FRENAAA: la nueva batalla de la ultraderecha en tiempos de pandemia (y de crisis nacional)

Ilustración: Robolgo.

El 3 de octubre pasado, la plancha del Zócalo se llenó con miles de personas —153 mil según la contabilidad interna— que respondieron al llamado del Frente Nacional Anti AMLO (FRENAAA), movimiento cuyo principal objetivo es la renuncia de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de la República. Carece de una agenda integral, aunque sí manifiesta un tinte conservador (agenda provida), y se concreta a señalar que, bajo la 4T, el país marcha directo al socialismo/comunismo como en Venezuela. 

Pese a la cortedad de su objetivo, ante la perenne agresión presidencial a los llamados “conservadores”, FRENAAA ha logrado allegarse de miles, quizá ya cientos de miles, de seguidores que posiblemente no comulguen con todas las ideas expuestas por el Frente, pero encuentran que es la única alternativa viable para combatir al gobierno de López Obrador.

 

Ilustración: Robolgo.

 

El movimiento en sí tiene características interesantes, que rompen con las movilizaciones de la clase media en los últimos veinte años y retoman elementos históricos que se pensaban superados. 

La primera característica singular de FRENAAA es que en términos de organización, movilización y convocatoria, es decir, de legitimidad, ha logrado rebasar a los partidos de oposición (PAN, PRI, PRD) y a otros movimientos — feministas, madres de desaparecidos, pro derechos humanos, ecologistas—  de mayor presencia y, por supuesto, antigüedad.

FRENAAA, además, tiene otras características muy distintas a cualquier otro movimiento en el escenario político actual. El primero es que la convocatoria proviene originalmente del sector empresarial del norte del país, que usualmente utilizaba al Partido Acción Nacional y a los organismos empresariales intermedios (Consejo Coordinador Empresarial, Consejo Mexicano de Hombres de Negocios) como canales institucionales para presentar su agenda y presionar el gobierno en turno. En este aspecto es central la figura de Gilberto Lozano, líder de FRENAA, ex ejecutivo de FEMSA (Fomento Económico Mexicano, S.A.), la empresa controladora de Coca Cola en México y de las tiendas de conveniencia OXXO. Fundada como Cervecería Cuauhtémoc en Monterrey en 1880, FEMSA es hoy un conglomerado de empresas con filiales en toda América Latina, particularmente Brasil, cuyos intereses chocan frontalmente con las “ideas” de la 4T. 

Pero hay otros dos elementos que me parecen singulares. El primero es que FRENAA nació como una organización que se fue conociendo de boca en boca. Antes de aparecer públicamente, hubo un paciente y discreto proceso de captación de simpatizantes y miembros mediante volantes repartidos en movilizaciones antigobierno, que señalaban, al menos en la CDMX, números de whatsapp para contactarse regionalmente. Se estructuran a partir de células vecinales que fueron conformando redes locales, posteriormente regionales y estatales. Este tipo de organización tiene reminiscencias de la Liga Nacional de Defensa de la Libertad Religiosa, el brazo laico y civil de la guerra cristera, que operaba básicamente en la clandestinidad. 

En abril surgió una cuenta de Twitter, paralelamente en Facebook, Instagram y un canal en Youtube, con lo que comenzó a cobrar popularidad y a organizar movilizaciones ciudadanas desde julio. 

En esta parte relativa al uso de los medios y de las redes sociales, me parece que el papel del periodista Pedro Ferriz de Con, excandidato presidencial independiente, es de suma importancia porque significa la participación de los medios de comunicación, tanto tradicionales como las redes sociales, dentro de este movimiento. Es más, sin las redes sociales es poco probable que se hubiese podido organizar tan pronto. Ferriz de Con cuenta con una plataforma digital —Internet Ferriz Live TV y la frecuencia de radio Central FM Equilibrio— que también transmite por Youtube y donde conduce un noticiero. Este es abiertamente un espacio privilegiado para FRENAAA.

Lo segundo, y que se ha visto a lo largo de las últimas manifestaciones del Frente: la presencia de símbolos religiosos y la clara exhibición de piedad popular católica… Pero de los años 50 del siglo pasado, cuando los círculos católicos enarbolaban ¡cristianismo sí, comunismo no! Entonces, por razones muy distintas a las de ahora y en coincidencia con las orientaciones gubernamentales del presidente Adolfo Ruiz Cortines. Hoy no hay sermones en las iglesias advirtiendo contra el comunismo, pero sí hay un grupo que heredó parte del discurso y ciertas prácticas de la ultraderecha sinarquista, elementos que utiliza para aglutinar la oposición al gobierno lopezobradorista. La adhesión de Juan Bosco Abascal Carranza  —hijo de Salvador Abascal Carranza, líder histórico del sinarquismo —a FRENAAA confirma que existe una veta sinarquista, y cierta vertiente conspiranoica, que ubica a López Obrador como parte de una conjura judeo-masónica-comunista, misma que no ha sido jamás comprobada y que delata un talante fascistoide. 

