El método Yakarta: reseña

Vincent Bevins, El método Yakarta. La cruzada anticomunista y los asesinatos que moldearon nuestro mundo, Capitán Swing, Madrid, 2021.


“No veo por qué tenemos que hacernos a un lado y ver cómo un país se vuelve comunista por la irresponsabilidad de su propio pueblo.” Herry Kissinger (p.273)

La forma actual del tercer mundo sólo puede explicarse si se incluye la intervención de Estados Unidos de Norteamérica (EE.UU.) durante la Guerra Fría para derrotar y derrocar a diferentes movimientos comunistas y socialistas; incluso a regímenes moderados como el indonesio o brasileño, que buscaban la autodeterminación de sus naciones contra el colonialismo. Estas intervenciones no fueron pacíficas, provocaron tales niveles de violencia que desembocaron en atrocidades como asesinatos masivos contra los que se consideraban enemigos u obstáculos en una nación determinada para obtener su control político. Pero la llamada Guerra Fría, el supuesto enfrentamiento sin guerra directa entre EE.UU. y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), no fue ni tan fría ni sólo envolvió a estas naciones, como se suele mencionar popularmente. El periodista estadounidense Vincent Bevins, en su libro El método Yakarta (Capitán Swing, 2021), relata magistralmente los horrores de este pasado que, si bien son hechos conocidos en México y América Latina, no habían sido narrados como una política estándar realizada por el gobierno de estadounidense. 

Bevins sostiene que la intervención que modeló toda esta política brutal sucedió en Indonesia y se ha conocido poco en los países desarrollados, a pesar de tener mayor difusión por documentales como The Act of Killing (Oppenheimer, 2012). En 1945, Indonesia surgió como un país independiente tras la Segunda Guerra Mundial y en el comienzo de la Guerra Fría. La nueva nación, liderada por el revolucionario Sukarno, era de corte nacionalista y antiimperialista, de políticas progresistas para su tiempo y visión multireligiosa, lo que permitió el surgimiento de diversos movimientos políticos. Entre estos se encontraba el Partido Comunista de Indonesia (PKI), que creció hasta convertirse en el tercer partido comunista más grande del mundo, con más de 3 millones de miembros, sólo detrás del partido comunista chino y el de la URSS. 

Sukarno es también reconocido porque convocó a la Conferencia Afroasiática de Bandung en 1955, donde se dieron cita los países no alineados con EE. UU. y sus aliados (el primer mundo), ni con la URSS y sus aliados (el segundo mundo). De tal forma que en esta conferencia se consolidó la idea del “tercer mundo”. Aquí surgió el llamado espíritu de Bandung: solidaridad entre las naciones y pueblos con un espíritu anticolonial, un movimiento de emancipación popular. Sin embargo, esto atraería la atención de EE. UU. de manera negativa, pues consideraba que Sukarno no era confiable por sus posiciones anticoloniales y podía alinearse fácilmente con la URSS o China. También se creía que el PKI, que se encontraba altamente organizado, podía haber ganado fácilmente las elecciones, si se realizaban, y podía haber tomado el poder. 

Por ello, EE.UU. procedió a derrocar a Sukarno en 1965, para lo que adiestró a militares indonesios y otros grupos en su territorio, promoviendo un fuerte anticomunismo para radicalizarlos. Finalmente facilitó un golpe de estado mediante el mito de que los comunistas tomarían violentamente el poder. 

A partir de ese momento surgiría el horror: en los escasos seis meses posteriores al golpe de estado fueron asesinadas entre medio millón y un millón de personas, en especial todos aquellos que fueran considerados comunistas. Esto incluso con apoyo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), que facilitó las listas de personas que serían liquidadas (p. 208). Tan solo en Bali, el 5% de la población fue asesinada tras el golpe. El régimen resultante fue una dictadura anticomunista gobernada por Suharto entre 1967 y 1998; contaba con campos de concentración y condujo a la pérdida de relevancia como país líder anticolonialista de Indonesia en el escenario político mundial –un golpe al movimiento del tercer mundo–. 

Fue tal el éxito de esta operación, que se consideró que la pérdida de la guerra de Vietnam, donde las tropas de EE.UU. también habían realizado atrocidades, era aceptable ante el triunfo en Indonesia, el sexto país más poblado del mundo en su momento. Esto terminó llamándose el “Método Yakarta” y se exportó a otros países del tercer mundo, a naciones que no se encontraban alineadas a los intereses de estadounidenses y que en su búsqueda de independencia y desarrollo contaban con la simpatía de la órbita comunista.

