sus propias reorientaciones materialistas (Parikka, 2021). Por un lado, como parte de un movimiento más amplio que recorre a los estudios de la ciencia y la tecnología para insistir en la especificidad, e incluso la agencia, de lo artefactual. Esto en tanto hipótesis alternativa a la noción clásica de neutralidad de los objetos técnicos y al constructivismo estricto que los pensaba como receptáculos pasivos de intereses exclusivamente sociales. Pero también como parte de la insistencia cada vez más difundida por reconsiderar críticamente lo inmaterial, lo incorpóreo y lo etéreo como nociones equívocas que reniegan de la existencia infraestructural, del hardware, de la info-materialidad de las redes digitales, y, sobre todo, de los crecientes costos ecológicos de la infoesfera.

Desde el punto de vista de esta genealogía, las post-humanidades pueden aparecer entonces, siguiendo lo que Cary Wolfe plantea en What is posthumanism?, menos como aquellos saberes que vendrían después de lo humano, el resultado de haber trascendido al fin la encarnadura de lo corporal, que como un esfuerzo por repensar lo humano en tanto parte de aquello que, en alguna medida, lo precede: el amplio continuum (natura-cultura) de imbricación tecno-biológica e interespecies. 

En esta misma línea, la propia Haraway ha tomado distancia de aquella figura cyborg de lo posthumano, popularizada por ella misma, tanto como del proyecto de las posthumanidades. Si la recepción del cyborg tendió a olvidar su costado viviente y biológico en favor de su artefactualidad y virtualidad digital (Alaimo, 2010: 7), y si lo posthumano parece rápidamente apropiable por el proyecto transhumanista del tecnocapitalismo, Haraway propone entonces, en su último libro, Seguir con el problema, al humus como figura relevo del homo y a las humusidades como futuro posible para las ciencias humanas. El humus, sustrato anterior a lo humano, y a aquello a lo que lo humano deberá retornar, como nombre de aquel continuo de lo viviente desde el cual debería persistir el trabajo del pensamiento. Por eso, “en lugar de una conferencia sobre el Futuro de las Humanidades en la Universidad de Reestructuración Capitalista”, Haraway nos propone: “¡Imagínense una sobre el Poder de las Humusidades para un Embrollo Multiespecies Habitable!”.

Una nueva escena postdualista de la teoría

Aunque no podemos agotar aquí el conjunto de nombres y teorías ni los vastos entrecruzamientos, debates o genealogías divergentes que surcan esta amplia escena contemporánea, sí podemos puntualizar, a modo tanto de hipótesis como de invitación para una reflexión que deberá ser necesariamente colectiva, la presencia de un esfuerzo postdualista generalizado en la teoría. Proponemos partir entonces de la ubicuidad de este intento por inventar nuevos conceptos, métodos y campos de investigación para reensamblar lo humano (lo simbólico, lo social y lo subjetivo) en el conjunto de sus relaciones de interdependencia naturales, biológicas y artefactuales. Es posicionándose desde aquellos lugares híbridos –donde la tensión entre lo natural y lo simbólico, lo material y lo social, lo objetivo y lo subjetivo parece complicarse, y las distinciones desdibujarse– que los “studies” mapeados por Braidotti, tanto como algunos otros desarrollos teóricos que intentamos cartografiar, encuentran hoy su productividad conceptual. Así, las transformaciones recientes en el campo de las ciencias humanas y las teorías sociales aparecen como explícitamente post-dualistas

Una nueva escena postdualista de la teoría, entonces, que no sería sino efecto de la profundización de aquella misma condición ontológica ya señalada. La importancia abrumadora de las mediaciones tecnológicas, de los procesos naturales o ecológicos y la persistencia obstinada de la corporalidad atravesada por esos procesos, configuran una época de verdaderas preocupaciones bio-tecno-materialistas que encuentra en estos desarrollos teóricos algunos intentos de respuesta. La actual coyuntura pandémica, por su parte, no hizo sino intensificar el conjunto de estos debates, urgencias y mutaciones teóricas. La emergencia de un virus zoonótico, cuya virulencia y efectos imbrican aún con más intensidad lo social y lo natural, lo humano y lo no-humano, acentuó también la fatiga y la insatisfacción con las teorías críticas que persisten en su distancia con la materia de lo viviente. 

A finales del siglo pasado, todo parecía augurar la emergencia de un hombre “postorgánico” (Sibilia, 2005), cuyas cuestiones se jugarían en el campo inmaterial del lenguaje y de lo digital. Hoy parece ponerse en cuestión, en un sentido fuerte, el modelo solo lingüístico de las teorías sociales y de las ciencias humanas, basadas en la mera interacción simbólica hombre-hombre, así como el dualismo, explícito o implícito, de las formas de pensar la relación entre sociedad humana y naturaleza, o entre vida simbólica y vida biológica. 

Las crisis que nos atraviesan nos ponen frente a la exigencia de un doble descentramiento. Si resulta cada vez más necesario pensar más allá de lo solo social, lo puramente simbólico o lo meramente lingüístico, y recuperar la agencia o el espesor de lo material, lo técnico-artefactual, lo corporal y lo viviente, al mismo tiempo se vuelve urgente repensar la comunidad más allá de lo humano, reconociendo la interdependencia con los otros animales y el conjunto de procesos que, anudando lo orgánico y lo inorgánico, hacen posible y viable la vida social. En definitiva, se trata de repensar lo humano y lo social a través, y ya no contra, la naturaleza que también somos, al mismo tiempo que lo material y lo natural como algo más que un campo de determinaciones pasivas a dominar, combatir o superar. 

El futuro de las humanidades, su transformación en posthumanidades críticas o en novedosas humusidades, se jugará posiblemente en las formas de procesar esta doble exigencia, de alojar sus efectos en la teoría, y de navegar las profundas incertidumbres y tensiones que brotan de este colapso de los dualismos, para poder inventar así nuevos saberes y prácticas a la altura de los problemas que enfrentamos. 


Referencias

Alaimo, Stacey (2010). Bodily Natures: science, environment and the material self. Bloomington: Indiana University Press. 

Åsberg, Cecilia; Koobak, Redi y Johnson, Ericka (2011). “Beyond the Humanist Imagination”, NORA—Nordic Journal of Feminist and Gender Research, 19: 4, 218-230. 

Barad, Karen (2003). “Performativity: Toward an Understanding of How Matter Comes to Matter”, Signs, vol. 28, núm. 3, Gender and Science: New Issues (Spring 2003): 801-831

Lykke, Nina (2010). “The Timeliness of Post-Constructionism”, NORA – Nordic Journal of Feminist and Gender Research, 18:2, 131-136. 

Malabou, Catherine (2018). “Una sola vida. Resistencia biológica, resistencia política”, Revista de Humanidades, núm. 38 (julio-diciembre), 245-261.

Parikka, Jussi (2021). Una geología de los medios. Buenos Aires: Caja Negra.

Salzani, Carlo (2017). “From Post-Human to Post-Animal. Posthumanism and the ‘Animal Turn’”, Lo Sguardo – rivista di filosofia, N. 24: II, 97-109. 

Sibilia, Paula (2005). El Hombre postorgánico: Cuerpo, subjetividad y tecnologías. Buenos Aires Fondo de Cultura Económica.

Siebers, Tobin (2001). “Disability in Theory: From Social Constructionism to the New Realism of the Body”. American Literary History, 13(4), 737-754.

Weil, Kari (2010). “A Report on the Animal Turn”, Differences: A Journal of Feminist Cultural Studies, XXI, 2.