Destaca en el caso de FRENAA que enarbola la idea de que el gobierno de López Obrador es comunista y responde a los designios del Foro de Sao Paulo, organización que efectivamente aglutinaba a todos los partidos de izquierda latinoamericanos, pero tras el encarcelamiento de Lula da Silva, parece que está muy venida a menos. Por eso y otros elementos más, resulta disparatado etiquetar al gobierno de la 4T como comunista, porque hasta el momento, López Obrador no ha manifestado ninguna acción tendiente al comunismo. Al contrario: la restricción del gasto público y la cercanía con el gobierno de Donald Trump le alejan por completo de los gobiernos latinoamericanos de izquierda y de los participantes de dicho foro, a pesar de que en foros internacionales ha votado en contra de las sanciones a Venezuela. El hecho de que se haya afirmado que recibió recursos venezolanos en todas sus campañas desde 2006 no significa que esté en el mismo tenor del chavismo. En todo caso, el referente de López Obrador es el priísmo echeverrista de la década de los setenta del siglo pasado, caracterizado por el nacionalismo revolucionario, con ciertos tintes de izquierda, pero sustancialmente nacionalista y populista.

En suma, la utilización de las redes sociales y las prácticas de religiosidad popular le dan a FRENAA un carácter especial, que recuerda a las estrategias de la Liga Nacional de Defensa de la Libertad Religiosa, en 1926. En ese entonces, usaban el mimeógrafo y el teléfono, la última tecnología de la época, y el volanteo para informar sobre sus objetivos y acciones antigubernamentales. También tenían como objetivo enfrentarse al nacionalismo revolucionario. Así se fue configurando todo el movimiento en contra del gobierno por la legislación antirreligiosa, hace exactamente 94 años.

Pero volvamos al final del siglo XX. Tras la desaparición del Partido Demócrata Mexicano (PDM), el “partido del gallito” en 1997, la ultraderecha en México ha buscado regresar a la escena política. En un artículo que publiqué en la revista El Cotidiano de la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco en mayo de 2008, hice un recuento de lo que entonces se estaba percibiendo como el retorno de la derecha radical emparentada con el sinarquismo, la cual se creía anquilosada. Entonces, el Movimiento de Participación Solidaria —una organización de corte ultraconservador, vinculada al empresariado católico—  buscaba registrarse ante el Instituto Federal Electoral como Partido Solidaridad. Este intento no prosperó y la representación política de los empresarios conservadores, básicamente católicos, se expresó a través del PAN. 

Sin embargo, la participación política de grupos conservadores evangélicos neopentecostales afines a la teología de la prosperidad se vio garantizada al otorgársele el registro al Partido Encuentro Social en 2014. La influencia política de los evangélicos era ya visible en el sexenio de Felipe Calderón. Grupos como La Casa sobre la Roca y personajes como el líder evangélico Hugo Erick Flores tuvieron cabida en el entorno calderonista. Como recompensa al apoyo electoral en 2006, Flores ocupó una diputación federal por el PAN y fue oficial mayor de la Secretaría de Medio Ambiente, cargo del que fue destituido por incumplimiento de funciones en 2006. Seis años más tarde, Flores se alió con el PRI y con MORENA en 2018, ya con el Partido Encuentro Social (PES) registrado; fue una de las alianzas que llevaron a López Obrador a ganar la elección presidencial. El PES perdió su registro en 2018 y volvió a reagruparse para conformar el Partido Encuentro Solidario, conformado por el mismo tipo de afiliados (clases medias evangélicas y algunos católicos muy conservadores). Recientemente logró el registro gracias a una errónea decisión del Consejo General del Instituto Nacional Electoral que contravino los artículos 40 y 130 constitucionales así como la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público.

Flores y su partido están vinculados a un grupo denominado Capitol Ministres creado en 1996 por la pareja de pastores Ralph y Danielle Drollinger, cuyo propósito es la evangelización de políticos, legisladores y deportistas. Este grupo ha adquirido mucho poder en la administración Trump, y en México se halla representado por el pastor Ricardo Arizmendi, quien tiene la tarea de reclutar y adoctrinar a políticos mexicanos en las enseñanzas de la Biblia evangélica. Este grupo es cercano a la 4T y a AMLO, por lo que no tiene relación con FRENAA y es, por así decirlo, la ultraderecha que se encuentra englobada y representada dentro de la 4T.