Un año antes en Brasil, el gobierno de EE. UU. intervendría para deponer a João Goulart por sus políticas nacionalistas y progresistas, así como por su cercanía con la URSS. En ese país, EE.UU. apoyó a los fuertes movimientos conservadores y anticomunistas locales azuzados por la idea de una conjura comunista, para facilitar un golpe de estado comandado por los militares en 1964. Brasil se convirtió en la base para las políticas anticomunistas dirigidas por militares en América Latina con apoyo de EE. UU.

Mural con la pinta «¡Ya Viene Djakarta«. Fuente: Frutifulplace.

Las lecciones de Brasil e Indonesia se repitieron en muchos de los países del Cono Sur. Por ejemplo, en Chile, antes del golpe contra el gobierno democráticamente electo del socialista Salvador Allende, en 1972, aparecían pintas en las calles para atemorizar a la izquierda con la consigna: “Yakarta viene” o “Ya viene Djakarta”. Con el golpe de estado militar y el ascenso de Pinochet se establecería una dictadura anticomunista que asesinaría y desaparecería a miles (como en Indonesia) y revertiría todas las políticas económicas y sociales de Allende, por un nuevo grupo de políticas económicas pro mercado, alineadas a Washington, las cuales son consideras como las primeras políticas de corte neoliberal en el mundo. Posterior a la instauración de varias dictaduras en Sudamérica se daría paso a la Operación Cóndor con el apoyo de EE. UU. Dicha Operación fue una red de represión, asesinatos y desaparición forzada internacional contra todo opositor o izquierdista que se considerara un peligro para cualquiera de las dictaduras anticomunistas de Sudamérica.

Centroamérica también fue un campo para la aplicación del método Yakarta. Guatemala y El Salvador son ejemplos de la misma injerencia que llevó al asesinato de miles de personas. La violencia vivida en América Latina y apoyada por EE. UU. fue tal, que se afirma que “supera enormemente el número de personas asesinadas en la Unión Soviética y el bloque del Este en el mismo periodo” (p.330).

Programas de exterminio anticomunista, 1945-2000. Fuente: El método Yakarta (2021).

El método Yakarta exterminó movimientos sociales, partidos, comunidades y regímenes a lo largo del tercer mundo, estimándose en más de 2 millones asesinatos en 24 naciones (incluyendo Vietnam y Corea). Así, se instauraron regímenes autoritarios anticomunistas, afines a los intereses de EE. UU. y que le facilitaron la victoria en la Guerra Fría. 

Lo que inició en Indonesia fue de tal magnitud, que modeló el mundo actual en cinco frentes: (1) Entre la población de todos los países intervenidos se creó un trauma que no ha sido resuelto satisfactoriamente. Incluso actualmente, en Indonesia no hay ninguna referencia oficial por los cientos de miles de desaparecidos y asesinados. (2) Las posibilidades de un desarrollo social y económico independiente para millones en diferentes naciones fueron coartadas de la noche a la mañana, regresando a sus respectivos países a una dependencia económica del primer mundo de carácter neocolonial. (3) Los sistemas políticos y económicos resultantes en cada nación quedaron trastocados y definidos por las intervenciones, incluso hasta el día de hoy. (4) Las intervenciones deformaron el movimiento socialista internacional, en muchos casos volviéndose violentos o totalmente recelosos del poder ante la amenaza de la aniquilación.  (5) Se estableció un movimiento anticomunista paranoide fanático en todo el mundo que sigue teniendo acceso al poder.

Como señala Bevins: “En el tercer mundo había muchos caminos que podía tomar cada país, y lo que es más importante: la mayoría sigue hoy el camino específico que adquirió forma y se adoptó durante la Guerra Fría. Algo parecido sucede con la relación estructural general entre los países ricos y los países pobres: la relación que tenemos en la actualidad fue moldeada fundamentalmente por la forma en la que dos potencias se comportaron en el siglo XX” (p.346).

La historia de este libro es una que debe de (re)conocerse en su amplitud; se trata de un recordatorio más de que la predominancia actual del neoliberalismo en el mundo y de la hegemonía de EE. UU. fue establecida con la sangre de millones, con la derrota de los movimientos revolucionarios locales y otros movimientos de izquierda que buscaban su emancipación y autodeterminación. 

Vincent Bevins, El método Yakarta. La cruzada anticomunista y los asesinatos que moldearon nuestro mundo, Capitán Swing, Madrid, 2021.

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