Así, coincidiendo con Bernardo Barranco, en México encontramos tres grupos de ultraderecha: la ultraderecha católica tradicional, de corte sinarquista; la derecha radical empresarial; y la ultraderecha evangélica, vinculada a su homóloga norteamericana. Los dos primeros están en abierta confrontación con el actual gobierno, mientras la derecha evangélica se ve favorecida por la 4T e incluso tienen el gobierno de Morelos. Con esto quiero mostrar que la configuración de la ultraderecha en México ha variado sustancialmente desde 2008, pero hay elementos que permanecen inalterados que nos permiten una fácil identificación:

  1. Presentan una agenda conservadora sin concesiones: rechazo a la despenalización del aborto, a la libertad sexual y muy especialmente a los grupos LGTBQ+. En su agenda siempre está presente el valor de la jerarquía y de la familia tradicional, así como el del heteropatriarcado. Sin embargo, en países como Estados Unidos, están a favor de la pena de muerte y de la posesión indiscriminada de armas por civiles. Este es el caso de la Alt Right (derecha alternativa) norteamericana.

  2. Manifiestan un rechazo profundo a cualquier ideología de izquierda, a las que agrupan genéricamente como “comunismo”, sin distinguir matices.

  3. Son grupos nacionalistas y xenófobos, rechazan la inmigración.

  4. El componente religioso es una variable presente, aunque puede ser de distinto signo.

  5. Generalmente surgen de manera clandestina y salen a la luz en coyunturas específicas o por temas específicos. Posteriormente, tienden a institucionalizarse y modifican sus agendas en función al contexto.

  6. Son antigobiernistas, pero una parte de los grupos que la integran tienden a convertirse en un frente político que termina por aspirar al poder, y en ocasiones lo logra, como en el caso de Bolsonaro en Brasil.

  7. El financiamiento suele provenir del empresariado que ve en riesgo sus inversiones. En menor medida, puede encontrar apoyo financiero internacional.

Hoy por hoy FRENAAA es el único movimiento nacional que abiertamente se contrapone a López Obrador y a la 4T a través de movilizaciones en coche y a pie en tiempos de pandemia. Por supuesto, han sido objeto reiterado de la burla presidencial en las mañaneras y de los bulos del gobierno, desestimando la participación en las marchas del Frente. Sin embargo, esto no quiere decir que no hayan sembrado la alarma en el gobierno, especialmente porque el Frente adopta tácticas no homogéneas dependiendo de dónde se encuentre y esto puede alterar los resultados electorales deseados por López Obrador en los 15 estados donde habrá comicios locales, a pesar de que las encuestas señalan que, en general, el electorado se volcará a favor de MORENA.

Por lo demás, el peligro está latente. La radicalidad de FRENAAA es directamente proporcional a la de la 4T, pero de signo opuesto, así que en la eventualidad de que se convierta en partido y presente un candidato presidencial, su agenda naturalmente será de derecha radical y muy probablemente populista.  

Es previsible que el hartazgo de las clases medias —a las que López Obrador parece haber puesto una diana y que con su decisiones pretende aniquilar—  contribuya a un mayor crecimiento de los movimientos opositores. No se descarta el surgimiento de un movimiento más de centro, al cual puedan adscribirse personas y grupos que no coinciden ideológicamente con FRENAAA y que por el momento no encuentran otro cauce de expresión para su descontento con el actual régimen.

El propósito central de FRENAAA parece virtualmente imposible sólo a través de la movilización ciudadana. El gobierno de López Obrador está legal y legítimamente constituido, por tanto es legítimo de origen. Otra cosa es la legitimidad de gestión, en la que a todas luces, el actual gobierno ha errado una y otra vez, especialmente en la gestión económica y de salud, así como en la seguridad y procuración de justicia.

Pero en un régimen democrático y constitucional es muy difícil desconocer el voto de las mayorías. La revocación de mandato recién aprobada en realidad no será de utilidad porque de antemano sabemos que el gobierno maniobrará para que López Obrador esté en la boleta de junio de 2021 y también, caeteris paribus, sabemos que apelará al voto masivo de sus huestes (las que sí reciben los apoyos directos) y ganará el referéndum de revocación de mandato. Sin embargo, la elección federal de 2021 es la oportunidad de poner un freno a las ambiciones presidenciales mediante una Cámara de Diputados federal con una oposición de peso y con gobiernos y legislaturas estatales de oposición. En ello, podría contribuir FRENAAA de una manera especial, llamando al ejercicio del voto y que éste sea útil a la oposición. En entidades como Querétaro, San Luis Potosí y Nuevo León, FRENAAA puede tener un impacto positivo en función de sus peculiaridades históricas locales, especialmente en San Luis porque ahí confluyen el sinarquismo y el navismo, es decir una historia de oposición al priísimo y por extensión, a MORENA.

Al momento, FRENAAA es objeto de las pullas de López Obrador y sus huestes amenazan con convocar manifestaciones mucho más grandes que las del Frente. Esto tiene el efecto de darle mayor visibilidad, pero también es patente la tentación autoritaria presidencial. No es posible descartar choques en el corto plazo orquestados desde el gobierno con la participación de las bases obradoristas. Pero tampoco puede decirse que FRENAAA dejará de movilizarse y fortalecerse. Falta ver si da el salto a una agenda política integral.